Atropellado, por el cardenal Cipriani de Lima, Gastón Garatea, uno de los nuestros.

Y no lo destaco por ser uno de los nuestros, sino por el atropello. Lo “de los nuestros” es una simple inflormación. El Pueblo de Dios, que se escribe con mayúscula, y se siente como “una raza sacerdotal, una estirpe sacerdotal y un pueblo Santo”, está muy harto de los desmanes, abusos y actitudes extemporáneas de autoritarismo, oscurantismo, y sinrazón, de tantos capitostes eclesiásticos, considerados por sí mismos prohombres de la Iglesia, contra toda lógica y justicia. Alguien con más autoridad que la mía tendrá que decir a estos “príncipes de la Iglesia” que en ésta no hay más señorío que el del Kyrios Resucitado, ni más príncipes que los “pobres de Yavé”.

Porque, ¿quién es el cardenal Cipriani? Alguien que defendió en su día la pena de muerte y jaleó y promovió el nefasto estilo de gobierno del presidente Fugimori, con su descarada y desmesurada lista de quiebras y falta de respeto de los más elementales derechos humanos.Ya arzobispo de Lima, Cipriani ha condenado y silenciado a muchos  sacerdotes muy estimados, y en la parroquia San Juan María Vianney, expulsó sin que nadie supiera el por qué a unos sacerdotes mallorquíes que allí trabajaban.  Últimamente ha apuntado a la Pontificia Universidad Católica del Perú, intentado una injerencia en la administgración de los bienes y en la dirección de la Universidad. Por lo visto le molesta el estilo de pluralismo y tolerancia que existe dentro de la PUCP.

Gastón Garatea, por contraste, es un gigante luchador de los derechos humanos y la defensa de los más pobres y excluídos, que ha demostrado durante toda su hisotira pastoral. Es religioso, y ha sido provincial, de los ss.cc. Ha ejercido los cargos de miembro de la Comisión de la Verdad y presidente de la Mesa de Concertación de Lucha contra la Pobreza. Por ese motivo, la sanción que el cardenal Cipriani ha decretado contra Garatea, prohibiéndole celebrar misa y escuchar confesiones, ha generado tanto rechazo contra el cardenal como solidaridad hacia el sancionado. Como será la cosa que hasta un colega de Cipriani, expresidente de la Conferencia Episcopal peruana, monseñor Luis Bambarén, ha declarado que “Cipriani tiene un problema personal con Gastón Garatea”, y, también, que una cosa es la diócesis de Lima y otra el resto de las de la iglesia peruana.

No hay que culpar del todo, ni sobre todo, a ese personaje, que como tantos otros, se crecen y se auto encumbran en cuanto sienten la suavidad de la púrpura, que, curiosamente, les convierte las manos en garfios de hierro. Con el historial previo, -recordemos, público defensor de la pena de muerte, amigo reconocido de un tipo como Fugimori, paladín de todas las causas que exigen intolerancia y cerrazón hacia las personas, etc.- no sabemos en qué estaban pensando los dicasterios vaticanos, especialmente, la Congregación de los Obispos, o como se llame, primero para promoverlo al episcopado, y después al cardenalato. Suponemos que su pertenencia al Opus Dei, ese lobby eclesial, poderoso tanto por su influencia ideológica  en la cúpula de la Iglesia, tan evidente como penosa, como por sus posibilidades económicas de persuasión, habrá contribuído en la fulgurante ascensión del purpurado limeño. Lo que me convence, una vez más, de que la dedocracia en los nombramientos eclesiásticos tiene mucho más que ver que la meritocracia. Además consiguen, no sé como, que personas realmente mediocres, encumbradas en las alturas de la jerarquía de la iglesia institucional, sean reconocidas después inlcluso por su excelencia académica o intelectual, cuando esas características no son otra cosa que los efluvios de una fama social tan inmerecida como hueca.

Estamos cansados de ver, por lo menos yo, pero sé que los que piensan así, aunque no lo digan , son miles, cómo ilustres eclesiásticos publican libros y ensayos con generalidades y mucha prosapia, mucha hojarasca y nada de nuevo, sin sustancia ni trigo aprovechable. No sé vosotros, mis lectores, pero yo estoy “indignado” con esa deriva de la alta  jerarquía de la Iglesia. Un periodista peruano, por todas estas y otras razones, como el presente caso, llega a firmar, y lo suscribo, que  ciertos eclesiásticos “parecen empeñados en desacreditar a la Iglesia Católica con sus palabras y acciones”. (Él se refiere en concreto al cardenal de Lima, pero yo, siguiendo el hilo de mi argumentación, lo extiendo a una categoría que, sin ser exclusiva, es decir, no se da en todos los casos, es frecuente, desgraciadamente, en la Iglesia).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara    

La “herencia recibida”

(Una “brevería”)

No paran de atormentarnos los actuales gobernantes con lo de la “herencia recibida” del anterior Gobierno. Olvidan una cosa fundamental: que si han ganado las elecciones ha sido por lo mal que lo hicieron los que les precedieron. No pueden aspirar, aunque con este tipo de personas todo es posible, la irracionalidad de aprovecharse de una situación a la que, cuando conviene, se zahiere, se condena y se demoniza. ¿Qué quieren? ¿Que además de ganar por la deficiencia de los otros, depués, ya en su gobieno, desaparezcan esas deficiencias? Los socialistas perdieron casi tres millones de votantes. Los del PP solo ganaron cerca de medio millón. Es decir, fueron los del PSOE los que, realmenbte, perdieron las eclecciones. Por lo que todos sabemos. Así que ahora no se lamenten los ganadores por la situación que dejaron los perdedores, que les pusieron el triunfo en bandeja de plata.

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La “Confirmación –botellón”

El obispo de Plasencia, Amadeo Rodríguez Magro, ha salido a la palestra, según yo he pedido reiteradamente en este blog, para denunciar la deriva inaceptable para la Iglesia, para las parroquias, para los curas y catequistas, de las primeras comuniones y las celebraciones de la Confirmación. Se ha referido a las primeras comuniones como fiestas del “despilfarro”, además de que hay aspectos en la celebración actual de ese acontecimiento eclesial-infantil que desvían por completo a los pequeños del sentido más elemental sacramental, que es, no olvidemos, la causa y la sustancia del evento.

Algunos de los principales aspectos los describe el obispo con claridad: “Si es un acontecimiento de niños, es antinatural que en él se haya instalado el capricho y el despilfarro”; y afirma también que “la fe se ve empañada, en la conciencia de los niños, por otra, bastante distinta, que les induce a poner su ilusión en otros intereses que nada tiene que ver con la verdad del sacramento que reciben”, haciendo una clara alusión a la avidez con que los niños esperan y comparan después los regalos con los de los otros niños, quitando del centro de interés el único y genuino que debería centrar la celebración de la primera eucaristía completa, comulgando como los adultos. El obispo continúa con una clara y atinada advertencia, ya que el gozo y la fiesta que “necesariamente han de sentir y vivir se adulteran por excesos increíbles de una sociedad que ha perdido el equilibrio y se ve incapacitada para situar cada cosa en su justa medida: gastos fuera de lugar, macrofiestas, regalos sin proporción, viajes a Eurodisney”.

Me sorprende muy positivamente que un obispo esté tan al día de lo que se cocina en muchas de las celebraciones, sobre todo de los adolescentes, en la Confirmación. Porque de la celebración de los comandantes de marina y las novias, el obispo pasa a la de los adolescentes con sus atuendos y peinados que yo llamaré de ”ruptura”. Se trata de epatar, de llamar la atención, de ir muy mujeres las chicas, con sus transparencias, sus escotes y sus minifaldas de vértigo,-todo eso lo he visto en una Confirmación de unas 150 personas, la mayoría jóvenes, pásmense, ¡en Priego de Córdoba!, esa maravilla de ciudad, con su barrio del Balcón del Adarve, tan bello como el de Santa Cruz, de Sevilla, pero en plan miniatura-, y muy hombrecitos, muy ”in” los muchachos, con el despliege de imaginación de sus peluqueros en sus juveniles cabezas, y su tributo a la tiranía de las marcas en su vestimenta.

De todo eso se ha dado cuenta, ¡oh sorpresa!, el obispo de la señorial ciudad cacereña. Usaré sus propias palabras: “bastantes adolescentes convierten la Confirmación en una exhibición de la última moda, con un modo de vestir que no va a tono ni con el lugar sagrado en el que están, ni con el acontecimiento que celebran“…Y añade:”hay que pensar que sus padres no pueden con ellos y ellas, pero deberían decirles, no sólo por motivos religiosos, sino también estéticos, que hay determinadas formas de vestir o de actuar que desdicen mucho del sacramento del que son protagonistas, y hasta de la edad que tienen”. Así como asegura que estas celebraciones también se han convertido en “unas fiestas-botellones en las que se hacen altos dispendios económicos”.

Me parece muy bien y es esperanzador que los obispos se den cuenta de por dónde van los tiros. El siguiente paso es que tomen medidas, no tanto impositivas y coercitivas, sino pedagógicas y pastorales, para poner en manos de curas y catequistas instrumentos que hagan posible, si no eliminar, sí controlar el abuso, la extralimitación y la extrema incoherencia en la celebración de los sacramentos de la Iglesia.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

La sanidad de los “sin papeles”, ¿en manos de las ONGs?

De las discutibles y polémicas decisiones, o ideas, o proyectos, del actual Gobierno, uno de los más descabellados es el que pretende, o por ahora solo insinúa, pero sabemos en qué acaban esas insinuaciones, el que como globo sonda ha lanzado el Ministerio de Sanidad: que las ONGs se encarguen de la atención sanitaria de los inmigrantes sin papeles, o irregulares en su situación actual en nuestro territorio. Me niego a denominar “ilegales”, a quien quiera que sea, tan solo por haber entrado o permanecido en un país diferente al suyo contraviniendo órdenes, normas o reglamentos que tienen, solamente, carácter administrativo. La persona, sin más, no puede ser declarada ilegal. La ley es algo mucho más sério que las disposiciones burocráticas y reglamentarias de la policía, del Ministerio del Interior, o de otras administraciones de los Estados soberanos.

Todo eso que he dicho antes, desde un punto de vista global y general. Pero la cosa se complica, se agrava, se envilece, se hace injusticia y acaba clamando al cielo, si esa insoportable discriminación se realiza con personas enfermas, desvalidas, la mayoría de las veces sin recursos, a las que se las obligaría a deambular buscando la atención de organizaciones de buena voluntad, compuestas por voluntarios, no necesariamente especialistas en medicina. El increíble engendro da la impresión de que es la respuesta, más que irónica, ácida y vitriólica, del Etado, sea del signo partidista que sea, a las constantes críticas y reproches que desde las ONGs de contenido social o asistencial, lanzan contra los Gobiernos de los países, también de España, por su legislación social, de los Estados, o la falta de la misma, por su poco empeño en la realización de una justicia verdaderamente distributiva, y por su precaria o nula atención en los presupuestos. Como diciendo: “os parece que lo hago mal, ¡pues hacerlo vosotros!”.

 

Se trata de una broma muy pesada. El derecho a la atención sanitaria es un derecho humano incontrastable e incuestionable. Todos sabemos que esa tarea cuesta dinero, pero los altos funcionarios del Estado, se supone que gente muy competente, deben saber, y pueden hacerlo, si tienen voluntad, no política pensando en las siguientes elecciones, sino humanitaria y de servicio, para discernir, y separar los campos y los problemas económicos de los de atendimiento a los enfermos. ¿De donde sacar el dinero? Doy una sugerencia: los artículos de lujo que se venden en las tiendas de Serrano, y equivalentes de Madrid y de todas las ciudades de España, seguro qye ya tienen asignado algún impuesto más alto, ¡por el lujo! que, evidentemente, hay que pagar. Pues bien: que en esta época de crisis carguen no con un céntimo, sino con un euro cada venta de esos artículos, o un % más elevado, en una escala de precios y artículos. Así los que consumen esos consumidores “de gama alta“, que realizan unas compras muy saludables para la economía, (pues también esos productos exigen fabricantes o artesanos, es decir, mano de obra), pagarían, evidentemente a través de los centros sanitarios del Estado, la atención a los más débiles e indefensos.

 

Ya sé que subir impuestos va en contra de los principio de una Economía liberal. Pero “necesidad aprieta”, y los más privilegiados deberían entenderlo. Aprovecho también para una aclaración: me pongo nervioso cuando, incluso desde las más altas intancias, oigo hablar de problemas del Estado, de las autonomías, y de los municipios. Cualquier aprendiz de Derecho sabe que el Estado engloba esas tres administraciones: Gobierno central, Autonomías y Municipios. Todo eso es Estado. Tan estado son los municipios de Astigarraga, o  el de Santa Coloma de Gramanet, como la diputación de Badajoz o el Gobierno de la Nación. Pero algunos, y ya sabemos por qué, tienen interés en esa burda y grosera confusión.

 

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara  

El jaleo medieval de los “cruzados”

 

Catedral de S. Oleròn

Si no sabiáis que hay un instituto secular de vida consagrada que se llama “Cruzados de Santa María” estáis igual que yo. Si tampoco sabéis que algunos que han salido, abandonado o huído de ese Insistuto y han fundado otro que se llama “Cruzada de la Inmaculada” seguimos en  las mismas. Así que os informo: en el blog (eco-blog) de la vida consagrada en español se detalla el lío que se ha montado con la erección, como instituto diocesano, del nuevo “Cruzada de la Inmaculada”, por decreto del arzobispo de Madrid, de mayo de 2011.  El caso raro y singular es que al cardenal de Madrid, buen canonista, la Santa Sede, a través de la correspondiente Congregación, le ha echado atrás ese decreto de erección. Y ha dado la razón a la queja presentada por los “verdaderos” cruzados de santa María, que se consideraron perjudicados por el decreto episcopal de erección canónica. Incluso amenaza el dicasterio vaticano con tomar las riendas del asunto si en “breve tiempo” no se resuelve satisfactoriamente el contencioso, estando dispuesto hasta a suprimir el nuevo instituto.

Hasta aquí las zarandajas legales, es este caso, canónicas, del asunto. De todo ello resaltaría dos cosas: que a D. Antonio Mª Rouco Varela, gran canonista, como he recordado más arriba, le hayan metido un gol tan por la escuadra; y que todavía la jerarquía de la Iglesia, tanto la diocesana como la vaticana,  permita nomenclaturas verdaderamente medievales para nombrar institutos de vida religiosa. Nos da lo mismo que sean “Cruzados de Santa María”, o “Cruzada de la Inmaculada”. Uno como otro título pienso que no le pueden hacer gracia a la Doncella de Nazaret. Espero que si estas líneas caen en manos de algún “cruzado” no se enfade. Pero, ¡qué ganas de militarizar la experiencia cristiana, con tanta legión, tanto legionario, tanto cruzado, tanta cruzada y tanto ejército de Cristo! Porque suponemos que estamos hablando de la Virgen del Magníficat, la que proclamó que “Dios derriba a los poderosos de sus tronos y enaltece a los humildes”.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara  

Miedo a la Teología

 

Otra vez el teólogo Juan José Tamayo es vetado por un obispo, esta vez el de Oviedo. ¿Qué culpa tienen los ovetenses, cultos y avanzados, cada vez más agnósticos como respuesta a actitudes oscuras de sus pastores, del pavor de su obispo a la Teología de vanguardia? Me da vergüenza ajena tener que recordar a los obispos que una cosa es el dogma y otra la Teología. El título de una de las obras del autor ahora censurado es “Otra Teología es posible”, y no “Otro dogma es posible”, porque, en lo que me consta, a casi ninguno de los más de doscientos teólogos censurados desde la búsqueda y el consiguiente aquelarre de brujos teológicos perpetrados desde la Congregación para la Doctrina de la Fe, o desde ella impulsados, se les podía imputar desvíos dogmáticos. Pero esa confusión entre el depósito de la fe y su racional explicación metodológica desde la ciencia teológica ya estuvo a punto de llevar hasta la condenación por hereje al príncipe de la disquisición teológica, Tomás de Aquino, salvado en el último momento por un renqueante Alberto Magno, que murió por el esfuerzo del viaje desde París a Ginebra.

 

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Magnífica actitud de los obispos franceses

La revista francesa La Vie ha realizado una encuesta a raíz de la elección de Hollande en la que podemos apreciar datos como los siguientes: casi el 80% de los católicos franceses practicantes, exactamente el 79%, ha votado a Sarkozy, mientras que el 93% delos musulmnes lo ha hecho por Hollande. Entre los católicos que van a misapòr lo menos una vez al mes, el 21% se ha inclinado por el nuevo presidente socialista, quien, en el colectivo de ateos y agnósticos, ha conseguido el 70% de los votos.

 

Bernard Podvin, portavoz de la Conferencia Episcopal Francesa, afirmó textualmente: “Espero y confío que el presidente de la República hará realmente un trabajo de cohesión nacional”. Y preguntado sobre temas tan sensibles para la Iglesia como el matrimonio homosexual o la eutanasia, el obispo recordó que es de sobra sabida la doctrina de la iglesia sobre esos temas, de los que esperaban poder hablar con el nuevo presidente,  y discutirlos en profundidad. Magnífica actitud la de los obispos galos. Desde este blog no he abogado nunca porque la Iglesia se inhiba de su misión profética, sino que mi opinión es que debe ejercerla no desde el poder y la imposición, sino desde la humilde firmeza del profeta, que puede ser, por eso mismo, perseguido. Y, lo que es muy importante, respetando siempre la legítima autonomía de los poderes y mecanismos legislativos civiles, y aceptando que el Magisterio de la Iglesia es válido, y, en temas morales, según cómo, tan solo para los miembros de la Iglesia. Pero que no se puede imponer a otros ciudadanos ni a los gobernantes. Sí al diálogo, no a la imposición ni a las exhibiciones de autoridad y de dogmnatismo.

 

Chapeau para los obispos franceses.

 

Jesús Mº Urío Ruiz de Vergara               

 

“Dios es mayor que nuestra conciencia”

“Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo”. (1ª Ju, 18-19)

 

Este texto, en sintonía con otros del NT, también de Pablo, a mí me hace sospechar que algo, o mucho, se ha exagerado en la deriva, nunca mejor empleada esta palabra, del mensaje de Jesús hacia terrenos morales o éticos. Yo ya he asegurado en este blog que la ética es una disciplina humana y humanista, que no es monopolio de ninguna religión, ni siquiera de las que llamamos, y son  “reveladas”. Y que cuando en el fin de la Edad Media e inicio de la Moderna, allá por los luminosos, pero también conturbados tiempos del Renacimiento, y depués con la Ilustración, muchos señalaban cómo la Iglesia debería ir abandonando su pretendida autoridad en campos de la ciencia que no le correspondían, (como la astronomía, la medicina, la física, etc.), tendrían que haber reclamado también la retirada, como exclusiva autoridad, del campo de la Moral.

 

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El lío de las primeras comuniones

He titulado lío, pero podía haberlas tildado de caos. Y todavía peor, bochorno, vergüenza, impotencia para los curas, y otros calificativos nada halagüeños. Todos los años sucede lo mismo, la celebración eucarística se convierte en un circo, con unos doscientos fotógrafos compitiendo por el mejor ángulo, gente entrando y saliendo, charlando, las señoras luciendo palmito y transparencias, los niños absolutamente despistados y transpuestos. En mi parroquia, con mucho esfuerzo y malos ratos, hemos conseguido que la cosa no vaya a mayores, se mantiene un cierto respeto, pero es indignante que haya que dedicar un ciencuenta por ciento del esfuerzo para que la celebración no degenere.

 

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La “Utopía” de Redes Cristianas”

 

Logotipo de Redes Crstianas

Este movimiento cristiano acaba de publicar un manifiesto o proclama en que convoca a todos los creyentes interesados a una gran Asamblea con motivo de los 50 años del Concilio Vaticano II. No es por casualidad que la denomine Asamblea, porque, arguye, el propio Concilio que quiso “agiornar” a la Iglesia y abrir las ventanas para que saliera el aire rancio y entrara el fresco, con todo lo magnífico que fue para el Pueblo de Dios, se hizo, como ciertas políticas de la Ilustración, “para el pueblo, pero sin el pueblo”. Es la primera vez, en lo que yo sé, que se reclama de laguna manera la deficiencia de representación eclesial, al serla ejercida, tan solo, por los obispos. Desde luego es doctrina inmemorial y constante que los concilios ecuménicos son los realizados por los sucesores de los apóstoles, que, en la actualidad, son los obispos.

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