Los obispos se interesan por los misioneros

He leído en Religión digital, RD, la siguiente noticia: “Los obispos reclaman al Gobierno que reconozca el papel de los misioneros como voluntarios en labores humanitarias”, reclamación que es lógica, merecidísima, y coherente. Esta medida, y no desabrida, reclamación se ha dado en la reunión de la Comisión Mixta Ministerio Justicia-CEE que se ha celebrado hoy en Madrid, presidida conjuntamente por el ministro de Justicia, Rafael Catalá, por parte del Estado, y José María Gil Tamayo, portavoz de la CEE (Conferencia Episcopal Española), por parte de la Iglesia. Está muy bien que los obispos se preocupen realmente por la realidad del voluntariado español para las misiones cristianas, y no solo de boquilla, y de una catarata de bellísimas palabras. Pero los políticos solo se interesan realmente por una situación, problema 0 no, cuando asignan para ello un presupuesto. Recuerdo la envidia, ¡sana”, eso sí, con la que los miles de voluntarios  misioneros en Brasil nos enterábamos de la impresionante cobertura económica que el gobierno holandés propiciaba a sus misioneros, convencido de que no podría pagar de ninguna manera el inmenso beneficio que esos abnegados/as holandeses prestaban al conocimiento y aprecio internacionales hacia su país.

En el caso español la cifra es mareante: 13.000 misioneros y misioneras como voluntarios realizan labores humanitarias, además de las religiosas. Sería muy bueno, y justo, que el gobierno español considerase la labor de los misioneros, clérigos, religiosos/as, y también seglares, como una acción de publicidad y propaganda de España en el extranjero. Y cualquiera que conozca el trabajo de estos pioneros, y la aceptación de los naturales del país podrá atestiguar que los misioneros españoles hacen muchísimo, y desinteresadamente, por el nombre y la buena fama, y hasta la gloria de España, y que no estaría de más un reconocimiento efectivo. Muchos países europeos tienen esa buena tradición, incluso naciones que son consideradas bastante laicas, y un poco alejadas de los asuntos e intereses religiosos.

(Continuará)

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El cardenal Burke, entre otras cosas nada halagüeñas, no muestra mucha finura.

El cardenal norteamericano Raymond Leo Burke es un especialista en provocar la legendaria paciencia de Francisco, y a fe que ambos están cumpliendo con su fama de manera notable. Burke no para con sus provocaciones, y el Papa no explota sino con pequeños episodios casi folklóricos, como al enviar al cardenal rebelde a resolver una cuestión canónica matrimonial a una isla perdida, del Pacífico, Guam, y tenerlo ocupado en eso unos meses. Su misión, investigar a los testigos de la denuncia que pesa sobre el arzobispo Anthony S. Apuron, de 71 años, y al que tres antiguos monaguillos acusan de abusos sexuales cuando eran pequeños acólitos.

Éste sería el segundo destierro de Burke, porque ya fue defenestrado del alto puesto de prefecto de la Signatura Apostólica, algo así como presidente del tribunal Supremo de la Iglesia, para ser nombrado patrono de la Orden de Malta, en cuyo puesto organizó también algún desorden, que provocó la intervención del Papa, y la destitución del purpurado de ese cargo, que, aunque simbólico, le ofrecía un campo de cierta autonomía, sobre todo para conspirar y enredar, aprovechando cargos subalternos, a los que empujó a una casi rebelión contra la autoridad papal,  inherente a esa orden medieval y, en los días de hoy, perfectamente dispensable. Y esta última solución es la que muchos se temieron que encontrara el Papa, asqueado con intrigas de medio pelo, sin ninguna grandeza, ni siquiera en la posible mala idea que podían animar a sus promotores,.

Pero los cardenales no son como el común de los mortales, que generalmente somos unos pobres diablos, y no solemos tener dos duros, o, unos pocos más, que nos permitan viajar con frecuencia. No así los cardenales, que tienen o bula, o suficiente dinero para viajar por los cielos del mundo con sorprendente facilidad. La isla de Guam está a unos 12.000 Km. de Roma, pero el cardenal Raymond Leo se las ha arreglado para viajar a Fátima, desde Roma, con un grupo de fieles amigos e incondicionales, coincidiendo con el viaje del Papa. Al que ha hecho varios feos. El último fue el pasado día 13 de mayo en Fátima, donde estuvo el purpurado, pero no participó en la magna concelebración  que presidió Francisco en la misa de la canonización de los dos pastorcillos, según cuenta  Antonio Marujo, en “Expreso”. Simplemente acudió a la celebración mezclado entre ese grupo de norteamericanos con los que había viajado, mientras el Papa concelebraba con 8 cardenales, 71 obispos, y más de 2.000 presbíteros. (A mí me parece excesiva esa magnificencia, pero ahora no estamos tratando de eso, sino de los pocos feos que Burke ahorra al buen Francisco).

Pero no acabaron ahí los malos modos del famoso y belicoso cardenal. El domingo día 14, en cambio, cuando el Papa ya había viajado de vuelta a Roma, el purpurado americano se presentó, esta vez, sí,  en el altar del santuario, para participar en la concelebración eucarística, presidida por el obispo de Leiria-Fátima, Antonio Marto. Y otra vez el zafio (prefiero llamarlo así, antes que mal intencionado) prelado de la Curia Vaticana, cardenal Burke, recordando usos y costumbres anteriores al Vaticano II, casi medievales, se puso a rezar el rosario mientras el obispo de Leiría desarrollaba la homilía, en una grave e imperdonable falta de respeto, rayando en grosería, contra la Palabra de Dios, proclamada en la homilía, y el propio señor obispo de Fátima. Tanto es así, y no exagero, que hasta un “colega” clérigo, el obispo de Braganza, monseñor Cordeiro, presidente de la Comisión Episcopal de Liturgia de Portugal, ante el disgusto de numerosos obispos y presbíteros presentes en esa misa de acción de gracias, tuvo la valentía, poco frecuente en medios clericales, de formular una crítica pública ante la actitud del cardenal americano, que, dice, “atenta contra el criterio de la participación activa, consciente y fructuosa en la Eucaristía“,  según recomienda la Sacrossactum Concilium del Vaticano II, que es la vigente constitución de la Iglesia sobre liturgia. Algo que, por lo visto y comprobado ya demasiadas veces, parece importar muy poco al cardenal Burke.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

 

 

De ciertos presentadores de televisión

Hace tiempo que he observado una especie de bajón en la pericia profesional de los presentadores de TV. Y fiel a mi gusto por el método escolástico, ordenado y claro, resumiré en unos pocos puntos, incluso con algunos ejemplos, mi opinión, y procuraré dejar bien claro lo que quiero decir:

  • Aspecto literario, a), (lectura): no sabemos qué es peor en muchos casos, si la lectura, o la repentización en la dicción de los textos. Los gazapos, equivocaciones, meteduras de pata, palabras cambiadas, unas por otras, no digamos la lectura de números, (varias veces he comprobado que muchos presentadores no capan bien, a primera vista, el número de ceros (así que quedé flipado una vez ante los 150.000 euros irrisorios, en el contexto de la noticia, que eran más racional y lógicamente, 150.000.000, es decir, ciento cincuenta millones, que soltó una presentadora). Recuerdo que en mi época juvenil, cuando la television comenzaba en España, esos gazapos, tanto de números como de letras, eran casi inimaginables, y, cuando sucedían, comprobábamos que el protagonista del mismo podía estar desde dos o tres semanas, a un mes, sin volver a aparecer. Suponemos que ensayando lectura fluida e inteligible. Así que me atrevo a solicitar, humildemente, a los responsables de los medios televisivos y radiofónicos, en los que también, desgraciadamente frecuentan los errores de lectura, que tengan muy en cuenta ese extremo en la elección de sus profesionales.
  • Aspecto literario, b), (textos improvisados, sin lectura). Aquí la debacle es más grave. Se suele oír que los profesionales de la comunicación hablan como las gente de su tiempo, pero esta explicación me parece, además de ingenua, muy inexacta. Podría haber sucedido en tiempos en que .a comunicación social no era masiva, pero desde que se fueron imponiendo la radio y la televisión, es, en mi opinión, exactamente, al revés. Son los medios los que escuchados y vistos todos los días por millones de radio-oyentes y tele-espectadores, éstos acaban repitiendo los errores, a veces graves, de los ¿profesionales? de la información. (Las interrogaciones no son solo de adorno, reflejan una sospecha, cada vez más fuerte y con visos de crecimiento, de que las escuelas de periodismo no dejan mucho que desear. Así, en  una transmisión televisada conté unas diez veces “en ese área”, o “en este área” , o “en el pequeño área”, por en esa área, o en esta área, o en la pequeña área. O la afincada expresión de ese futbolista x es “más mayor” que fulano. Por, simplemente, “es mayor”, pues esta palabra ya lleva implícito el “más”. Y no digamos los “la dijo”, (por le dijo), o “la dio” (por le dio), etc. (O gazapos clásicos, repetidos a menudo, como  “corpore in sepulcro“, por “corpore insepulto“, etc., etc. O confundir el concepto “homilía”, con el de celebración sacramental, o misa, y expresarse siempre, algunos ¿profesionales? (¡malos!) así.
  • Aspecto ideológico. Este apartado es, a la vez, más difícil de calibrar, de juzgar y de admitir. Pero es especialmente bochornoso cuando es evidente, inequívoco, y ostensivo. Y cuando ante el asunto en cuestión sabemos, de antemano, la opinión de cada uno de los comunicadores, según su inclinación política, o, todavía peor, de su asignación y participación partidista. El caso de los últimos años de TVE ha sido, según los propios profesionales de Televisión española, especialmente ingrato y abusivo. Comenzó con el cambio legislativo, casi en los días siguientes al cambio de Gobierno, en las elecciones de 2011, rebajando de las quintas partes de la Cámara e diputados a las imple mayoría la necesidad de los votos para nombrar la dirección del ente televisivo público. Y, en esto del aspecto ideológico, en los medios públicos se trata de un tema sensible, delicado, y de enorme transcendencia para la limpieza, objetividad y credibilidad de la información.
  • Documentación, y otros apartados concretos, como sensibilidad  humanista y social, para captar la conveniencia, o lo contrario, de ciertas actuaciones o informaciones. Digo esto porque lo que me ha motivado a escribir este artículo han sido dos noticias que he captado en el apartado “noticias” de Internet:
    • 1ª) El presentador Sergio Martín, en el programa “Los desayunos de TVE”, hizo ayer, día 23, la siguiente pregunta, a la diputada y coordinadora de la campaña de Pedro Sánchez, Adriana Lastra: “Conocíamos a primeras horas la baja del partido de Corcuera. Hace un instante he leído la de Rodríguez Ibarra. Le preocupa…” La cara de sorpresa de  Lastra fue un poema, y  le interrumpió con una evidente preocupación: “¿Rodríguez Ibarra se ha dado de baja?” La diputada quedó evidentemente descolocada, y no era para menos, pues la pregunta estaba basada en un bulo, de “12 minutos”, una web que se dedica a eso a crear bulos. Adriana, como es lógico, reconoció  su más firme incredulidad: “No, no. Yo eso no me lo creo”. Pero el presentador, que no hubiera insistido antes de consultar bien los datos, seguro, si el bulo que él creía una noticia se hubiera referido a un personaje relevante del PP, insistió: “En cualquier caso: le preocupa que se sigan produciendo esas bajas en el partido, que haya una ruptura o una división dentro del PSOE?” He aquí un traspiés dado por un presentador al mezclar poco rigor en las fuentes con  ideología política. Algo demasiado frecuente en nuestros medios.
    • 2ª) EL presentador Antonio Giménez, de 13TV, televisión de la Conferencia Episcopal Española, como primera y mayoritaria accionista, al ser interrumpido por un ayudante con la noticia del ataque terrorista en Manchester no se le ocurrió otra cosa que preguntar: ¿Qué estadio, del Manchester United, o el City? , sin interesarse lo más mínimo por el estilo del ataque, ni el número o características de las víctimas. Tanto que el director del diario “La razón”, muy poca apreciado en general  en las redes sociales, le dijera, “Hay algo más allá del fútbol”, a lo que el presentador respondió: “El fútbol es lo más importante y el Madrid, mucho más”. Después, ante el revuelo en las rede sociales, aseguró que era una broma que se tiró con un compañero tertuliano. (Pues eso. ¡Menos mal!)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

  

Carta abierta al Señor director del diario “EL País”

Señor director:

Soy Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara, sacerdote católico, párroco de la parroquia Nª Sª de la Piedad, y abonado a su periódico. No sabe las discusiones, y, a veces, hasta los reproches, que mis colegas clérigos me han propinado por ser asiduo lector de un diario “tan sesgado a la izquierda, y tan anticlerical“. Estoy seguro de que no piensan ahora del mismo modo. Fui de los primeros que me aboné a su publicación, cuando “EL País” me parecía un periódico equilibrado, bien informado, magníficamente editado y escrito, sereno, respetuoso con otras opciones políticas, religiosas y culturales diferentes. Pero todo eso se quebró, y he sido testigo, apenado, y demasiadas veces avergonzado, de la deriva editorial de nuestro querido “El País”. El modo en que trató durante los tormentosos días del final de Septiembre al señor Secretario General del PSOE, D. Pedro Sánchez Castejón, y, después, tan poco neutral, casi zalamero y permisivo , con la Gestora de ese partido, que pasó por mi cabeza la idea de darme de baja del abono de su diario.

No sé cuales son los verdaderos problemas de su diario, señor Director, aunque muchos nos los imaginamos. Pero la identificación de sus objetivos, con los del Ibex 35, algo cada vez más claro en sus posicionamientos políticos, y la pleitesía que “El País” viene ofreciendo sin disimulo al ex presidente Felipe González, como gran gurú socialista, demuestra que tanto su publicación, como el expresidente socialista se han quedado anclados en los años noventa, Y no, señor presidente de “El País”. Las cosas han cambiado, y mucho. El señor González parece que no se ha enterado, o no le ha parecido un cambio sustancial, la desaparición del bipartidismo, y el surgimiento de dos nuevos partidos, que, entre ambos, se han apoderado de cien (100) escaños, que hasta ahora se los repartían  PSOE y PP. Se ha cansado de repetir su periódico que los resultados de Pedro Sánchez han sido los peores de la historia del partido socialista. Veamos cómo no ha sido así:

  • En las elecciones generales de 2008, el PSOE, con el Señor José Luis Rodríguez Zapatero de candidato consiguió 11.064.524 de votos, es decir, poco más de once millones de votos, y 169 escaños. El PP, con el señor Mariano Rajoy de candidato, llegó hasta los 10.169.937 votos, es decir, un poco más de diez millones, y 154 escaños. La suma entre los dos protagonistas del bipartidismo, en esas elecciones fue de 323 escaños, y dejaron apenas 27 a repartir entre todas las restantes fuerzas políticas.
  • Veamos ahora las elecciones de 2011: El candidato del PP era, otra vez, Mariano Rajoy, que consiguió 10,866.566, es decir, repitió los 10 millones, pero el pico fue mayor: de 169.937 pasó a 866.566, es decir, sumó pocos menos de 700.000 votos, pero el número de escaños, aumentó significativamente, hasta 186, es decir, 32 representaciones más. El PSOE, con el señor  Alfredo Pérez Rubalcaba de candidato, consiguió 7.003.511 votos, es decir, poco más de !cuatro! (4) millones menos, y pasó de 169 escaños a 110, es decir, 59 menos, de los que sobraron 27 para repartirse entre los otros partidos, pues el PP se habría llevado los otros 5 más que perdió el PSOE.
  • Y ahora veamos las elecciones generales de 2015, estas ya con dos nuevas formaciones a repartir el pastel de los votos y escaños: el PP alcanzó 7.215.530 votos, que le proporcionaron 123, habiendo perdido, desde la elecciones de 2011, 3.651.o36millones de votos, y 63 escaños, una verdadera burrada. El PSOE bajó a 5.570.693, que significaron 90 escaños. Perdió, pues ,1.432.818, poco menos de millón y medio, y 20 escaños. Se notó ampliamente el nuevo reparto, y aun así la sangría principal la sufrió el PP. perdiendo más de tres millones y medio de votos, y la friolera de 63 escaños.

Hablar de pérdida, y de los peores resultados de toda la época democrática para el PSOE, sin tener en cuenta, ni mencionar, las nuevas circunstancias es, simplemente, engañar, y además de manera torpe, a los lectores.  La verdadera debacle en las elecciones de 2015 la sufrió el Partido Popular, todavía mayor si contemplamos que venía de un período de mayoría absoluta, en el Gobierno central, y amplias mayorías en Comunidades autónomas y municipios. El verdadero desastre para el PSOE fue el de 2011, con Rubalcaba de candidato, al perder más de cuatro millones de votos, y ¡la friolera! de 59 escaños. Y la pregunta, señor director, es, ¿por qué no mencionaron nada, hasta comparativamente, el estacazo del señor Rubalcaba, e insistieron tanto, hasta llegar al reproche, ¡casi odio”, personal, al señor Sánchez? No es de recibo que un periódico que ha ostentado tanto tiempo una verdadera dignidad, y una incuestionable honestidad, se despache con las editoriales que lanzó en la época del “no es no”, la de mitad de la semana pasada, y la de ayer lunes, mezclando churas con merinas, y la velocidad con el tocino. Le haría un gran bien a la credibilidad de su diario, tan querido y respetado por mí hasta hace poco, unas líneas claras y sinceras de reconsideración, pidiendo disculpas por un estilo que nunca debería haber usado “El País”

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

¿Por qué no reaccionan los obispos fieles a Francisco a los vituperios de Rouco Varela?

Insisto, si es verdad la información de Religión digital, (RD), no entiendo, ni mis feligreses que han comentado la noticia, cómo la Conferencia Episcopal Española (CEE), no hace pública una nota de rechazo a la intervención del arzobispo emérito madrileño, nace unos días, en Murcia. Si, nota pública, tan pública como la incatalogable intervención del cardenal gallego. NOs está dando la impresión a muchos de que los poco adictos al Concilio Vaticano II, que son, exactamente, los poco adictos al papa Francisco, se están creciendo, y nos están arrinconando a los que creemos, y queremos, una Iglesia evangélica, de seguidores de Jesús libres de trabas ideológicas, y de moralismos paralizantes.

Acaba de producirse un acontecimiento que resulta, por lo menos, inquietante. Como han titulado algunos medios italianos, el papa emérito, Benedicto XVI, ha “renunciado a la renuncia”, ha bajado del monte, y se ha mostrado más que connivente con uno de los cardenales más opuestos al Papa, el cardenal  Sarah, al que Benedicto ha prologado el libro  “La fuerza del silencio”. Lo más grave no ha sido el prólogo, sino que lo haya escrito, que haya aceptado la invitación de uno de los purpurados más reacios a la línea del pontífice romano, y a las reformas que éste preconiza. Y, encima, que el citado prólogo haya exaltado al prefecto de la congregación de la Sagrada Liturgia, que tantos y tan desagradables quebraderos de cabeza está provocando al Papa, y al que dediqué un artículo en este blog, no demasiado positivo. (Ver “Los cardenales Burke y Robert Sarah, ¿merecen ocupar los altos puestos que ostentan? O, mejor, ¿están preparados para esa tarea?”, 06/04/12017).

Sería triste, y complicado, y peligroso, que la intervención del cardenal Rouco tuviera cualquier tipo de relación con la “bajad del monte” del papa Benedicto.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Escándalo en Murcia: el cardenal Rouco-Varela desacredita al papa Francisco ante seminaristas de la diócesis y del Redepmtoris Mater.

Es la noticia triste, vergonzosa, que trae hoy Religión Digital (RD) en primera página. Y a la vista de las informaciones y detalles esgrimidos en el artículo que firma el director de la revista digital, José Manuel Vidal, la información tiene todos los visos de verdad. Para mí que don Antonio María, como o lo he llamado siempre cariñosamente, está perdiendo los papeles, `pero no en la mesa del despacho, y en sus lecturas y conferencias, sino lo que es más importante, en sus neuronas. Que un cardenal, cuyo principal cometido es ayudar y servir al papa reinante hasta el derramamiento de sangre, si fuera preciso, se ponga a rajar sin misericordia y a comparar un  papa con los anteriores,  solo puede indicar que el señor Rouco está perdiendo, gravemente, sus facultades mentales. Además nos obliga, al salir en defensa del papa actual, a precisar  detalles y aspectos del papa supervalorado, Juan Pablo II, que pongan a éste en un peldaño , o muchos, más bajos. Las comparaciones son odiosas, sobre todo para el que las pierde, y, en este caso, el que pierde por goleada, en mi opinión, y en la de muchos en la Iglesia, es el papa polaco. Es decir, Rouco ha ido a mover unas guas turbias, comprometedoras y, tal vez, pestilentes.

También son ganas las de comparar a Francisco con Juan Pablo II, y no es solo el cardenal Rouco quien lo hace, sino muchos más que tienen al papa polaco como un campeón de la evangelización. En una evidente  y clara exageración del cardenal gallego, llega a afirmar que el papa Karol Wojtyła, (Karol Józef) evangelizó más que los doce apóstoles juntos. Afirmación que es, otra vez, para dudar del equilibrio mental del ex arzobispo madrileño. y que nos obliga a recordar el tipo de evangelización, de Juan Pablo, y de sus evidentes, tristes, y, talvez, tremendas lagunas. Pero es preciso recordar que ha sido el arzobispo emérito de Madrid el que, con su imprudente irresponsabilidad, ha propiciado esta nada edificante comparación. Yo estoy cansado y enfadado con la manía de usar las virtudes, inteligencia y profundidad teológica de Juan Pablo para dejar mal parado al papa  argentino en la comparación. Así que me ocuparé en resolver esta, para mí, incomprensible injusticia.

  • Lo que se busca en un cristiano no es inteligencia, sino seguimiento de Jesús. Francisco no tiene culpa de que casi todos de sus antecesores hayan vivido de manera incompatible con la de Jesús. ¿Hubiera vivido éste en un palacio, aunque fuese “el Palacio apostólico“? Una burda manera de disfrazar lo que, evidentemente, es una bofetada a las enseñanzas básicas del Señor en el Evangelio. ¿Puede, en sana conciencia, y en justa lógica, acompañar el adjetivo “apostólico” al sustantivo “palacio”? El hecho de que nos hayan acostumbrado  durante siglos a esa contradicción no disculpa la dejadez de criterio evangélico antes esa escandalosa aceptación.
  • El pastor tiene que oler a oveja, Veamos el sentido pastoral de Juan Pablo II, y recordemos momentos estelares del ejercicio de esa pastoral: 1º) el saludo amigable y connivente con el dictador cruel y sanguinario Pinochet, que había fustigado, perseguido, y asesinado a ministros de la evangelización y de la pastoral chilena: 2º), la humillación pública a una persona de fe  y de sensibilidad religiosa indudables como el padre Ernesto Cardenal, cuyo delito, nunca probado, es que fuera de ideología comunista, (¿habrá que recordar al cardenal Rouco Varela, y en su momento, al papa “más evangelizador que los doce apóstoles” que el papa Pío XI condenó con la misma intensidad al Comunismo que al capitalismo?); 3º) y respecto a la preocupación por la educación, ¿ha olvidado el arzobispo emérito de Madrid la fascinación que el “¡¡ gran educador”!! ¿¿¿???), y corruptor pederasta e incestuoso, fundador de “los legionarios de Cristo Rey” (¿cómo una congregación del Vaticano puede permitir ese nombre tan edificante?), Marcial Maciel, hasta presentarlo como un gran educador de la juventud mundial?; 4º) También ha olvidado el cardenal cómo el gran Papa evangelizador hizo salir a monseñor Romero del despacho papal llorando, humillado, y hundido, ante la terrible injusticia de apreciación papal de que a uno de sus sacerdotes colaboradores lo habían torturado y asesinado por su mentalidad izquierdista, sin una palabra de consuelo ni ninguna palabra o gesto de denuncia por el maltrato a los pregoneros del Evangelio?

Y no me vengan con la profundidad teológica de Wojtyla. Se encomia demasiadas veces en la Iglesia la repetición de ideas, enseñanzas y lugares comunes, con teorías llenas de hipótesis que tal vez fueron dignas de estudio cuando la novedad las hacía interesantes, secundadas con un profundo desprecio por la inteligencia y la fuerza, también teórica e intelectual, de una praxis vigorosa, valiente y decidida. Es muy probable que cualquier fiel católico aprenda más con la praxis directa, llana, evangélica y cristológica del papa argentino que con elucubraciones misteriosas, siempre en el trapecio de lo inseguro por indemostrable, de las elucubraciones inextricables y pesadísimas de las Teologías de culto, como las de Josef Ratzinger, cuyos destellos y promesas de gran teólogo se perdieron en los pasillo y alfombradas estancias vaticanas.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

¿Hasta cuándo va a esperar la CEE (Conferencia episcopal Española?

Me lo pregunto, y muchos de mis parroquianos también se lo preguntan. El Congreso de los diputados reprobó ayer, por primera vez en la etapa democrática, a un ministro del ejecutivo, al de justicia, Rafael Catalá, solicitó el cese, o la dimisión,  del fiscal general del Estado, y del fiscal anticorrupción. Estas actuaciones de la Cámara Baja son absoluta novedad. y ante el clamor popular, y la alarma social de la ciudadanía ante el tema de la corrupción del partido en el Gobierno, y del tremendo escándalo del mismo partido en la comunidad de Madrid, los católicos pensábamos que nuestros obispos, los pastores de un rebaño perplejo y sumido en la desconfianza, dirían algo, denunciarían los desmanes, iluminarán de alguna manera a los fieles en días tan oscuros y tenebrosos. ¡Pero nada!, silencio.

Yo he pensado, a veces, que esta actitud de “no injerencia”, por llamarla de un modo educado y neutro, se debería al profundo respeto que a nuestros prelados les produce la separación de Iglesia y Estado y la libertad religiosa. Pero tengo serias dificultades en mantener esta opinion, porque, sin mucho esfuerzo, recuerdo que nuestros obispos han denunciado, ¡y cómo!, hasta salir a la calle cuando nuestros políticos, simplemente, habían hecho uso del poder que el pueblo español, a quien representan, y cuyo poder ostentan, legislando sobre asuntos de interés general, como el divorcio, después, la despenalización del aborto, más tarde del matrimonio homosexual, de la implantación de la asignatura de la Educación para la Ciudadanía, y un largo etcétera, leyes que provocaron la insólita imagen de los obispos en la calle, a los que tan  solo les faltaba las mitras, símbolo de un pretérito poder. Así que ese no puede ser el motivo del  clamoroso silencio episcopal.

Entonces he buscado otro motivo para la actitud respetuosa con al Gobierno, en un momento en que lo que produce en la ciudadanía es ya, más que alarma, estupor, desazón, miedo, y, por otro lado, y en otra vertiente, vergüenza, escándalo, hasta llegar a la indignación. Así que he recurrido a una teoría que, repetida y mantenida con inusitado fervor por muchos fieles, yo no acababa de creer: que los obispos de la CEE, nuestros en otras ocasiones tan aguerridos y osados manifestantes en ciertos asuntos más morales que políticos y sociales, son muy afines del partido en el gobierno, el PP, y callan cuando es éste el que se desmanda.

Porque ya no es solo el escándalo de la corrupción, palabra que es una tapadera de otra que resultaría más comprometedora y obscena, ¡latrocinio!, sino algo que, para mí, resulta más grave, peligroso y escandaloso: lo que algunos llaman la “patrimonización” de las riquezas y los resortes del poder del país por parte de políticos sin conciencia, o con una mente propensa a actuar como lo que Maquiavelo atribuye al Estado, esa tendencia a expandirse, sin conocer límites ni fronteras, pero que corresponde solo al Estado, y no a sus funcionarios, (y de propósito he soslayado la palabra “servidores”, porque en este contexto  resultaría sarcástico).

Se revuelve la adrenalina de uno, y de tantos ciudadanos, cuando oye los malos modos, casi la chulería, podemos, decir, con la que ministros, y fiscales, jefes, y hasta subsecretarios, esos servidores del Estado, que deberían sentirse servidores públicos de toda la ciudanía, responden más que con desgana, con mal humor, como perturbados en su limbo y su mundo feliz por súbditos molestos, incómodos y hasta crecidos. Olvidan que son éstos los que hacen posible sus prebendas, y los que, a la postre, pagan su buen nivel de vida. Baste para que se entienda lo que quiero decir sobre la patrimonización de la “cosa pública” la infumable, impresentable y mal educada respuesta que elo presidente del gobierno Mariano Rajoy, ese señor imperturbable, pero claramente nervioso por la corona de episodios, digámoslo de manera dulce, como mínimo sospechosos y molestos, que su partido está ofreciendo, al señor Albert Rivera: “Dejen ya de venir a dar la lata con temas del pasado, y piensen en proponer algo positivo para el futuro

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Libertad religiosa: no es oro todo lo que reluce.

(Constitución española) Título I. De los derechos y deberes fundamentales       Capítulo segundo. Derechos y libertades

Sección 1.ª De los derechos fundamentales y de las libertades públicas

 Artículo 16
  1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.
  2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.
  3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.

En Valencia, con motivo del centenario de la promulgación del Código de Derecho Canónico Pío-Benedictino en honor a los papas Pío X y Benedicto XV, en 1917, se han llevado a cabo una Conversaciones Canónicas. El evento lo ha abierto el cardenal Rouco Varela, con una ponencia sobre la “Libertad religiosa”, en la que ha insistido en el “derecho de los padres a educar a sus hijos según su conciencia religiosa y moral“. Algo que no siempre la Jerarquía de la Iglesia ha permitido, y ni siquiera enseñado. Más bien ha intentado imponer su Magisterio moral, algo imposible de conseguir, ni siquiera para los propios católicos, que en lo moral y ético sólo están sometidos, realmente, a su propia conciencia.  En su charla, Don Antonio María, además de recordar ese derecho de los padres, ha insistido en puntualizar ideas y principios que no aclaran nada la realidad ni teológica, ni canónica, ni vital de la Iglesia, ni la retratada en el código del 17, ni en el de 1983. Me gustaría hacer unos comentarios respetuosos, pero libres y claros, y varias precisiones.

1º) La libertad religiosa, como toda libertad, compete a las personas, no  las instituciones. Son los ciudadanos los que disfrutan del derecho de no sufrir cortapisas en el desarrollo de su religión, sin al nivel de la conciencia, ni del desarrollo público y visible de la práctica religiosa, como libertad en el culto, y en las manifestaciones externas de religiosidad, con la única limitación “que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley”. Esta limitación referente al orden público nos recuerda que se trata de un derecho ciudadano, tanto en su manifestación religiosa, como en otras: culturales, artísticas, folklóricas, de protesta social, de manifestación,  etc. Conviene no tomar lo referente a la Religión com algo excepcional o de privilegio. A veces los no católicos tienen motivos para exponer ese reproche.

2º) Como consecuencia del principio anterior, sobre la titularidad de la libertad religiosa, llama la atención, o debería hacerlo, no solo a los ciudadanos neutros, sino también a los católicos, la mención explícita, en el nº 3 del artículo 16, a la Iglesia católica, y a las demás religiones. A mí me gustaría más, y resultaría mucho más exacto, redactar más o menos así: “El Estado colaborará con todos sus ciudadanos para que puedan hacer uso de esa libertad que esta Constitución expresa”. Claro que esta disposición resultaría tal vez gravosa a las arcas del Estado, porque tal vez lo obligase a colaborar más, por ejemplo, en la construcción de templos para el ejercicio del culto de las diferentes religiones. Y esto se debería a una redacción no tan laica y neutra como la propia idea de libertad religiosa  parece indicar.

3º) Código de 1917. Hace Rouco varias afirmaciones que son, por lo menos, discutibles:

a)Detrás del Código Pío-Benedictino hay una idea de la Iglesia viva y vigente, que quiere ser independiente del Estado pero que desea colaborar con él; que no está alejada del debate de las ideas sino que, al contrario, quiere ofrecer una doctrina social concreta”. No sé de donde saca el arzobispo emérito de Madrid esas ideas tan atrayentes: el antiguo código defendía la famosa, pretenciosa e infumable idea de que la Iglesia “es una sociedad perfecta”, y que colabora con el Estado si quiere, porque es tan independiente y autónomo como él. Es la negación radical y flagrante de la “separación de Iglesia y Estado”, porque implica una subordinación de éste a aquella. Por eso, en los países católicos, y poco democráticos del sur, en España, concretamente, fue el cambio drástico de enseñanza sobre este extremo, el que soliviantó a los próceres católicos, ¡que de cristianos, muy poco!, y el motivo de la inquina indisimulada contra el papa Pablo VI, a quien sele consideraba responsable de esas ideas ultra modernas, como hijo de un socialista.

b) El código piano-benedictino consagra una realidad instalada en la Iglesia desde hace siglos: esta afirmación no es de Rouco, sino de tantos cuantos estudiaron y observaron de cerca la realidad social de la Iglesia, la de ser un “gran monstruo”, con una enorme cabeza, y un cuerpo diminuto y enano. En efecto, la Jerarquía ocupaba todos los espacios, tenía todos los poderes, la clericalización llegaba a límites insospechados, y el pueblo fiel era un convidado de piedra.

3º) Código de 1917. Hace Rouco varias afirmaciones que son, por lo menos, discutibles:

a)Detrás del Código Pío-Benedictino hay una idea de la Iglesia viva y vigente, que quiere ser independiente del Estado pero que desea colaborar con él; que no está alejada del debate de las ideas sino que, al contrario, quiere ofrecer una doctrina social concreta”. No sé de donde saca el arzobispo emérito de Madrid esas ideas tan atrayentes: el antiguo código defendía la famosa, pretenciosa e infumable idea de que la Iglesia “es una sociedad perfecta”, y que colabora con el Estado si quiere, porque es tan independiente y autónomo como él. Es la negación radical y flagrante de la “separación de Iglesia y Estado”, porque implica una subordinación de éste a aquella. Por eso, en los países católicos, y poco democráticos del sur, en España, concretamente, fue el cambio drástico de enseñanza sobre este extremo, el que soliviantó a los próceres católicos, ¡que de cristianos, muy poco!, y el motivo de la inquina indisimulada contra el papa Pablo VI, a quien sele consideraba responsable de esas ideas ultra modernas, como hijo de un socialista.

b) El código piano-benedictino consagra una realidad instalada en la Iglesia desde hace siglos: esta afirmación no es de Rouco, sino de tantos cuantos estudiaron y observaron de cerca la realidad social de la Iglesia, la de ser un “gran monstruo”, con una enorme cabeza, y un cuerpo diminuto y enano. En efecto, la Jerarquía ocupaba todos los espacios, tenía todos los poderes, la clericalización llegaba a límites insospechados, y el pueblo fiel era un convidado de piedra.

4º) Código de 1983.

a) Afirma Rouco: En este (código), la Iglesia se concibe en lo visible “como una realidad profundamente espiritual y a la vez profundamente humana cuya misión, en relación con el Estado y el mundo, es ser un testigo de la dignidad humana que quiere vivir sus relaciones con la sociedad y el Estado sobre el principio de la libertad religiosa, no sobre el de la confesionalidad o los privilegios”. A mí la palabra espiritual, sin precisiones y matizaciones, me desazona. Y la Iglesia no pretende, ni es su misión, sobre todo ni principalmente, “ser un testigo de la dignidad humana”, sino del Reino de Dios y del “Señorío de Jesucristo”, y, en lo práctico y cotidiano, del perdón, del amor al enemigo, del profundo compromiso con la igualdad  y la justicia social, y con la misión de profetizar a favor de los más pobres, desvalidos y abandonados, gritando lo que haga falta para que los poderosos oigan el grito desgarrador de los pobres.

b) Evidentemente, no quiere vivir sus relación con el Estado en un régimen de confesionalidad ni de privilegios, pero, muchas veces, a partir de la propia Conferencia Episcopal Española, (CEE), notada, y notablemente con la presidencia del arzobispo dimisionario de Madrid, ese olvido de la confesionalidad y de los privilegios, se nota muy poco, ¡ni se nota!. Al contrario, en contra de la verdadera “Libertad religiosa”, igual para todos los ciudadanos, y del separación de Iglesia y Estado, hemos visto cosas como estas:

  • serias y fuertes tentativas no solo de influir, sino de marcar la tarea legislativa del Estado;
  • injerencias en los planes educativos;
  • abusos en el desarrollo de los Tratados con la Santa Sede, (como el caso dela profesora de Almería, en el que la jerarquía no obedece ni al tribunal Constitucional ni al Supremo);
  • inmatriculaciones de inmuebles, dejando de lado los derechos, como ciudadanos y habitantes de un municipio, de los que, según el nuevo código, forman “El Pueblo de Dios”. 

Es decir, una cosa es predicar, y otra, dar trigo, como tantas veces nos recuerdan nuestras ingenuas, pero no tontas, gentes.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

Una foto muy oportuna: la del cardenal Osoro con Martín Velasco y Marciano Vidal

No tenemos una foto así con el cardenal Rouco Varela, que, más bien, arrinconó a esos dos pensadores cristianos, e hizo que toda la conferencia Episcopal Española (CEE) lanzara sobre ellos la sospecha si no de herejía, que casi, de sujetos peligrosos para los fieles. Algo que también alcanzó a José Antonio Pagola, en aquel episodio injusto y miserable de retirar hasta el “nihil obstat” de su legítimo prelado, monseñor Uriarte, y ordenar la retirada de su libro, “Jesús, aproximación histórica” de las librerías. Parece mentira que nuestros obispos hayan olvidado el gracejo irónico con el que  Iriarte y Samaniego se atizaban mutuamente, hasta llegar al sarcasmo de asegurar con sarcasmo que “… tus obras no son leídas aunque sean prohibidas por la Santa Inquisición“. Dicho y hecho: la obra de Pagola comenzó a editarse, a traducirse, y a venderse de modo sorprendente, demostrando que una de las mejores propagandas para ciertas obras de pensadores en la frontera intelectual es, justamente, la censura eclesiástica. Pero la CEE no se movió, ni reconoció su error, aun después de que el entonces secretario de la Congregación vaticana de la que dependen los asuntos culturales, cardenal Gianfranco Ravasi,  afirmara que el libro de Pagola era uno de los mejores que se habían escrito sobre la historicidad de Jesús en los últimos cuarenta años  (sic). Recuerdo cómo el padre Arregui respondió al entonces portavoz de la CEE, monseñor Martínez Camino, a la acusación de que las tesis de Pagola eran arrianas, que el obispo, Camino, estaba más cerca del monofisismo que el teólogo donostiarra del arrianismo.

Reconozco que el estilo de Pagola, ameno, claro y pastoral, muy poco clerical, y bastante evangélico, pueda sorprender a algunos eclesiásticos que tienen un concepción hierática del Dogma, como algo que se formuló hace  casi dos milenios, y que no tienen ningún posible recorrido, si no es la repetición “ad nauseam“, lo que hace de la Teología una pseudo-ciencia, fija e inamovible “per secula seculorum“. Pero es más sorprendente, todavía, que todos los grandes teólogos españoles contemporáneos estén todos bajo sospecha, cuando es posible que sea esta generación de teólogos dogmáticos, moralistas, o biblistas, la más brillante y preparada de toda la Historia del pensamiento cristiano español. Es una pena que nuestros obispos no sepan, o no quieran, reconocer esta realidad. Por eso resulta reconfortante la foto, publicada en Religión Digital (RD) del Cardenal Osoro con dos hombres de Iglesia, que tienen como punto de referencia, ¡porque eso se ve en la vida!, y no hace falta información especial, el Evangelio de Jesús. Y al afirmar que Martín Velasco y Marciano Vidal son dos hombre de Iglesia no quiero decir que sean eclesiásticos que busquen ante todo el prestigio y el poder de la Iglesia-Institución, como se suele entender esa expresión, sino que son testigos y anunciadores de la Iglesia-Misterio, que los hace, y a todos los que amemos y sirvamos a esta Iglesia, hombres libres, diáfanos, comprometidos con la verdad, y sin subterfugios eclesiásticos.

Aprovecho estas líneas para protestar con toda la energía que puedo de la tremenda injusticia que ha cometido, o está cometiendo, porque todavía tiene remedio y solución fraterna, el señor obispo de Vitoria, monseñor Juan Carlos Elizalde Espinal, navarro, nacido en Mezquíriz. Leyendo su currículo no se ven síntomas de persona rancia, intolerante, o poco flexible. Así que no somos pocos los que suponemos que esta acción de negar el doctorado “honoris causa” y prohibir una conferencia de Pagola en su diócesis no son de su estricta iniciativa, sino que, como afirmaba el otro día del caso del obispo de Almería con la profesora de Religión expulsada de la docencia por haberse casado por lo civil, y con ocho sentencias a su favor hasta llegar al Constitucional y al Supremo, también favorables, da la impresión de que desde la CEE coordinan este tipo de actuaciones. No es coincidencia, o no nos lo parece, que se trate de situaciones resueltas no al “modo Francisco“, sino más bien al contrario. Así que yo me pregunto quien, de verdad, rige la actual Conferencia Episcopal Española, si los que aparecen con sus respetivos cargos, o alguien que mueve los hilos hasta tejer una trama que, a muchos que amamos a la Iglesia, la servimos, y la defendemos, nos sonroja.

Bien, pues, y ¡bravo!, por D. Carlos, ¡Carlos para los amigos!, que lo conocemos desde su época de simple presbítero en Santander.  Efectivamente, hay fotos que valen más que cien discursos.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Con la Iglesia ha topado-¡vergonzosamente!-, la profesora de Religión de Almería, Resurrección Galera

Para ponernos en situación, he ahí un párrafo de la Profesora de Religión, Resurrección Galera, en el colegio público Ferrer Guardia, de Los Llanos de la Cañada, despedida de su trabajo de profesora de Religión, por haberse casado por lo civil.  Resurrección se despacha así:

“En esta España no se puede vivir. Solo faltaba que los obispos y el Ministerio de Educación se declaren insumisos frente al Constitucional y el Tribunal Supremo. Tengo ocho sentencias que me dan la razón, pero estos señores se niegan a cumplirlas. Creen que están en el Vaticano. Soy ciudadana española; me amparan las leyes y los derechos fundamentales de la Constitución. Incumplir sentencias es un delito, mi abogada ha pedido que la Fiscalía les investigue“. En los últimos 16 años, el juzgado de lo Social número 3 de Almería en cuatro ocasiones, dos veces el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), una vez el Constitucional, (en sentencia de amparo por atropello de derechos fundamentales), y dos veces más el Supremo, han proclamado la nulidad del despido, con la orden de la readmisión inmediata de la profesora, sin excusa, y con el pago de los salarios atrasados. Pero el obispado de Almería y el Ministerio de Educación se han negado, el lunes pasado, a ejecutar las nueve sentencias que favorecen a Galera. Efectivamente, ¡con la Iglesia hemos topado!

Yo soy de los que no muero de amores por los tratados entre España y la Santa Sede, y no en teoría y en abstracto, sino a la vista de la Historia de la Iglesia española, sobre todo, de su jerarquía, y de los siglos de injerencia y de mandoneo indisimulados, a veces ostentosos, que ha ido produciendo  un anticlericalismo de la ciudadanía, cada vez más explícito. Y episodios como el que estamos tratando no ayuda nada a mejorar la idea, y la afección, del pueblo hacia la jerarquía eclesiástica.

Llama la atención lo absurdo de los argumentos que tanto el obispado, como el ministerio, ofrecen. Ya es altamente llamativo que los profesores de Religión sean elegidos, nombrados, y cesados por la Jerarquía de la Iglesia, y que, sin embargo, lo pague el Estado. Y todavía choca más poderosamente la atención que en una época en que el Papa, sumo mandatario, y principal responsable de las líneas de comportamiento oficial de los eclesiásticos , y, sobre todo, en los que atañen a las relaciones laborales con los seglares, y más en las que pueden significar polémicas, el Papa enseñe, y tantos y tantos lo cumplamos, que una persona casada dignamente por lo civil, y que mantiene su fe en Jesús, pueda comulgar sin ningún reparo, y no sea apto, sin embargo, para dar clase de Religión.

En este tema veo, además del abuso nada edificante de un incumplimiento descarado y provocador de los derechos de los individuos, y de sentencias judiciales que les favorezcan, una hipocresía grosera. ?¿Cuantos casos se han dado, y se dan de clérigos pederastas que no solo dan catequesis, y celebran la Eucaristía y dan la Comunión, y confiesan, y aconsejan a los fieles, y que han sido no retirados de su ministerio, sino trasladados a otra ciudad o región donde no eran conocidos sus desmanes? Y los jerarcas correspondientes no han apartado de sus puestos de enseñanza y formación después de casos judicialmente probados, pero que han prescrito. En el trato a esta hermana nuestra, ciudadana española, no veo de ninguna manera un procedimiento cristiano, y evangélico, sino un afán de que los “Derechos de la Santa Madre Iglesia prevalezcan sobre el atrevimiento y el descaro de una fiel católica que ha osado ejercer un derecho tan noble como unirse en matrimonio civil“, con toda la dignidad que éste confiere a quien lo celebra.

Conocí al obispo de Almería, Adolfo González Montes, en su etapa  de profesor en la Pontificia de Salamanca. Era, además de profesor, encargado de la capilla que hay al inicio de la escalera donde se encuentra la facultad de derecho Canónico, y nos pedía, frecuentemente, a los alumnos de Derecho, que le dijéramos la misa, cuando él tenía que viajar, o estaba ocupado. Era, y es, uno de los grandes expertos en Ecumenismo entre los teólogos europeos;  de carácter templado, sosegado y sereno, y yo no lo veo en el papel de mantener un pulso con los tribunales más altos del Estado. Así que, en mi opinión, detrás de esa actitud de la diócesis de Almería, realmente obstruccionista de la justicia, veo el apoyo, y la fuerza, de la Conferencia Episcopal Española, (CEE), y de quien quiera que mueva los hilos en la penumbra de los complicados meandros de la realidad episcopal española. Y si ésta, la CEE, no está detrás, o no está de acuerdo con esa actitud, que resulta escandalosa para muchos ciudadanos, -!casi todos los que se han enterado! (muchos de mis fieles me lo han indicado)-, debería comunicarlo públicamente, y descalificar el innombrable comportamiento de la diócesis almeriense. Así no se evangeliza, ni se anima a tanto indeciso, o remiso, con las posiciones de la Jerarquía eclesiástica, a mudar de opinión, ni se les dan motivos de acercamiento y comprensión.

Y una última palabra sobre los argumentos esgrimidos por los abogados del obispado y del Ministerio de Educación: o es una penosa vergüenza su nivel jurídico, que en mi opinión solo se pueden colocar entre la ignorancia, poco probable, o el cinismo, más plausible, o habrá que trasladar la vergüenza al desconocimiento jurídico, o al despiste monumental, de los jueces, de todos los niveles, sobre todo, del Constitucional y del Supremo, que han participado en ese proceso, y no sabían que los abogados de la Iglesia y del Estado podrían derribar los argumentos de sus sentencia con esa pasmosa facilidad, y, según lo que afirman convencidos, con tan absoluta claridad lógica (¿!!?)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara