El Vaticano es especialista en mirar para otro lado, cuando no le interesa complicarse la vida

Cuando hablamos del Vaticano no nos referimos, necesariamente, al Papa. Hay tantos intrínculis y recovecos en el Vaticano, tanto en el sentido Físico, como, sobre todo, de Institución, que no podemos ni imaginar que el Papa esté ocupado en todas y cada una de las aventuras, que son centenas al día, que suceden en toda la Iglesia. Además, el Vaticano tiene varias facetas. Si nos fijamos en dos de ellas, ambas importantes, pero bien delimitadas y definidas, diremos que el Vaticano es, al mismo tiempo, uno de los casi doscientos Estados, como unidades políticas, que hay en el mundo, y, por otra parte, es el centro desde donde se dirige y gobierna, veces con mano de hierro, el conjunto de la Iglesia que, para entendernos, depende de Roma. Pues bien, hace unos días, el cinco de este mes de enero, el recientemente nombrado portavoz del Vaticano, Alessandro Gisotti, afirmó: “Sobre el traslado de los restos de Franco no tengo nada que agregar con respecto a lo ya afirmado por la Santa Sede, o sea, que el asunto concierne a su familia, al Gobierno español y a la Iglesia local”. Sobre el asunto se había pronunciado, con motivo de la visita de la vicepresidenta  Carmen Calvo Poyato , El secretario de Estado vaticano, cardenal Pietro Parolin, que había sido lo suficientemente ambiguo como para entender lo que interesaba a cada uno de los comentaristas, algo, por otra parte, muy común en el Vaticano.

A mí, desde luego, no me convence esta explicación, no me parece acertada la apreciación de la Santa Sede. Ésta, como sabemos, firmó el famoso concordato con el Gobierno de Francisco Franco, allá por el  año 1953, que dio el respaldo internacional que Franco  buscaba desde el fin de la guerra civil para su régimen dictatorial. No se trata, pues, de un ciudadano cualquiera e inexpresivo de un  país mayoritariamente católico, sino de un dictador que pretendió, y lo consiguió, por lo menos a nivel interno de España, que su golpe militar, que causó una tremenda guerra entre hermanos, fuese considerado una Cruzada de salvación de las “esencias cristianas patrias”, y así lo presentaron nuestros obispos, hasta llegar al demencial comportamiento, verdaderamente sacrílego, de conducir bajo palio al Dictador a la entrada del templo, para la participar de una celebración sacramental. El referido Concordato ayudó a Franco, y a sus admiradores obispos, a montar esa Cruzada redentora, que durante el pontificado de Pío XII tuvo carta de ciudadanía.

Gracias a Dios, por lo menos en el sentir de muchos creyentes, que tanto Juan XXIII, como Paulo VI, se negaron a aceptar el que ya era un hecho consumado, e hicieron ver de manera directa e indirecta, como, por ejemplo, frenando las causas de beatificación-canonización, que recaían siempre en miembros que, no por casualidad, pertenecían siempre a la misma parte contendiente. El régimen franquista no se entendió bien con estos dos grandes papas del siglo XX, y hasta puso obstáculos a la publicación de la encíclica “Populorum Progresio“, que solo resultó fácil encontrar en la publicación eclesiástica “Eclesia”. Es decir, la relación Franco-Vaticano no fue, exactamente, un dulce camino de rosas, para que ahora algunos de sus más altos curiales miren para otro lado, y aseguren que se trata de un asunto interno del Gobierno español, de la Iglesia que vive y cree en España, y de la familia del dictador.

Ya se inhibió, y miró para otro lado, la más alta esfera de la Iglesia, tan alta que denominamos Santa Sede, cuando podría, y no me atrevo decir ¡debería!, porque a pesar de la dureza de mi crítica siempre pienso en el respeto y obediencia que se merecen “los ungidos del Señor”, como dice el Antiguo Testamento (AT), no por sí mismos, sino por la misión que han recibido del Señor. Ahora bien, hemos aprendido, y en este blog lo he recordado a menudo, del Nuevo Testamento, como la corrección fraterna se realizaba sin falsos pudores discretos, para que nadie se enterase, sino con una buna mezcla de amor fraterno y firmeza, para que quedase claro el desvío que se hubiera producido de los valores evangélicos. Por eso los evangelistas ponen en boca de Jesús la terrible diatriba que lanzó a Pedro, “apártate de mi, Satanás, porque (en este asunto) no piensas como Dios sino como los hombres”, y los escritores de los Hechos de los Apóstoles y de las cartas no ocultan su diferencias, o la bronca de Pablo a Pedro por la cobardía e hipocresía, puntuales, sí, de éste. Y “el mirar para otro lado” al que me refiero ahora se trata de la vergüenza que supuso, y supone todavía para el episcopado español, es decir, para la Iglesia en España, la tremenda y nefasta imagen del tirano entrando bajo palio en los templos. Los representantes de los obispos, en la famosa Asamblea conjunta, promovida por el cardenal Tarancón, intentaron, suavemente, pedir perdón, por ese y otros motivos al católico pueblo español, pero a muchos, esa postura coherente y cristiana, no les gustó, a causa de su ideología socio-política. Pero, ¿para cuándo la petición de perdón del Vaticano, a la Iglesia española, por haber tolerado, con un silencio atronador, el agravio sacrílego perpetrado por sus obispos en su penosa sumisión al dictador, tratándolo como a “un ungido del Señor“?

Y queda todavía otro argumento decisivo. Como comenté en la entrada de este blog, del día 03/11/18, titulado “¿Qué la Iglesia no tiene nada que decir de la inhumación de los restos de Franco?, a la Santa Sede, como último garante de que el CIC (Codex Iuris Canonici, “Código de Derecho Canónico”) se cumpla en toda la Iglesia, le correspondería intervenir para que la cripta de la Catedral de la Almudena cumpla el canon c. 1242: “No deben enterrarse cadáveres en las iglesias, a no ser que se trate del Romano Pontífice o de sepultar en su propia iglesia a los Cardenales o a los Obispos diocesanos, incluso «eméritos». También comenté en ese artículo que suponía que la Santa Sede habría dado, por los años noventa, la pertinente licencia para que la cripta de la Almudena se financiase con la venta de capillas mortuorias, como excepción a lo ordenado en al citado canon. Considerando todos estos datos, ¿cómo puede afirmar el portavoz vaticano que a la Santa sede no le corresponde intervenir en la exhumación-inhumación de los restos de Franco?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara  

 

¿Que molesta la comunidad benedictina, Sr. Cantera?

El señor Santiago Cantera, prior de la comunidad benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, sigue con su monserga delirante sobre la injusticia que, según él, ha cometido el Estado español, a través de su fuerza pública, contra la pobre comunidad benedictina de la que él es prior, no “abad”, como afirmaron, en su momento, algunos medios de comunicación. Jesús Bastante, ha recogido hoy, 05/03/2020, en su artículo “Santiago Cantera: “Lo que realmente molesta no es Franco, es la Cruz, es la comunidad benedictina”,  en la revista, o mejor, portal cristiano “Religión Digital”, del que es redactor, algunas de las perlas que el desorientado prior ha vertido en una entrevista que ha dado a El Occidental-tv. He aquí algunas de ellas, que no pueden quedar sin comentario por mi parte.

1º)“Franco ya no está aquí, sus restos están a bastantes kilómetros de aquí. Muchos de nosotros, y yo en particular, pensamos que lo que realmente molesta es la Cruz, es la basílica, es la comunidad benedictina”.  

El pensamiento es libre, pero al pensar-opinar sobre el comportamiento de mucha gente, “lo que realmente molesta es la Cruz …”, es necesario, por lógica y por metodología, y por un mínimo de credibilidad, presentar algún argumento que permita sustentar afirmación tan atrevida, y desvariada, por otro lado. Los monasterios benedictinos, que yo sepa, no molestan a nadie, son de las comunidades religiosas más aceptadas, valoradas, estimadas, y hasta admiradas, por la mayoría de las personas. Otra cosa es que alguna de estas comunidades, o tal vez su superior, adopten comportamientos no políticamente, sino ética y eclesialmente incorrectos. Y no le quepa duda, Don Santiago, ha sido el cuerpo del injustamente valorado y exaltado golpista y dictador español Franciso Franco, el que ha incomodado a millones de españoles, y ha provocado el escándalo de instituciones internacionales como la ONU, la comunidad europea, y un sin número de organismos, enterrado como un heroico patriota, después de provocar un sangriento golpe de Estado, y, todavía mucho peor, de prolongar casi cuarenta años su poder abusivo, injusto, y cruel.

2º) La sociedad española está muy degradada en valores, que es generalizada en Europa y en todo Occidente. Estamos viviendo el hundimiento de una civilización. 

Si alguien leyó el artículo de este blog  “El escándalo de las cuentas de la Iglesia española”, (22/02/2020), y se ha informado de cómo el Estado español trata y mima a la Iglesia, no puede, liviana y fútilmente, que una de las degradaciones de valores de la sociedad española consista en su rechazo, o desdén, a una Iglesia a la que todos los años financia de modo y manera sustanciosos. En este sentido es bueno que todos sepan como funciona la asignación que el Estado transfiere a la Iglesia. He aquí el párrafo íntegro del artículo citado que lo explica:

Es muy interesante y aleccionador percatarse del siguiente dato: la asignación de la casilla del IRPF a la Iglesia, por parte de un católico, no es un acto de generosidad, ya que le sale gratis. Ese tanto por ciento plus donado a la Iglesia no sale del bolsillo del ciudadano, como en otros países, Alemania, verbi gracia, donde quien marca casilla para la Iglesia paga de su bolsillo ese plus resultante. Por eso, más arriba he afirmado que el tercio de católicos que no señala la contribución para la Iglesia paga igual, pues es un pago que se realiza con las arcas del Estado, es decir, por el conjunto de la ciudadanía. Y lo hacen igual católicos y no católicos. Es un motivo a más para que nuestros obispos estén agradecidos a la generosidad del pueblo español, también de sus ciudadanos ateos, o críticos y beligerantes con la Iglesia. ¿Cómo es posible que el prior de Cuelgamuros vea degradación de valores en la sociedad española tan generosa y comprometida con la financiación de la Iglesia?

3º) “Fue una época difícil, de cierre, de ocupación por parte de la fuerza pública de instalaciones propias. Fue la ocupación de una basílica, un lugar inviolable, donde no se puede penetrar sin autoridad religiosa, porque están protegidos por los Acuerdos Iglesia-Estado”. 

” … ocupación de la fuerza pública de instalaciones públicas”. En este punto el prior benedictino se aparta de la verdad: ni hubo ocupación por parte de la fuerza pública, sino solo el trabajo de unos operarios, algo que sucede todos los días a lo largo y ancho de las Iglesias españolas, ni se trata de instalaciones propias, si con esta expresión se quiere insinuar o afirmar la propiedad del local, por parte de la orden benedictina, pues todos saben que las instalaciones del complejo monasterio-Basílica-cementerio es propiedad del Estado español. Y que la comunidad benedictina fue invitada a prestar el servicio que ha prestado magníficamente, hasta que Santiago Cantera fue promovido a prior de la comunidad.

” … un lugar inviolable, donde no se puede penetrar sin autoridad religiosa, porque están protegidos por los Acuerdos Iglesia-Estado”. Toda la prensa publicó, con motivo de la exhumación de los restos de Franco, que la (no tan) Santa Sede declaró que el asunto era del cuidado del Estado Español, y de la familia del General. Y tuvo que ser el prior del monasterio el primero en enterarse de esta declaración, que implicaba el permiso de la “autoridad religiosa” para la intervención que correspondía al Estado.

4º) “Se ha cometido una injusticia saltándose las normas más elementales de la humanidad”.

La normativa concreta de la Iglesia, en los cc. 1242, y 1184, más bien se inclinaría a obstaculizar el enterramiento de quien no fuera obispo, o ministro de la Iglesia, y, menos, un dictador y golpista, en un lugar de culto. Así que no exagere, señor Cantera, que el Estado español no se ha saltado ninguna de las normas más elementales de la Humanidad”

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

Cántico cósmico contra la tiranía

(Con las palabras del título, Carlos Salinas Maldonado, desde México, escribió ayer un largo artículo en El País (02/03/2020), con el título Ernesto Cardenal, poeta del universo. Encontré también, en la misma edición de ayer, un precioso artículo de Gioconda Belli, poeta y novelista nicaragüense, que quiero ofrecer a mis lectores como homenaje al gran Ernesto Cardenal, no solo teólogo eximio de la Teología de la Liberación, sino poeta enorme, u gloria nacional de Nicaragua. Y quiero que este pequeño y lejano homenaje sirva de humilde desagravio al gesto amenazante, ejemplo preclaro de abuso clerical, que tuvo que soportar, humildemente de rodillas, el gran y leal Ernesto, del papa Juan Pablo II. Y quiero recordar que en la época en la que gozosamente vivimos, en la que la frase “todos somos iguales ante la ley”, suena a música celestial, como la aplicación que voy a atreverme a insinuar, “todos somos iguales ante la crítica”, y “más iguales, todavía”, los que más altos se encuentran en la escala social.  Así que permítaseme presentar esta respetuosa crítica al Papa Woijtila)  

Ernesto Cardenal, poeta del universo

El sacerdote nicaragüense, que ha fallecido este domingo, concentraba dos rasgos esenciales de la identidad de su país: el espíritu de lucha por la patria amada y la pasión por la poesía

Poeta del Universo. (Gioconda Belli)

No sé por qué me felicitan porque cumplí 90 años. Es horrible”. Así me dijo Ernesto Cardenal hace cinco años. Me reí. Así era él. Rajatabla. Rotundo. Se había ganado ese lado cascarrabias que no se plegaba a lo que los demás esperaban de él. No le interesaba el encaje de las relaciones sociales, pero quería a sus amigos, callada pero inequívocamente. Uno se lo veía en los ojos que podían ser inmensamente dulces. Y bastaba que uno le hablara del espacio, de la ciencia, de la poesía, para que su mutismo desapareciera y conversara entusiasmado sobre lo último que había leído en la revista Scientific American o en alguna de las otras revistas científicas a las que estaba suscrito, y que incluían el New Yorker, porque igual que el universo, le interesaba el mundo. Era místico, pero tenía sus raíces bien plantadas en la tierra. Le gustaba la comida, las salchichas alemanas, el vino, pero vivía como un monje en su casa de Managua, una habitación con una cama, una mesa de noche y una hamaca.

Ernesto Cardenal concentraba en él dos rasgos esenciales de la identidad nicaragüense: el espíritu de lucha por el país amado y el amor por la poesía. Sus poemas de juventud, sobre todo sus epigramas, son lo mismo poemas de amor, que filosas condenas contra la dictadura de Somoza. La trapa en Kentucky en la que estuvo en los años cincuenta y donde hizo una amistad inmensa con Tomás Merton, su maestro de novicios, le enseñó que su vocación religiosa no era contemplativa. Allí creció su idea de fundar en Solentiname, una isla del Gran Lago de Nicaragua, una comunidad que, alrededor de la sencilla iglesia que construyó con los campesinos, unió el Evangelio con el arte. Fue una pequeña pero trascendente utopía que, sin embargo, no dudó en abandonar. Con sus muchachos se unió a la lucha contra la dictadura de Somoza. Cuando los poetas y pintores de Solentiname se hicieron guerrilleros, la guardia somocista destruyó la comunidad.

Ernesto fue ministro de Cultura de la Revolución. Quiso diseminar la poesía y montó talleres donde la gente de los barrios aprendía que cualquier hecho sencillo de sus vidas podía ser contado en verso. Pero el exteriorismo que caracterizó su obra no se contagiaba. Era suyo. Fue él quien lo usó magistralmente, tanto para contar el fragor de la lucha, como para hablar de las estrellas. Su poema, Canto Nacional, dedicado al Frente Sandinista, lo reprodujimos en mimeógrafo y lo pasamos de mano en mano en los setenta. Él puso en palabras el dolor y la esperanza de esa lucha tenaz. Esa lucha que, llegado el sandinismo al poder, lo enfrentó no solo con el papa Juan Pablo II, cuyo dedo acusador lo señaló no bien el Pontífice puso pie en Nicaragua, sino con Rosario Murillo.

En los ochenta, cuando los escritores criticamos a la Murillo y pedimos una reunión con la dirigencia sandinista, sin Daniel Ortega, él llegó a defender a la esposa. Nunca olvidaré lo primero que dijo Cardenal en esa reunión: “Nosotros no nos queríamos reunir con usted, porque usted es el marido de ella” La integridad y firmeza de Cardenal no pudo con las maniobras con que Ortega se apropió del FSLN en los noventa. El poeta renunció al partido.

Harto de la política, Cardenal se sumió en una vida reclusa, y en esa vida, sin embargo, apuntó su telescopio a la noche oscura y empezó a hurgar al Dios del universo. Fascinado con el misterio de la vida humana en medio de esa inescrutable inmensidad, escribió su monumental Cántico cósmicoSomos polvo de estrellas” escribió.

Ahora él está allí, seguramente bien recibido en la Vía Láctea. Para nosotros, Nicaragua, es duro verlo desaparecer. Extrañaremos su boina negra, su figura, su voz leyéndonos poesía, su santa indignación contra la tiranía.

Transcrito de “El Paìs“, para el blog “El guardián del Areópago“, por su responsable, Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara).

 

Las ridículas críticas de Felipe González y de José Mª Aznar al Gobierno actual

De auténtica vergüenza ajena me resultan las lacerantes críticas de los dos expresidentes, acomodados y aburguesados, al modo con el que el actual Gobierno de España está intentando reconducir la relación política entre Cataluña y el resto de España. Yo viví el encumbramiento y la exaltación del joven abogado sevillano, Felipe González, sin aparentes cualidades ni méritos destacados previos, a la jefatura del Gobierno de España, desde Brasil, donde realizaba una misión eclesial y evangelizadora de quince años. Volví a España el año 1985, en plena época del primer Gobierno socialista después de la 2ª República, la Guerra civil, y la Dictadura franquista. Y, a pesar de mis simpatías por políticas de izquierdas, el presidente del Gobierno socialista no me impresionó por su clarividencia y arrojo en implantarlas, me decepcionó su sumisión a las fuerzas económicas dominantes, en la famosa y sangrante decisión de facilitar, “¡por el bien de la economía y del empleo!”, el despido laboral de los trabajadores, y no me sedujo en su instinto acomodaticio a las limitaciones, prudencias excesivas, miedos, e injusticias, olvidos y miradas a los lados, con los que se

El joven socialista andaluz tuvo la vista, y la intuición, de adaptarse a la peculiar e interesante sensibilidad socio política del momento, y la valentía de mostrar flexibilidad a la hora de acomodarse a los vientos cambiantes que a toda velocidad se producían en una sociedad española ahíta de nuevas y fascinantes aventuras. Una de las frases más célebres que usó la oposición contra él es, en mi opinión, el reconocimiento más exacto, y no pretendido, sino todo lo contrario, de que “El Gobierno solo acierta cuando rectifica”, como en el caso de la entrada o no en la OTAN. Los que usaban ese eslogan como insulto representaban, de manera preclara, ese carácter cavernícola y macho que se ha dado, y se da tanto, en España, de que rectificar es de gente sin personalidad, de esa que surge y sube desde lo más profundo del entramado visceral. Pero, de cualquier manera, González nunca me impresionó ni como gobernante, ni como  hombre de Estado, ni como hábil piloto de la Transición, que, digan lo que digan sus artífices, dejó abiertas muchas costuras, abiertas hasta hoy, en situaciones que ahora tanto él, como su ex antagonista y hoy fiel colega Aznar, se atreven a criticar sin mover un dedo para intentar un arreglo.

El caso es que ambos políticos han protagonizado hoy la inauguración del 1º Congreso Nacional de la Sociedad Civil, organizado por SOCIA, (Sociedad civil Ahora), en el Casino de Madrid. De hecho, junto, supongo, a otras nobles actividades intelectuales, si esto es laudablemente posible, se han dedicado a rajar a gusto sobre el Gobierno actual, sobre todo en su política catalanista. Felipe, en su inglés castizo y ha asegurado que “La Mesa de Diálogo” es una

Felipe González y José María Aznar han sido los protagonistas de la inauguración del I Congreso Nacional de la Sociedad Civil, organizado por la entidad Sociedad Civil Ahora (SOCIA), y que se ha celebrado este jueves en Madrid. Los ex presidentes han repasado la actualidad política de España, dedicando especial atención a la situación de Cataluña. Ambos se han pronunciado sobre la mesa de diálogo abierta entre el Gobierno central y la Generalitat, que comenzó el miércoles su andadura. González la ha definido como una “performance” de cara a las elecciones catalanas, mientras que Aznar ha asegurado que será “devastadora” de cara a las instituciones. En ambos casos solo puedo expresar mi sorpresa, porque los períodos electorales no son desconocidos, ni han sido enojosos para Felipe, ni José María es inocente, como asesor e inspirador del PP, de verdaderos y penosos trastornos institucionales.

Devastadora ha sido, sin la más mínima duda, la política perpetrada por Gobiernos del PP en relación a las instituciones catalanas, con los frutos que todos sabemos: dos referéndums ilícitos, una proclamación si es no es teatral o significativa, jaleos con la Policía Nacional y la Guardia Civil, la aplicación del artículo 155 de la Constitución, la siembra y cultivo de nacionalistas y separatistas, desde el rechazo del Estatuto de Cataluña, a instancias del PP al Tribunal Constitucional, y un sin fin de logros socio políticos. Entonces, señor Aznar, ¿qué autoridad y categoría esgrime ahora Vd. para poner en duda y vituperar, sin ningún argumento de altura, la sana, honesta y ética tentativa de unos políticos responsables de arreglar el desaguisado que unos gobernantes irresponsables, romos e ineptos, han causado en la política territorial española?

Pero el señor Aznar podría comentar más situaciones en las que su partido, el PP, del que se ha instalado como inspirador y consejero, ha estado seriamente comprometido con deficiencias y efectos devastadores en instituciones de importancia capital en la estructura democrática de un Estado. Recordemos la financiación irregular de campañas electorales, la corrupción de las mordidas pre y pós contratos inmobiliarios, el vergonzoso e intolerable Tamayazo, la Gurtel, los líos del Canal de Isabel II, y un largo etc, hasta terminar en el mayor desastre y la más innegable demostración de fracaso en el ejercicio del más alto poder político de un país, que acaba con el éxito de una moción de censura.

Así como habría que recordar a ambos mandatarios, señores Felipe González, y José Mª Aznar que están dando a sus seguidores, y a todos los conciudadanos, un pésimo ejemplo de desprecio al principio más sagrado de la Democracia. La ciudadanía concede el uso y la responsabilidad del poder a los que vencen las elecciones. El PP, en las elecciones de abril del año pasado, fue doblado en escaños por el PSOE. ¿Hay algún convenio o norma que disponga que en esos casos, inciertos y dolorosos, de derrota de la digna derecha y victoria de la sospechosa izquierda, tenga que ser aquella la que marque las líneas esenciales de las políticas sociales, económicas y políticas que debe seguir el Gobierno? ¿O tal vez sea también de recibo pretender que quien no se ha presentado a las elecciones, pero tiene una vaga  intuición de batallas pretéritas, como las que pueden venir a la mente de Felipe, tenga “ipso facto“, autoritas real y eficaz para diseñar el dibujo de la política práctica que conviene?

Señores expresidentes: acudan a sus consejos de administración, vivan felices su provecta edad dorada, y dejen a los nuevos políticos, tan dignos, y tal vez mejor preparados que Vds., ejercer sin excesivos ni injustos sobresaltos, la tarea que el pueblo español, vía Congreso de los Diputados, les ha encomendado.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

Joseph E. Stiglitz, premio nobel de Economía, fulmina la teoría de la efectividad del Mercado, idea madre del Capitalismo.

(Esta presentación, a modo de entrevista, de las ideas de Joseph E. Stiglitz, se puede encontrar en eldiario.es, 23/02/2020, pero me parece que es hacer un favor a mis lectores ponérsela a mano en mi propio blog. Es una manera racional, “una bomba de sensatez“, como la califica Rodrigo Ponce de León, que proporciona munición contra las ideas nefastas, para la mayoría de la población, del neoliberalismo capitalista. Y alienta otras como la utilidad y conveniencia, en muchas ocasiones, de la financiación pública, praxis declarada perniciosa por los gurús del Neoliberalismo.   J.Mª. Urío Ruiz de Vergara).

El Nobel de Economía es una bomba de sentido común: considera necesario acabar con un neoliberalismo nefasto

Joseph E. Stiglitz: “La idea de que el mercado es eficiente y un motor de competitividad es absolutamente errónea”

Joseph E. Stiglitz, el Nobel de Economía, defiende en su último libro la capacidad de regenerar el capitalismo

Firme defensor de la intervención del sector público en la economía, el Nobel de Economía defiende en su último libro la capacidad de regenerar el capitalismo para acabar con “un neoliberalismo que ha tenido resultados desastrosos”

-Lo que trato de explicar en el libro ‘Capitalismo progresista’, es que lo que se necesita es un nuevo contrato social. Un nuevo vínculo entre los mercados, el Gobierno y la sociedad civil

-Está convencido de que se puede “domesticar al capitalismo”. Para ello hay que “frenar el poder del mercado” y acabar con los “desequilibrios políticos” estableciendo un buen sistema de contrapesos

-Frente a otros economistas, Stiglitz reniega de la renta básica universal argumentando que prefiere no regalar dinero y poniendo sobre la mesa el papel dignificador del trabajo

23.02.2020 | Rodrigo Ponce de León

(eldiario.es).- “¿Por qué teme el sector privado que el Gobierno ofrezca hipotecas? Si son más eficientes como aseguran, ¿cuál es el problema? ¿No será que el Gobierno es más eficiente?”. Con estas preguntas el Nobel de Economía de 2001 Joseph E. Stiglitz(Estados Unidos, 1943) defiende la “opción pública”, la posibilidad de que el Estado ofrezca una serie de servicios que implique más competencia e innovación, baje precios y haga más fácil la vida a los ciudadanos. La “opción pública” es una de las propuestas que este catedrático de economía en la Universidad de Columbia recoge en su último libro, Capitalismo progresista. La respuesta a la era del malestar (editorial Taurus).

Stiglitz explica en conversación telefónica con eldiario.es la necesidad de establecer un nuevo contrato social para dejar atrás los desastres que ha provocado el neoliberalismo. El Nobel de economía asegura que al sector privado le gustan “los monopolios y la explotación” y teme a la competencia, pero está convencido de que se puede “domesticar al capitalismo”. Para ello hay que “frenar el poder del mercado” y acabar con los “desequilibrios políticos” estableciendo un buen sistema de contrapesos que impidan que se perpetúe un sistema producto del “ejercicio de poder político y económico por parte de aquellos a los que el sistema beneficia actualmente”.

Frente a otros economistas, Stiglitz reniega de la renta básica universal argumentando que prefiere no regalar dinero y poniendo sobre la mesa el papel dignificador del trabajo, además de asegurar que la evolución que necesita la economía en la transición ecológica exigirá millones de puestos de trabajo.

Su libro en España se titula Capitalismo progresista, un concepto que usted no cree que sea un oxímoron. ¿Por qué?

Porque lo que trato de explicar en el libro es que lo que se necesita es un nuevo contrato social. Un nuevo vínculo entre los mercados, el Gobierno y la sociedad civil, donde el mercado va a jugar un papel importante: el capitalismo va a ser parte de la solución, por supuesto no ese tipo de capitalismo sin restricciones asociado al neoliberalismo que ha tenido resultados desastrosos para la sociedad.

Propongo una forma de restaurar un equilibrio en el que el capitalismo sea domesticado de manera que pueda servir a la sociedad. Así que el objetivo del libro es mostrar que no es un oxímoron y que uno puede realmente reformar la economía de mercado.

El mensaje de que el capitalismo falla se lleva repitiendo desde hace años, en sus libros El malestar en la globalización, Los felices noventa o El precio de la desigualdad señalaba los agujeros del sistema. ¿Ha cambiado algo sustancialmente desde entonces?

En mis libros anteriores señalé las deficiencias del sistema pero también que había una forma de cambiar el capitalismo. En mi libro El precio de la desigualdad argumenté el alto precio que se paga por la desigualdad pero también decía que era evitable, que estábamos ante una elección política.

Algunos países han tenido mucho más éxito que otros en la creación de sociedades con altos niveles de igualdad y oportunidades. Y lo que este libro hace es tomar ese tipo de engranaje y tratar de construir una visión más holística de lo que tenemos que hacer para reformar el capitalismo. ¿Qué es lo que está mal? ¿Cuáles son las reformas que harían que el capitalismo sirva a la sociedad? ¿Cómo nos reestructuramos? Hay atisbos para una reforma y su nombre es capitalismo progresista. Se podrían utilizar otros conceptos pero, especialmente para el público americano, queríamos enfatizar que el mercado va a ser parte de la solución. El problema es que hemos perdido el sentido del equilibrio entre los diversos componentes de nuestra sociedad.

En su libro usted señala cómo construir una sociedad más justa sin sacrificar el crecimiento. ¿Qué piensa de las teorías del decrecimiento?

Uno de los discursos de nuestro contexto actual es que no estamos viviendo dentro de los límites que nos marca el planeta porque el crecimiento no es sostenible tal y como lo estamos desarrollando.

En las próximas dos décadas tenemos el potencial para reestructurar la economía y que no haya excesos que pongan en peligro la habitabilidad de nuestro planeta. Tenemos que conseguir una especie de ruptura, como el compromiso en Europa con el New Green Deal.

Tengo posiciones contrarias al decrecimiento porque todavía en todo el mundo hay varios miles de millones de personas que no tienen un nivel de vida adecuado. Así que para aquellos de nosotros en Occidente que tenemos estándares de vida altos no hay necesidad de que sigamos aumentando nuestro nivel de vida material, pero moralmente no podemos negar el derecho de otras personas a tener un nivel de vida decente. Desde una perspectiva global no estamos en la posición en la que podamos decir a esas personas que no es necesario el crecimiento, otra cosa es que cambiemos la forma de crecimiento para hacerlo sostenible.

Lo que parece claro es que la forma más cruel de capitalismo y sus defensores tienen la capacidad de adaptar constantemente el mensaje y hacer atractivo un sistema que empobrece a millones de personas. ¿Por qué cree que tienen éxito?

El título de mi libro en inglés es People, Power, and Profits. Progressive capitalism for an age of discontent (Gente, poder y beneficios. Capitalismo progresista para una era de descontento). La razón por la que incluí poder como segundo concepto es porque trato de mostrar que la razón por la que tenemos el sistema actual es un ejercicio de poder político y económico por parte de aquellos a quienes el sistema actual beneficia claramente.

Es obvio que necesitamos una reforma de este sistema, porque hay un gran desequilibrio. Tenemos que frenar el poder del mercado, especialmente en los Estados Unidos, donde ha habido un fuerte crecimiento de los monopolios.

También hay un fuerte desequilibrio en el poder político. De nuevo, especialmente en los Estados Unidos, donde el dinero tiene tantas implicaciones políticas que distorsiona totalmente las necesidades de la política. Es un sistema que se describe mejor por ‘un dólar-un voto’ que por ‘una persona-un voto’. Obviamente, en un mundo con un alto nivel de desigualdad y un sistema político con este desequilibrio de poder al final votan los dólares y los ciudadanos con un nivel de renta más alto usan su poder para perpetuar y exacerbar su poder económico y político.

En su libro escribe: “La opinión de que el Gobierno es el problema y no la solución es simplemente errónea. Al contrario, la mayoría de los problemas de nuestra sociedad, desde los excesos de contaminación hasta la inestabilidad financiera y la desigualdad económica, han sido creados por los mercados”. Pero cuando vemos a gente como Trump en el Gobierno no parece una solución sino una trampa y la confirmación de que los depredadores del capitalismo saben perfectamente cómo controlar el sistema.

La gente me suele decir que hago un buen análisis sobre los fallos del mercado, pero no hablo de los fracasos del Gobierno. Siempre les respondo que, habiendo vivido bajo la presidencia de Bush y ahora con el presidente Trump, todos los americanos sabemos lo que es el fracaso de un Gobierno.

¿Qué se puede hacer? Una de las cosas que enfatizo en mi libro es la importancia de los sistemas de controles y equilibrios (‘checks and balances’) para lograr un equilibrio real entre el mercado, el Estado y la sociedad civil. Necesitamos que el Gobierno controle al mercado, que el mercado controle al Gobierno y que la sociedad civil controle a ambos. Cuando explico cómo haremos que funcione nuestro sistema social, económico y político debemos darle un gran papel a la sociedad civil.

En los Estados Unidos hasta ahora nos hemos sentido afortunados de que, a pesar de que Trump no entiende los principios de buen gobierno y es autoritario, gracias a nuestras instituciones muchas de las cosas que Trump ha intentado no han tenido éxito. Nuestras instituciones se han convertido en un baluarte de la sociedad civil contra sus actuaciones. La preocupación es qué pasará si sigue otros cuatro años más en la Casa Blanca.

En España tenemos un profundo debate sobre el futuro de las pensiones. En su libro usted defiende que la Administración de la Seguridad Social es mucho más eficiente en el desembolso de las prestaciones de jubilación que las pensiones privadas, sin embargo el discurso que parece prevalecer es que las pensiones públicas son inviables.

Hay dos cuestiones diferentes. Una es la eficiencia del sistema público, que es mayor que la del privado. El sistema privado tiene costos de transacción muy altos y es, a menudo, insostenible. Lo vimos en Chile, donde privatizaron el sistema bancario y funcionó por un tiempo, pero finalmente, tras la crisis financiera, el Gobierno ha tenido que salir a rescatar el sistema privado. Ocurrió algo parecido cuando el presidente Bush trató de privatizar parcialmente la Seguridad Social en Estados Unidos, pero dio marcha atrás ante el escándalo público. Si el presidente Bush hubiera tenido éxito, las consecuencias habrían sido devastadoras para la gente durante la crisis financiera. Así que en los Estados Unidos, ya no hay discusión sobre esta aberración.

Otra cuestión es la dificultad de anticipar los cambios demográficos y los compromisos adquiridos por la Seguridad Social y las pensiones públicas que puede ser que tengan que adaptarse a las cambiantes circunstancias y a los ciclos económicos.

En los Estados Unidos lo vivimos con Alan Greenspan, que presidía la Fed. Se observó el aumento de la esperanza de vida que nadie había previsto en la década de 1930 cuando se creó la Seguridad Social y ese aumento de la esperanza de vida había hecho que el sistema de la Seguridad Social no fuera viable a largo plazo. Entonces lo que se hizo fue extender la edad de trabajar, lo cual no es una solución demasiado buena pero tampoco mala, ya que fue suficiente para sostener el sistema de pensiones.

También hay problemas políticos. Las restricciones de la administración Trump a la inmigración y su nefasta política económica van a poner de nuevo la Seguridad Social y el programa de pensiones en peligro, por lo que habrá que revisar el sistema en el futuro.

Usted señala en su libro que no le convence una renta básica universal. Por un lado, porque no cree que se consiga una recaudación fiscal suficiente para financiarla, pero también por lo que usted define como los déficits de dignidad que conlleva el desempleo.

El trabajo es una parte importante para la vida de mucha gente. Les aporta dignidad y la sensación de que se ganan la vida. Que la gente no viva de limosnas es importante, puede ser que para algunos no sea así pero creo que sí lo es para la gran mayoría. Al mismo tiempo, creo que hay muchas necesidades importantes que nuestra sociedad exige como gestionar nuestro camino a través de la transición ecológica. Las personas quieren trabajar y nuestra sociedad necesita trabajadores para hacer esta transición verde, por lo que nuestra primera responsabilidad debería ser proporcionar empleo a todos los que quieran trabajar. Me gustaría poner el énfasis en no regalar dinero, sino en asegurar que nuestra sociedad proporcione trabajo a todo el que lo quiera.

Una de sus propuestas es “frenar el poder del mercado”. ¿Es demasiado tarde para acabar con los monopolios en el sector de la tecnología?

Es un sector donde es aún más importante que frenemos su poder de mercado. Tenemos que forzar a estas empresas a pagar los impuestos que deben y tenemos que aplicarles una regulación, aunque empiezan a comprender que necesitan estar regulados. Mark Zukerberg, fundador de Facebook, aparece en Financial Times hablando de la necesidad de mayor regulación –aunque no estoy seguro de que lo diga en serio– y el pasado fin de semana estuve en un debate sobre el libro del presidente de Microsoft en el que habla de la necesidad de regulación.

Parece que hay una creciente sensación de que su poder de mercado tiene que ser frenado. Europa ha hecho un trabajo mucho mejor que los Estados Unidos, de hecho la comisaria Margrethe Vestager ha tratado de frenar algunas de las prácticas anticompetitivas de estas compañías.

En mi libro señalo que no había razones para entender por qué se permitió que Facebook adquiriera Instagram y WhatsApp, ahora las autoridades deberían obligarles a que se separaren en empresas diferentes.

Otra de sus propuestas es un impuesto a las empresas por la acumulación de datos sobre las personas o incluso que los datos se consideren un bien público. ¿Realmente cree que es factible que se aplique?

Una de las cosas que la tecnología permite es poner impuestos que antes habrían sido técnicamente inviables. Tenemos información sobre lo que está pasando con los datos y cómo se utilizan y tenemos la tecnología para evaluar qué datos se están almacenando, por lo que se puede poner en marcha el impuesto. Este impuesto puede ser un paso en la dirección correcta, pero habría que hacer más porque ahora las empresas pueden incorporar la información de los datos en algoritmos sin tener los datos almacenados, de manera que usan nuestros datos aunque ya no los tengan: es complicado de entender pero ya hay tecnología que funciona así.

Usted propone crear una “opción pública”: “El gobierno crea un programa básico alternativo para ofrecer productos como seguros de salud, rentas de jubilación o hipotecas” porque “la competencia entre el sector público y el privado romperá el poder de mercado”. No sé en los EEUU, pero en España los partidos conservadores, los ‘think tanks’ neoliberales, las empresas, etc. tratan de destruir cualquier idea relacionada con la creación de un sector público que compita.

Al sector privado le gustan los monopolios y la explotación. Uno de los puntos que trato de plantear es que, en realidad, si analizamos al sector privado muchos de los beneficios provienen de la explotación y de ejercer un abusivo poder de mercado. La idea de que el mercado es eficiente y un motor de competitividad es absolutamente erronea.

Y el verdadero problema es que tienen miedo. Le temen a la competencia a pesar de que se pasan todo el tiempo hablando de ella. ¿Por qué teme el sector privado que el Gobierno ofrezca hipotecas? Si son más eficientes que el Gobierno como aseguran, ¿cuál es el problema? ¿No será que el Gobierno puede ser más eficiente?

La realidad es que los costes de la banca pública son mucho más bajos y estables que los costes de las pensiones privadas, mientras que el sistema de salud europeo es mucho más eficiente que el sistema de salud privado de Estados Unidos. Son dos ejemplos en los que la opción pública puede proporcionar más innovación y más competencia para bajar los precios. Con la opción pública, el Gobierno podría ofrecer hipotecas y ayudar a los ciudadanos.

Dice que Estados Unidos (y creo que ocurre en todo el mundo) está “evolucionando hacia una economía y una democracia del 1 por ciento, para el 1 por ciento y por el 1 por ciento”. ¿Qué se puede hacer con ese 1% de ricos?

La primera y más obvia es frenar su poder político. Si lo conseguimos estaríamos restaurando la democracia para cambiar las reglas del juego de manera que se frenaría su poder económico. Así crearemos una sociedad donde el poder se distribuya más equitativamente y estaría menos concentrado, por eso no se puede separar la política de la economía.

El capitalismo progresista del que hablo puede cambiar las actitudes de la gente. No todo el 1% es tan egoísta como los Koch o Trump, hay mucha gente en el 1% que usa su dinero para el bien público. Si hacemos que el capitalismo progresista funcione, ayudaríamos a que más gente trabaje por el bien público.

Usted escribe que “mientras haya una actividad económica en la que los ingresos privados superen los ingresos sociales, un impuesto servirá para aumentar el bienestar”, lo cual parece obvio con respecto al cambio climático pero es complicado de llevar a cabo. ¿Cómo lo abordamos?

Por un lado con la redistribución del poder político, pero también con educación y valores. Parte del problema es que tenemos demasiado poder corporativo tanto en la esfera política como en la económica. Pero también hay que explicar que tenemos que tener impuestos para que los trabajadores tengan una educación adecuada o para financiar la investigación, entre muchos aspectos. Uno de los temas principales de mi libro es la fuente de la riqueza de las naciones que se basa en la creatividad de las personas.

Se está empezando a dar un cambio de mentalidad que empieza a rechazar el extremismo del neoliberalismo, ese tipo de egoísmo que ha generado una situación contraproducente en los últimos 40 años.

En los últimos meses en los Estados Unidos se está criticando duramente que las compañías solo se preocupen de los accionistas y se propone avanzar para que el capitalismo sea beneficioso para todos, de manera que el éxito en nuestra sociedad solo tendrá lugar si empresas, trabajadores, ciudadanos, comunidades y el medio ambiente comparten ese beneficio.

Transcrito de eldiario.es de 23/02/2020, para “El guardián del Areópago”

El escándalo de las cuentas de la Iglesia española

Empleo la palabra “escándalo” muy conscientemente. Todo que se relacione con el dinero, y tenga que ver con instituciones de la Iglesia, y otras civiles, o personas particulares, si crea conflicto, controversia, o simplemente dudas, es, para un creyente y voluntario a seguidor de Jesús, por lo menos, sospechoso; y si en la tensión, controversia, o litigio aparece la Iglesia defendiendo acérrimamente su dinero, constituye, con certeza, un escándalo. No hay más que leer el Evangelio, para llegar a esa conclusión. ¡A no ser que el Evangelio haya pasado a ser un referente puramente jurídico o canónico, pero no ético ni humanista!, algo que los que queremos seguir siendo cristianos no queremos ni imaginar. Ahora se están haciendo cábalas, por todas partes, sobre todo de partidos y agrupaciones políticas de izquierda, sobre el origen, el empleo, y la redición de cuentas por parte de la Iglesia. Así que procuraré  facilitar al lector la tarea de responder a esas preguntas.

1º) Principal origen de los medios económicos de la Iglesia.

La primera fuente, la más cuantiosa, y la más importante, porque interesa la participación activa de los fieles es la que se origina a través del pago de IPRF. Es preciso, no obstante, explicar bien en qué consiste esta aportación voluntaria  por parte de los católicos feligreses, ¡pero que paga el Estado!, y no cuesta nada a aquellos.

1.1   Según los datos más actuales de Hacienda el número de católicos que se declara como tal, y marca la casilla del impuesto de renta aplicable a la Iglesia es 32,3%; la inmensa mayoría, el 67,68%, no colabora con la Iglesia a través del impuesto. Sin embargo, esta mayoría de dos tercios paga igualmente a la Iglesia, aunque no lo quiera, y, generalmente, no lo sepa.

1.2    Es muy interesante y aleccionador percatarse del siguiente dato: la asignación de la casilla del IRPF a la Iglesia, por parte de un católico, no es un acto de generosidad, ya que le sale gratis. Ese tanto por ciento plus donado a la Iglesia no sale del bolsillo del ciudadano, como en otros países, Alemania, verbi gracia, donde quien marca casilla para la Iglesia paga de su bolsillo ese plus resultante. Por eso, más arriba he afirmado que el tercio de católicos que no señala la contribución para la Iglesia paga igual, pues es un pago que se realiza con las arcas del Estado, es decir, por el conjunto de la ciudadanía. Y lo hacen igual católicos y no católicos. Es un motivo a más para que nuestros obispos estén agradecidos a la generosidad del pueblo español, también de sus ciudadanos ateos, o críticos y beligerantes con la Iglesia.

1.3     No es verdad, como algunas veces hemos leído en ciertas informaciones interesadas, que cada año aumente el número de católicos que se acuerda de la Iglesia en su declaración de la Renta: lo que crece es el total de la recaudación de todos lo impuestos que pagamos los españoles, y, por tanto, también lo hace el que corresponde a la Iglesia. En 2018, la Iglesia recaudó 284 millones de euros por medio de la casilla del IRPF, recaudación histórica, lo que no quiere decir que aumentara también el número de contribuyentes. Al contrario, desde el año 2015, en que eran el 35,2% de los contribuyentes los que marcaron la casilla para la Iglesia, hasta hoy, que son 33,3%, han bajado casi dos puntos menos.

2º) Cómo gasta el dinero la cúpula de la Iglesia.

La mayor parte de esos ingresos sirven para pagar salarios de obispos, curas, y personal profesional que trabaja para la Iglesia en los diferentes campos de la administración, del derecho, de la seguridad, limpieza, liturgia, etc., correspondiendo también una buena partida a Caritas, la gran ong de la Iglesia, que provoca gastos, pero también grandes ingresos y aportaciones de los fieles. Conviene destacar, sin embargo, algún detalle en este capítulo de gastos, que no dejan en muy buen lugar a los administradores del dinero de la Iglesia, generalmente su alta jerarquía, a nivel individual de obispados y diócesis, o en conjunto, como Conferencia Episcopal Española.

2.1 El caso de la Trece TV

Este canal de televisión se está constituyendo en un verdadero quebradero de cabeza para las finanzas de la Iglesia. Con una audiencia del 2%, esa televisión no sólo conservadora en lo político y social, sino poco o nada, e incluso anti- evangélica en muchas ocasiones, ha supuesto en los últimos años un gasto de 82 millones de euros. La Conferencia Episcopal Española, (CEE), gasta al año once (11) millones de euros de la Renta, casi el doble de los seis (6)que gasta en Caritas. Esto, y el contenido del principal programa informativo y de opinión de 13TV, “El Cascabel” produce con frecuencia episodios de indignación y de santa ira del obispo emérito de Tánger, el franciscano español monseñor Agrelo, que fustiga reiteradamente, como un Jeremías enfurecido, a sus pares de la CEE.

2.2  El caso de la 13TV es una anomalía jurídica de enorme gravedad.

Que los obispos españoles financien una televisión privada para su beneficio y publicidad, con el dinero público proveniente de la Renta, no es solo una anomalía de más que dudosa legalidad, sino una falta grave contra la normativa europea. En este sentido, hace muy poco tiempo el Gobierno español ha recibido un informe de las autoridades de la Unión, instándole a hacer cumplir la legalidad, que obliga a todos. Claro que es bastante complicado urgir a los prelados a respetar esa legalidad si ante la insinuación del Tribunal de Cuentas el Estado ellos han respondido que ese tribunal carece de cualquier autoridad, supongo que querrán decir, jurisdicción, sobre ellos. Y esto es gravísimo: pensar que los Concordatos, convenios y tratados con la “mal llamada” Santa Sede aben la veda para la inmunidad de privilegios exclusivos demostraría, entre otras cosas, que como pensamos muchos, ¡la sede romana no es tan santa!

3º)  Otros modos variados, y algunos más sofisticados, de financiación de la Iglesia 

3.1 Ganancias promovidas por el patrimonio artístico y cultural, y por las donaciones de los fieles.

a)  La Iglesia española, a diferencia de otras iglesias europeas, mantiene la propiedad de un gran acerbo artístico y cultural. La Iglesia francesa, por ejemplo, hace tiempo que cedió la propiedad todos sus monumentos y riquezas artísticas al Estado, quien, en compensación, cuida del mantenimiento de ese tesoro de valor incalculable. Lo curioso, ¿o injusto?, del caso es que en nuestro caso es el Estado español el que se encarga del mantenimiento, y carga con los gastos.

b) Entre donativos y aportaciones voluntarias de los fieles, y cobros por expedientes y servicio sacramentales (bodas, bautizos, 1ªs comuniones, funerales), los obispos reciben unos 329 millones al año. Estas actividades son muy lucrativas, y ostentan el privilegios de estar exentas de impuestos.

c)  El dinero procedente de alquileres, de pisos, garajes, naves y edificios enteros, por los que no pagan el IBI (Impuesto de bienes inmuebles), e inversiones variopintas, igualmente alejadas del control de Hacienda. Estos ingresos suman 122 millones al año.

d)  A todo esto hay que sumar las ganancias en el mundo de la educación, procedentes de dos áreas diferentes: una, de la Educación concertada, tarea en la que el Estado gasta al año la no despreciable cifra de 6.000 millones de euros, lo que significa un buen pellizco para las arcas eclesiásticas, teniendo en cuenta que el 70% de la educación concertada lo hace en colegios religiosos. Y otra, de los pagos a los profesores de Religión,  por lo que el Ministerio de Educación paga unos 100 millones de euros anuales a los funcionarios tal vez más anómalamente pintorescos, pues los nombra y puede despedir la Iglesia, pero es el Estado quien paga. (¡!).

Notas conclusivas:

1ª) Cuando escribo “la Iglesia” no me refiero, generalmente, (en el 99% de los casos), a la Iglesia como Misterio de Salvación en y para el mundo, sino a la Iglesia-Institución, es decir, a la que de modo excesivamente empresarial, en mi opinión, y en la de muchos teólogos, eclesiólogos, y gente pensante en la comunidad eclesial, preside y dirige la Jerarquía de la Iglesia. No es que esta Iglesia empresarial no sea Iglesia, que sí lo es, pero con frecuencia, y como afirma reiteradamente Francisco, se separa innecesaria y peligrosamente del resto de la comunidad, convirtiéndose más en eclesiástica que en eclesial, y cayendo en un “clericalismo” dominante y absorbente, algo que el Concilio Vaticano II quiso resolver, propósito que, desde las trincheras de ese mismo frente clerical dominante y excluyente, han hecho lo posible para impedir, justo hasta la aparición providencial del papa Francisco.    

2ª)  La Iglesia española, (en el sentido que he recordado en la 1ª nota), en el Concordato de 1979, se comprometió a autofinanciarse: a “lograr por sí misma los recursos suficientes par la atención de sus necesidades“. Desde esa lejana fecha han pasado cuatro décadas, cuarenta largos y estériles años. Y estamos con una Iglesia más rica, y bastante menos, es decir, nada, autofinanciada.

La impresión a la que se llega comprobando todos los datos es que nuestros obispos no se fían demasiado ni de la Providencia de Dios, ni de la responsable solidaridad de los fieles. He vivido 15 años en Brasil, país de una inmensa riqueza, terriblemente mal distribuida, todavía mucho peor que la nuestra, en que la Iglesia no recibía ni un duro ni del, ni a través del Estado. Solo puedo decir, que con la economía normal de las parroquias, y la solidaridad con las excepcionalmente incapaces de autofinanciarse, los curas, y las personas dedicadas, laicos y religiosas a tiempo completo, al ministerio pastoral, gozábamos de media un salario y medio mínimo mensual, y todos los gastos necesarios para el ministerio, incluida la gasolina, pagados. Y todo procedente del bolsillo, y de la solidaridad responsable, como he dicho, de la feligresía. Que así sea, aquí también. ¡Amén!

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Personas influyentes de la Curia Vaticana azuzan las dudas del Papa Francisco

1º) El rechazo de la Curia Romana

Es evidente que el Papa está siendo objeto de fuertes  presiones por parte de muchos dignatarios eclesiásticos que existen, tienen su razón de ser, en ser los más próximos servidores del Pontífice. Se trata de una anomalía de las más descarnadas e incomprensibles para la mayoría de los sencillos miembros de la Iglesia, pero que en este inicio del siglo XXI se está caracterizando como una de las señas de identidad de la realidad no eclesial, ¡gracias a Dios!, sino de la eclesiástica, que no es lo mismo. Se trata de ese malhadado “clericalismo” que el obispo de Roma ha catalogado, en un número incontable de ocasiones, como el “peor problema de la Iglesia“. Si acertamos a ponernos de acuerdo en que uno de los principales objetivos del Vaticano II fue “desclericalizar la Iglesia”, que era un organismo monstruoso, pues en símil corpóreo muy usado por Pablo de Tarso podríamos decir que se trataba de “un cuerpo con una cabeza enorme, y un resto diminuto”, aludiendo a la relación clero-laicado que se enseñoreaba de la comunidad eclesial por lo menos desde el Concilio de Trento, (1546-1563), es decir, hacía la friolera de 400 años, entonces tendremos que admitir que el principal, enorme, tremendo, gravísimo, y especialmente eclesial problema de la Iglesia actual es la diversa, o contraria, aceptación o rechazo, del Concilio Vaticano II.

Es de sobra conocida la inquina y la insospechada animadversión con la que ciertos cardenales de la Iglesia romana se oponen encarecidamente a las ideas de Francisco. Ya escribí un artículo en este blog sobre los ocho canónigos de la diócesis de Roma, es decir, del Papa, más que eminentes, traidores y desleales purpurados al que los ha elegido para el culto de la gran catedral, y al servicio del ministerio petrino. Porque eso es el colegio cardenalicio, en auténtico y diligente cabildo de la diócesis papal. Éstos con los nombre de estos indignos servidores pontificios que han obsequiado a su señor obispo-Papa una colección infame de epítetos negativos: desde ignorante y pobre teólogo, hasta la ignominiosa e irremediable acusación de herejía y apostasía: cardenales, en mala hora, Müller, Sara, Walter Brandmuller, Raymond Leo Burke, Carlo Caffarra, Velasio De Paolis, y ahora el pobre cardenal Pel, que ha sido condenado por la justicia civil por pederastia, y desde Australia envía sus improperios. Éstos son, tal vez, los más injustamente importantes de los que se oponen al papa Francisco, quiere decir, al Concilio Vaticano II. Injustamente importantes porque su importancia no puede ser más nimia y tenebrosa. Ya es de dominio público cultural que “Roma no paga traidores”.  Pero hay muchos más, también en nuestra tierra, que, en silencio, rumian lo que consideran una traición a la Iglesia, y una debacle existencial para la misma. De lo que se trata, sin embargo, es de una inmensa traición al Concilio Vaticano II, tramada y realizada desde las más altas esferas del Vaticano, después de la proclamación de Juan Pablo II como papa, con la inestimable ayuda del Cardenal Ratzinger, que continuó la labor iniciada por su predecesor, ya como papa Benedicto XVI.

2º) El por qué de este rechazo.

La respuesta clara, definitiva, certera y contrastada es sencilla: por los siglos de traición de la Iglesia institucional al Evangelio, y por darle la espalda, negándose impertérrita a la conversión, a la Metanoya. La Iglesia institución-empresa, como he recordado en este blog, y repiten todos los historiadores digamos neutros, hizo varias cosas no solo inapropiadas, sino inaceptables, por este orden: se convirtió en Religión convencional, tuvo un largo aprendizaje de alianza con el poder político, fue cayendo en la tentación del poder económico, se acabó confundiendo con el poder,-obispos señores feudales-, se olvidó de la Sagrada Escritura, convirtió la Revelación salvadora y liberadora de Dios en Dogma, el Dogma lo vistió de Teología, la Teología se enamoró de su esclava, (filosofia ancilla teologiae), y se transmutó en el pensamiento filosófico, la libertad evangélica devino en moral, y ésta en moralismo, y, cuando las ideas y el estilo delo mundo mejor le hubiera ido a la Madre Iglesia, ésta se separó de él, se cerró en sus sacristías, y tuvo que venir el Concilio Vaticano II para abrir las ventanas, y “agiornar”, poner al día, su pesada estructura.

Jesús Bastante, en Religión Digital, ha sintetizado los intensos y poco claros días del pós Sínodo, así como el Decreto-Comunicado papal “Querida Amazonía”, en las siguientes afirmaciones, que en estos días yo prolongaré interpretándolas.

Francisco evita cualquier decisión sobre el sacerdocio, las mujeres diaconisas, el rito amazónico o el ‘pecado ecológico’ en ‘Querida Amazonía’

El Papa avala el documento aprobado por el Sínodo, e invita a leerlo íntegramente, pero no lo cita en la exhortación

“Ese carácter exclusivo recibido en el Orden, lo capacita sólo a él para presidir la Eucaristía. Esa es su función específica, principal e indelegable”

Reconocer ministerios a la mujer sólo conseguiría, afirma, “clericalizar a las mujeres, disminuiría el gran valor de lo que ellas ya han dado y provocaría sutilmente un empobrecimiento de su aporte indispensable”

Un texto glosado con palabras de Pablo Neruda, Mario Vargas Llosa, y del profeta de la Amazonía, Pedro Casaldáliga, y que también cuenta con aportaciones de Gustav Mahler,  Yana Lucila Lema o  Ana Varela Tafur

Francisco evoca “cuatro grandes sueños”: la lucha por los derechos de los más pobres; preservar la riqueza cultural de la Amazonía; custodiar el entorno, y que los cristianos “sean capaces de entregarse y encarnarse en la Amazonía”                                             (12.02.2020, RD,  Jesús Bastante)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

No entiendo las dudas sobre los ministros/as del sacramento del orden

(En primer lugar, a modo de introducción, y como información a mis editores y lectores, os comunico que he estado una semana en el hospital, concretamente, en el “de la Princesa”, reponiéndome de una infección bastante grave, con el nombre pintoresco, para mí, de “Celutitis MID“, que no tiene que ver demasiado con esa afección de la piel, incómoda y  detestada por mujeres, jóvenes y maduras, que afean su estética. A mí, que no soy precisamente un experto en medicina, me tuvieron que explicar que se trata de una infección que entra por alguna herida abierta, -en los adultos, generalmente en la parte baja de la pierna, o en los pies-, y puede extenderse, subrepticia y procelosamente bajo la piel, hasta constituir un peligro nada desdeñable, si no se combate a tiempo, con antibióticos, a poder ser en vena. La herida me la hice en uno de mis paseos para adelgazar, y no le habría dado ninguna importancia hasta que, la Naturaleza, detrás de la cual, para los creyentes, está el buen Dios, me provocó un explosión de dolor, hinchazón e incapacidad para caminar. Entré en capilla el martes pasado, con lo puesto, pues no imaginaba que me hospitalizarían. Ayer mismo volví del Hospital, que me pareció magnífico, médica y técnicamente, y sobre todo, e importa más, humanamente).

1º) ¿Qué por qué no entiendo las dudas de la Jerarquía de la Iglesia sobre el ministerio de los ministros del Sacramento del Orden? Me explico.

La cosa viene de muy lejos, pero se actualizó y se desbarató y desbordó como tema polémico con el reciente Sínodo de la Amazonía, realizado en Roma, junto al “amazónico” y desmesurado río Tiber. Ya en el “Instrumentum laboris” sinodal comenzó pronto a despuntar que uno  de los que sería tema estrella del Sínodo Romano-Transamazónico sería carestía de personas marcadas con el Sacramento del Orden, que tal vez provocaría la urgencia de buscar soluciones como fuera. Y no olvidemos que algunas de ellas eran ya, antes de propuestas, y muchísimo antes de aceptadas, consideradas inaceptables, por los pusilánimes moderados, y heréticas, ¡sic!, por los conservadores, muchos de ellos no solo radicales, sino fanáticos de una tradición mal entendida.  ¿Y por qué este desplazamiento laborioso, que ubicaba a los sinodales, todos ellos venidos de lo  profundo de la selva amazónica, en un contexto urbano, cultural, socio-económico, y, sobre todo, eclesial, no solo diferente, sino seguramente opuesto a su realidad pastoral y evangélica cotidiana? ¿Tal vez para que cerca de la sacrosanta presencia del poder centralista de la Sede, ¡romana, sí, que no Santa!-, a los padres sinodales les resultara más difícil pensar en  desmandarse hacia caminos intrincados y llenos de sobresaltos, por los que resultara complicado transitar?

2º)  Nadie que haya leído el Nuevo Testamento, (NT), puede albergar dudas sobre la capacidad de la Iglesia, la licitud, y, en el momento de la Iglesia en el mundo actual, la oportunidad, y hasta necesidad, para volver a la libertad evangélica, ¡si, Evangélica!, de la Iglesia primitiva en la situación personal y familiar de sus ministros.  

En primer lugar, tenemos que recurrir a una distinción fundamental, como enseñaba e insistía reiteradamente D. Teodoro Jiménez Urresti, (in distintione salus): 1º, “el mundo de la praxis”, y 2º, el del “pensamiento dogmático y teológico”. El estado personal y familiar de los ministros cae de lleno en el primer apartado, de la praxis: no tiene por qué revestir ninguna transcendencia ni teológica, ni, mucho menos, dogmática. Hasta en Jesús de Nazaret hay que admitir esa libertad de opción,  como afirman hoy muchos teólogos, independientemente de la que Jesús de hecho eligiera.

Y este tema no es ni baladí, ni prohibido. Está habilitado por la realidad incontestable de la Iglesia primitiva, como aparece en los Evangelios, Hechos y Cartas de los Apóstoles, y Apocalipsis. Al estudiar Teología nos enseñaron, nadie me lo puede negar, que el modo de vida de la Iglesia primitiva, que no era perfecto, ni excelso, ni éticamente heroico, pero sí lo más coherente posible con el Evangelio y las doctrinas y hechos de Jesús, era, por los siglos de los siglos, Paradigma perpetuo del estilo y modo de vida de los cristianos de todos los tiempos. Con los necesarios acomodos y consiguientes correcciones. Pues bien, en el tema de la libertad para el estilo de vida personal y familiar la humanidad ha corrido tanto que nos ha dejado, o nos puede dejar, arrumbados al borde del camino. Ésta es la situación que en mucho casos, sectores, y sensibilidades de la Iglesia, ya está aconteciendo.

Yo veo, con perdón de los que se puedan sentir aludidos, algo, o mucho, de hipocresía en las tentativas, para mí, artificiales y ficticias, de tejer una espiritualidad, ésta sí, y lo digo con toda la responsabilidad y conocimiento de causa de sus consecuencias, “Sacerdotal”. Quien haya leído la “Carta a los Hebreos” tendrá que aceptar, si tiene sentido lógico, y una simple compresión lectora, que el único sacerdote, en nuestra comunidad Cristiana, es Jesús, “Único y Eterno Sacerdote”, de cuyo sacerdocios participamos todos los bautizados. Y no sirve, ni me vale demasiado, la distinción entre el “sacerdocio común de los fieles”, y “el sacerdocio ministerial”, pues Jesús no participó de éste, ya que era bien y buen seglar, y, a no ser que nos expongamos, como ya lo hicieron nuestros antepasados en los siglos IV-VI, a convertir el seguimiento de Jesús en una Religión convencional, como la viven de hechos muchos católicos, incluyendo cardenales, obispos, y presbíteros, (de este tema escribiré en los próximos días), algo que es, sería, y se convertiría, después del Concilio Vaticano II, en catastrófico.

3º) Y todavía hay otro tema que indica la posibilidad, y hasta la cercanía, de la hipocresía que he mencionado.

Me refiero al hecho, conocido por todos los eclesiásticos de la Iglesia Occidental de Rito Romano, pero desconocido por casi todos sus fieles, de la situación especial de la Iglesia Oriental de Ritos griegos. En primer lugar, hay que decir que los miembros de Estas Iglesia pertenecen al número de los fieles que aceptan, respetan y mantienen, con entusiasmo, su obediencia a la autoridad del Papa, Obispo de Roma. Es decir, en términos populares, se trata de fieles católicos. Pero con una particularidad muy especial: muchos de sus curas, llamados “Popes”, los que quieren, están casados, lo que no significa ningún quebranto para su Iglesia, ni, mucho menos, para la atención a sus fieles. Os cuento ahora una historia anecdótica que sucedió en la prestigiosa Escuela Histórica de San Petesburgo, que durante la permanencia del Estado comunista en Rusia, pasó a llamarse Leningrado, y que es la siguiente: intentando explicar el por qué la Iglesia occidental, a partir del siglo nono, IX, y cada vez con más ahínco en pasos dados en los siglos XIII, año 1215, en el Concilio Lateranense IV; y, por fin, en las 25 sesiones del Concilio de Trento, desde 1545 a 1563, decidió definitivamente la ley del celibato obligatorio. Pues é aquí, que la prestigiosa escuela de Leningrado, encontró un por qué, una causa, en esa ley, muy de estilo marxista: por motivos económicos, pues un clero con hijos haría temblar el sistema de rentas y prebendas de que la Iglesia disponía en la Edad Media, algo válido también hasta nuestro tiempo, y quedaba claro que un solo clérigo por familia gastaría mucho menos que una familia numerosa. (Algunos desprecian, por injuriosa, insultante e injusta, esta explicación, pero a la vista del inadecuado convenio que muchas veces ha vivido al Jerarquía de la Iglesia con el Capitalismo, no es nada despreciable esa posibilidad).  

(El tema es largo, y continuaré mañana, y días siguientes, sobre este mismo tema, y la ordenación de mujeres. Gracias)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

Una crìtica reflexión sobre la apertura de la 14ª Legislatura

En primer lugar, quiero informar de una anomalía de Google: Le he pedido el discurso íntegro de la Presidenta del Congreso, y me ha  remitido a las palabras del Rey. He insistido: “No he pedido el discurso real, sino el de la Presidenta de las Cortes“, nada, ni por esas. Parece como si el gran motor de búsqueda  de Internet imaginara que yo iba a escribir que me gustó más el discurso de la diputada catalana que el del monarca. Pero, aun así, voy a aprovechar los cortes que de ambos discursos proporciona Google para comparar un poco.

Discurso de la presidenta de las Cortes:

Recuerda varias cosas fundamentales. Como por ejemplo:

1ª) “No estamos aquí para crear problemas que no existen, ni para ocultar los que existen, sino para dar respuesta a los problemas que existen”. En mi opinión, con esta rotunda expresión està refiriéndose al tema artificial levantado por VOX, del exotérico Pin parental, problema que no existe, y del “problema catalán”, que sì está ahí, y es preciso resolver.

2ª) Después de recordar a las  “1.040 mujeres asesinadas por la violencia de género desde que hay registros“, concluye con este párrafo certero y diáfano: “Venimos aquí desde todas las tierras para configurar y desarrollar un proyecto común y compartido, subraya Batet. Y añade:“No hay democracia sin pluralidad, no hay democracia sin voluntad de entendimiento”.

3ª) Y en medio de sus llamadas al diálogo, y al respeto, sobre todo al que piensa diferente, porque al que está  de nuestro lado resulta muy fácil respetarlo, suelta esta auténtica joya: “En el Parlamento no existe el enemigo”  sin señalar a nadie, pero azuzando la memoria y las entendederas de los oyentes,  refiriéndose, evidentemente, a los que se han dirigido en el Parlamento a algún diputado, como ” jefe de una banda”, “traidor”, “felón”, “amigo de terroristas”, “okupa”, y otras joyas respetuosas y creadoras de empatìa. (Algo que también recalcó el Rey en su discurso: “España no puede ser de unos contra otros. Debe ser de todos y para todos”. Con esta lapidaria frase el monarca hace mención, menos mal, a la crispaciòn y la división de las dos españas que propugna el estilo de oposición de las derechas).

Discurso del Rey:

Ideas madres:

1ª)Llega la hora de la palabra, del argumento y de la razón, desde el respeto recíproco”. Es profundamente gratificante que  el monarca, en una actitud de respeto, consideración, y casi de admiración por la racionalidad, exprese la importancia fundamental de la Palabra, del logos, de los argumentos, todo ello condimentado por el respeto recíproco. (Sé que lo que voy a escribir no es políticamente correcto, pero no puedo quedarme callado, y ser, en este tema y momento, equidistante: se trata de elementos de convivencia democrática, y de utensilios racionales que la Derecha no sólo la extrema, ha abandonado en los últimos meses la senda de la serena racionalidad, para caminar, parece que con contentamiento y autosatisfacción, por la senda de la crispación, de la descalificación gratuita, y del insulto).

2ª) “La esencia del parlamentarismo es el acuerdo, como también lo es el ejercicio del control político de la oposición. La diversidad de ideas y opiniones va unida al respeto de nuestros valores constitucionales“.  Esta afirmación no es sino la consagración de lo obvio. Cuando hay un partido sin el cual no se puede cumplir el mandato constitucional de renovar la composición del CGPJ, (Consejo General del Poder judicial), y se  niega a su parte de la tarea, por razonamientos partidistas electorales, lo del “acuerdo”, “el control político de la oposición”, y “respeto a nuestros valores constitucionales”, suena a música celestial. Si el Jefe del Estado es árbitro y moderador de la vida política, su decisión en señalar graves problemas derivados de comportamientos inadecuados, y hasta gravemente lesivos para el bien general, como hizo en el famoso discurso del 3 de octubre de 2017 contra algunos hechos deleznables de ciertos políticos catalanes, congratulan a la opinión pública con la utilidad de la Monarquía en España. A mí, como a la inmensa mayoría de la ciudadanía española, exceptuando a la catalana, nos pareció adecuado, y valiente, el comportamiento de Felipe VI. Pero, ¿No tendrán razón los muchos catalanes que indicaron como poco neutral, y sesgado hacia un parte, la intervención real, vamos a llamarla catalana, cuando situaciones tan graves como las que provocaron nada menos que una “Moción de censura“, que resultó decisiva para el cambio en la presidencia del Gobierno, no mereció una palabra de reproche, ni de advertencia, ni mucho menos de condena por parte del Monarca?

3ª) Dos silencios no clamorosos, ¡pero silencios! Algunos medios han señalado que el rey ¿olvidó?, o, por lo menos, pasó de lado y deprisa por dos temas que están hoy en la agenda política: universal, como es el tema del “Cambio climático”, con la gravedad de todas sus secuelas, y española, en nuestro como es el grave y c reciente asunto de la violencia de Género. Creo que a todos nos hubiera agradado mucho que la t3enciòn del REy se hubiera fijado también en estos preocupantes asuntos de violenta actualidad.

4ª) Los Constitucionalistas. El Partido Popular, y el de Ciudadanos, han dado en autodenominarse “constitucionalistas”, excluyendo a todos los demás grupos políticos. Y se trata de un fenómeno grave por los dos extremos, el de dentro, y el de fuera. En primer lugar, habría que ver si de puertas adentro, de hecho lo son, es decir, constitucionalistas. Y, de puertas afuera, hay que plantearse que si la exclusión del constitucionalismo es, valga la tremenda pero justificada redundancia, constitucional. Y en realidad, no lo es. Solo el Tribunal Constitucional habilitación para declarar a un grupo político, o a una sociedad, o a un ciudadano, no constitucionales. Ahora voy a presentar varios casos que pueden demostrar, o, por lo menos, hacer sospechar, que estos dos partidos no son tan constitucionalistas.

4.1 El caso de la investidura del último Gobierno de la Comunidad Foral de Navarra. En ese acontecimiento se dieron dos pronunciamientos, por parte de los dos partidos, claramente contrarios al estilo y al aroma del constitucionalismo: en  lugar, tachar a un partido presentado a las elecciones, y avalado por la Justicia Electoral española, como Bildu, de anticonstitucional. Y, en 2º lugar,    y para mí mucho más grave, el desconocimiento, o el cinismo de ocultarlo, para beneficio partidista, la

Disposición transitoria 4ª, que dice así:

  1. En el caso de Navarra, y a efectos de su incorporación al Consejo General Vasco o al régimen autonómico vasco que le sustituya, en lugar de lo que establece el artículo 143 de la Constitución, la iniciativa corresponde al Órgano Foral competente, el cual adoptará su decisión por mayoría de los miembros que lo componen. Para la validez de dicha iniciativa será preciso, además, que la decisión del Órgano Foral competente sea ratificada por referéndum expresamente convocado al efecto, y aprobado por mayoría de los votos válidos emitidos.

  2. Si la iniciativa no prosperase, solamente se podrá reproducir la misma en distinto período del mandato del Órgano Foral competente, y en todo caso, cuando haya transcurrido el plazo mínimo que establece el artículo 143.

Que ambos partidos se escandalicen ostensiblemente de que se den movimientos políticos tendentes a la unificación de la Comunidad Foral de Navarra con la comunidad vasca de Euskadi, y que esta situación sea aprovechada para agravar la descalificación de un partido que sí votó al completo la Constitución, como es el PSOE, cosa que no hizo en su momento la Alianza Popular, (AP), predecesor del Partido Popular, (PP), actual, solo admite dos calificaciones: o ignorancia de la Constitución que tanto dicen profesar y cumplir, o cinismo hipócrita, que provoca una lectura de la Constitución sesgada, incompleta, y a propio beneficio.

4.2 El desconocimiento, o el desprecio, de la separación de poderes. a) Exactamente ayer, 4 de Febrero, el presidente del PP, Pablo Casado, apremiaba al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, realizar la destitución de Joaquim («Quim») Torra i Pla como presidente del Govern de Cataluña. Como si el poder ejecutivo tenga todos los poderes, y esta destitución no correspondiera al poder judicial. Y también hay que afear la insistencia del mismo Casado en solicitar al Gobierno la aplicación del artículo 155 de la Constitución, cuando no hay motivos ni jurídicos que lo aconsejen.

4.3 Así mismo, Inés Arrimadas, portavoz actual de Ciudadanos, afeaba al PSOE que se aliara con los que venían a Madrid a increpar al Rey. Lo que hicieron los diputados nacionalistas no fue nada bonito, ni hermoso, ni elegante. Pero una “constitucionalista“, al atacar a varios partidos,  dos de ellos tan constitucionalistas que están actualmente gobernando España, por cuestiones de gusto, de elegancia, de zafiedad y grosería, si  quieren, pero no de anti constitucionalistas, se apoderan de la Carta Magna, en una usurpación inaceptable y perniciosa para la propia Constitución, que es bastante más constitucionalista que los que así se proclaman. Si alguien ve indicios de comportamientos anti constitucionales, que acuda al Tribunal Constitucional con una denuncia. Los ciudadanos estamos bastante hartos de esa apropiación indebida, y hasta obscena.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

“Hubo una ‘guerra civil’ en la Compañía. Se traicionó a Arrupe desde dentro”. (Gianni La Bella)

(No puedo dejar de proporcionar a mis lectores la magnífica entrevista que Jesús Bastante ha hecho a Gianni la Bella, historiador italiano, especialista en la historia de la Compañía de Jesús, sobre los nubarrones que se cernieron sobre el padre Arrupe, en au turbulenta relación con Juan Pablo II. Muestro, también, los sobre títulos que, de alguna manera, sintetizan las ideas de la entrevista. Ésta es muy larga, pero la podemos leer en dos sesiones, o tres. Pero recomiendo no dejarnos llevar por la pereza, ante el innegable interés de la misma. J. Mª Urío)

“El padre Arrupe, para mí, fue un profeta. Y por ello, en su tiempo no todos entendieron la visión que tenía”

“Los jesuitas son la familia religiosa que llega al Vaticano II más en contra del Vaticano II”

“Este conflicto, que se produce entre la Compañía y Juan Pablo II, es un conflicto más grande, que se produce entre Juan Pablo II y la Vida Religiosa”

“Arrupe fue un generalato volcánico, profético, de vanguardia. El de Kolvenbach lo fue de sabiduría, de paciencia”

“Tras su elección, Francisco pide, explícitamente, ayuda a Nicolás. No puede ser papa sin la Compañía a su lado. Y Nicolás asume esta pregunta del papa como la vocación de la Compañía en este siglo”

“El papa Francisco ha puesto la Iglesia en el mundo de hoy, aceptando vivir como Iglesia en un tiempo de caos”

“Francisco no habla del Vaticano II, lo pone en marcha en la vida de la Iglesia. Pienso que los ataques al Papa están en la línea de no aceptación de esto, del no desarrollo del Vaticano II”

26.01.2020 Jesús Bastante

“Hubo una ‘guerra civil’ en la Compañía. Se traicionó a Arrupe desde dentro“. El historiador Gianni la Bella es el autor de ‘Los jesuitas. Del Vaticano II al papa Francisco’, una edición del Grupo Loyola de Comunicación, que ha presentado esta semana en Madrid. Con un ‘bombazo’ del intento, por parte de Bertone y Benedicto XVI, de volver a ‘comisariar’ a los jesuitas de la mano del entonces cardenal Bergoglio, quien se negó rotundamente.

Con La Bella diseccionamos la historia de la Compañía desde antes del Concilio Vaticano II a la actualidad, en un momento en el que “Francisco pide explícitamente ayuda” a los jesuitas. Y la orden “asume esta petición del Papa como la vocación de la Compañía”. Hablamos con él.

Bienvenido a España. Gianni.

Gracias.

Una gran historia de los jesuitas, que se centra en su etapa más contemporánea.

Así es. Es un recorrido por el período más intenso de la historia de la Compañía contemporánea, después del Concilio hasta hoy.

Primero, es muy importante entender la peculiar relación que hay entre el Concilio y los jesuitas. Se puede decir, científicamente hablando, que no hay ninguna constitución conciliar donde la mano de los jesuitas no esté muy presente. Desde la ‘Dei Verbum’ a todas las constituciones del Concilio Vaticano II. Es muy importante entender que los jesuitas son parte de los actores que piensan y que organizan el Vaticano II. Y al mismo tiempo, es una de las congregaciones religiosas que más trabaja por implementar en la vida de la Iglesia la idea de fondo del Vaticano II.

Con una figura muy clara, y no siempre bien comprendida, que es la del padre Arrupe.

El padre Arrupe, para mí, fue un profeta. Y por ello, en su tiempo no todos entendieron la visión que tenía.

El padre Arrupe llega de una historia muy tradicional. Es un jesuita del siglo pasado, ha tenido una educación formal típica. En el libro, hablo de un jesuita perfecto. De un jesuita ideal enraizada en su experiencia misionera.

Tuvo una experiencia con la bomba atómica.

R.- Pasa gran parte de su vida en un contexto cultural, teológico, histórico, que no tiene nada que ver con Europa, ni con la tradición cultural del catolicismo. A través de su experiencia vital, comprende la necesidad de pasar de una idea eurocéntrica del cristianismo a una idea de cómo vivir un cristianismo inculturado.

No se puede entender su carta -muy importante- de la vida de la Iglesia contemporánea, sobre la inculturación, sin conocer algo de su vida en Japón, donde da una un ejemplo muy claro. El primer sermón del padre Arrupe en Japón fue la parábola del ‘buen pastor’. El padre, en su japonés imperfecto, habló mucho sobre las ovejas, y un jesuita más anciano que él le explica que en Japón no hay ovejas. Entonces, el padre Arrupe entiende que lleva media hora hablando del buen pastor y de las ovejas en un lugar donde no hay, y reflexiona «¿qué han entendido?» Es una anécdota que te da una idea más concreta, experiencial y pastoral del padre Arrupe, por decirlo en un lenguaje de hoy.

Esa reflexión sobre la necesidad de adaptarse a otra cultura, para entender y ser entendido, la traslada cuando es nombrado general. Y no solo la necesidad de inculturación, sino que a partir de la inculturación, entender las necesidades del mundo que sufre. Y de ahí surgen otras ideas.

Sí. La de la justicia, también. La tradición cultural de los jesuitas, la tradición cultural del catolicismo antes del Concilio, ponía el acento más en una dimensión vertical. En la relación Dios-yo. El padre Arrupe entiende que, tras el Concilio, la palabra más fundamental es “comunión”. La idea de la comunidad. Por eso, necesita que esta declinación ‘yo y Dios’ se traslade también, se encarne, en la idea de los pobres, de los más necesitados. Esta visión supone una revolución cultural, antropológica, teológica, que pide mucho a una familia religiosa que está presente en todos los lugares del mundo. Una armada, que llegaba de los ‘marines’ del papado, de hacer un cambio muy profundo, muy radical. Y esto no se improvisa.

Esta historia es la narración de un trabajo muy profundo, alguna vez dolorosa y complicada, que es necesario entender por tener una una mirada más clara de los jesuitas de hoy. Para ello, es muy importante salir de una lectura ideológica o apologética. El esfuerzo de hacer un trabajo histórico sería entender qué pasó en estos cincuenta años de historia. Y no, decir: los jesuitas son buenos porque son jesuitas. O decir: los jesuitas se han laicizado.

Lo cierto es que la figura de Arrupe fue profética en su momento. Que el Vaticano está trufado de presencia jesuita, y desborda Y que es, probablemente, la institución que primero capta el Concilio y que primero lo pone en funcionamiento. Sin embargo, la figura de Arrupe y la propia Compañía, no sé si decir que sufre o es condenada al olvido. A una cierta marginación.

Al final , Arrupe muere como muere y las circunstancias en las que las que muere, y hay una intervención de la compañía, o algo similar, en los primeros años de Juan Pablo II.

Sí, esto está claro. Es muy importante entender que este proceso, cuando digo que es doloroso lo entiendo en el sentido profundo de la palabra. También, es necesario, para mí, decir que los jesuitas son la familia religiosa que llega al Vaticano II más en contra del Vaticano II.

En la Compañía conviven dos almas. Una, la generación de Henri de Lubac, que ha sido la mano derecha e izquierda del Concilio Vaticano II. Y, al mismo tiempo, la segunda alma; el reverso, que son los profesores de la escuela romana, los arquitectos de Pio XII. Podríamos decir que en el cuerpo de la Compañía hasta el Vaticano II conviven estos dos tipos de tendencia. En el Concilio hay 52 peritos de la Compañía: 52 jesuitas que trabajan al servicio de los obispos que están en el Concilio.

Pero, si usted mira la biografía de este hombre, encuentra de todo. Desde personajes de la “derecha” teológica del tempo, como el padre Salaverry, un teórico de tradición, hasta de Lubac, un hombre que en 1935 estudia el budismo. Esta vida de la Compañía, hasta el Vaticano II, es una convivencia. Después del Vaticano II, esta convivencia explota. Es un camino muy doloroso. Cuando llega Juan Pablo II este conflicto…, en el libro hablo de una ‘guerra civil’.

¿Se traiciona a Arrupe, dentro de la Compañía?

Así es. Pero es muy importante para mí entender que este conflicto, que se produce entre la Compañía y Juan Pablo II, es un conflicto más grande, que se produce entre Juan Pablo II y la Vida Religiosa. Porque el papa, que llega de una tradición cultural que no tenía una sensibilidad por la Vida Religiosa, tenía una idea episcopal o céntrica.

Una visón de la Vida Religiosa, probablemente, más orientada a lo ideológico, hacia la izquierda, hacia la Teología de la liberación.

Bueno, en el mismo momento hay una protesta muy fuerte, sobre todo de obispos jesuitas, en contra de Arrupe, que escriben al Vaticano un montón de cartas diciendo que que no se puede aceptar el camino que está tomando la Compañía.

Que la Compañía es modelo de la Vida Religiosa lo tenía muy claro el papa Pablo VI. Y Juan Pablo II lo entiende, pero no con la con la claridad de Pablo VI. Por darte un ejemplo, el padre Arrupe fue elegido por tres veces superior general. Y, como superior general, presidente de la unión de los superiores generales, sin elecciones, como se hacía en el Medievo: por aclamación. Tres veces. Unos 20 años. Arrupe fue un líder natural de la Vida Religiosa.

Fue, verdaderamente, el papa negro, pero de la Vida Religiosa.

El papa negro, pero cuando hablaba… Él fue dos veces portada de ‘Newsweek’. De ‘The Times’, también.

Fue visto como una amenaza por Juan Pablo II?

Más bien como que la Compañía podría tener problemas, sobre todo, por un contexto muy particular, que era el contexto sudamericano. En este conflicto de la temprana historia de la Teología de la liberación, los jesuitas, y esto no es verdad, son acusados de ser los maestrillos de todos los teólogos de la liberación. Usted sabe muy bien que la Teología de la liberación es un mundo, que hay de todo. Hay posiciones más moderadas y más extremistas… Bueno. Y también hay teólogos muy valientes, además del filón de la Teología de la liberación. Jesuitas.

Cómo concluye ese castigo. Esa prohibición? Esa situación que viven los jesuitas, y que Arrupe vive en primera persona, con Juan Pablo II.

Juan Pablo II nombra como delegado al padre Dezza. Dezza es un hombre de la de la vieja-vieja Compañía que nunca tuvo problema para decir que no estaba “de acuerdo” con el gobierno de Arrupe. No de la santidad de Arrupe, ojo.

Cuando Dezza es nombrado como delegado del papa, tiene una postura muy oficial, pero muy clara, en favor de la Compañía. Explica al papa Juan Pablo II que la Compañía no es sólo la narración que se hace en las cartas en contra que llegan de distintos lugares del mundo. Que en la Compañía hay un montón de jesuitas que trabajan con los pobres, y se refiere muchas veces a los mártires jesuitas. Más de 52, después del Vaticano II, han muerto trabajando por la paz, por la justicia, por la evangelización, por la inculturación, por el trabajo por el medio ambiente… En este sentido, Dezza actúa como abogado de la Compañía ante Juan Pablo II. Y Juan Pablo II -hay muchos testigos de esto- se muestra muy impresionado del silencio de los jesuitas. Los jesuitas aceptaron esta condición. Protestaron 15 jesuitas en todo el mundo. El padre Rahner escribe sobre esto.

Cuando el papa, al final de todo, permite la 33ª Congregación General de la Compañía, que elige a Kolvenbach, en el discurso que hace, pregunta francamente: ¿por qué teníais un problema?

Yo tengo, en el libro, una carta, que es la síntesis de un coloquio entre el papa Juan Pablo II y Arrupe, donde Juan Pablo II le dice a Arrupe: “a usted, cuando le piden esperar, -el papa piensa que Arrupe no le entiende- usted se marcha como general. Y los jesuitas ¿qué hacen?

Arrupe no obedece al Papa siempre.

Eso necesita ser pulido en el contexto del tiempo, un poco.

Llega Kolvenbach, está 25 o 27 años, y la Compañía se modera. Vive un periodo de menos protagonismo. ¿Es buscado? ¿Cómo entendemos el generalato de Kolvenbach? Porque, seguramente es el más desconocido.

Para mí, el generalato de Kolvenbach es tan importante como el de Arrupe. No se puede entender a Kolvenbach sin Arrupe, ni a Arrupe sin Kolvenbach.Arrupe fue un generalato volcánico, profético, de vanguardia. El de Kolvenbach lo fue de sabiduría, de paciencia.

Kolvenbach ha tenido tres orientaciones muy claras. Una, hacer todo lo que puede por poner fin a la guerra con el Vaticano. Hacer todo ese trabajo de reconciliación con la Santa Sede. De reponer la Compañía ante el pontífice romano. Segundo, poner fin a la guerra civil entre los jesuitas, entre izquierda y derecha, por decirlo de una manera un poco superficial. Y la tercera, pedir a los jesuitas salir de la desconfianza y de la depresión que se produjo después de la intervención papal, diciendo: “bueno, esto es un período pasado de la historia. Ahora estamos en una nueva época y un nuevo período histórico, donde el problema es vivir de nuevo la vocación”. La palabra que define más claramente este generalato, tan largo, es que Kolvenbach gobernó alentando. Diciendo a todo: “bueno, trabajamos juntos”. “Estoy a tu lado”. “No te preocupes”… Y, sobre todo, haciendo cultura.

El magisterio ignaciano de Kolvenbach… No es un experto de espiritualidad ignaciana, es más un experto de lingüística. Pero empleó mucho tiempo en el estudio. Fue un generalato de gran enseñanza teológica, de sabiduría.

El Papa bendice a Adolfo Nicolás, sj. en Japón

Él renuncia la primera vez…

Preguntó al papa, pero el papa también tenía miedo. Juan Pablo II ha tenido una relación muy estrecha con Kolvenbach. De gran confianza en él, pero no siempre en la Compañía. No solo por los asuntos de Compañía, sino por otros asuntos de la Iglesia universal.

Kolvebach renuncia, y los jesuitas eligen al que probablemente pudiera ser, al menos desde fuera, el más parecido a Arrupe, que es Adolfo Nicolás. Un hombre que también viene de oriente y es español. Que ha vivido esta experiencia, que contabas antes, de la inculturación en otras latitudes, especialmente en las japonesas.

Vuelve el espíritu de Arrupe y ¿qué sucede con Nicolás?

Kolvenbach nunca habló en contra de Arrupe. Siempre ha dicho: “el barco es el mismo, solo ha habido un cambio de capitán”. La orientación de la compañía de Arrupe, Kolvenbach la mantiene.

A Nicolás muchas veces le preguntaron si era el clon de Arrupe. Yo creo que a pesar de las semejanzas hay una historia distinta. Pero es un misionero, esto está claro. Para mí Arrupe, Kolvenbach y Nicolás tienen esto en común, son generales con un sentido misionero. De ahí la idea de buscar una vida de la Compañía diferente a la de antes del Concilio, cuando el generalato era de Jean-Baptiste Janssens, un hombre de pensamiento, de escribanía.

El de Nicolás es un generalato muy breve, cinco años. Pero hay en él un punto muy importante: concentra todo su magisterio en poner en el eje de la vida de los jesuitas la idea de la disponibilidad. Esto significa afirmar que los jesuitas son hombres de frontera y que van a ir adonde sea necesario. Donde nadie quiere ir.

Está preparando el camino que después tomará Francisco, de alguna forma.

Entre Francisco y Nicolás no solo hay amistad, hay una gran sintonía. Pertenecen a la misma generación de jesuitas. Han trabajado juntos en la 33ª Congregación que elige a Kolvenbach. Pertenecen a la generación Arrupe. Tienen un entendimiento de viejos compañeros de armas… Está muy claro, tras la elección, Francisco pide, explícitamente, ayuda a Nicolás. No puede ser papa sin la Compañía a su lado. Y Nicolás asume esta pregunta del papa como la vocación de la Compañía en este siglo.

Esa unidad de acción…

Podemos decir que es el momento en que concluye, definitivamente, este conflicto entre la Santa Sede y la Compañía. Ella retorna al corazón del pontificado romano y asume, de nuevo, un protagonismo de gran nivel.

El Papa pide públicamente a la Compañía una ayuda específica: que los jesuitas trabajen en la Iglesia para divulgar la idea del discernimiento. La herencia más importante de Francisco a la Iglesia de hoy es esta gramática. Este estilo de gobierno, de vida de Iglesia orientada a la sinodalidad. Y el motor que mueve la sinodalidad es el discernimiento espiritual. Los jesuitas son los mayores expertos del mundo en discernimiento y Francisco lo necesita porque será, estoy convencido, el “método” de gobierno del futuro de la Iglesia; no es una decisión que sale de la ideología, de la contraposición, sino que es producto de un proceso conjunto, de los sínodos como el de Amazonía, por ejemplo, donde no hay decisiones previas.

Que se va asumiendo sobre lo que se decide en él.

El discernimiento espiritual no es una técnica oriental. No es yoga católico. Es una gramática espiritual profunda que necesita de muchas cosas: confianza, atención al Espíritu Santo, dimensión fraternal, comunión, atención a la tradición bíblica… Todo esto es un poco el futuro de la vida de la iglesia.

Arturo Sosa, sj., durante su encuentro con la prensa extranjera Compañía de Jesús

Arturo Sosa es el primer general, igual que Bergoglio fue el primer papa de Latinoamérica, con una visión muy-muy-muy similar. Y es un hombre que ,desde el comienzo, percibe que el pontificado de Francisco no va a ser fácil. Que hay una creciente oposición. Él incluso, últimamente, llega a hablar, casi, de movimientos que pueden hacer pensar en un cisma. De ataques duros de personalidades importantes dentro de Iglesia. Lo estamos viendo en las últimas semanas, con el libro de Sarah y la vinculación o no del papa emérito Ratzinger.

Cómo vive esto la Compañía? ¿Cómo se siente sabiendo que está -porque el Papa se lo ha pedido y por convencimiento- a la vanguardia de la defensa del pontificado?

Creo que lo vive con mucha atención. Y con la idea clara de que este ataque sale de una idea romántica de resucitar un pasado que no existe. Punto.

El papá Francisco ha puesto la Iglesia en el mundo de hoy, aceptando vivir como Iglesia -en mi opinión- en un tiempo de caos. Estamos en el tiempo del caos, pero también en el tiempo de la globalización: el Papa habla de una globalización de la caridad, no solo de una globalización económica. Y del primer Papa que no fue un padre conciliar. En ese sentido, Francisco no habla del Vaticano II, lo pone en marcha en la vida de la Iglesia. Pienso que los ataques al Papa están en la línea de no aceptación de esto, del no desarrollo del Vaticano II: el día de la palabra de Dios, la relación con los pobres, la dimensión comunitaria, el discernimiento espiritual, la aceptación del diálogo cultural, la idea de la relación con el mundo de la cultura, el diálogo con la religión, el espíritu de Asís… Todos estos son pilares de actuación del Vaticano II. Y claro que hay una parte de de los católicos que espera regresar a los tiempos de la sociedad cristiana.

Pero, como bien has dicho, es una sociedad que ya no existe. Y una iglesia que ya no existe. Un pasado sin continuidad hoy: una Iglesia que no existe en un mundo que no existe.

Eso es, no existe. Y tampoco existe aquel mundo: el mundo cristiano, en el sentido antiguo de la palabra. En el último discurso a la curia romana, el Papa comentó: “estamos en tiempo de crisis, un tiempo distinto”.

No podemos regresar a los tiempos anteriores a la Revolución Francesa, por resumir.

Muchas gracias, Gianni. ‘Los jesuitas. Del Vaticano II al papa Francisco. Editado por Loyola Comunicación’. Un placer.

(Transcrito por Jesús Mª Urío ruiz de Vergara, de Religión Digital, de 26/01/2020, para el blog “El guardián del Areópago).

 

¿Propiedad de los padres sobre los hijos, o sólo “Patria potestad”?

Estoy absolutamente consternado con la virulencia de las afirmaciones de los líderes de los partidos de la oposición en la expresión de sus opiniones sobre ciertos aspectos de los temas polémicos de la actualidad política. Porque son escandalosamente virulentas, y porque son erróneas. Tal vez quieran tapar lo errado de las mismas con el griterío, pero es desmoralizador escuchar al presidente del Partido Popular rebatir al Gobierno que “sus hijos no lo son de ningún socialista, ni comunista, ni populista”, sino de él, suponemos que quiere decir.

Y, por lo que veo, la derecha política,  exagerada  y descompuesta, está contaminando a sus escribas mediáticos, y contertulios radiofónicos y televisivos. Esta mañana he oído en “Al rojo vivo“, de la 6ª, a una periodista (¿?) asegurar que el jaleo central del asunto de “la censura parental”, (eso del “pin” eso una broma infantil), no se debía tanto a VOX, que ha lanzado el tema a la palestra, y a fe que casi todos han picado el anzuelo, y éste ha sido el tema estrella de la semana, sino la “¡barbaridad!” proclamada por la ministra María Isabel Celaá Diéguez de que “los hijos no son propiedad de los padres”.

Lean la Constitución española, art.39, y me digan si hay alguna mínima pista para confundir “Patria potestad“, con “propiedad. O, si no, acudan también a la “Declaración Universal de los Derechos del niño”. Lo que sí es preocupante, y asustador, es que algunas personas que pertenecen al Parlamento, y que nos puedan gobernar, sean tan lerdas y torpes en sus conocimientos jurídicos, a pesar de sus títulos.

Veamos ahora dos definiciones de propiedad:

1. Hecho o circunstancia de poseer alguien cierta cosa y poder disponer de ella dentro de los límites legales
2. Cosa que pertenece a una persona, especialmente si es un bien inmueble, como un terreno o un edificio.
Podemos ver que en ambas definiciones aparece una palabra clave: la propiedad es siempre sobre cosas, nunca sobre personas, pues hace mucho tiempo se ha abolido, oficialmente, el régimen de esclavitud. Pero por lo que vemos, gente que se siente muy honorable y muy importante sigue considerando a sus hijos, por lo visto, como cosas, y, para algunos, incluso en el sentido romano de “ius utendi, ius fruendi, et ius abutendi”: es decir, propiedad, en el sentido romano, superado en nuestro tiempo, es el derecho al uso, al goce, y al disfrute, de las cosas de las que se es propietario. ¡No alarguemos este derecho a las personas, y los niños, los hijos, lo son!
Y busquen también, en l0s diez (10) derechos de los niños y niñas, cualquier atisbo de la cosificación de la infancia, o de la única mención  de los padres, en el  nº 6  en la descripción de los derechos de lo niños:  6. “El derecho a la comprensión y al amor de los padres y de la sociedad”.  No exigimos que los políticos de la oposición sean unas lumbreras, pero sí que tengan el mínimo sentido ético, social y jurídico, para no aburrir e impacientar a la ciudadanía con su política de desgaste al Gobierno de la nación, a cualquier precio, en el que todo vale. Y que tengan en cuenta, en el asunto que nos ha mareado toda la semana, el nº 10 de la proclamación de estos derecho de la infancia: 10. “El derecho a ser criado con un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos y hermandad universal para que más tarde ellos puedan inculcar estos valores”. Parece evidente que muchos políticos de VOX y del PP no han leído, o han olvidado este décimo derecho de nuestros niños.
Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara