Es una vergüenza que Herrera dicte su ideología antievangélica desde la Cope

Tiene razón el arzobispo Agrelo cuando afirma, refiriéndose a Herrera: “Es un sinsentido que la Iglesia en España pague a periodistas que ridiculizan el Evangelio”. Y el arzobispo de Tánger sigue razonando con un sentido auténticamente democrático: “Para la COPE son más importantes las fronteras que los pobres. Que lo diga la COPE puede ser libertad de expresión. Que lo pague la Iglesia es sencillamente un escándalo”.  El prelado gallego en tierras africanas estaba verdaderamente indignado con Herrera con afirmaciones como ésta, que ha proferido Carlos Herrera, al criticar abierta e infamemente, movido y guiado solo por su ideología radicalmente derechista, la decisión del Gobierno de España de ofrecer una puerto al barco Aquarius, para salvar de la tragedia a más de seiscientos (exactamente 629) pasajeros, personas humanas tan dignas , por lo menos como el poco caritativo locutor de la Cope, que, ¡no olvidemos!, es una emisora de la Iglesia, y que ésta financia y paga. El desabrido locutor se despachó de esta guisa, denominando la decisión gubernamental de “exhibicionismo sentimental espectacular disfrazado de buenas intenciones”.

No solo el profeta Agrelo está indignado, muchos católicos, seglares y clérigos, y éste que escribe también quiere indicar su opinión de que este señor ¿periodista?, o lo que sea, no puede segur ni una semana más en la Cope. Y si no cae él, que el presidente de la Conferencia Episcopal Española, (CEE) cese al responsable de la relación de Cope con la CEE. Y, si no, que haya un movimiento contra la cabeza misma de la CEE ante tamaños escándalos. como afirma Agrelo, y lo suscribo, “Si los medios de comunicación de la Iglesia no están al servicio de los pobres, es hora de cerrarlos”.

Es bueno recordar que el papa Francisco reclama un pacto mundial por los refugiados, y cómo el cardenal de Madrid, Carlos Osoro, lidera la lucha contra los CIE o las devoluciones masivas, y vuelve a exigir la aperturas de corredores humanitarios. Es bueno, y necesario, recordar a los obispos, sucesores de los apóstoles,  que si la Iglesia, que ellos presiden, no tiene en cuenta a los pobres, y no los pone en el centro de sus cuidados, no será la Iglesia de los seguidores de Jesucristo, ni podrá ser reconocida en el mundo como un signo de salvación para todos los hombres. Y por eso  no se pueden hacer distinciones en su seno, ni dejar atrás a ninguno, como vemos que el mundo, y sus mecanismos socio-económicos y políticos, hace a la luz del día. No lo hagamos desde uno de los púlpitos más potentes de su organigrama evangelizador. O, ¿no lo es, por lo menos en teoría?

No queramos traicionar al Señor justamente en “estos pequeñitos“, que son, como en todas las páginas del Evangelio podemos ver, los preferidos de Dios. Y tampoco podemos desoír la voz de tantas comunidades cristianas, y los ofrecimientos de tantos y tantos pueblos y ciudades de España, e incluso obispos y jerarcas. ¿Cómo puede la Cope, en la voz de su locutor estrella, ignorar y despreciar tantos signos no solo de sana solidaridad social, sino de atención y cuidado cristiano de los más pequeños de la sociedad?

Terminaré con el texto de un tuit del valiente arzobispo de Tánger: ” Las mañanas de la COPE no son las mañanas de la Iglesia. ¿Por qué la Iglesia las paga?”

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

Albert Rivera, ese chico aseado, simpático, y contradictorio.

Hoy, lunes 11 de Junio, Albert ha sido el invitado de Los desayunos de TVE. Como me parece que todos estamos de acuerdo en los dos primeros adjetivos que le ha asignado en el título, me limitaré a explicar por qué lo trato de contradictorio. Reseñaré algunas de sus contradicciones, que él expresa en sus encuentros con la prensa, y que sus cachorros procuran llevar a la práctica en el ruedo político. Así que comenzaré por sus dichos, y veré si en algún momento puedo concluir con algunas de sus acciones contradictorias.

  • “Hay que acabar con el bipartidismo”. Se lo venimos oyendo desde hace muchísimo tiempo. Pero no tuvo ningún inconveniente en pactar en primer lugar con la secretario general del PSOE después de las elecciones de 2015, cuando en enero de 2016 Mariano Rajoy declinó la invitación del Rey para intentar formar Gobierno como la lista más votada. (Tengo la firma impresión de que la prensa, o, por lo menos, aquella a la que yo tuve acceso en el momento, es decir la mayoría, a través de Internet, no sacó alguna conclusiones de esa negativa del político gallego que me parecen pertinentes, y muy significativas. EL entonces presidente del Gobierno en funciones alegó al rey, o eso comunico a la opinión pública, que en ese momento no tenía votos suficientes. Es decir, trasmitió la impresión de que tanto él, como su partido, solo se sienten cómodos con mayorías absolutas, y que les cuesta mucho, o no saben, o no quieren, exponerse al juego de las alianzas políticas entre partidos, Y hay que insistir, también en que este ejercicio de tejer alianzas parlamentarias es la quinta esencia de la vida política). Pero volviendo a Rivera, recordemos cómo, en contra de su mantra anti bipartidismo, dos veces acudió en auxilio de los dos partidos que lo forman: la 1ª, del PSOE; con el pacto de Gobierno que formuló con Pedro Sánchez, y, después, con el que hizo con el PP de Mariano Rajoy, al que acabó aupando a la presidencia del Gobierno. No debe de ser tan malo el bipartidismo cuando el señor Rivera no tiene reparo en acudir a uno y  otro de los partidos que lo forman cuando imagina que eso le vendrá bien a su partido Ciudadanos, por lo menos para estar en el candelero de la actualidad política. Claro que él lo achaca a su extremada sensibilidad para buscar el bien de España y de todos los españoles.
  • Al PSOE:  “Hay que ser realista”. Esta frase sonó mucho antes de a moción de censura. Y se refería al presidente de Ciudadanos al hecho de que el secretario del PSOE tomase la iniciativa con solo 86 diputados. Olvidando, él, tan demócrata y  constitucionalista, que en esos pozos en que puede caer un Gobierno, y en este caso cayó, no en la opinión de sesudos periodistas, intelectuales, o políticos en la reserva, sino ante la certeza de una sentencia judicial inequívoca. En un fallo en que no solo el partido del Gobierno, y muchos de sus adláteres, han sido condenados a recios años de cárcel, sino que también ha atestiguado que jugó con ventaja en elecciones, que tuvo desde tiempo inmemorial una contabilidad paralela, y que hasta el presidente del Gobierno no gozó de la suficiente credibilidad ante los jueces, es decir, mintió en su testimonio,-¡y lo que es sorprendente es que no fuera censurado, o multado por ello!-. Ante este panorama nadie duda, menos tal vez el fundador y presidente el Ciudadanos, de que es el jefe de la oposición el que puede, y para muchos, debe, echar mano del instrumento que, para esos casos, prevé la Constitución: la moción de censura. Y de las diatribas que sobre el tema largó por su boca educada, comentaré en el apartado siguiente.
  • Pedro Sánchez quiere ser presidente del Gobierno a toda costa, como sea y con quien sea”.  Sospechamos que Mariano y Albert desean también con toda su alma mantenerse en el poder o alcanzarlo. No sabemos si con quien sea y como sea, pero barruntamos que, efectivamente, a toda costa. Mariano ha tenido compañeros de viaje que no pronosticaban nada bueno, y una sentencia judicial ha venido a poner en claro lo que muchos sospechaban hace tiempo. Pero de Albert no sabemos, ni podemos asegurar una voluntad férrea, e incondicional, de llegar al poder. Ahora bien, Pedro, sin embargo, ha demostrado, porque ha tenido la oportunidad de dejarlo claro, que no aceptó ser presidente de cualquier manera con el apoyo envenenado de Podemos, con el que hubiera podido, matemáticamente, ser investido presidente. Y en la moción de censura conminó a Rajoy a que dimitiera en ese mismo momento, y en ese instante moriría la moción de censura. Claro que la idea de marcar el momento político con el menor número de escaños entre los cuatro grandes partidos no se le hacía extraña a Rivera, porque lo hacía, ¡no faltaba más!, por el bien de España y de los españoles.
  • Sánchez quiere ganar en los despachos lo que no ha conseguido en las urnas”.  Esta es, también, una salida reiterativa del PP. Los que así se expresan, dudo mucho de que lo piensen, si es que han leído, aunque sea por encima, y tan solo una vez, nuestra Constitución. España es una democracia parlamentaria, y los ciudadanos no eligen directamente con su voto al presidente del Gobierno, ni siquiera a un candidato que haya logrado la mayoría  un candidato que haya logrado la mayoría absoluta. Eligen a los diputados, que los representan en el Parlamento, y éstos, con sus votos, eligen al presidente para la investidura. Además huele a poca, poquísima democracia, confundir el parlamento, y sus comisiones, y salas, con “los despachos”, así, despectivamente. Tanto desapego, y casi rabia, que Ciudadanos regala a los populismos, y he aquí que, casi cae en el mismo por el otro lado, el de la aparente e insospechada legalidad. Pretender para todo, y a toda costa, el voto popular, he aquí un populismo buscado, solo cuando a uno le parece que le favorece. A unos y otros, a los miembros del PP, y de Ciudadanos, no se los cae de la boca la afirmación de que en las Cortes Generales radica la soberanía popular. Y más si la propia constitución prevé una solución parlamentaria, con en el caso de la Moción de Censura, a la que han llegado a denominar, de los dos lados, “camino y atajo torticero” para acceder al Gobierno. Menos mal que son constitucionalistas. ¡Ay de nosotros si no lo fueran!
  • “La moción de censura solo ha de servir para investir a un Presidente, a ser posible independiente, que no haga otra cosa que firmar el decreto de convocatoria de elecciones”.  Y lo argumentaban porque, según la opinión de su líder Albert, eso era lo mejor para España y para los españoles. Al mismo tiempo, aseguraban también que nuestro país necesitaba estabilidad, para lo que el mejor remedio, y el más tranquilo ambiente, es, ¡evidentemente!, unas elecciones, después de todo lo que había caído. Y otro dato a tener en cuenta es que los diputados de Ciudadanos, que casi daban la impresión de querer repartir la pieza antes de cazarla, eran los únicos de la Cámara que deseaban elecciones, siendo menos del 10% de la misma. ¿O es que esos diputados apresados y novatos, son como los del 15M, que gritaban a los diputados, “¡no nos representan!”?

A modo de  final, no merece demasiada credibilidad ese amor desinteresado a España y a los españoles, y ese reproche a quienes han accedido al Gobierno con los votos de nacionalistas, populistas, Bildu, etc., etc., dejando caer que hay votos parlamentarios de primera, de segunda, y de m….., con perdón. No, señores de Ciudadanos y PP, si esos partidos no son legales o constitucionales, luchen en el Parlamento para expulsarlos de la arena democrática, y no se aprovechen de ellos ni para la tarea tan patriótica de aprobar los presupuestos. (A propósito: yo charlaba animadamente con un miembro del PNV de mi pueblo, y en un momento dado le espeté. “En mi opinión, vuestro partido, a partir de vuestras siglas, debería ser retirado del concierto democrático. En países como Francia o Alemania no se permitiría un partido con las intenciones que muestra ese título. Pero entonces, procédase a la expulsión, y no aprovechemos su presencia como arma arrojadiza contra otros grupos políticos, según nuestra conveniencia. Y lo mismo podríamos afirmar del “Esquerra republicana”).  

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara                

 

Lo que más me gusta del “Corpus Cristi” es la palabra “cuerpo” del título.

  • Se lo insisto todos los años a la gente. Ha habido en la Iglesia, a través de los siglos, una deriva a un falso espiritualismo, y no me refiero directamente a las expresiones místicas de tantos hombre y mujeres de Iglesia, que, en ese terreno, han alcanzado cotas de una altura antes inimaginable, en le campo de la Teología, de la Poesía, y de las más profundas y entrañables señas de identidad de la fe cristina. Así que olvidan, los que esto leen, ese horizonte de la literatura y pensamiento místicos. Me refiero, mucho más a una cierta concepción antropológica, es decir, a una teoría sobre el ser humano, que ha lastrado a la Teología, en ciertos casos límite, hasta a la fe, en sus expresiones dogmáticas. Se trata de la famosa aplicación de la definición de Aristóteles, hoy puesta seriamente en solfa, del ser humano como “animal racional”.
  • Es decir, como muchos la entienden, el ser humano estaría compuesto, al 50%, de dos elementos: cuerpo, –animal-, y alma, racional. Algunos, más de los que sería menester, lo entienden más o menos así: elaboramos un cuerpo, después  le infundimos un alma, y resulta el hombre, hombre y mujer. Algo que resulta fácil de entender, pero dificilísimo, ¡imposible!, de argumentar. Yo no tengo cuerpo, : soy cuerpo. Yo no tengo alma: soy alma, (0 conciencia, como se prefiere decir hoy día). La misma gramática lo explicita muy bien: si yo tengo cuerpo, el cuerpo es un complemento, se trata de una oración transitiva, el complemento no se identifica con el sujeto, yo. Lo correcto es afirmar, yo soy cuerpo, entonces sí, el sujeto yo está identificado con cuerpo. Y lo mismo poderos decir del alma, o la conciencia. Y hasta es posible pensar con Heidegger, de amanera contradictoria o antinómica, -las antinomias son el campo abonado para hablar de la complejidad del ser humano-. que somo cuerpo al 100%, y alma, o conciencia, igualmente, al 100%. Y concluir con él que el ser humano es 200%, que, como el filósofo existencialista alemán expresa con una mezcla de entusiasmo e ironía, “el ser humano excede”. El que no entienda esta aparente exageración, no va a entender la real naturaleza del ser humano.
  • A mí me no me sorprende nada que Jesús nunca hablara de “la salvación de las almas“. El anunciaba, ofrecía y prometía “el Reino de Dios“. El cuidado extremo y delicado de los judíos en no profanar el nombre de Dios, ni de usarlo sin necesidad, hizo que San Mateo, autor del Evangelio del mismo nombre, el único dedicado, dirigido y pensado para una comunidad 100% compuesta por cristianos procedentes del judaísmo, hizo que donde Marcos y Lucas hablaban del “Reino de Dios”, el evangelista jefe de publicanos anotara la expresión “el Reino de los Cielos”, a la que la ignorancia bíblica que atravesó casi toda la Edad Media, hasta llegar a la moderna, acabaron entendiendo como el cielo, lugar donde recibirán el premio gratuito que Dios prepara para los salvados. Es bueno reseñar que entre los hebreos la distinción aristotélica “cuerpo y alma” no era muy común, y preferían hablar del ser humano como de ese ser que se mueve, habla, se comunica, trabaja, se ve y se siente como un cuerpo no muy diferente del de otros mamíferos, con su cabeza y su corazón dispuestos para ejercer el mandato de otro tipo de vida, la que llamamos vida humana. Nunca vemos, en las imágenes que ellos delinean para escribir la vida tras la muerte que se refieran a los hombres o mujeres como a las “almas”. De hecho la preocupación cotidiana de la vida pública de Jesús no fue el que consideramos como lado espiritual del ser humano, su alma, sino del lado corporal: lo curaba, le daba de comer, lo limpiaba de sus impurezas, puramente legales, o también físicas, se ocupaba de resolver el tremendo borrón de quedarse sin vino en una boda, etc.
  • Es muy posible que los que idearon la fiesta, el misterio, y la solemnidad del “Corpus Christi” no tuvieran en cuanta las consideraciones previas que he presentado, sino que entendieran la palabra “cuerpo” en el sentido más común de la corporeidad humana en nuestra cultura, como un sustentáculo del alma, aunque es posible que Santo Tomás de Aquino, a quien se encomendó la tarea de componer los textos no bíblicos de la fiesta que estrenaron en su tiempo, tuviera una percepción más adecuada y completa de la corporeidad. De hecho la expresión “la salvación de las almas” es tan conocida, estimada y usada en la literatura eclesiástica que es con la que termina y cierra el Derecho Canónico de la Iglesia. Esa división, artificial, ¡y superficial!, entre alma y cuerpo ha dado pie a un sin fin de equívocos. ¿Cómo es posible que durante siglos no hayan caído en la cuenta tantos autores, a los que no se puede negar la profundidad y la perspicacia, de que es imposible que las almas, que son espirituales, se puedan quemar en le purgatorio o en el infierno,  sin consumirse, ¡claro!?
  • El cuidado y la finura que demostró el Señor al dejarnos su presencia real en el envoltorio corporal de su cuerpo es la demostración de la importancia decisiva de éste. Además de prestar visibilidad a la profunda y esencial realidad humana, aprovecha también la cercanía e inmediatez corporal para hacerse presente entre nosotros en los sacramentos. Y ala hora del juicio, nos juzgarán por haber visto, y encontrado, y percibido a Jesús en el cuerpo de los hambrientos, de los encarcelados, de los prisioneros, de los que se quedan helados por las inclemencias del tiempo y de la vida, a los que atendimos, a pesar de no estar seguros de la presencia del Señor en ellos. Pero actuando con aquella sensibilidad de quienes, por haber prestado atención a las palabra de Jesús, acaban por actuar hacia los cuerpos de sus prójimos, es decir, en sus cuerpos carcomidos y maltratados por los vaivenes de la Vida, con aquella intuición que tienen los que han percibido el cuidado que tiene el Señor por los pobres y derrengados de la vida. Y es nuestra corporeidad la que hace de vínculo y de trasmisión de nuestro cuidado fraterno.

Por todo ello es por lo que comenzaba mi artículo con la observación de que se había producido en la Iglesia una deriva, un desvío, a horizontes falsa y artificialmente espiritualistas, que la fiesta del Corpus Christi ha servido para traer a su justo enfoque. No me extraña que el papa Francisco considere el texto de Mateo, 25, que proclama: “Venid, benditos de mi padre, porque tuve hambre, y me disteis de comer, tuve sed, y me disteis de beber, etc, …., sí, porque cuando hicisteis esto con mis pobres hermanos, conmigo lo hicisteis”, el centro de su predicación, y de la vida cristiana.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Discutibles, y muy peligrosas declaraciones del Cardenal Ladaría

He aquí la tesis central de Ladaría, actual prefecto de la vaticana Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre el posible, o no, ministerio ordenado de las mujeres: “Cristo le quiso conferir este sacramento a los doce apóstoles, todos hombres, que, a su vez, se lo comunicaron a otros hombres. La Iglesia se reconoció siempre vinculada a esta decisión del Señor”.  No sé si esta aversión en español es la que salió e la boca del neo-cardenal, o ha sido traducida después. Porque lo primero que o pediría al responsable final de esta redacción es que use nuestra lengua con propiedad. “Hombre” es, aunque algunos se empeñen en añadir “..y mujeres” una denominación que engloba a todos los seres humanos”, es decir, también a la mujeres. Sería pintoresco, y sonrojante, que el autor de este aserto dijera, sin querer, lo contrario de lo que quiere decir. Suponemos, pues, que pretendía afirmar que todos los apóstoles eran varones, y así continuó la organización eclesial. A estas afirmaciones, que no por repetidas durante siglos son, por mor de esa reiteración, verdaderas e infalibles, me gustaría, con todo respeto, y teniendo siempre en cuenta la importancia de la comunión eclesial, hacer las siguientes puntualizaciones.

1ª) No está nada clara la intención de Cristo de conferir el sacramento del orden tan solo a varones

  • Se han imaginado en exceso los matices y circunstancias de la institución del Sacramento del Orden. Se ha afirmado que eso sucedió en la Última Cena, o en algunas de las apariciones del Señor resucitado. En todas esas ocasiones no eran todos varones los que estaban presentes. Hay, además, una situación en la que el Señor resucitado da una encomienda precisa, y llena de contenido ministerial, a mujeres. Cuando el Señor manda a María Magdalena, “¡Ve!, y anuncia a tus hermanos que estoy resucitado“. En muchos tratados de Eclesiología se asegura que éste es, precisamente, el carisma fundamental de los apóstoles, y de sus sucesores, los obispos, es decir, la predicación y anuncio del Kerigma, (aunque tengamos, a veces, la impresión de que se dedican más a la administración y organización de las diócesis, que a ese anuncio salvador, y gozosa y verdadera “buena noticia” que cambia la faz del mundo, y la trayectoria de las personas). Es decir, a Mª Magdalena se le confió una misión apostólica de anuncio del Kerigma.
  • A esto hay que sumar que la división de la Iglesia en clérigos y laicos no procede ni de Jesús, ni de los apóstoles, sino de la jerarquía eclesiástica pos edicto de Milán, a finales del siglo IV, e inicios del V. Hay autores muy solventes que afirman que la Iglesia de los primeros siglos tuvo, no solo diaconisas, ¡esto es prácticamente seguro!, sino en ocasiones, raras y eventuales, incluso ¿presbíteros?,  (/as), o presidentes de comunidades. La diaconía, o servicio, siempre, también en aquella época era muy apreciada, y trabajada, por las mujeres, no así como la presidencia. Hay que recordar que si bien Jesús no hacía demasiados distingos entre varones y mujeres, siempre seguido por ese grupo de solícitas mujeres que la tradición ha llamado, con reverencia y respeto, “las Santas mujeres”, sí es verdad que todo indica que los apóstoles, muy destacadamente San Pablo, como buen ciudadano romano, no podía ni imaginar que las mujeres, que no tenían ni personalidad jurídica, que, prácticamente no existían sin el paraguas de algún varón, -marido, padre, suegro, hermano mayor, cuñado, tío, etc., etc.-, no tuvieron la osadía de ir violentamente contra corriente del derecho Romano. Pero, aunque tarde, las circunstancias sociológicas del papel de la mujer han cambiado mucho, han dado prácticamente la vuelta, algo que muchas de las iglesias cristianas han reconocido.

2ª) La Iglesia se reconoció siempre en esta decisión del Señor, (siempre, ¡hasta que la mujer se está haciendo visible…!)

  • Como he afirmado más arriba, en una época exclusiva, y evidentemente machista, nadie podría pensar en un papel preponderante para la mujer en la Iglesia. Como he indicado hace un poco, las cosas están cambiando a una velocidad inusitada. La exclusividad de los varones para el ministerio del Sacramento del Orden no es, como admite y recuerda el mismo cardenal Ladaría un artículo de nuestra fe. Esto quiere decir que ningún Concilio , ni el Papa, en su autoridad personal, ha definido esa doctrina como materia de obligado asentimiento de fe. Además, como nos enseñaba el gran maestro Don Teodoro Giménez Urresti, los usos y modos de la praxis eclesiástica no son objeto, ni pueden serlo, de definición de fe. Sucedió un día que el papa Juan Pablo II insinuó que era doctrina cerrada, y que no se podría volver ni a discutirla, ni siquiera a plantear la cuestión. Al día siguiente, el prefecto de la Congregación de la Fe, el entonces cardenal Ratzinger, insistió en la dureza con la que el papa se había pronunciado, a lo que el cardenal Martini, desde Milán, saló a la palestra pública a defender que no era así, que no se puede exigir el asentimiento a enseñanzas que no se han definido de fe.

(Continuará)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

 

Nuestra España es una pena

Hemos tenido el sobresalto de la sentencia del tema “Gurtel”. Para todos los diarios, hasta los más afines al Gobierno, una verdadera desgracia. He podido leer en algunos medios, cosas como “Rajoy, no prolongues tu agonía. Retírate cuanto antes, con dignidad”. El político Albert Rivera, impactado por la abrumadora sentencia, afirmaba, “Desde ahora todo será distinto“. Pero el Gobierno, en un ejercicio de inefable cinismo, o de defensa numantina, con una frialdad sobrecogedora, o una inconsciencia sobrenatural, repitiendo, “La Sentencia no ha involucrado a ninguno de los actuales miembros del Gobierno”,  Pero los periodistas, que en el retiro de sus despachos, acometen contra el Gobierno, y su presidente, Rajoy, en la rueda de prensa de hoy en la Zarzuela, ante la desfachatez de las explicaciones, y las ridículas disculpas, y su constante echar las culpas a los demás, como su olímpica afirmación sobre la inminente “moción de censura”, presentada por el primer partido de la oposición, como es lógico, de que “no es bueno ni para España, ni para los ciudadanos”, algo que sobra, porque Rajoy parece haber olvidado, como todo el PP  que España no es otra cosa que sus ciudadanos, a esos periodistas, digo, no se les ha ocurrido, a ninguno, preguntar, “¿Y Vd, cree que es bueno para España., y sus ciudadanos, ser gobernados por un Gobierno declarado, en sentencia judicial, corrupto, y con una financiación de caja b”?. ¿Qué periodistas tenemos, tan pusilánimes, por no decir otra cosa, que se arrugan en una ocasión inmejorable, para poner contra las cuerdas, con motivo indiscutible, al presidente de un Gobierno puesto contra las cuerdas por el poder judicial? ¿Cuál piensan los periodistas que es su principal tarea, además de informar? Pocas veces he pasado tanta vergüenza ajena como este medio día, presenciando la retirada innoble de una prensa acobardada ante un presidente, acorralado sin misericordia por las penurias, trampas y transgresiones de su partido. Así que me pongo a escribir, cuando he recibido la llamada para acudir a una familia que solicita mi presencia. Así que simplemente anotaré los puntos principales de mi tentativa de artículo critico. Y para que sea publicado con la fecha actual, lo publicaré hoy, y procuraré acabarlo mañana.

1º) La pena de nuestros políticos, (en especial los del Gobierno).

  • Decir que muchos de nuestros políticos son una fuente de contradicción des quedarse muy corto. Los políticos gobernantes del PP no deja de invocar la importancia  de la Constitución, dando por supuesto que ellos la cumplen, mientras afean a otros partidos, u otros políticos, de su incumplimiento. Estos días, a raíz de la presentación de una Moción de Censura contra el Gobierno, después de la aterradora y desoladora sentencia del caso Gurtel,  y mirando para otro lado ante la constatación inevitable de que muchos de los condenados en la mencionada sentencia, y principales cabecillas de la trama Gurtel, eran, además de políticos o adláteres del mismo partido, amigos personales, de esos que se invitan a la boda de la hija. Así que a mí, y a la unanimidad de las personas a las que he preguntado sobre ellos, les parece inadmisible, y de un cinismo fuera de lugar, que algunos de los supervivientes de ese destrozo, o, mejor, medio supervivientes, repitan con cara de santos que el caso no va con ellos, que hace tiempo los condenados no pertenecen al partido, olvidando que algunas de las elecciones más estratégicas, ¡que las autonómicas también lo pueden ser!, en Valencia y Madrid, dos plazas esenciales, fueron ganadas con financiación ilegal de la caja B del PP, algo que ahora no se puede negar, porque está jurídicamente comprobado. Pero en su afán de apropiarse del Estado, o. por lo menos, confundirse con él, achacan a los que les quieren poner trabas, por otro lado totalmente pertinentes, porque se las han puesto previamente los jueces, irresponsabilidad, y deseo de provocar una inestabilidad política, que, teóricamente, los favorecerían en las urnas (¿?). Y ponen un ejemplo clarísimo e indiscutible: que al conocerse la presentación de la “Moción de Censura”  bajó la Bolsa mientras subía la prima de riesgo. Algo que retrata y  evidencia dos cosas: 1ª), que para los banqueros y agentes de bolsa la corrupción de los gobernantes no es demasiado preocupante, y no pone en peligro l estabilidad del Estado, y, 2ª), que nuestros gobernantes gobiernan mirando más las reacciones de los agentes económicos, que serán de todo, menos representantes genuinos y creíbles del conjunto de los ciudadanos, y menos a las pruebas y problemas de la gente verdaderamente necesitada. Y recuerdo al presidente Rajoy, y a su ministra de Defensa Mª Dolores de Cospedal, a quien he oído estos días la ya consabida y clásica causación contra el PSOE, con el peregrino argumento, de que no se preocupa con la Constitución y con la estabilidad del Estado, quiero recordarles, digo, en primer lugar, que la Moción de Censura es un instrumento total y perfectamente constitucional, es decir, sería la Constitución,  que la contempla y promueve, la que se convertiría en  anti constitucional, -y hasta no me choca que en su alocada huida para adelante el PP mantuviera esa aberrante contradicción, y, en segundo lugar, que lo que es flagrantemente anti constitucional, es la corrupción generalizada entre los miembros y funcionarios de un partido político.

2º) La pena de nuestros obispos.

  • Me consta que a muchos clérigos y laicos les da pena, como a mí, el atronador silencio de nuestros obispos, ante la ola de corrupción, refrendada sin la más mínima duda por los tribunales, del partido que sustenta al Gobierno. Y que la pena se está convirtiendo, en muchos casos, y cada vez más deprisa, en indignación. No se puede tolerar, en los tiempos que corren, que los señores obispos hayan protestado contra el Gobierno , y hasta salido a la calle, cuando éste  proponía leyes totalmente razonables para nuestra época, como el divorcio, o la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo, o aborto, de la introducción de una asignatura presente en casi todos los países de la Unión europea, como la “Educación para la ciudadanía“,  y no digamos nada de la ley del matrimonio entre homosexuales. Es decir, cuando la legislación toca, o se acerca, a temas de comportamientos sexuales, o de educación para la libertad de conciencia, temas que no tienen nada que ver con las enseñanzas evangélicas, a no ser para favorecer esas iniciativas, o como el tema de la libertad individual y de conciencia, entonces sí, los obispos invocan su pretendida autoridad, “iure divino”, para corregir las iniciativas  legislativas gubernamentales. Pero leyes decisivas para el bienestar de los ciudadanos, especialmente de los trabajadores y de los menos favorecidos por la fortuna, como la errática “Reforma laboral”, que dejó a los trabajadores a los pies de los empresarios, o la popularmente denominada “Ley mordaza”, que coarta las libertades ciudadanas,  y que estaría más en consonancia  con el espíritu de libertad del Evangelio, esas leyes no merecen la atención, ni el estudio profundo, ni la crítica de los prelados. Ni tampoco los comportamientos perniciosos, y nada ejemplarizantes de los gobernantes, en la administración honesta y honrada de los fondos públicos, sino dedicados inmoral, y delictivamente, en beneficio propio, o del partido, como han fallado los tribunales. ¿No encuentra los obispos nada que declarar ante esa deriva de inmoralidad, y por lo menos en defensa de los propios ciudadanos, que son también sus fieles, de acuerdo con la palabra de Jesús y del papa Francisco a favor de los más pobres

3º) La pena de nuestros periodistas.

  • No son todos, pero sí un buen número. Y no solo periodistas, sino las propias cabeceras de algunos medios de comunicación, que ostentan una indisimulada parcialidad. Un ejemplo paradigmático: la rueda de prensa del presidente del Gobierno el día siguiente a la publicación  de la sentencia contra la trama Gurtel. Como suele suceder, al estilo  Mariano Rajoy, lanza afirmaciones totalmente falsas, y desviadas del tema, pero proclamadas con tal firmeza que, efectivamente, da el pego de la sinceridad. A pesar de que el día anterior el tribunal sentenció que el Presidente del Gobierno no mereció toda la credibilidad, sino más bien poca, o ninguna, en algunas de sus afirmaciones como testigo en el tema de la caja B del partido, ningún periodista tuvo la valentía,  cuando afirmaba que una Moción de censura, en estos momentos, era, casi, una traición a España, y una tentativa de desestabilización del Estado, de hacerle, por ejemplo, esta pregunta: ¿No desestabilizará más el Estado un corrupción amplia, casi general, del partido que sustenta al Gobierno, y que no prevé la Constitución sino como un delito, que no una Moción de censura, perfectamente constitucional? ¡Qué pena!, esa falta de valor para el cumplimiento de una de las misiones del periodismo, como es la de denunciar ¡y afear!, los abusos de los que ostentan el poder. Nos quedamos, a veces, con la impresión, de que, para los agentes de Bolsa, grandes empresarios y banqueros, y algunos periodistas, es más peligrosa y más prejudicial, una sana y correcta labor de oposición al Gobierno, que los abusos de éste, sobre todo en el proceloso mundo del miasma de la corrupción.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

 

Las ocurrencias del cardenal Sarah

Ya he comentado ciertas salidas del cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación vaticana para Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. En una homilía a fieles que peregrinaron con él hasta la catedral de Chartres el domingo de Pentecostés, en la que opinó de todo lo divino y humano, expresó estas joyas relacionadas más o menos con su disciplina de la liturgia: La ordenación de los viri probati  (hombres casados que han probado ser útiles y estar preparados para el culto) tendría “consecuencias serias”, como “romper definitivamente con la Tradición Apostólica”; la introducción de esta disciplina en la Iglesia “estaría creando un sacerdocio según nuestra dimensión humana”; el celibato clerical es de suma importancia, porque proclama al mundo lo que es “estar con Cristo en la Cruz”; “no hay razones pastorales para este cambio” ya que esta innovación produciría el efecto desastroso de “acabar con el sacerdocio tal y como fue instituido por Jesucristo”.

Ya afirmó algo tan peregrino como que la comunión en la mano era un “invento diabólico“. Tal vez el cardenal guineano no conozca la escena de la Última Cena, en la que, según todos lo indicios y pistas, el que inventó la comunión servida en la mano no fue el diablo, sino el Jesús de Nazaret. Sin el más mínimo ánimo de ofensa, tengo que afirmar que muchas de las declaraciones de este purpurado, si no supiéramos que es un cardenal de la iglesia romana, imaginaríamos no solo que era un simple fiel, sino un fiel bastante, o muy, ignorante.

Creo que mis lectores no necesitan que corrija una por una, y explique, el desvío de sentido de cada una de las afirmaciones del cardenal, para, más INRI,  prefecto de la Congregación de Liturgia. Pero para no dejar cabos sueltos, ahí voy.

  • “Romper definitivamente la tradición apostólica”. Sería solo sorprendente, si, además, no fuera grotesco, que a estas alturas, un cardenal de la Santa Iglesia no supiera, o. por lo menos, no hubiera oído alguna vez, la opinión de que los apóstoles, tal vez con la excepción de Juan, eran casados. Lo que sí seguro consta en los Evangelios, con toda certeza, pues se habla de su suegra, es que Pedro, el primer papa, era casado. Y todavía más grave que la falta de información concreta de la época evangélica y de la primera Iglesia, sea, tal vez, la tendencia de curiales y altos jerarcas eclesiásticos, a denominar “tradición apostólica“, no la que iniciaron los apóstoles, sino la que, después de tres siglos,  comenzó a tejer la estructura eclesiástico-jerárquica de la Iglesia, ya bien instalada y asentada en el poder.
  • El sacerdocio de hombres casados “estaría creando un sacerdocio según nuestra dimensión humana“. La carta a los Hebreos, una de las últimas manifestaciones con toda seguridad apostólica, deja bien claro la idea de sacerdocio que tiene la Revelación Sagrada del Nuevo Testamento (NT). Justamente hoy celebramos la fiesta que instituyó Juan Pablo II con el título de “Jesús, sumo y eterno sacerdote“, en la que, evidentemente, de toda y clara evidencia, olvidaron otra característica fundamental, que repite y reitera la mencionada carta a los Hebreos: que el sacerdocio de Jesús, además de “sumo y eterno”, es único. El sacerdocio cristiano de los bautizados, hombres y mujeres, es participación del sacerdocio de Jesucristo, y, además, y a tener muy en cuenta, no es un sacerdocio ministerial, éste secundario, ritual y profesional, sino ontológico y de mediación entre Dios y los hombres, de compromiso con la Humanidad entera, pues, como el de Cristo, alcanza el nivel de un sacerdocio “de salvación“.  A mis fieles les llama mucho la atención la siguiente observación: para llegar a la conclusión de que el sacerdocio no es una institución puramente cristiana, solo hay que hacer esta experiencia: buscar en el Nuevo Testamento un solo texto en el que a un discípulo, o seguidor de Jesús, se le llame “sacerdote”.  No lo encontraréis, tampoco denominan así a Jesús, que no era de la tribu de Leví, ni tenía ningún atributo de sacerdocio convencional o ministerial. que es el que ejercemos las presbíteros, mal llamados “sacerdotes”, y que la Iglesia puede organizar según sus necesidades, y de acuerdo con el verdadero, real y decisivo  “poder delegado” del mandato de Jesús: “Id por el mundo entero, y anunciad el Evangelio”. (Como explica magníficamente D. Teodoro Jiménez Urresti, con su teoría de la delegación, que tanto sorprendió, utilizó, y casi entusiasmó a Yves Congart, o.p, (1904-1995), gran teólogo y eclesiólogo conciliar.
  • “Acabar con el sacerdocio tal y como fue instituido por Jesucristo”. Solo unas letras para finiquitar este asunto, ya tratado en el anterior párrafo: es preciso dejar bien claro a los fieles, y a los creyentes, en general, que Jesús no instituyó ningún sacerdocio ministerial. Él nos hacer participar a todos los creyentes, sus seguidores, por el sacramento del Bautismo., de su peculiar y maravilloso sacerdocio.

(Nota: de este cardenal, el papa emérito, Benedicto XVI, afirmó que la Liturgia católica estaba en “buenas manos”. ¡Pues menos mal Si estas son buenas manos, ¿Qué pasaría si estuviera en malas? Qué cosas hay que oír).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

 

 

 

¡Ya está bien de atropello y de toscas maneras en el Rocío!

¡Otra vez la machada, fuera de lugar, salvaje, y bruta, del salto de la verja, con la imagen de la pobre “Blanca Paloma” tambaleándose! Sé que es difícil que mis palabras se entiendan, en el tono y en la mesura que me gustaría. Evidentemente, éstas no son contra los devotos de una virgen, y una ermita, tan entrañable, que vemos cómo gente que nada tiene que ver con aquellos parajes, y caminos y veredas que los rocieros trillan todos los años por tierras y marismas de Huelva. Mis palabras tienen mucho más que ver, y van dirigidas, con bastante dosis de indignación, a los jerarcas, obispos y clérigos, que han dejado llegar la devoción a la Virgen del Rocío hasta extremos intolerables en su manifestación folklórica. Porque, ¿tiene algo que ver ese brutal inicio de procesión, saltando a las bravas la verja, en lugar de abrir  civilizadamente  el correspondiente candado, y abrir de par  en par la cancela, para que salga elegante, solemne y ligeramente, la imagen de la Virgen? Porque hay que decir a los romeros algo que deben saber, pero , por lo visto, olvidan, o consideran de poca importancia: que la que salta la verja, y sale entre trompicones, en medio del tumulto de brazos levantados buscando desesperadamente un contacto con la imagen, o simplemente con las andas, que ¡ya da igual!, y después recorre los polvorientos caminos de la romería rociera, no es la virgen, ni del rocío, ni ninguna otra, sino una imagen, supongo que de madera, que no lo sé, recubierta de ropas, que nos recuerda y visibiliza a una linda y valiente doncella de una perdida aldea de Nazaret, en Israel, que, hace dos mil años, se ofreció para hacer posible la encarnación de Dios. No sé si los devotos rocieros tienen eso en cuenta, si les importa, si es eso lo que les emociona, o su emoción está pegada a los meandros y curvas del camino.

Se supone que la primera preocupación, y la más san intención,  de los fieles y romeros de cualquier Virgen y su correspondiente ermita, es la de dar gloria a Dios, y, al mismo tiempo, venerar, cantar y glorificar a su Madre la Virgen María. A la vista de los modos y maneras de culto que se emplean en la romería del Rocío, a cualquiera, sin el más mínimo estilo ni preocupación de crítica ni censura, nos viene a la cabeza si es esa la intención, y ese el objetivo, que se persiguen  con esos modales rituales tan brutos, tan fuera de lugar, y de toda lógica, como el salto “a la fuerza bruta de la verja”, y esos apretujones y falta de consideración, de modales, y de delicadeza, en el afán de acercarse y tocar la imagen veneranda de la patrona del Rocío, que, me parece, debería producir más fervor, respeto, serenidad, dulzura y ánimo solidario de los que demuestran la imágenes, que denotan interés desatado de tocar personalmente, o de acercar a los niños a la imagen, caiga quien caiga, y sea quien sea el atropellado en el intento. Entiendo, con dificultad, lo de costumbre y tradición puede haber en estos comportamientos, pero de ninguna manera llego a comprender que en los mismos se encuentren los sentimientos de veneración, piedad y sacralidad que son de esperar en cualquier manifestación de culto cristiano, hasta en los más tradicionales, folklóricos y desgarrados.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

¿Quiso Jesús un clero como el que tenemos?

Recomiendo, para quien no lo haya leído, mi artículo del día 14/05/2018, “Más caciques que indios”, en el que con este título brasileño tan folklórico, -cuando hay más dirigentes y líderes, que gente del pueblo, o  hay más presencia de obispos y curas que humildes fieles, cuando el mar de mitras tapa toda otra perspectiva-, trato, sin mucha profundidad, pero con detalles inequívocamente significativos, el tema del Clericalismo, del que ha afirmado varias veces el Papa que se trata de uno de los peores peligros de la Iglesia, y, en varias ocasiones, no de los peores, sino “el peor”.  Así que a la pregunta respetuosa y comprensiva del teólogo José María Castillo, ¿Quiso Jesús un clero como el que tenemos?, mi respuesta inequívoca, y sospecho que también la de Castillo, y la de tantos creyentes, es: “Jesús no quiso ni un clero como el que tenemos, ni ningún tipo de clero”. Y eso, en mi opinión, que ya he desarrollado en este blog desde diversos puntos de vista, está clarísimo en los Evangelios, y en todo el Nuevo Testamento (NT). Así que os recomiendo vivamente que leáis atentamente el artículo de José María Castillo, valiente, claro y transparente.

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¿Quiso Jesús un clero como el que tenemos?”   “Es necesario preparar una Iglesia del futuro, que sea menos ‘clerical’, pero más “evangélica

(José María Castillo).- Es un hecho, suficientemente conocido, que el papa Francisco, está encontrando numerosas y, a veces, fuertes resistencias que provienen, no de los tradicionales enemigos de la Iglesia, sino precisamente y de manera sorprendente de sectores importantes del clero. Resistencias que inevitablemente se contagian a no pocos seglares, que se distancian de la Iglesia o desconfían del papa Francisco y sus enseñanzas.

Sea lo que sea de este asunto, no cabe duda que las relaciones del papa Francisco con el clero no son siempre fluidas y sencillas. Este papa ha criticado no pocos comportamientos de hombres del clero, sin reparar en cargos, dignidades y comportamientos de los “hombres de Iglesia” que, en no pocos casos, han puesto al descubierto asuntos turbios o incluso escandalosos. ¿No sería mejor ocultar – o intentar ocultar – determinadas conductas que, al hacerse públicas, escandalizan a la gente y hacen daño a creyentes y no creyentes?

No cabe duda que este papa quiere cambiar muchas cosas. Como el mismo papa ha dicho, hace pocos días, “esto va en serio”. Hasta llegar a donde sea preciso. Hasta las últimas consecuencias. Y ¿cuál sería la última de esas consecuencias? Pues, si es que vamos hasta el fondo y sin miedos, creo que ha llegado el momento de afrontar una pregunta que posiblemente nos asusta: ¿estamos seguros de que Dios quiere que en la Iglesia exista un clero como el que tenemos?

La palabra “clero” no aparece en el Nuevo Testamento. Ese término lo introdujeron algunos escritores cristianos seguramente, en el s. III. Como es sabido, la palabra clero viene del griego kleros, que significa “lote”, en el sentido de “herencia”. De ahí que “clero” se entendió como grupo o conjunto de personas “privilegiadas” o exentas de cargas fiscales y otras obligaciones, que se concedieron a la Iglesia, sobre todo a partir del año 313, con motivo de la llamada conversión del emperador Constantino (Peter Brown, Por el ojo de una aguja, Barcelona, Acantilado, 2016, 103-104). En concreto, los “privilegiados” fueron los dirigentes de la Iglesia. Dicho brevemente, el “clero” se volvió distinguido porque era privilegiado. Así ha sido desde el s. IV. Y así lo sigue siendo.

Sin embargo, si algo hay claro en los evangelios, es que Jesús no quiso ni privilegios, ni privilegiados, en su comunidad de “seguidores” y discípulos. A esto se opuso Jesús, de forma tajante, cuando dos de sus discípulos, Santiago y Juan, pretendieron los primeros puestos (Mc 10, 35-46; Mt 20, 20-28). Y, sobre todo, en la Cena de despedida, Jesús les impuso a sus apóstoles el ejemplo de vida que tenían que llevar: lavar los pies a los demás (Jn 13, 12-15). Lo que era decirles que tenían que ir por la vida, no precisamente como privilegiados, sino como esclavos al servicio de los otros.

Pero ocurrió que, con el paso del tiempo, las cosas cambiaron. Fue entre los siglos IV y VI, cuando obispos y clérigos alcanzaron posiciones de privilegio, enormes riquezas y condiciones que llevaron a aquellos hombres a ser los grandes señores de Occidente. Al decir esto, no pretendo ni insinuar que los clérigos de hoy sean “grandes señores”. No lo son. Pero sí ocurre, no pocas veces, que encuentra uno “hombres de Iglesia” que en realidad lo que buscan en la vida es más “instalarse” en este mundo que “seguir a Jesús”, con todas sus consecuencias. Se puede asegurar que Jesús quiso una Iglesia dividida y separada en dos categorías de cristianos, “clérigos” con poderes y dignidades los unos, “laicos” sumisos y profanos, los otros? Por supuesto, así se ha mantenido sólidamente la religión, sus templos y sus liturgias. Pero, a partir de semejante división, ¿hemos vivido y vivimos mejor el Evangelio? ¿Somos así mejores “seguidores de Jesús”?

El “clero”, tal como lo tenemos y tal como funciona, no fue un invento de Jesús el Señor. Lo inventó el egoísmo humano. Ni pertenece a la “Fe divina y católica” que la Iglesia tenga que estar dividida así. En la Iglesia puede haber ministros del Señor, testigos del Evangelio y personas responsables de las comunidades cristianas, que cumplan tales funciones sin necesidad de ser los “privilegiados” y “consagrados”, como lo vienen siendo desde la Antigüedad tardía.

¿No se podrían ir introduciendo cambios, que el pueblo creyente sea capaz de ir asimilando, para preparar una Iglesia del futuro, que sea menos “clerical”, pero más “evangélica? ¿O es que nos va mejor con la Religión que con el Evangelio?

Trascrito para “El guardián del Areópago” por Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

¡Más caciques que indios!

Dícese en Brasil cuando en ciertas reuniones, o manifestaciones en la calle, o en mítines políticos, o en acciones públicas de protesta social, hay más organizadores, políticos, o líderes, que gente normal, que ciudadanos de a pie, como se suele decir. También se aplica esa gráfica y clara expresión a manifestaciones religiosas, misas, pontificales, y otros eventos, en los que hay más clérigos, obispos y presbíteros, que fieles. El día 10 de este mes, jueves de la semana pasada, con motivo de la fiesta de San Juan de Ávila, patrón de los curas de España, celebramos en el seminario de Madrid unos actos académicos, promovidos en función de homenajear a los que celebrábamos las bodas d plata o de oro. Yo era de estos últimos, y no penséis que si no me preguntaba cómo es que han pasado estos cincuenta años, y cómo he podido aguantar el evidente deterioro que ha vivido la Iglesia desde aquel jubiloso, alegre despreocupado, critico y rebelde, inquieto y aguerrido año de 1968, con las manifestaciones estudiantiles iniciadas en París, y seguidas en toda Europa, de tanto énfasis en lo político, y sobre todo en lo social. Y, desde el horizonte de la Iglesia, a pocos años de la clausura del Concilio Vaticano II. Eran tiempos de esperanza, de una desmedida alegría, de una sensación arrebatada de libertad, que, a partir de 1978, viviendo yo la dinámica y la enérgica evolución conciliar en la diócesis de Sâo Paulo, presidida por el espléndido arzobispo, y en seguida, cardenal Don Paulo Evaristo Arns, en ese año, que no me atrevo a llamar de Gracia, en el que fue elegido para la sede de Pedro el cardenal Karol Wojtyla, reinante con el nombre de Juan Pablo II, comenzaron a torcerse las cosas, y así han ido viniendo hasta el feliz acontecimiento de la elección del cardenal Bergolio, papa con el revolucionario e inquietante nombre de Francisco.

Como iba diciendo, después de los actos académicos, hubo un solemne pontifical, en el que, desde luego, había, no más, sino mucho más, cacique que indio. El papa Francisco habrá afirmado más de diez veces, ¡yo le he contabilizado siete u ocho!, que uno de los principales males de la Iglesia es el clericalismo. Y, por lo menos tres veces, que he conocido por Religión Digital (RD), un tanto exageradamente, o tal vez, no, ha declarado, rotundamente, que eso, el clericalismo, es el principal mal de la Iglesia. Peor los clérigos no parecen prestar ni mucha ni poca atención a los avisos del Papa. Así que, animado por sus palabras valientes y transparentes, y dado que yo pienso de manera muy parecida, por no atreverme a decir que de la misma manera, enumeraré signos, hechos, actitudes, y elementos que sean significativos y alusivos al tema, de cómo, y donde, noto la presencia del clericalismo.

1º)  En el mero hecho de la división de la Iglesia en clérigos y seglares (o laicos)

A nadie debe de extrañar mi afirmación, si recordamos, y valoramos positivamente, -“¡por sus frutos los reconoceréis!”- que en la Iglesia primitiva no había esa división, verdadero Rubicón insalvable, con un muro granítico infranqueable. Nos cuesta imaginar una Iglesia sin profesionales de la Religión, sin una burocracia clerical, sin sotanas, ni alzacuellos, ni mitras, ni báculos, ni casullas, ni dalmáticas, ni toda esa parafernalia que montamos actualmente en nuestras celebraciones litúrgicas, sobre todo, de las Eucaristías solemnes, en las que parecemos querer resarcirnos y olvidar tantas misas rutinarias, sin maestro de ceremonias, sin acólitos, sin concelebrantes, y, casi, sin fieles. La misa de nuestras bodas de plata y oro fue de las de tronío. Y yo me pregunto muchas veces, y en esa celebración no paré de hacerme esa interrogación, ¿Qué querrá decir “presidente de las celebración eucarística“, si después hay más presidentes, encasullados de punta en blanco, que fieles? ¿Es positiva esa tremenda diferenciación entre unos y otros, mandan los cánones litúrgicos que todos los concelebran ostenten todos sus paramentos de postín? ¿No sería mejor, y no parecería menos teatro, que el presbiterio y el altar no quedaran tan lejos y elevados sobre el común de los mortales que, a éstos les parezca que se encuentran en la ladera de un Olimpo que nunca deberán intentar escalar? Y, sobre todo, ¿se parecen algo, aun remotamente y con la mejor y más decidida voluntad del mundo, esas celebraciones, a la que presidió el Señor Jesús en la última Cena? El cardenal Sarah, actual  prefecto de  la Congregación vaticana para el  Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, e impertérrito en sus ataques directos y no disimulados al papa Francisco, tuvo la ocurrencia, y no ha sido el único gran jerarca de la curia vaticana que lo ha hecho, de denunciar lo que él pensaba abusos de muchos “curas jóvenes” en la celebración de la Eucaristía, inmediatamente después del Concilio. Pues bien, yo, que, evidentemente, me daba por aludido, le respondí en este mismo blog que si no le parecían mas abusivos los pontificales que nos retransmiten desde Roma, y, le preguntaba qué le parecían más parecidas a la Última Cena, si esas misas de los curitas, o la magnificencia de los pontificales vaticanos, y muchos diocesanos. (Mi pensamiento es que Jesús, no se reconocería en esas grandes, solemnísimas y aburridas celebraciones). 

2º) Otros  signos, innecesarios y contra producentes, de exceso de clericalismo.

  • No me deja de sorprender el siguiente pequeño detalle: en las concelebraciones, todos los concelebrantes tienen que comulgar con unas medias hostias grandes-pequeñas, ya partidas antes de iniciarse la celebración, cuando sería más significativo y mejor recuerdo de la “partitio panis” una forma de esas grandes de verdad, partida en treinta pedazos, o, directamente, una serie de formas pequeñas, de las que se da al pueblo, y no a cualquier pueblo, sino al Pueblo santo de Dios. Cuando en alguna de las celebraciones que yo presido en mi parroquia somos más de siete, parto la forma gran-pequeña en seis pedazos, y yo soy de los que comulga con una pequeña, y con un pedacito de la forma principal, para significar justamente la “partitio panis“. Pregunto, ¿es precepto litúrgico obligado que los curas comulguemos con formas grandes, y al pueblo sea obligatorio darle de comulgar con las pequeñas? Porque si existe ese precepto, que lo dudo, tiene todos los boletos para ser abolido. Hace muchísimo tiempo que ya lo he hecho.
  • ¿Está prohibido, o mal visto, que las mujeres hagan de acólitos en la Eucaristía? Porque recuerdo que el papa Juan Pablo II, nada sospechoso, como polaco, de modernismo litúrgico, publicó un decreto concediendo ese permiso que, en la práctica, en muchos lugares de la Iglesia, -en Brasil desde los años setenta-, y también en España se venía practicando. Y otra cosa, ¿Dónde está escrito que haga de acólitos solo los niños? ¿Y que tanto ¡si lo hacen niños como adultos tengan que ir ataviados con túnicas, que los haga parecer clérigos? ¿Tanto peligro teológico o litúrgico se esconde en que los seglares ayuden a la Eucaristía vestidos de calle?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Otra vez el obispo de Córdoba

El prelado cordobés hace unas declaraciones recogidas por Religión Digital y que no tienen desperdicio. Para no alargarme excesivamente , y ordenar mi artículo, enumeraré las que, en mi opinión, resultan afirmaciones más sorprendentes:

1ª) “La religión para los planteamientos laicistas es como la peste”

2ª) “En España el 80 por ciento del patrimonio cultural material es propiedad de la Iglesia Católica”

3ª)  “No hay ninguna partida en los presupuestos generales del Estado para la Iglesia”

4ª) La X, en la declaración de la renta, según ha señalado Demetrio Fernández,es para recaudar una cantidad, no del Estado, sino de los contribuyentes

A modo de introducción consideraremos el concepto de Religión. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) la define así:

  1. f. Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.
  2. f. Virtud que mueve a dar a Dios el culto debido.
  3. f. Profesión y observancia de la doctrina religiosa

La 1ª definición mete en un mismo saco cosas tan diferentes como dogmas, –y su correspondencia a nivel de comportamiento, creencias-, sentimientos, destacando los de veneración y temor, y después, entrando en el mundo de la moral, las normas morales para la conducta individual y social, hasta llegar a los ritos, centro del culto, entre los que destaca dos: la oración, y el sacrificio. Se trata de una definición que nos sirve, justamente por la amplitud y la poca especificidad que presenta. La divinidad es un término suficientemente genérico para pode referirse a uno o varios dioses, a fuerzas físicas y cósmicas, o a ideas trascendentes conceptuales, llenas de espiritualidad. No sé exactamente en qué universo de fenomenología religiosa se mueve don Demetrio Fernández, pero tengo la impresión de que, como muchos otros en la Iglesia Católica, no distingue bien entre Religión y Revelación. El anuncio del Reino de Dios, proclamado tanto en el  Antiguo como en el Nuevo Testamento, (AT y NT), en el AT por los escritores sagrados y los profetas, no es propiamente, (e impropiamente, ¡muy de refilón!), una Religión, sino una Revelación, porque se trata de escuchar la Palabra de un Dios personal que se comunica libremente con los hombres a través de procesos misteriosos, pero perfectamente perceptibles y constatables. La RAE la define así: 2. “En la tradición bíblica, manifestación de Dios a los hombres de cosas que estos no pueden saber por sí mismos. Para los creyentes, la Biblia es una fuente de revelación divina”.

Hay mucho más que hablar de Religión y Revelación. En el Antiguo testamento las dos están estrechamente mezcladas, sobre todo en los primeros libros, y los que nos trasmiten acontecimientos, opiniones y creencias de los primeros tiempos. Después, ya en el NT, se purifica y se aclara el concepto de la Revelación de Dios como un don, hasta poder decir que Jesús es uno de los mayores fustigadores de la religión de todos lo tiempos. Pero hay fenómenos de la Religión tan indeleblemente marcados en la Historia de la Humanidad, como el excesivo temor a los dioses, y la compensación de ese temor por medio de sacrificios, que esta idea se ha colado ampliamente entre aquellos, muchísimos en el Catolicismo,  que viven la Revelación gratuita de Dios, que es un don que viene de lo alto, como una Religión, hechura de manos humanos, temblorosas, asustadas y débiles. Y no quiero terminar este breve comentario sobre la Religión, ¡mejor sería hablar de religiones!, sin destacar el impresionante poder que los profesionales del fenómeno religioso, -el clero, llámese como se llame, desde el hechicero elemental, hasta los sofisticadísimos sacerdotes egipcios, o griegos, o judíos-, tienen sobre los miembros sufridores y obedientes de las religiones. A Karl Marx le asiste toda la razón, si lo entendemos en el profundo sentido en que él lo afirma, al asegurar que la “religión es el opio del pueblo“. La historia ha dado millones de ejemplos de la veracidad de este aserto, y en la actualidad lo comprobamos, otra vez, ampliamente.

1ª) “La religión para los planteamientos laicistas es como la peste”

En general, en medios eclesiásticos se usa mal, o de manera desviada, o de manera sesgada, que viene a ser parecida a desviada, pero con mala intención, que no imagino en esos medios a los que me refiero, el término “laicismo”, o laicista, y por eso prefieren, y les parece  mas suave y adecuado, “aconfesional”. El Estado español, no es tan laico o laicista como parece, y en esto se desmarca bastante de los principales países de la UE, como Alemania y Francia, y sin embargo es mucho más confesional, no tanto como le gustaría a monseñor Demetrio Fernández, como veremos más abajo, que otros países europeos, y mucho menos laicista, justamente porque propicia manifestaciones típicamente religiosas. Cuando ciertos medios españoles jalean con entusiasmo la visita de los miembros de la casa real al Cristo de Medinaceli, o llenan sus primeras páginas de imágenes de pasos de semana santa acompañados por encapuchados cofrades, no huyen de la religión como de la peste, señor obispo, sino que hacen propaganda de la religión, y de la religiosidad, hasta las cachas. El laicismo es bueno, es una actitud sana y respetuosa, porque es profundamente democrática, y no es, de entrada, contra nadie. Laico, y laicismo, viene de la palabra griega “laos”, pueblo, y no hay nada más democrático que el pueblo, de quien procede, y en quien reside la soberanía de una nación. Pero es que Pueblo es, también, un término tremendamente eclesial y conciliar, pues sirve para que el Vaticano II defina a la Iglesia como “El Pueblo de Dios”. Y la Iglesia es producto no de una inspiración fundacional religiosa natural y humana, por tanto, sino que viene de lo alto, de la Revelación de Dios. Así que para un planteamiento laicista la religión no es como la peste, sino un hábitat, sin llegar a ser “su hábitat”, muy natural. Así que la Iglesia es, por definición, “laicista”. No olvidemos nunca que su fundador, el Señor Jesús, no era miembro del clero, no era funcionario de ninguna Religión. Desde le planteamiento del Vaticano II, la Iglesia, es, por concepto, profundamente laica, y los fenómenos “religiosos” que todavía subsisten en ella, no solo no provocan la huida del grueso de los humanos laicistas, sino que es lo que más los atare.

2ª) “En España el 80 por ciento del patrimonio cultural material es propiedad de la Iglesia Católica”

Pregúntese por qué, don Demetrio. Hace mucho tiempo que la Iglesia en Francia renunció a la propiedad de todos sus inmuebles artísticos y monumentales, en favor del Estado, respetando éste el uso, para fines eclesiales de culto, de esos bienes. La Iglesia española no solo defendió con ahínco su propiedad patrimonial cultural-artística, sino que por si acaso, por si había dudas, se valió de una ley franquista para “inmatricular”, en los últimas décadas, infinidad de monumentos. Vd. podría colaborar con las autoridades civiles de Córdoba, y con un sentido de respeto maduro y caballeroso a otras religiones, o bien devolviendo la propiedad de la Mezquita cordobesa a los musulmanes, o, si no, por lo menos, admitiendo el uso común de la misma par ambos cultos. Pienso que Jesús, en los días de hoy, haría eso.

 3ª)  “No hay ninguna partida en los presupuestos generales del Estado para la Iglesia”

He avisado, antes, que más abajo demostraría que al obispo de Córdoba le gustaría que el Estado español fuera más confesional de lo que ya es. La frase que titula este 3º párrafo es la demostración más evidente. Ya hubo tiempo en los que se contemplaba esa presencia de la Iglesia en los presupuestos generales del Estado. Pero esa anomalía jurídica, y perniciosa para la Iglesia, se anuló en su momento, con toda lógica, aunque la situación actual le sepa a poco al señor obispo de Córdoba.

4ª) La X, en la declaración de la renta, según ha señalado Demetrio Fernández,es para recaudar una cantidad, no del Estado, sino de los contribuyentes

En esta afirmación se deja resbalar una comprensión errónea de la contribución del Estado, a indicación de los contribuyentes, a la financiación de la Iglesia a través del IRPF. Y el error se puede observar desde dos puntos de vista ligeramente diferentes, pero complementarios. En primer lugar, ¡a efectos prácticos, el Estado y el conjunto de los contribuyentes es, en la realidad, material y física la misma cosa. Sin los contribuyentes, el Estado no es nada, no existiría. Pero hay otro matiz: el dinero que loa contribuyentes tienen que pagar por ley, según los baremos instituidos, una vez entregados, son propiedad del Estado. Si éste, permite, en nuestro caso español, y para que se haga realmente efectivo, que los contribuyentes puedan indicarle que parte de esa recaudación, ya propiedad del Estado, se destine a otras instituciones, que además, forman parte de ese mismo Estado, como la Iglesia u otras ONGs, pero es dinero que el mismo Estado podría emplear para otros fines.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara