El artículo 2.000 en mi blog

Cuando comencé este blog ni imaginaba que llegaría hasta este abultado número. Por eso, voy a intentar resumir, sintetizando, las “ideas madre” que han movido, y, sobre todo, dirigido, mis reflexiones, mis críticas, mis denuncias, y las alegrías de sentirme testigo de la Palabra, y miembro de la comunidad de seguidores de Jesús.

  • 1. Revelación, o Religión. En los años del Vaticano II se puso de moda afirmar que el Cristianismo “no es una Religion”. Para muchos fue una moda, y como tal pasó. Para mí no lo era: se trataba, más bien, de localizar el mayor drama que vivió la Iglesia en los siglos IV-VI, cuando al poder desarrollarse sin persecución, primero, y como Religión oficial del Imperio, después, eligió mal, y adoptó modos, tics, rituales, y organigrama que tenían gran parecido con dos realidades muy presentes, entonces, como eran, A),  la organización del Imperio Romano, y B),  las religiones naturales, del Imperio o de los pueblos circundantes. Y eso se hizo a cambio del abandono progresivo del Evangelio, el anuncio del Reino de Dios, y los primeros pasos de la Iglesia primitiva. Y este abandono, creciente e imparable, nos llevó hasta extremos que, por demasiado conocidos, consiguieron no ser considerados preocupantes, aunque lo fuesen en grado sumo. En el siguiente apartado señalo algunas de esas realidades clara, y evidentemente, antievangélicas.
  • 2.1. Búsqueda e identificación con el poder. Fenómeno que alcanzó casi exclusivamente a la Jerarquía: Tanto la máxima, la papal, como la episcopal. Que en esas épocas de la alta Edad Media los jerarcas eclesiásticos pudieran dormir tranquilos con la ostentación de poder, y la naturaleza de los medios empleados para conseguirlo, es hasta comprensible. Pero que no haya habido todavía en la comunidad eclesial una poderosa y eficaz autocrítica, que hubiera llevado a la Iglesia a una conversión, a una “Metanoya”  fulgurante, casi hasta nuestros días, esto sí que es incomprensible. (HA habido una tentativa, sincera, pero ha sido malograda, como veremos más abajo)
  • 2.2  Fracasos conciliares en alguna supuesta tentativa de conversión. Los primeros concilios ecuménicos, que consiguieron de manera brillante legarnos el Símbolo de la Fe, el Credo, sucedieron antes de los siglos de la gran traición. Después, los concilios fueron tocando puntos muy concretos, poco importantes, a veces, totalmente prescindibles, de la formulación de la doctrina oficial. Se fueron multiplicando, haciendo incluso caer al Magisterio de la Iglesia en ideas peregrinas, como la Doctrina “de las dos Espadas”, del mando y jurisdicción universales del Papa, etc, que mejor serían “no meneallas”. Y cuando, por fin, la Iglesia, y el emperador, (pues fue éste, Carlos V, quien lo convocó), se decidieron en serio a dar un giro copernicano a la Iglesia, en el Concilio de Trento, éste, y su interpretación y aplicación posterior, resultaron un gran fiasco. Que hasta hoy, por desgracia, no ha sido reconocido, ni asumido. Y todos los laureles que oficialmente se llevó la Contra-Reforma no han sido otra cosa que las campanadas funerarias de una Iglesia decadente, que llegó así hasta el Concilio Vaticano II.
  • 2.3  El Concilio Vaticano II. Desde el Concilio de rento la Iglesia era un monstruo: un cuerpo con una cabeza inmensa, y un cuerpo minúsculo, casi enano. Así que el Concilio hincó los dientes a una situación instalada, y ya casi irreversible. O eso parecía, y eso querían los grandes prebostes vaticanos. Pero esta vez sí que el Espíritu trabajó y sopló con fuerza: Así que los padres conciliares a se enfrentaron a la dura tarea de resolver tres frentes fundamentales: 1º, desclerizar a la Iglesia, (cuya definición queda en: Iglesia  = “Pueblo de Dios”): 2º, limpiar de “material religioso”, fruto de la religiosidad natural, la Liturgia, y volver a la eucaristía-cena del Señor-Pascua: 3º, estricta separación Iglesia-Estado, no solo en lo político, sino en lo social y ético, sin interferencias mutuas. Había que poner al día a la Iglesia, y volver a los orígenes del Evangelio. El resultado “oficial” del Concilio fue, sin exageración, óptimo. Lo malo vino en su aplicación, con las fuerzas conservadoras actuando a todo trapo en la curia Vaticana, con el  liderazgo inapreciable de la máxima autoridad de la Iglesia, el papa, en la ocasión Juan Pablo II, que supuso no solo un freno de momento, sino una rémora que, visto lo visto, va a ser difícil de superar.
  • 2.4 El pontificado de Francisco. Algunos se enfadan de que al hablar de este papa, a quien “los cardenales fueron hasta la pampa argentina a buscar para obispo de Roma“, sea preciso insistir en su denodada intención de ser fiel al Evangelio, con lo que otros antecesores en la sede de Pedro podrían quedar retratados. Pues muy bien, que lo queden. Coherente con mi repaso a vista de águila de la Historia de la Iglesia, me resulta escandaloso que mucho antes de nuestros días no se elevaran voces afeando el estilo de vida, los atributos de poder, los signos de ostentación y de lujo, la elevación por encima de todas las cabezas y todos los parámetros que los papas, durante siglo, aceptaron, sin protestar, y, todavía más, demostrando agrado y gusto por esas deferencias, reverencias, que no se avenían, en nada, con el humilde título de “servus servorum Dei”. Así que podemos decir, sin miedo a error, que “por fin, parece que un Papa cree en el Evangelio, y procura seguirlo”. Otro que creyó, y salió pitando, fue San Pedro Celestino, que duró en el trono de Pedro unos meses, los suficientes para comprobar que ese poder, esa ostentación, y esa sacralidad de aspectos tan mundanos, no eran sino una farsa, casi sacrílega, y propiciaban un paripé insoportable, para un creyente y seguidor de Jesús. ¿O es que vivir en un palacio, para el primero de los seguidores de Jesús, tenía un mínimo de lógica evangélica?

Mi opinión, que expreso a menudo en este blog, es que con Francisco, y buscando a propósito trazos muy gruesos, la Iglesia ha conectado, por fin, con la salida de las catacumbas, y, ahora, la Iglesia está a punto de poder iniciar una fase que supere la religiosidad, y se adentre en la realización de la Palabra, y de crear comunidades evangélicas poderosas, como lo fueron las de los primeros siglos de la Iglesia. Poderosas en fuerza de convicción, que provoque, como entonces, comentarios, como los que pronunciaban los paganos, “¡mira cómo se aman!”, y que no solo convirtió al Imperio Romano, sino que lo venció a fuerza de un cúmulo de valores evangélicos, como el amor, el perdón, la misericordia, la solidaridad, la verdad, la justicia, el respeto a la idiosincrasia de cada uno, el no juzgar ni condenar, el acoger, el repartir los bienes, el vivir una felicidad que superaba las limitaciones y fracasos inherentes a la vida.

Pero no soy un ingenuo despistado. Esta revolución en la Iglesia tiene enemigos. A Francisco le están haciendo la vida imposible algunos cardenales, instalados en la aparentemente inmune impunidad. Y muchos obispos solo lo siguen de palabra, con la boca pequeña. Hemos comprobado en la última remodelación organizativa de la Conferencia Episcopal Española, (CEE), cómo todavía comandan a nuestros fuerzas escondidas, “de cuyos nombres no queremos acordarnos”, que no solo se contentaron con frenar, hasta casi parar, la energía del Vaticano II, sino que ahora temen que un papa evangélico, -¡por fin, esa especie que creíamos imposible, un sueño!-, consiga, con su buen hacer y sus pasos enérgicos en el seguimiento de Jesús, volver al Concilio  su prístina fuerza y pureza, que nunca nos deberían haber arrebatado.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

(PD: me voy de vacaciones, por mi tierra, y por la parte francesa de la Provenza. Hasta la vuelta no pienso escribir, ni, por lo tanto, cansaros con mis elucubraciones. Que lo paséis tan bien como yo pretendo, buscando el descanso, la contemplación del mundo, las relaciones humanas, y, si es posible, que casi todos los años lo es, el arte y la buena música. ¡Gracias!, por vuestra lealtad).

 

El CETA

(Oí el otro día a un joven periodista atacar, en tono moderado y sosegado, hacer una crítica feroz, pero documentada, ¡muy bien documentada!, al tratado que pretende firmar la Unión europea con Canada, conocido como CETA (Comprehensive Economic and Trade Agreement), y que ha saltado a la palestra de la discusión pública, ¡menos mal!, ya está bien de secretismos, con motivo del cambio de signo de la probable votación del PSOE en la votación de las Cortes Españolas. Los que se oponen a él son los observadores de los parámetros medioambientales, los sindicalistas, los labradores, lo pequeños comerciantes, y los pequeños autónomos: ¿Motivo? Porque ven en este tratado, como el por ahora fallido  TTIP, con los Estados Unidos, un refuerzo de lo peor del estilo neo-liberal de la economía mundial globalizada, que solo favorece, según estos detractores, a las grandes multinacionales, y a las grandes asociaciones de las mismas, que se quedan, también, con el poder de arbitraje de los contenci9osos, en una indefendible y vergonzante cesión, por prate de los Estados, de su mayor riqueza: la soberanía y su supremacía sobre las grandes corporaciones económicas. Por eso os transcribo hoy el artículo d la diputada catalana Sonia Farré, que me ha parecido equilibrado, objetivo, y sensato. Y, así, nos vamos enterando de lo que se cuece en la política internacional)

Sònia Farré
Diputada por Barcelona de En Comú Podem

El jueves 29 habrá un antes y un después. Es el día en que el Congreso de los Diputados votará la ratificación del CETA, el segundo de los trámites que el gobierno habrá llevado a esta cámara por iniciativa propia. El primero fue el martes 20 en la comisión de exteriores que no pudo retransmitirse en directo por saturación de comisiones. Evidentemente, esta opacidad al PP le va de perlas; nunca ha querido que este sea un debate público: ni ciudadano ni parlamentario.

El Gobierno se apresuró a firmar el CETA en el consejo de ministros de la UE estando en funciones; cuando en noviembre varios grupos parlamentarios exigíamos un referéndum sobre el tratado, el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación solicitó un dictamen del Consejo de Estado para ver si se podía saltar las cámaras legislativas y dar luz verde al acuerdo sin más; el registro de la documentación fue incompleto y más tarde en la mesa del congreso PP, Ciudadanos y PSOE intentaron que no se pudiera debatir en el pleno sobre la necesidad de un control previo de constitucionalidad; y al no poder evitarlo, lo fusionaron con el debate de la enmienda a la totalidad para que quedara diluido.

Ha quedado claro que el PP tenía y tiene miedo a que se debata sobre el CETA, porque cuanto más se sabe de este tipo de tratados de libre comercio, más rechazo generan. Prisas, poco ruido y chapuzas con un tratado que empezó a negociarse en 2009 y no se hizo público hasta 2014 y que no es el único: al más conocido TTIP, deberemos sumarle, por ejemplo, el JEFTA con Japón y del que se acaban de filtrar la documentación y que confirma de nuevo que estos tratados se negocian de espaldas a la ciudadanía.

El objetivo principal de los Tratados de Libre Comercio (TLCs) es eliminar las «barreras no arancelarias», esto es las leyes y los reglamentos que durante años se han construido para limitar el poder corporativo y favorecer políticas y servicios sociales y medioambientales. El CETA es uno de esos tratados que establecen tribunales de arbitraje que pueden convertir en papel mojado las propias leyes, este fue el principal obstáculo que llevó a Paul Magnette, presidente socialista de Valonia, a negarse a ratificar el CETA, que no permite que los gobiernos legislen libremente por el interés público.

Entonces, ¿porqué tanto interés por el tratado con Canadá? Los argumentos que en general se han esgrimido para defenderlo son básicamente dos: que Canadá es un socio importante y que el comercio genera puestos de trabajo y es bueno para la economía. Sin embargo, para el estado español, Canadá no es más que un socio residual que apenas llega al 0,5% de las exportaciones españolas. Y tampoco es cierto el segundo argumento: son las PyMEs y los autónomos los que generan el 70% de los puestos de trabajo y serán unos de los grandes perjudicados al tener que competir con las grandes multinacionales a las que los TLCs benefician. Tampoco se sostiene que mejorarán la economía, ya tenemos experiencia en recetas neoliberales: la excusa de la deuda ha servido en la última década para imponernos austeridad, asumir las deudas de la banca privada, privatizar y precarizar servicios y restarnos derechos laborales y sociales. Ya sabemos el resultado: mientras el PP afirma que la situación económica mejora, nos encontramos con una sociedad más empobrecida y más precaria donde, eso sí, los ricos son más ricos. Los TLCs no son más que un nuevo mecanismo de aplicación de ese mismo neoliberalismo. Sindicatos, asociaciones ecologistas, feministas, jueces, PyMEs se han organizado hace algunos años en la campaña No Al TTIP para alertar de los peligros que acarrea el CETA. Incluso se han conocido reticencias dentro del Consejo General del Poder Judicial en esta última semana.

Evidentemente, la sostenibilidad de la vida o el respeto a los límites planetarios no están en los valores que guían el CETA. A menudo se apela a la Declaración conjunta entre Canadá y Alemania para justificar que se respetan los derechos laborales o medioambientales, pero esta y las demás declaraciones añadidas al tratado -tal y como nos respondió el gobierno a una pregunta parlamentaria en noviembre- son declaraciones políticas, interpretaciones del tratado, pero aquello que es vinculante y lo que se aplicará es el CETA, no sus declaraciones, por lo tanto.

Ante este panorama, ya conocíamos de lo absurdo que es que partidos como el PP y el PdCat digan defender la soberanía nacional pero no duden en regalársela a las multinacionales que les esperan con la puerta giratoria abierta cuando se “jubilen” de la política. Es especialmente singular el caso de PDCat que se declara soberanista, pero que se abstuvo en la moción de censura contra el PP, votó contra los estibadores y ahora se colmará de gloria ratificando un tratado que cede competencias reguladoras básicas a organismos ni elegidos ni fiscalizables que confieren derechos extraordinarios a inversores extranjeros, cercenando la capacidad de los poderes públicos para ordenar sectores económicos fundamentales.

Afortunadamente, el PSOE ha anunciado un cambio de posición respecto al CETA. Tampoco es nada nuevo que haya debate interno al respecto porque ya se conocían posiciones diversas en ayuntamientos y parlamentos del estado y del resto de Europa. Es positivo para que podamos trabajar por un proyecto europeo que tenga como pilares los derechos humanos, la democracia y el desarrollo sostenible: un proyecto europeo que ponga la vida en el centro y deje de buscar terceros países que solucionen una crisis de desplazamientos global como si no fuera con nosotras y deje de imponer austeridad a las clases populares.

Sin embargo, Pedro Sánchez ha afirmado que se abstendrán y eso no es una buena noticia. No es no, y abstenerse es declarar que tiene luz verde. Cristina Narbona afirmó en su cuenta de Twitter que no apoyarían el tratado porque no es de izquierdas, y tiene razón, no lo es. Aquí no cabe una abstención: para partidos que declaran no ser de izquierdas ni de derechas ya teníamos a Ciudadanos. Para construir una alternativa al PP hace falta un PSOE valiente, capaz de decir alto y claro que NO es NO.

(Transcrito por el Guardián del Areópago, del diario Público, en su apartado “Otras miradas”, La Nueva reCETA neoliberal).

 

 

 

¡Qué pesados estos cuatro cardenales!

Estos cuatros cardenales de la foto son unos auténticos pesados. Han escrito una carta al Papa el día 25 de Abril, y como éste no les ha contestado, han solicitado, en carta al periodista Sandro Magister, que éste insista ante Francisco para que los cuatro purpurados sean recibidos juntos. Son muy valientes, y, sobre todo, prácticos, porque deben de pensar que cuatro “príncipes de la Iglesia” son más poderosos que de uno en uno ante el Sumo Pontífice. Además, lo que pretenden aclarar es una infantilidad: solicitan salir de ciertas dudas en A)  “pasajes obviamente ambiguos de la Exhortación post-sinodal” Amoris Laetitia, (AL),y B),  una concepción de la conciencia moral contraria a la Tradición de la Iglesia”.

En el tema A) hay que recordar a los no tan sabios purpurados que lo de pasajes “obviamente” ambiguos es cosa de ellos, tal vez de su dificultad de comprensión de ideas teológicas expresadas en lenguaje moderno, de nuestros días. Y si no han encontrado en los Evangelios “pasajes obviamente ambiguos” que baje San Pedro y se lo explique. En su propósito de incordiar e incomodar al Papa estos señores alcanzan unas cotas casi insuperables de ridículo y de esperpento. Comparando textos sobre idénticos asuntos en diferentes evangelios, no es que encontremos pasajes ambiguos, sino hasta contrarios, como, por ejemplo, que la Ascension haya sucedido en un relato evangélico en Jerusalén, y en otro, en Galilea. Pueden escribir sendas cartas a Lucas y a Mateo para que les expliquen algo más contradictorio que ambiguo: por qué el primero, en su escrito de los Hechos de los Apóstoles, coloca la Ascensión en Jerusalén,  y el segundo, en su Evangelio, en Galilea. O tal vez nuestros cuatro cardenales sean de los que no admiten esas contradicciones bíblicas, y usan, y se inventan, soluciones graciosísimas e imaginativas.

Y en el tema B) hay mucha tela que cortar, y, de entrada, entraré a romper: la Tradición de la Iglesia no es el punto de referencia para un cristiano. Por varias razones: , porque la Palabra referencial es la de la Sagrada Escritura, del Antiguo y del Nuevo Testamento, (AT), y (NT), para nosotros, hijos de la Iglesia, más la del NT, obviamente. Es decir, los Evangelios, los Hechos, y las cartas de los apóstoles. , porque la Tradición de la Iglesia no es igual en todos los lugares, ni en todos los tiempos ha sido uniforme en su permanencia o en sus cambios. Pongo un ejemplo: los lefebvrianos, y próximos, insisten, descabelladamente, que en la tradición auténtica de la Iglesia la misa debe de ser en latín. Y yo, en algunas discusiones con personas de ese estilo en España, les respondo: No, el respeto a la auténtica tradición de a Eucaristía nos debería llevar a celebrar la Misa en arameo, o Hebreo, o griego, que, con certeza, son las primeras lenguas que se usaron para celebrar la Cena del Señor.

Y 3ª, porque el Magisterio de la jerarquía eclesiástica, que no es la de los concilios ecuménicos, no es infalible. Y hasta la de éstos, en asuntos de la praxis, tampoco marcan modos de proceder inmutables. Un ejemplo claro lo indiqué en uno de mis artículos sobre la confusión de los padres conciliares del Concilio Lateranense IV, cuando decidieron unas cuestiones prácticas en clara y evidente contradicción, según la referencia evangélica. En ese Concilio, alarmados por la inasistencia progresiva, y llamativa, del Pueblo de Dios más sencillo y llano, a la celebración de la Eucaristía, adoptaron dos decisiones que se daban de tortas, a poco que se tuviera un poco de sentido lógico: por una parte, se obligó a todos los fieles, bajo pecado mortal, a celebrar todos los Domingos y fiestas de Guardar, la Eucaristía; y, al mismo tiempo se preceptuaba que los fieles comulgaran, por lo menos, una vez al año, de preferencia por “Pascua Florida”. Es decir, el Magisterio de la Iglesia obligaba a todos los fieles a asistir a un banquete todos los Domingos, que eso es la Eucaristía, pero no se providenciaban medidas para que ellos pudieran comer, es decir, comulgar, en esa comida. Y so dura hasta hoy. Pregunto: ¿Ese es el modelo de Magisterio de la Iglesia que pretenden algunos eclesiásticos que pase por encima de los mandatos evangélicos de Jesús? ¿Es posible que pretendan ser más decisivos que Jesús, quien ordenó, imperativamente, “Tomad, comed, bebed, haced esto en memoria mía”?  

Mi conclusión no puede ser  muy compasiva con estos cuatro cardenales, (Caffarra, Brandmüller, Burke y Meisner), que más que díscolos, merecen el apelativo de cansinos, infantilmente ridículos, y, probablemente, como ya indiqué en el artículo que cité, indignos de lucir el capelo cardenalicio, de asesores leales, fieles, humildes, y evangélicamente sabios, del Papa.

Jesús Mª Urío Ruiz de vergara

La moción de censura (II)

3º) El señor Pablo Iglesias, aspirante a presidente de Gobierno. A Pablo Iglesias le dan, le están dando, la fama de un orador bronco, faltón, ofensivo, y provocador. Si usáramos los parámetros normales en el partido del PP, pienso que cometeríamos una grave injusticia con ese enjuiciamiento. Los diputados de la derecha tienen poca memoria. El mismo presidente del partido, y, el señor Mariano Rajoy, no es un modelo de hermanita de la caridad, cuando se trata de hostigar a sus adversarios políticos. No hay que hacer excesivo esfuerzo de memoria para recordar que, siendo el jefe de la oposición, por motivos electorales y partidistas, los mismos que con frecuencia su partido afea en otras formaciones políticas, tachó, el mismo Rajoy, bien orquestado por su partido, al presidente Rodríguez Zapatero, de “asesino, cómplice de ETA, etarra”, y, también, de “cómplice de los nacionalistas catalanes”, todo porque no reaccionaba al episodio del “Estatut” como ellos. Y eso lo hemos comprobado con frecuencia: la exquisita sensibilidad democrática del PP, que se considera no solo patriota, sino el único  merecedor de ese atributo, excluyendo a los que plantean los problema de Estado de manera diferente como traidores y rompedores de la “sacra unidad nacional“. Y eso no está reñido, por lo visto, con el depósito de riqueza en países extranjeros, para aligerar los pagos de hacienda. Es decir, que la opinion de que cualquier orador que incomode al Gobierno y a su partido, como Pablo Iglesias, es tachado, sin más, de “faltón, ofensivo, agresivo, y exagerado“, no nos sorprende. Si bien cuando el señor Mariano Rajoy acusó el otro día a la portavoz de Podemos, y al señor Iglesias, de exageración en sus críticas, lo que  pensamos muchos, porque alguno me lo ha comentado, es que lo exagerado fue el volumen de la corrupción entre sus filas.

Sorprendentemente, Pablo Iglesias usó un tono moderado, medido, respetuoso, si bien algunas de las cosas que recordó, -¡no olvidemos que se trataba de una “moción de censura!”-, resultaban, por sí mismas, durísimas, como cuando dejó bien claro que la historia denominaría a Rajoy como “el presidente de la corrupción”. Algo que, aun sin levantar la voz, resulta poco agradable, por lo definitivo y demoledor. Pero hay que insistir en que Iglesias cuando sube a la tribuna, y cada vez más, demuestra que no tiene que ser ni gritón, ni provocador, ni faltón, porque sus recursos, tanto de contenidos, como oratorios, son abundantes y brillantes. El que resultase Irene Montero una autentica revelación no quiere decir que hubiera motivos para que el presidente de Podemos, como insinuó con maldad el portavoz del PP, Rafael Hernando, se preocupara con que lo eclipsase o lo superase. Mi opinión es que al señor aspirante a ocupar la jefatura del nuevo Gobierno en el caso de que la moción hubiera salido vencedora, no hay nada que reprocharle en lo referente a los motivos y causas de la censura en la moción, que quedaron paladinamente expuestos, claros y comprobados. Que no llegara al buen puerto de la victoria para un cambio de Gobierno, se debe, como todos sabemos, a causas anteriores, e insalvables, que no es el momento de exponer. Todo el mundo estaba seguro de que iría a suceder así. Pero de ahí a que la moción no sirviera para nada hay un abismo. Las televisiones, menos la pública, que arrinconó el evento en canales que no suelen usar los televidentes habituales, sirvió para que muchos ciudadanos contemplaran, sin tapujos, la catarata de corrupción, y de actos contrarios a la división de poderes, y a abusos, e intentos de aprovechamiento de las Instituciones públicas en favor de miembros del partido del gobierno, y de éste, mismamente. No es que fuera inútil la moción, sino que enfadó y sacó de sus casillas al gobierno, que no es exactamente lo mismo. AS no ser que lo que no agrada a los gobernantes tenga que ser tachado de pérdida de tiempo y aburrido.

4º) José Luis Ábalos Meco, nuevo portavoz parlamentario del PSOE, resultó otra cara nueva en la tribuna de las Cortes que dejó una imagen excelente. Destacaría en él los siguientes atributos: sencillez,  ponderación, respeto, ideas claras, muy buena dicción, y control de los tiempo, contenidos y expresión. Resultó, junto con Irene Montero, las dos nuevas figuras parlamentarias de la política española. Y en lo referente a los contenidos, me atrevo a decir, al contrario de tantos periodistas que, en mi opinión, confunden interpretación con adivinación de pensamientos ocultos, que supo ser cauto y prudente, y no meterse en los dos charcos que lo rodeaban: la relación del PSOE con Ciudadanos, y con Podemos. La opinión más general y extendida es que Ábalos tendió la mano a Podemos, sin condiciones ni contrapartidas, al mismo tiempo que presentaba el antiguo pacto con Ciudadanos como adecuado en un momento y situación concreta. Pienso que lo mejor que afirmó fue que, “en determinadas situaciones lo que hay que buscar es sumar”, y abrir el campo. Yo tuve la impresión de que el portavoz socialista, sin alardes ni inútiles artificios, se acordó de cómo en Portugal, después de las últimas elecciones, las fuerzas de la izquierda se dedicaron a “sumar”, y en contra de los deseos de muchos en Portugal y en Europa, que preconizaban un desastre de la unión de muchos grupos minoritarios, ¡además de izquierda!, resultó un rotundo éxito, con un arranque hacia adelante en lo económico y lo social, que sirve, además, para demostrar que las políticas liberales de recortes y ahorramiento, siempre en perjuicio de las clases más populares, no era tan dogmáticamente acertadas, y únicas, como nos querían vender. Ábalos, con su habla sosegada, acabó, en mi opinión, siendo sugerente, y hasta abrió horizontes, sin comprometer a su partido, algo que será interesante comprobar en un futuro, espero que no muy lejano.

5º) Rafael Hernando Fraile, portavoz del PP. Muy mal debe andar el PP si no encuentra un mejor portavoz que el señor Hernando. No resulta convincente ni por la argumentación, ni por los contenidos, ni por su cultura, ni por su oratoria. Solo destaca por su estilo faltón, ofensivo, y por dedicarse a las medias verdades, y a afirmaciones tan descabelladas que uno se siente tentado a elegir entre el cinismo, por saber y no decir, o decir lo contrario, o por ignorante, por no saber ni estar bien informado. Si bien esta segunda posibilidad parece muy poco apropiada para alguien que, en lo referente a las tribulaciones, defectos y errores de sus adversarios políticos es un lince. Su intervención final fue no solo casposa e impropia de un Parlamento decente y digno, sino absolutamente inapropiada, insolente, provocadora, hasta llegar a lo insoportable e inaceptable, Y lo peor no fue su traca final, que todo mundo ha calificado de burda andanada machista, sino el tono general, altanero, perdonavidas, como del que deja claro a los demás diputados de otros partidos, tan electos como él en votación popular, que su actuación solo puede ser aceptada y reconocida como buena para el bien común si no pone reparos ni al partido gobernante, ni, mucho menos, al jefe supremo, el presidente del Gobierno. Pero, otra vez, como su jefe, ni una atención a las graves acusaciones, y sentencias condenatorias contra su partido, que han provocado, y fundamentado seriamente, la moción de censura. Su reacción llegó, muy fiel a su estilo, a unas deslavazadas insinuaciones, negadas ya varias veces por los tribunales, sobre hipotéticos pagos de la dictadura bolivariana a varios miembros de Podemos. En resumen, que la intervención del señor Hernando resultó, además de desagradable, patética. Tanto que recibió una soberana lección de su oponente, señor Iglesias, que le dispensó de la réplica que se merecía, por no enlodar el decoro parlamentario. Y no quiero terminar este escrito sin recordar al señor Rajoy que él es uno de los mayores responsables de la degradación a que se está rebajando la dignidad y el decoro de las Cortes Generales de España, al indicar un portavoz dedicado, visiblemente, a emponzoñar el enfrentamiento parlamentario, y avergonzar a sus pares, y a los sufridos oyentes o telespectadores.  Así como no puedo menos de afear a la bancada del PP que después de una intervención tan vergonzosa y vergonzante, aplaudiesen a su portavoz, si bien es verdad que comprobamos menos entusiasmo que en otras ocasiones más aceptables, y no tan desagradables.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

La moción de censura

El partido político “Podemos” ha realizado un “moción de censura” constructiva, o positiva, contra del Gobierno del PP. Dícese constructiva a la moción que necesita, para poder ser llevada a cabo, un aspirante concreto la presidencia del Gobierno. si no tuviese esta característica, uno o varios partidos políticos podrían proponerla, y después de efectuada con éxito, es decir, con la censura al actual Gobierno, se encargarían los proponentes, o la Cámara de diputados, según un protocolo estipulado, de nombrar al siguiente Presidente. En este caso el aspirante a presidente ha sido el diputado y presidente del partido Pablo Iglesias Turrión, lo que ha significado un evidente escollo para su plena realización, y para la consecución del fin de la Moción, a la vista de los rechazos que provoca, no sabemos bien si merecidos, o por el miedo que provoca una fuerza política joven, nueva, pujante, y con un presidente que no se arredra ni achanta .

No hay que olvidar, sin embargo, que el mismo título de la acción política propuesta indica el carácter concreto, y el fin último, de la misma. Pero en el caso que nos ocupa, -que nos ha ocupado ayer y hoy, mejor-, algunos de los protagonistas han olvidado ese finalidad concreta, y ese objetivo directo, la moción de un presidente Gobierno, y del partido que lo sustenta. El objetivo indirecto, una vez conseguido el anterior, sería la investidura del aspirante. Ha habido en estos días demasiadas preguntas retóricas. como “para qué nos ha traído Vd. aquí”, o “por qué nos hace Vd. perder nuestro valioso tiempo”, pronunciadas, lógicamente, por el Gobierno  a ser censurado. Y aunque sólo fuese con la finalidad de demostrar, o intentarlo, con motivos serios y comprobados, que la Moción podría ser posible, y hasta deseable, ya sería legítima. Por lo visto y oído estos dos días, los motivos son más que reales, y la censura al Gobierno más que legítima y deseable. en mi opinión, ni Adolfo Suárez ni Felipe González presentaban tantos motivos, ni tan graves y comprobados, para ser apartados de sus cargos, como el actual Gobierno del PP. Y para llevar a cabo mi reflexión de la puesta en escena de la Moción de Censura, destacaré la actuación de los que me han parecido los principales oradores intervinientes.

1º) Irene Montero, portavoz de  Podemos. Fue la que abrió el debate, con un alegato brillante, seguro, claro, y demoledor, contra al Gobierno del PP. Se ciñó, sobre todo, a dos campos, ambos esenciales para el desempeño de un Gobierno: A), la corrupción de cargos públicos, con el abuso en la administración, desviación y sustracción de caudales públicos para fines diversos, como financiación del propio partido, cobertura de los gastos electorales, enriquecimiento propio o de amigos que devuelven después favores, y un largo etcétera, cargado de vergüenza y oprobio para un gobernante honest9; y B), el deterioro de las instituciones públicas, con interferencias del ejecutivo en el mundo judicial, y nombramientos a dedo y a propósito para ocultar o dificultar posteriores investigaciones. La diatriba de la señora Montero resultó brillante, convincente, a veces emocionante por la indignación y la ira que demostraba ante el saqueo de caudales públicos. Su alegato duró más de dos horas, y aunque los señalados en la diatriba se empañaron en aparecer en la pantalla como aburridos y desinteresados, lo que consiguieron fue mostrar unos modos impresentables de decoro y respeto parlamentario. A mi la intervención de la portavoz de Podemos no me resultó ni aburrida, ni monótona, sino brillante y, para el PP, demoledora e incontestable.

2º) Mariano Rajoy. Sorprendió a todos decidiendo responder él, personalmente, a la portavoz de Podemos, sin esperar, como era lo que todos imaginábamos, al aspirante a Presidente, al señor Iglesias. Los medios, en general muy complacientes con el presidente del Gobierno, por lo menos los escritos, y editados en papel, a los que se ha sumado, tristemente, y de manera penosa para los que desde que se inició la posibilidad de abonarse mensual o anualmente, El País, y a veces, incomprensiblemente riéndole las ¿gracias?, han resaltado la valentía de Mariano Rajoy al dar la cara, como si esta actitud no debiera ser la normal en un máximo dirigente político de un país. El no ser ésta la norma de Rajoy es lo que ha llamado la atención. Pero en lugar de esta interpretación laudatoria, prefiero otras dos que me parecen más reales y pragmáticas: en primer lugar, mal vio el panorama para adelantar su comparecencia, que, evidentemente, y alimentando la psicosis de curiosidad de nuestros periodistas, a los que gustan mucho estas adivinanzas, como si tuvieran entidad informativa, había preparado de antemano. Por eso la llevaba escrita, y daba todas las señales de haber sido pensada para un respuesta al señor proponente de la moción, Pablo Iglesias. Y, en segundo lugar, mal dejó a sus colaboradores, ministros y asesores, al demostrar que no se fiaba demasiado de ellos. Excepto, como veremos más abajo, del más desabrido, mal encarado, mal educado, pero eficaz en su permanente provocación, y portavoz del PP, seguramente por todas esas cualidades irrenunciables, señor Rafael Hernando Fraile.

Ahora voy al grano de la respuesta de Rajoy: a mí me llenó de vergüenza e indignación. Abusando de sus chascarrillos y refranes habituales, e intentado, por todos los medios de desautorizar a la joven portavoz del partido que proponía la moción de censura, no respondió a ¡ninguna!, exactamente cero de las acusaciones terribles, comprobadas, y algunas de ellas ya conn sentencia condenatoria de los tribunales. Faltando, además, al respeto, al inmiscuirse groseramente en las estrategias y posiciones políticas d otro partido, cuando ellos, los del PP. se pasan la vida exigiendo que nadie se inmiscuya en los suyos, ni para darles un consejo políticamente fraternal, si esto fuera posible, que no lo suele ser, al comprobar el estilo altivo y orgulloso de la mayoría de nuestros políticos. Esto lo digo por que Rajoy, en su respuesta, se preocupó más de la ingenuidad, o no, au tal vez fue l o contrario, de Podemos, al retrasar tanto el nombre del aspirante al Gobierno. Pero esto compete, evidentemente, al partido promotor de la moción. Y al Gobierno, y más au presidente, defenderse de ésta. Pues bien, esta defensa  brilló por su ausencia. Pero su actitud no sirvió de nada, como pudimos ver en lo que asustó, y arredró a la joven portavoz, quien, en su réplica, volvería a sacar los colores de los integrantes de la bancada del PP, (aunque esto es muy difícil y complicado, dada la suficiencia, y el estilo perdonavidas con el que suelen tratar a sus adversarios polípticos, sobre todo si se trata de una formación joven nueva, aguerrida, y muy bien preparada, como hemos visto estos dos días, a la que, evidentemente tienen mucho más miedo del que aparentan.

(Seguirá)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

El mártir Ignacio Echeverría

“Se acercó uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?»  Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor,  y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.  El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos“. (Mc 12, 28-31)

Este es evangelio de la misa del día 8, jueves de la 9ª semana del tiempo ordinario. En el que aparece el principal mandamiento del orden comportamental, y cotidiano, del antiguo Testamento (AT). El que Jesús modificó dándole más hondura y exigencia por el de “amaos unos a otros como Yo os he amado“, como consta en diversos y múltiples pasajes del AT. Y la pregunta, entonces, es ¿cómo nos amó Él? Y la respuesta es clara y evidente: nos amó más que a sí mismo, porque dio la vida por todos. Es decir, dar la vida por el prójimo, un prójimo indefinido, sin que sea ni padre, ni madre, ni hermano, en el orden biológico, algo que muchas personas, las mayoría, podría hacer por instinto, sino, como digo, ofrecer la vida por una persona, en su calidad de eso, de persona, que se encuentra en un aprieto, y yo no veo otro medio de salvarla que dando la vida a cambio. Esto es, en verdad, realmente, el cristianismo.

Nos han informado los que lo conocían que Ignacio Echeverría, el “héroe del mono patín”, como lo llaman los ingleses, era un muchacho católico, creyente y practicante. EL Papa estuvo de acuerdo con la duda de una religiosa, que le espetó en una audiencia en la sala Pablo VI del Vaticano, “¡Santidad!, hoy día es muy difícil a un católico ser un buen cristiano”, a lo que Francisco respondió: ¿Y a mí me lo dices?”, dando a entender que él lo tenía muy experimentado. Algunos católicos no entenderán este aserto, y lo pueden considerar hasta como una “boutade”, una burda exageración. Pero no lo es. Un buen católico va a misa, practica los sacramentos, cumple los mandamientos de la Iglesia, etc. Pero conocemos a muchos que se comportan de esa manera, sin mácula, pero no se sorprenden ni disgustan de la desigualdad social, de la indefensión de los trabajadores, del abuso de los poderosos, de las mentiras de los políticos, de la hipocresía de grandes prelados de la Iglesia, de la pobreza infantil, de la desigualdad de oportunidades, y un largo etc.

Con estas líneas quiero reivindicar a los que como Ignacio, en los momentos difíciles, dramáticos, decisivos, se comportan, sin dudarlo, como cristianos, seguidores de Jesús de verdad que, sin tener en cuenta ni el color, ni la condición social, ni la importancia, ni la índole moral de una persona, sin conocerla de nada, se dispone a dar su vida por ella, como hizo el Señor. Por eso, teniendo en cuenta todo lo expuesto, solicito de la Conferencia Episcopal Española que , sin demora, inicie un trámite de beatificación-canonización exprés, sin necesidad de protocolos ni papeleos, para que este muchacho moderno, magnífico representante de una juventud que quiere construir una sociedad más justa y digna, sea elevado a la condición de santo reconocido por la Iglesia, y por la sociedad española, como un verdadero mártir del precepto evangélico del amor a los demás más que a sí mismos.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

La “Política Importante”, … y los chismes

EL presidente del gobierno hizo ayer una defensa acalorada, grandilocuente, pero nada apropiada ni acertada, de su Política, sobre todo la económica, que según él es la importante. Y la contrapuso a los “chismes”. Chismes como: la corrupción ¡ingenua e infantil! de la Gurtel; la refrescante política del uso del agua cristalina de Madrid para enriquecerse, o intentarlo, unos pocos; de los “papeles de Bárcenas”; de las comisiones para obras en los municipios de Madrid: de los tejemanejes del Señor González y del señor Granados; de la opacidad de la Señora Esperanza Aguirre; y de otros asuntillos económicos en los que se han extraviado cientos de millones, ¡pero son Chismes!, ¿eh?.

Y otro chismes peores: la sospecha de continua tentativa del ejecutivo de cubrirse las espaldas con nombramientos jurídicos favorables; las contradicciones del fiscal general y del fiscal anti-corrupción; el menosprecio del ejecutivo por el Parlamento, del que no paran de proclamar que es la sede de la soberanía popular; de que hayan sido recusados por la Cámara de los diputados el ministro de Justicia, el Fiscal General, y el de anticorrupción, y solo éste haya dimitido no por esa recusación, sino por su participación en una empresa financiera en paraíso fiscal. Señor presidente, no nos trate como niños, ni como minusválidos mentales, tenga más consideración por sus conciudadanos, y un poco más de equidad y dignidad.

Y la Economía no va tan bien. Depende de quien se lo diga, y a quien se lo pregunte. Si se trata de los capitostes de la UE, o de los amigos empresarios de las grandes empresas españolas, o de los que ganan al mes más de 5.000 euros, le dirán que la economía va muy bien. ¡Claro!, no tienen ningún problema para llegar a fin de mes. Sí, ya sé que a Vd. no le gusta nada que le recuerden estas pequeñas miserias domésticas. Pero un padre de familia no puede ser considerado buen economista, o, mejor, y más claro, un buen administrador, si tiene cuatro hijos, y para que los padres y los tres primeros hijos puedan mantenerse, sacrifica al cuarto, y lo condena a la inanición, y a un futuro oscuro. Esto es lo que hace su Gobierno con el 23% de sus conciudadanos, que casi equivale a ese cuarto hijo que le he mencionado. ¿Alguien en sano juico consideraría a ese padre de familia, o a ese jefe de Gobierno, un buen administrador?

Lo importante, señor Presidente, no puede ser ninguna otra consideración mientras casi un 25% de sus conciudadanos están expuestos a un riesgo descorazonador de exclusión social. Y tampoco es tan importante, ni da para sacar pecho, que el paro haya bajado en mayo en poco más de 100.000 personas, si el 92% de las mismas accede a un puesto de trabajo temporal, de sueldo birrioso, y con nulas garantías de continuidad mínima gracias a su Reforma Laboral, propiciada a los empresarios españoles por verdaderos ángeles de la guarda, y amigos del alma.

Y otro chisme con visos de suma importancia es que, como dijo ayer el papa Francisco, estemos hablando tanto de Paz, y se sigan vendiendo armas, por lo visto de adorno para salas de aficionados a la caza humana. Y, Señor Presidente, ¿España está con la conciencia tranquila de la venta de armas a países que tienen prohibido ser compradores de las mismas, por estar en guerra, u otras consideraciones que aparecen en los protocoles de la ONU? En mi opinion, estos asuntos no son chismes, sino temas muy importantes en la vertiente ética y humanista. ¿Vd. piensa que la preocupación por estas últimas, ética y humanismo, no son importantes, sino chismes de chismosos?

Dé gracias a Dios, señor Rajoy, de que tiene conciudadanos muy despiertos, inteligentes, informados, atentos a las obras, y también a los pronunciamientos de sus gobernantes, y que no se chupan el dedo, ni es fácil darles gato por liebre.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Es preciso que la CEE desautorice públicamente el ataque gratuito del cardenal Rouco Varela al Papa en Murcia

Ha pasado ya más de una semana que Religión Digital (RD) publicó la increíble y escandalosa noticia de la crítica que el arzobispo emérito de Madrid, pronunció contra el Papa en Murcia ante los seminaristas de esa diócesis. Según noticias fidedignas, éstos se asustaron y escandalizaron, y aun antes de terminar la charla, -¡el cardenal gallego rajó hasta media noche, de sobre mesa movida, sustanciosa, y muy caritativa!-, y, como decía, echaron mano de los móviles para comunicar al párroco de su pueblo lo que estaban oyendo y viviendo. Muchos, seguro, se tuvieron que restregar ojos y oídos para comprobar si se trataba de un evento real, o era, más bien, o mejor, peor, una alucinación.

Ya escribí en este blog comentando la noticia, con la prevención de avisar “si es cierto esto que nos cuenta RD”, por si acaso se trataba de una noticia mal contada, o exagerada. Pero la información se ha mantenido varios días en el portal cristiano, y nadie, que yo sepa, ha escrito o presentado ningún desmentido o reclamación. Pero tampoco hemos leído, u oído, que la CEE haya emitido un comunicado condenando, o recriminando fraternal, pero seria y gravemente, semejante comportamiento, escandaloso e impropio de cualquier fiel cristiano, y mucho más de un cardenal. Algunos de mis fieles que visitan RD estaban, en verdad, consternados, y compungidos, de que su obispo hasta hace poco tiempo mostrase tan poco respeto, y una opinión tan sesgada, unilateral, injusta y nada eclesial ni evangélica sobre el obispo de Roma, y su superior directo, encargado de sostener en la fe a sus hermanos obispos, sucesores de los apóstoles.

He citado con frecuencia en varios artículos de este blog, cuando se trata de discernir qué criterio hay que emplear para compaginar la prudencia que hay que emplear al verter opiniones negativas sobre alguien, y más si se trata de alguien revestido de dignidad, y el respeto y la propagación de la verdad, cuando de callar se derive un mal a terceros, como en el caso que nos ocupa, que saldría malparado el Papa de no contar las cosas con veracidad y sin falsas ideas del respeto. Y el criterio que siempre he citado sobre este asunto es el de la Sagrada Escritura, que tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento,  (NT y AT) nos cuentan la historia si ocultar algo que podría resultar menos positivo para el sujeto en cuestión. No tenemos sino que acercarnos a los relatos que tienen como protagonista al rey David para comprobar que no ocultan nada porque sea más o menos abonador en su biografía. Nos narran sus pecados, adulterios, crímenes, caprichos y un largo etcétera de fallos y errores. ES verdad que también afirman de él, como no se ha dicho de toro personaje bíblico, que “tenía un corazón según Dios“.

Y el NT lo temeos más cerca. Los Evangelios no ocultan las terribles diatribas de Jesús contra las fuerzas vivas y despiadadas de Israel, los “sumos Sacerdotes“, (que equivalían al papa y a los cardenales de hoy), los jefes de los escribas, los senadores, los fariseos importantes, el rey Herodes, a quien llamó “zorro”, y en otras traducciones, “zorra”), etc. Pero la denuncia tremenda de Jesús era, siempre, para favorecer a los más pobres, a los publicanos, a las prostitutas, a los samaritanos, etc. Y si acudimos a los Hechos de los Apóstoles, donde se habla de “violentas discusiones y altercados”, o a las cartas de Pablo, quien no tiene reparo en reprochar el comportamiento engañoso de Pedro en su relación con los griegos de la comunidad de Antioquía, o en su defensa ante todos los apóstoles, (“he trabajado en la evangelización más que todos ellos“, algo que era verdad, cosa que no lo es en la afirmación de Rouco de que Juan Pablo II evangelizó más que los doce apóstoles, a no ser que el cardenal piense que los Papas evangelizan con solo viajar, entusiasmando la religiosidad crédula de las muchedumbres, y que su aparición es, de por sí, evangélica, algo que hay que demostrar con denuedo con los hechos, que no siempre responden a las exigencias de una evangelización liberadora). Y si eran verídicos y sinceros los evangelizadores de la Iglesia primitiva, no lo eran menos los redactores del Nuevo Testamento, que plasmaron en un libro sagrado las andanzas, reacciones, enfados, y pequeñeces de sus amados maestros, sin ocultar nada por miedo a escándalos, estos sí que serían fariseos.

En otro artículo afirmé que sería muy interesante, muy constructivo, y muy pedagógico, y decididamente pastoral, que los obispos realizaran sus asambleas plenarias, y sus reuniones de la permanente, etc., con cámaras, y que 13TV las transmitiera en directo. Nuestros queridos obispos lo serían mucho más, queridos , quiero decir, y. sobre todo, creíbles. Tal vez no puedan ni imaginar el paso de gigante que darían para ganar, de una vez por todas, las credibilidad de los fieles, que, en la actualidad, está por los suelos.

Y, por favor, señores obispos de la CEE, salgan,  como institución, y públicamente, que público fue el desacato del cardenal Rouco Varela, en defensa de Francisco, este sí, en la mente, la boca y el corazón de la inmensa mayoría de los fieles, un papa evangélico, sin dobleces, y con la palabra de la verdad, más fuerte que falsas prudencias. (Pero ¡de la verdad!, no de desencantos ni de decepciones).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

Los obispos se interesan por los misioneros

He leído en Religión digital, RD, la siguiente noticia: “Los obispos reclaman al Gobierno que reconozca el papel de los misioneros como voluntarios en labores humanitarias”, reclamación que es lógica, merecidísima, y coherente. Esta medida, y no desabrida, reclamación se ha dado en la reunión de la Comisión Mixta Ministerio Justicia-CEE que se ha celebrado hoy en Madrid, presidida conjuntamente por el ministro de Justicia, Rafael Catalá, por parte del Estado, y José María Gil Tamayo, portavoz de la CEE (Conferencia Episcopal Española), por parte de la Iglesia. Está muy bien que los obispos se preocupen realmente por la realidad del voluntariado español para las misiones cristianas, y no solo de boquilla, y de una catarata de bellísimas palabras. Pero los políticos solo se interesan realmente por una situación, problema 0 no, cuando asignan para ello un presupuesto. Recuerdo la envidia, ¡sana”, eso sí, con la que los miles de voluntarios  misioneros en Brasil nos enterábamos de la impresionante cobertura económica que el gobierno holandés propiciaba a sus misioneros, convencido de que no podría pagar de ninguna manera el inmenso beneficio que esos abnegados/as holandeses prestaban al conocimiento y aprecio internacionales hacia su país.

En el caso español la cifra es mareante: 13.000 misioneros y misioneras como voluntarios realizan labores humanitarias, además de las religiosas. Sería muy bueno, y justo, que el gobierno español considerase la labor de los misioneros, clérigos, religiosos/as, y también seglares, como una acción de publicidad y propaganda de España en el extranjero. Y cualquiera que conozca el trabajo de estos pioneros, y la aceptación de los naturales del país podrá atestiguar que los misioneros españoles hacen muchísimo, y desinteresadamente, por el nombre y la buena fama, y hasta la gloria de España, y que no estaría de más un reconocimiento efectivo. Muchos países europeos tienen esa buena tradición, incluso naciones que son consideradas bastante laicas, y un poco alejadas de los asuntos e intereses religiosos.

(Continuará)

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El cardenal Burke, entre otras cosas nada halagüeñas, no muestra mucha finura.

El cardenal norteamericano Raymond Leo Burke es un especialista en provocar la legendaria paciencia de Francisco, y a fe que ambos están cumpliendo con su fama de manera notable. Burke no para con sus provocaciones, y el Papa no explota sino con pequeños episodios casi folklóricos, como al enviar al cardenal rebelde a resolver una cuestión canónica matrimonial a una isla perdida, del Pacífico, Guam, y tenerlo ocupado en eso unos meses. Su misión, investigar a los testigos de la denuncia que pesa sobre el arzobispo Anthony S. Apuron, de 71 años, y al que tres antiguos monaguillos acusan de abusos sexuales cuando eran pequeños acólitos.

Éste sería el segundo destierro de Burke, porque ya fue defenestrado del alto puesto de prefecto de la Signatura Apostólica, algo así como presidente del tribunal Supremo de la Iglesia, para ser nombrado patrono de la Orden de Malta, en cuyo puesto organizó también algún desorden, que provocó la intervención del Papa, y la destitución del purpurado de ese cargo, que, aunque simbólico, le ofrecía un campo de cierta autonomía, sobre todo para conspirar y enredar, aprovechando cargos subalternos, a los que empujó a una casi rebelión contra la autoridad papal,  inherente a esa orden medieval y, en los días de hoy, perfectamente dispensable. Y esta última solución es la que muchos se temieron que encontrara el Papa, asqueado con intrigas de medio pelo, sin ninguna grandeza, ni siquiera en la posible mala idea que podían animar a sus promotores,.

Pero los cardenales no son como el común de los mortales, que generalmente somos unos pobres diablos, y no solemos tener dos duros, o, unos pocos más, que nos permitan viajar con frecuencia. No así los cardenales, que tienen o bula, o suficiente dinero para viajar por los cielos del mundo con sorprendente facilidad. La isla de Guam está a unos 12.000 Km. de Roma, pero el cardenal Raymond Leo se las ha arreglado para viajar a Fátima, desde Roma, con un grupo de fieles amigos e incondicionales, coincidiendo con el viaje del Papa. Al que ha hecho varios feos. El último fue el pasado día 13 de mayo en Fátima, donde estuvo el purpurado, pero no participó en la magna concelebración  que presidió Francisco en la misa de la canonización de los dos pastorcillos, según cuenta  Antonio Marujo, en “Expreso”. Simplemente acudió a la celebración mezclado entre ese grupo de norteamericanos con los que había viajado, mientras el Papa concelebraba con 8 cardenales, 71 obispos, y más de 2.000 presbíteros. (A mí me parece excesiva esa magnificencia, pero ahora no estamos tratando de eso, sino de los pocos feos que Burke ahorra al buen Francisco).

Pero no acabaron ahí los malos modos del famoso y belicoso cardenal. El domingo día 14, en cambio, cuando el Papa ya había viajado de vuelta a Roma, el purpurado americano se presentó, esta vez, sí,  en el altar del santuario, para participar en la concelebración eucarística, presidida por el obispo de Leiria-Fátima, Antonio Marto. Y otra vez el zafio (prefiero llamarlo así, antes que mal intencionado) prelado de la Curia Vaticana, cardenal Burke, recordando usos y costumbres anteriores al Vaticano II, casi medievales, se puso a rezar el rosario mientras el obispo de Leiría desarrollaba la homilía, en una grave e imperdonable falta de respeto, rayando en grosería, contra la Palabra de Dios, proclamada en la homilía, y el propio señor obispo de Fátima. Tanto es así, y no exagero, que hasta un “colega” clérigo, el obispo de Braganza, monseñor Cordeiro, presidente de la Comisión Episcopal de Liturgia de Portugal, ante el disgusto de numerosos obispos y presbíteros presentes en esa misa de acción de gracias, tuvo la valentía, poco frecuente en medios clericales, de formular una crítica pública ante la actitud del cardenal americano, que, dice, “atenta contra el criterio de la participación activa, consciente y fructuosa en la Eucaristía“,  según recomienda la Sacrossactum Concilium del Vaticano II, que es la vigente constitución de la Iglesia sobre liturgia. Algo que, por lo visto y comprobado ya demasiadas veces, parece importar muy poco al cardenal Burke.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara