El ejemplo de unos obispos australianos

Dos obispos australianos, Vincent Long, de Parramatta, y Bill Wright, obispo de Maitland, piensan que un católico puede votar, en conciencia, por un matrimonio gay. Éste último sostiene que ““hace más para la paz y armonía comunales que las parejas gay tengan un lugar en las estructuras reconocidas que lo hace que se las excluye”. Los prelados de tierras tan alejadas de nosotros usan, como vemos el argumento del bien común, y de no alterar la paz social. Podíamos, también, invocar el respeto que la Iglesia debe al orden civil, social, jurídico y legislativo, principios reconocidos y proclamados por el Concilio Vaticano II. Pero hay argumentos más concluyentes para un creyente. Voy a indicar tres:

1º)  El seguidor de Jesús es fiel a las enseñanzas, palabras y hechos, del Maestro. Por mucho que escudriñemos los Evangelios, y los escritos del Nuevo Testamento, no encontraremos una enseñanza en estos temas. Algo de ello trataron en pasajes del Antiguo Testamento, como vestigio, y testigo, de una moral antigua, y muy diversa de lo que, después, tanto Jesús, como los primeros cristianos, fieles a su Palabra, vivieron. Algunos, bastante cándidos e ingenuos, argumentan que los tiempos de Jesús eran otros, muy diferentes que los de ahora, como insinuando que estos problemas de la sexualidad, y la  transexualidad, eran desconocidos. Y esto constituye un grave error: en el Imperio Romano eran vigentes el aborto, y hasta el infanticidio, -práctica de matar a los  bebés recién nacidos con problemas físicos, o del tipo que fuera-, y nada de eso, que era ds sobra conocido, aparece en la enseñanza del Señor. Los apóstoles, en especial Pablo en sus cartas, conoce , y fustiga de alguna manera, sobre todo en el inicio de la carta a los Romanos, el hecho de la homosexualidad. Se trata, más bien, de denunciar lo que él consideraba una tremenda decadencia, y, sobre todo, de establecer comportamientos diferentes, entre cristianos y paganos, para que brillara más el testimonio de los creyentes.

2º) La Iglesia no tiene el monopolio de la moral, o la ética. Durante mucho tiempo ella se arrogó esa característica de su Magisterio, pero está claro, en la propia enseñanza de conjunto de la de cristina, que la libertad de conciencia, y el respeto a la misma, es un  principio ineludible, primordial, esencial, e imposible de descartar, incluso a consecuencia de palabras tajantes de Jesús, como “no juzguéis, y no seréis juzgados, no condenéis, y no seréis condenados”; “¿por qué reparas en la mota del ojo de tu hermano, y no retiras la viga del tuyo? ¡Hipócrita!,  quita primero la viga de tu ojo, y verás después para ayudar a tu hermano a eliminar so mota”.  Ya he expuesto mi opinion en este delicado, y, para muchos, tema tabú, repitiendo que ni es sostenible ni lógica una ley natural, ni nadie se puede arrogar la autoridad exclusiva, y obligatoria, en el terreno de la conciencia.  

3º) Una cosa es el mundo de la moral, -y de la conciencia-, y otra, el de la Ley. El Vaticano II enseña, claramente, y con generosa valentía, la autonomía de lo civil en la vida y organización de los pueblos. Además, en la propia Historia de la Revelación hemos comprobado ciertos usos y costumbres, ciertas licencia sociales, que hoy nos parecen aberrantes, como la esclavitud, la poligamia, o la imposición de los postulados de la fe a la fuerza, vía Inquisición, por ejemplo.  Y si ampliamos el visor al mundo de las religiones, nos topamos con los sacrificios de los hijos primogénitos, el sacrificio ritual de jóvenes vírgenes, y un interminable lenco de atrocidades. Todos esos desvíos se han ido corrigiendo, y la Historia, vista con verdad y sinceridad, nos demuestra que este avance no ha sido por el empuje del Magisterio Eclesiástico, sino por el consenso puramente civil de los pueblos, de sus pensadores y filósofos, y de la presión de las propias, y, a veces, sutilísimas, variaciones en las costumbre y en los usos de la gente. Yo pienso que en este proceso está, para un creyente, la mano amorosa y sabia de Dios. Por eso me hago, os hago, esta pregunta: ¿Por qué es el Vaticano, Como Estado, , uno de los tres que no ha firmado íntegramente la declaración de los derechos humanos?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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Otra vez con el latín. ¡Qué pesadez!

Hay imágenes que valen, efectivamente, más que muchas palabras. La que publica hoy Religión Digital (RD), con los orondos cardenales Burke, Sarah y Müller, en primera fila, celebrando los diez años del nefasto decreto de Benedicto XVI que permitía, con demasiadas facilidades, las misas en latín, es, con suficiente evidencia, un intento de patada al Papa, en salva sea la parte, en su tendencia al acercamiento a la gente, y al pueblo. Al Pueblo de Dios, que es, verdaderamente, la Iglesia, en definición delo Vaticano II, en toda su plenitud; y no solo, ni preferentemente, ni principalmente, el clero, como muy bien observa José María Castillo en la misma edición de hoy de RD. Personalmente, creo que algunos cardenales se están pasando, abusando, sin piedad, ni misericordia, ni criterio alguno, de la paciencia pachorrona del papa argentino. A muchos en la Iglesia nos gustaría que Francisco diera un golpe en la mesa, justamente contra los más grandes (¿¿¡¡??) de sus colaboradores, que están demostrando ser de los más pequeños, no en sentido evangélico, como demuestra el Papa, sino en el sentido popular, picaresco, y malicioso, cuando se dice ¡qué pequeña es esta gente! Nada que ver con los pequeños en el Reino de Dios, que serán los primeros. También me gustaría, y pienso que a muchos otros también, que los obispos españoles dijeran algo, no estuvieran callados como postes, contra estos señores. Eso no es trabajar contra la unidad y caridad en la Iglesia, porque “la verdad os hará libres”, como dice el capítulo 8º del evangelio de Juan. Pablo de Tarso, ¡estoy seguro!, ya habría puesto a caldo a estos gerifaltes prepotentes que están sembrando de minas peligrosas los pasos, la actitud evangélica, y la pastoral ejemplar del sucesor de Pedro. Opino que los que así se comportan, un día sí, y otro también, ni aman a la Iglesia, ni quieren seguir los pasos de Jesús. Mas bien, su interés consiste en que las cosas continúen como durante siglos: que en la Iglesia sean los clérigos los que manden, comanden, y hagan y deshagan a gusto.

Porque la voluntad de estos “latinistas” no es respetarla Tradición. ¿Qué Tradición, la de Jesús? entonces que impongan la celebración de la Eucaristía, y , de los Sacramentos, en general, en arameo, o en hebreo, como Él habló cuando la instituyó. O en griego, como la Iglesia primitiva, hasta que ésta se latinizó, fruto de su convivencia con el Imperio Romano. Introducir una lengua no conocida por todos, sino solamente por unos “elegidos” es un atentado contra la verdadera fraternidad de los discípulos de Jesús. Ya lo expresaba con claridad, y cierta dosis de enfado, San Pablo, cuando escribía cosas como éstas: “Por tanto, si se reúne toda la comunidad en el mismo lugar y todos hablan en lenguas (extrañas), y entran en ella personas no iniciadas o no creyentes, ¿no dirán que estáis locos?” (1 Cor 14, 23). San Pablo escribía las anteriores palabras en un contexto de reconvención de la actitud de aquellos, que no respetando la finalidad pedagógica del culto, que es también consustancial a éste, preferían mostrar sus conocimientos eruditos más que ponerse todos a la altura de la comprensión de la mayoría. Por detrás de ese aparente respeto a la Tradición se esconde, cada vez con más claridad y falta de pudor, un afán por mantener ignorante al Pueblo de Dios, que tiene, en la celebración de la Eucaristía, y de lo sacramentos, la mayor, y más eficaz, oportunidad de escuchar, y aprender, de la Palabra de Dios. Sa actitud no es otra cosa que la pretensión de que se imponga, y perdure, en la Iglesia, un clericalismo exacerbado, que mande, controle, y se eternice en el Poder sagrado que, erróneamente, creen que debe dimanar del seno del culto y de la vida de la Comunidad eclesial.

Eso por un lado. Y por otro, no menos baladí e inocuo, pretenden poner en evidencia a un Papa que, según sus cortas, interesadas, y nada evangélicas entendederas, se aparta de la sacrosanta Tradición, desoyendo las palabra de Jesús, “Ay de vosotros, fariseos hipócritas, que os apartáis  de la voluntad de Dios por cumplir con vuestras tradiciones”. Al mismo tiempo que dejan de lado, con orgullo y arrogancia, la sana y luminosa idea del Concilio Vaticano II de “desclericalizar”  la Iglesia, y de  poner en manos del Pueblo de Dios, sin cortapisas innecesarias, ni frenos y obstáculos, para que la Iglesia pueda vivir, de verdad, y con todas sus consecuencias, una comunidad fraterna, en la que todos, como dice la 2ª lectura de este domingo 24º del tiempo ordinario, vivamos ara Dios, que para un discípulos de Jesús, quiere decir vivir para los hermanos, y al servicio de todos. “Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya vivamos ya muramos, del Señor somos“.

Exactamente, lo contrario de lo que parecen pretender, esos cardenales, tan eminentes, como impenitentes y desleales al Pontífice, al que juraron servir, defender, y obedecer.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Las “religiones”, sus profesionales, (¡los clérigos!), y las mujeres

Por una parte, el teólogo Juan José Tamayo arremete drásticamente contra la moral machista de “la religión organizada”, y el papa Francisco pide, no reducir a mujeres y laicos,  literalmente “a siervos de nuestro recalcitrante clericalismo“. Yo siempre he defendido, contra el parecer de muchos de mis colegas curas,  que el Concilio Vaticano II intentó, seriamente, superar la realidad de la sangrante división de la Iglesia, en dos estamentos paralelos, como son clero y laicado, algo contrario, y opuesto, a la enseñanza de Jesús en el Nuevo Testamento, (NT), algo que no existió hasta después del edicto de Milán, del emperador Constantino, año 313, y que supuso colocar a la incipiente experiencia de los seguidores de Jesús en las lista de las religiones oficiales.

LA Religión es una creación humana, muy digna y transcendente, pero humana, al fin y al cabo. Esto quiere decir que tiene todas las cualidades y problemas de todas las obra humanas. Y al ser una creación humana que toca puntos decisivos, como el sentido de la vida, de la Historia, del devenir, del dolor, de la muerte, es reconocida por la sociedad correspondiente, en la época de su fundación, con las luces y sombras de esa sociedad. Así como al evolucionar, no tiene otro modo de hacerlo que acompañando los avances y retrocesos que las sociedades humanas experimentan. Y recibirá las influencias de las ideas filosóficas, sociales, económicas, políticas y de toda orden de la sociedad que practica y sustenta esa Religión. Y si la sociedad es machista, en el sentido de que es el varón el que modula y organiza los quehaceres de la comunidad humana, pues la Religión lo será también, porque, por definición, las religiones no tienen en su propio seno una luz propia, una guía segura, pues son creación humana, como las artes, el Derecho o la Política, para apartarse de lo que no puede percibir como un defecto o déficit, inmersos en la dinámica y la tarea de la propia organización y desarrollo del aspecto religioso. Así que no nos debería extrañar que las religiones, por tratar asuntos de máxima transcendencia, se constituyan en elementos moderadores, y en frenos, de los cambios que la propia sociedad produce, y que van mucho más deprisa que la solemne quietud que siempre se afirma, y se predica, como característica casi preponderante de los elementos religiosos.

No nos deben extrañar, pues, ni la cáustica afirmación de Castillo, ni la ponderada, pero agria, queja de Francisco: porque Jesús no inventó, ni creó, una nueva Religión, sino que más bien profirió terribles vituperios contra los abusos que los jefes de las religiones perpetraban contra el pueblo ignorante, asustado, y, desgraciadamente, engañado. Pocos alegatos más tórridos y disolventes contra la Religión que los Evangelios, y, en general, el Nuevo Testamento (NT). el problema es que es más fácil manipular una religión, y a sus miembros, que una Revelación, que viene de lo alto, y que anuncia, y produce, un estado de libertad interior, mucho más difícil de manipular desde fuera, ni de invocar ninguna pretendida autoridad para ejercer ese control. Mucha gente se extraña, se escandaliza, o se entristece, al oír que el Cristianismo NO es una Religión, pero hay pocas constataciones tan liberadoras, gratificantes y dignificantes como esta.

(Prometo que desarrollaré más detenida y profundamente este tema).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Solo la fuerza encarrila a los que se apartan reiteradamente de la Ley

¿Por qué tanto miedo a fabricar mártires, o a que ellos lo piensen? Los gobernantes catalanes han afirmado, cientos de veces, que las leyes españoles se las pasan por salva sea la parte, por lo más profundo del forro. A los delincuentes que no obedecen las órdenes legales del juez y no se presenta, la policía los visita, y los conduce al lugar adecuado. No hay más solución. Y en estos últimos días hemos visto la desfachatez, el autoritarismo con el que el Parlament ha destrozado las normas previstas para la dinámica de las sesiones del mismo. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en un ejercicio de profunda paciencia democrática, y en un formidable derroche de fayr play democrático, ha asegurado, tranquilizando a los ciudadanos, tarea que efectivamente compite al Gobierno, que el día 1º de octubre no habrá la votación del Referendum, declarado reiteradamente, desde todos los puntos de vista, ilegal por los tribunales, y anti constitucional por el correspondiente alto tribunal correspondiente.

Pero, ante la inexplicable tozudez y menosprecio de todas las advertencias, desde las más amigables, hasta las más disuasorias, ¡provocativas!, que dicen ellos, tanto políticas, primero, como judiciales, acudiendo hasta las de índole penal, solo cabe esperar otra desobediencia, y virtual corte de mangas, que es lo que parece haber imaginado como estrategia de propaganda el aparato institucional de Cataluña. Todos sabemos, o imaginamos, que cualquier presidente del Gobierno español, el actual, o el que fuese, no querría pasar a la Historia como el gobernante que tuvo que apelar a la fuerza para doblar el brazo insumiso, amenazador, y hasta arrogante, de una Comunidad Autónoma española. Sin embargo, no se ve, yo, por lo menos, no veo, otra solución que acudir a una de las esencias y razones de ser del Estado: el uso de la fuerza, que se ha reserva en exclusiva para evitar la confrontación violenta y frecuente entre los componentes de la sociedad, para que ésta pueda vivir en paz.

Todos saben, y no deben olvidar, que es el Estado al que, por un convenio generalmente tácito de los ciudadanos, éstos han entregado la tarea de su defensa, de los ellos individualmente, y de las agrupaciones, instituciones y ordenamientos, sociales, jurídicos y políticos, a nivel corporativo y social. EL Gobierno no tiene otra salida, evidentemente, que, defender, por ejemplo, a los diputados y funcionarios que, como los del Parlament, han visto sus derechos pisoteados con escarnio, premeditación y siniestra alevosía, ante los ojos sorprendidos, y atónitos, de toda la audiencia televisada. En mi opinión, ese escándalo público es parte de la estrategia de provocación, envalentonamiento y auto afirmación que suelen emplear los humanos cuando advierten su debilidad, o su ligereza, o su necia osadía, cuando se meten en un berenjenal.

Y ante la situación planteada, no cabe, no va a caber, otra salida, al Gobierno español, que cumplir con su penoso deber de reducir a los levantiscos, y sediciosos, que para serlo no hace falta necesariamente que se líen a tiros, retirando, primero, el poder real a los Mossos de Escuadra, que lo puede hacer sin aplicar en toda su extensión el artículo 155 de la Constitución, y poniendo en las calles de Cataluña a la Guardia Civil y a la Policía Nacional. Todos los catalanes de bien, y sensatos, admitirán que sus irresponsables y temerarios gobernantes no han dejado otra salida al Gobierno central que ese último, triste y penoso, pero necesario recurso.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

 

 

 

 

 

Los super poderes del obispo de Vitoria

Conocí una vez un pastor, que pastoreaba ciento cincuenta ovejas, que un día se enfadó con una de las más activas y diligentes de su rebaño, porque era una oveja de color gris perla, así, sin más; ni blanca, ni negra , ni siquiera marrón. Era una de las más divertidas y juguetonas del rebaño.Y enfadado con ella, le prohibió toda actividad en el rebaño, no podría salir la primera, como solía, ni corretear provocando a los perros, ni saltar ni hacer carantoñas al pequeño zagal. Hasta le puso limitaciones para salir del aprisco, y tuvo la impresión, la pobre oveja, de que de injustamente, y produciéndole una enorme tristeza, la dejaba encerrada en el corral, cuando sus compañeras salían a tomar el aire, el sol, a comer hierba jugosa, y a retozar entre el verde. El pastor se llamaba, se llama, Juan Carlos Elizalde, y la oveja de color llamativo, diferente, y activa, Alfonso Ruiz de Arcaute,  catequista, miembro del Consejo y animador de la celebración de la Palabra.

Alfonso es homosexual, y se siente con vocación al ministerio ordenado, diácono, presbítero, y así se lo ha comunicado a su obispo. Éste le informó que, según la normativa todavía vigente en la Iglesia, a pesar de la apertura del papa Francisco, y a tenor de un decreto del año 2005, no veía posibilidades de que su deseo, e ilusión, fuera adelante. Pero si que se comprometió monseñor Elizalde, a hacerle a Jan Carlos el favor que éste le pidió: llevar personalmente al Papa una carta manuscrita, impetrando el favor y la benevolencia del papa argentino. Esta carta nunca fue entregada al Pontífice. Y con ocasión, o tal vez ha sido coincidencia, del cambio de párroco en la parroquia a la que pertenece, y en la que trabaja diligentemente “esa oveja de otro color“,  entre los dos párrocos, el saliente y el entrante, han comunicado al feligrés la disposición del obispo, prohibiéndole toda y cualquier actividad parroquial.

El comportamiento del señor obispo, prestándose afablemente a dialogar, y hasta a interceder personalmente ante el Papa, ha sido no solo correcto, sino posiblemente digno de elogio y de encomio. Lo malo ha sido el inimaginable colofón, poco digno de un buen pastor con una oveja señalada por su compromiso eclesial, demostrado en las decisiones que el obispo conocía. entre toras, que de acuerdo con el texto de Mateo, 21, 24.25, en el evangelio de la misa de ayer, 22º domingo del tiempo ordinario, “Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.
25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará“, Juan Carlos condicionaba todas sus programaciones y actividades a su voluntad de adaptarse a las exigencias que le podría traer su dedicación al ministerio, incluso en su vida de pareja. Es conmovedora su preocupación por practicar ya una castidad como ascesis para el futuro, como él mismo nos comunica entre sus confidencias, con una sinceridad conmovedora.”Pese a que llevo varios años viviendo desde la castidad acogida con alegría al poner en mi compromiso eclesial el centro de mi vida“, nos cuenta, Elizalde veía inviable el camino de Ruiz de Arcaute hacia el sacerdocio por su homosexualidad.

¿Puede un obispo comportarse así con un fiel creyente, que quiere seguir, según sus posibilidades, el camino de Jesús? Creo que no. Y, desde luego, no recrea la figura del “Buen Pastor”, que busca la oveja perdida entre peñascos y breñas, vientos y tormentas, y celebra una fiesta cuando la encuentra. Eso en el caso de que en el caso que comento se trate de una oveja perdida. Más bien es todo lo contrario. Pero de lo que no queda ninguna duda es de que si, con todos los cuidados y miramientos, podemos afirmar de alguna manera que los jerarcas de la Iglesia son los administradores de su tesoro, en la Palabra y en los sacramentos, de ahí no pueden deducir que sean, también, propietarios. Ni de una cosa, ni de otra. ¿Alguien le ha dado, o, más serio todavía, alguien puede dar potestad a un obispo para prohibir a un fiel, a una oveja de su rebaño, “toda y cualquier actividad parroquial“, a no ser por una excomunión, que siempre debe de ser pedagógica, para provocar la vuelta, como la usaban los primeros cristianos? Pero en el caso de Juan Carlos, ¿hay verdadera salida, huida, o traición a la Iglesia, solo por ser homosexual?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Lo importante es “la Empresa (II)

He pretendido expresar, en mi artículo anterior, cómo, para los políticos, la Empresa, y el ente global por excelencia denominado “las Multinacionales”, son, con suficiente evidencia, más importantes que le individuo, sobre todo si éste es un asalariado con poca, o ninguna, especialización. La economía de las altas cifras, esa es la que importa, y si va bien, -y eso significa que va viento en popa para los empresarios, y para otro ente global misterioso, pero sagrado el mercado-, poco importan los daños colaterales, no deseados directamente, pero tampoco evitados, cuando es lo más fácil del mundo hacerlo. Sí, nos dicen, pero b ajarían significativamente las cifras favorables a los emprendedores, que, nos dicen con arrobo casi místico, son los que exponen su patrimonio para promover el trabajo, y, por lo tanto, el bien común. Por esto, su interés por su propio lucro es mínimo. Por eso el ordenamiento económico que propician los gobierno no se preocupan nada de que los aspectos que interesan especialmente a esos  adelantados sociales, como la contratación, o el despido, de sus trabajadores, y el montante y las condiciones del salario, etc., etc., sean, o no, de su interés. Ya hemos visto en la entrega anterior que es todo lo contrario. Lo que importa muy poco es la suerte que corren los asalariados con esa ordenación laboral. Los políticos afirman, solemnemente que sí que les importa, y que esa es una de sus principles razones de ser. Pero, la pura realidad es el desamparo, y el abandono de los derechos laborales. En unos países, más que en otros, y el nuestro no es un modelo preclaro,  en general, de esa conciencia social, ni de los gobernantes, ni de los empresarios.

Y ahora, como prometí, me toca escribir cómo actúan, y reaccionan, los medios de comunicación a este respecto. Ya escribí un artículo, en este blog, bastante duro contra los periodistas. Ya el título era beligerante: “Los periodistas como estorbo: les falta la Filosofía“, (5 de Agosto de 2016). Venía a decir que. salvo muy honrosas, y contadísimas excepciones, a nuestros periodistas de hoy les falta preparación intelectual, y les sobra oportunismo, ansia de subir y medrar, y afán de enriquecerse. Pero les flaquea mucho el aprecio a la verdad. Y, en el tema que nos interesa, sobre su implicación profesional en los temas de justicia social, excepto algún medio muy concreto, que no quiero propagandear, se inclinan solo por la “Gran Economía”, y ven bien las injusticias que los Rajoys y Macrones, Merkels, y los Felipe González , (no pude perdonarle a éste  el abaratamiento del despido que perpetró su Gobierno, siendo el presidente, y siendo considerado, falsamente, como se vio, abanderado del Socialismo), que perpetran, digo, contra el mundo del trabajo. No solo defienden a la Empresa, en general, sino que, lo que es bastante peor, muchas veces, demasiadas, son portavoces de su empresa de comunicación.

Y como no quiero repetir lo que escribí has mas de un año, reproduzco un párrafo:

“Me duelen las carnes cuando los informadores informan de lo que les parece oportuno y ventajoso para sus jefes, o sponsors, y callan lo que es negativo, o ellos así lo creen. Y también es profundamente frustrante, para mí, que por los mismo motivos, zarandean y destrozan a uno, y exaltan la prudencia y la vis política de otro. ¿Alguno de los consejeros áulicos de Rajoy denunció o criticó el desmesurado anhelo de poder, o eso parece, del presidente en funciones? No, su desplante al Rey era la sabiduría política del que no quería marear la perdiz, mientras que otros harían lo que fuera, cualquier cosa, hasta dialogar con los separatistas, vascos y catalanes, ¡oh suprema traición!, con tal de alcanzar el poder. De hecho, no se dio ese caso, y los así insultados demostraron mucha más dignidad. Y, ahora, ¿qué dicen los puritanos del “no todo vale”, al ver que el señor Rajoy, cuya una de sus ideas fijas era la de no acudir a los nacionalistas? Pues que es un político con idea de Estado”. (Si se apoya en ellos para conseguir la investidura, o la aprobación del los presupuestos).  …  “A mí el griterío de los medios, el barullo, y su zafiedad, muchas veces, me parecen un estorbo para el buen andamiento de los ritmos políticos. ¿Alguien me podría informar de las facultades que frecuentaron no solo Larra, el más famoso de todos, sino otros de su tiempo como Félix Mejía, Benigno Morales, o Manuel Ruiz del Cerro? Todos ellos pagaron con la vida o la cárcel su lealtad a profesión tan digna, necesaria, y muchas veces heroica y sublime como es el buen y sincero periodismo” . (De mi artículo antes citado, “Los periodistas como estorbo, …, del 5 de agosto de 2016)

Jesús Mª Urío Ruiz e Vergara

Lo importante es “La Empresa”

Muchas veces me pregunto, tal vez ingenuamente, quienes son los que mandan en el mundo. Y observo, sobre todo, las decisiones de los políticos, y las opiniones de los medio de comunicación, de los sociólogos, periodistas, y de esa pléyade de personajes modernos, los tertulianos radiofónicos y televisivos, ocupados todos los días en ¿informarnos?, ¿ilustrarnos?, y modelar nuestro acerbo de opiniones, preferencias, de pensamientos, y de conclusiones varias sobre el vasto tema socio-económico-político-deportivo, y ¡hasta religioso! Y después de observar, meditar, pensar concienzudamente, y seleccionar escrupulosamente las posibilidades, he llegado a la conclusión de que los/las que mandan, los que cortan el bacalao, los que consiguen que la política y la opinión mundiales se rindan a su favor, y trabajen en su beneficio, son las empresas, cuanto más grandes, mejor, y cuantos más extendidas, en un mundo globalizado, mucho mejor. Es decir, se trata de las “Empresas multinacionales”. Y por detrás de la cara fría y anónima de las multinacionales, están, obviamente, los dueños de las mismas, loas grandes accionistas, que son los verdaderamente poderosos, los auténticos magnates, los escandalosamente ricos. Hoy mismo he oído en la tele, y no sé so era una película, o un anuncio, o un grito desgarrado de un comediante, el siguiente desgarro: “Quiero que los pobres coman pan, y los ricos, mierda“, (sic, disculpen). Pero antes que ese bardo popular, el Señor Jesús exclamó: “En verdad, en verdad os digo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios”. No me extraña que a los ricos y poderosos no les haga mucha gracia el papa Francisco, que ya advirtió, a pocos meses de su entronización en al Pontificado, que “el Capitalismo no solo roba, sino mata“, cuando gritó sus desesperación por las muertes de tantos ciudadanos africanos a las puetars de Lampedusa.  

Me he embarcado por estos derroteros tan sesudos porque he leído en “El País” de hoy una editorial, la principal, la que señala la orientación del periódico en el tema destacado del día, un subido alegato elogioso del presidente francés, Emmanuel Macron,  referido a la anunciada desde la campaña electoral y presentada como la reforma estrella, y esperada con cierto grado de temor, la “reforma laboral francesa del nuevo presidente”. Éste necesita, como agua de mayo, que sea bien recibida, con altos índices de aceptación, par compensar las señales, todavía no muy fuerte ni significativas, pero persistentes, del declive de su popularidad. Y ya en los primeros compases de la mencionada editorial, se vislumbraba la inclinación que en el primer párrafo de este artículo yo señalaba: “Las líneas generales ahora conocidas de esta iniciativa se basan en el abaratamiento del despido y una práctica anulación de la intervención de los sindicatos en las negociaciones colectivas de las pymes, que dan trabajo a más de la mitad de los asalariados franceses. El cambio no es una revolución con respecto a la polémica reforma aprobada el año pasado, pero sí una profunda transformación que pretende fomentar el empleo aportando mayores garantías al empresario y, en consecuencia, reducir el paro estructural que sufre el país”. 

Ya tenemos despejado el nudo gordiano que yo siempre me montaba en la búsqueda de los verdaderos mandamases en el mundo: los empresarios, cuya defensa enarbolan los Estados a costa de los asalariados, de los trabajadores. En este párrafo, que no hace sospechar ningún tipo de censura social o económica por parte del editorialista, se tocan dos temas especialmente sensibles en el mundo labora: el abaratamiento del despido, y la práctica retirada de los sindicatos en la pugna, ardua, reñida, muchas veces cruel e implacable, pero decisiva para el trabajador, del proceso de contratación. El Capitalismo liberal decidió dogmáticamente,  a finales del siglo XIX, algo que, por los visto, solo podrían refutar los ignorantes, y los enemigos del progreso de la humanidad a finales del siglo XIX, que lo más seguro, y lo más factible, para la paz social, a nivel nacional, e internacional, era una economía de mercado, y un sistema de libertades, partiendo de la “igualdad de oportunidades”. Pues bien, ésta es una de las mayores milongas, mentiras y escarnios que se han admitido sin otra discusión que la del Comunismo, de trazo, tan grueso, que su aplicación desvirtuó cualquier atisbo de algo positivo que podría ofrecer. Y en esas estamos, como vemos: favorecer a los que, por tener igualdad de oportunidades, han podido estudiar en los mejores centros universitarios y de investigación del mundo, porque sus padres tenían suficiente dinero para sufragar la carrera, o el joven poseía unas condiciones innatas, intelectuales, y de voluntad de estudio y trabajo, y cargar el peso del enriquecimiento, del progreso económico, y del bienestar general, en las espaldas de los asalariados, cuanto más bajos mejor, a los que no hay que pagar mucho, y, por si fuera poco, contra los que el Estado se encarga de blindar a los empresarios con sus leyes y disposiciones.

Ésta fue la línea, y la Filosofía de la reforma laboral española, que según los comentaristas, ha imitado Francia, y que propugnan los cerebros político-económicos europeos. Pero a los que no faltan nunca medios para llegar a fin de mes, ni para tener una calidad de vida por o menos apreciable y digna, cuando no, en la mayoría de los casos, envidiable. Por eso un gobernante como Mariano Rajoy puede proclamar a las cuatro vientos que la economía española va muy bien, y ya ha salido prácticamente de la crisis, dejando un 25% de los ciudadanos, unos 13 millones, en riesgo real, y, cada vez más inminente, de exclusión social. ¿Como es posible que tantos gobernantes europeos, y del mundo, proclamen que la economía va bien, cuando la grieta de la desigualdad social crece, no cada año, sino cada mes y a veces, cada semana, a pasos agigantados?

(En la siguiente entrega trataré de la preferencia por las empresas y los empresarios de los medios de comunicación)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

De los ultra católicos, ¡Líbranos, Señor!

1º) No ganamos para sustos. El otro día fue el padre Santiago Martín, ex TOR, (Tercera Orden Regular, de los franciscanos, y actualmente fundador de su propio grupo religioso), quien,  en una homilía dulce y fraterna,  arremetió contra la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a la que casi colocó a la misma altura que a los verdaderos autores en la responsabilidad de los atentados de Barcelona y Cambrils. Tampoco se mostró excesivamente benevolente y misericordioso, como nos enseñó Jesús, en referencia a los musulmanes, y a sus actividades militares. Nadie piensa que un ultra católico, como Santiago, fuera a aplaudir a personas que han provocado tanto dolor, que, además, en nuestra opinión, no tiene ni justificación, ni explicación, ni utilidad nada positivo, y que es perfectamente inútil. Pero hay modos y modos de referirse a “nuestros enemigos”, y, para un cristiano, el modo exacto, como en todas las situaciones, laberintos, dudas, vacíos, y oscuridad, es el que nos enseñó el Señor Jesús: “amad a vuestros enemigos …; si amáis a los que os aman, ¿Qué merito tendréis? Eso también lo hacen los publicanos y pecadores. Santiago, como todos nosotros, es un pecador, y se ha comportado como tal. Por eso me ha sabido tan mal la carta abierta de Christopher Hartley, un misionero de la diócesis de Toledo, dirigida a Santiago Martín, reproducida en Religión Digital, (RD), reprochando, y afeando, la actitud del arzobispo de Madrid, D. Carlos Osoro, del que afirma que “”Tu arzobispo no sólo no te ha defendido en público, sino que te ha corregido y humillado”.  La nota del obispado de Madrid no era, de ninguna manera, humillante, sí, correctora. Claro que  la prosa de Christopher no se pasa en benevolencia y caridad, como podemos apreciar en esta frase de su misiva: “El arzobispado salió en defensa de dos alcaldesas impresentables, que continuamente ensucian con sus palabras y decisiones institucionales, todo lo que es sagrado, verdadero y justo”. Es hora de que alguien con autoridad explique a quienes se comportan públicamente como “talibanes” católicos que nadie tiene el secreto, ni siquiera la jerarquía de la Iglesia, de lo que es sagrado, verdadero y justo. Que tal vez nos hayan enseñado, de pequeños, que el Magisterio de la Iglesia era el dueño de todos los secretos de la vida, y de todas las verdades sobre lo bueno y lo malo. ¡También nos decían que a los niños los trae de Paris una cigüeña!, pero la vida nos hace crecer, y ¡ay de aquel que no sabe crear su propio acerbo de criterios, valores, y elementos de juicio. Además, los cristianos lo tenemos muy fácil: solo nos hace falta oír las Palabras de Jesús, y ver sus actitudes. Siempre me gusta recordar que el Señor, a los que más atizó con su Palabra de fuego, fue a los Sumos Sacerdotes, a los jefes de los fariseos, a los escribas, y a los senadores. Nunca se metió con publicanos, samaritanos, prostitutas, ¡ni siquiera con los romanos”, esos sí enemigos, y opresores, del Pueblo judío.

2º) Y hoy, otro sobresalto. Religión digital (R) publica una noticia que, a mí, me sobrecoge. El obispo auxiliar de Madrid, Martínez Camino, en claro desafío a la iniciativa y a las palabras del papa Francisco, de exaltar la figura de Lutero, y acudir, en Suecia, a los primeros fastos del 500º aniversario del inicio de la Reforma. De ésta, el obispo ¿jesuita? madrileño afirma que “la obra de Lutero tuvo dos graves efectos negativos contrarios a su intención, la ruptura de la unidad de la Iglesia latina, que se consumó con la creación de una aparato eclesiástico enfrentado a la Iglesia Católica, y la configuración progresiva del secularismo, de tal modo que la religión se quedó relegada a la esfera de lo privado”. He afirmado que esta opinión del obispo Camino me sobre coge porque no puede ser que en la misma Iglesia Católica la idea que un prelado tiene de Lutero sea contraria a la del Papa, que afirma sobe el mismo que fue “un testigo del Evangelio” y “un reformador en un momento difícil, puso la palabra de Dios en manos de los hombres”, cuya intención “era renovar la Iglesia, no dividirla”. Esta opinión es bastante más cercana a la de mi profesor de Historia de la Iglesia que la el ex portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE). MI profesor, P. Miguel Pérez del Valle, ss.cc. aseguraba que Lutero fue, con Agustín, Tomás de Aquino y Karl Barth,uno de los mayores genios religiosos del Cristianismo. Y el Papa, además, afirma algo fundamental, sobre la Reforma Luterana, y es que “puso la palabra de Dios en manos de los hombres”. Esto es fundamental, y es la gran diferencia entre poner la Biblia al alcance de los hombres, como hizo Lutero, traduciendo, o promoviendo la traducción de la Sagrada Escritura al alemán, o perseguir al que la tradujese, o, simplemente, la leyese. El mayor agravio que la jerarquía católica ha hecho, a la vez, al Pueblo fiel, y a la Sagrada Escritura es pensar que su conocimiento podría ser malo para los creyentes, hasta llegar a torturar y condenar por esa lectura o conocimiento. En España hemos tenido ejemplos  muy tristes, sangrantes y penosos de esa actitud. ¡Claro!, eso es coherente con el hecho de que la primera traducción bíblica permitida en nuestro país sucedió el año 1943, como quien dice, ayer. Pero estas cosas no parecen interesar ni tener importancia para el obispo Martínez Camino.

Jesús Mª Utío Ruiz de Vergara

 

Hoy he sentido verdadera vergüenza ajena

Me refiero al pleno del Congreso de los diputados, intentado que el presidente Rajoy diera alguna explicación, alguna respuesta, alguna pista. sobre los escándalos de corrupción del caso Gurtel. Pero el evento ha sido un fiasco. EL Presidente no ha empelado ni una vez las palabra “corrupción” o “Gurtel”, eso que ha reconocido, ingenuamente, que ya había acudido 52 veces a las Cortes para responder de “ese tema”, de “ese asunto”, de “eso”. No parece haberse dado cuenta de que admitiendo esa reiteración de ocasiones estaba reconociendo que nunca, ni una sola de las cincuenta y dos, el asunto, “LA CORUPCIÓN”, había quedado finiquitado. Que seguramente habría pasado como en la presente comparecencia, más solemne, y con más claridad en el mono tema, en la que el encausado, ¡parlamentariamente!, que no judicialmente, ha mirado para otro lado, y ha dejado entrever que la cosa no era con él.

Quiero recordar que no es moco de pavo el escenario en el que el señor presidente del PP, ¡del Gobierno!, ha sido interpelado. El Partido Popular ha demostrado con creces el poco respeto y caso que hace al Congreso de los Diputados, a no ser de palabra, cuando se le llena la boca con eso de que “la Soberanía de España radica en el pueblo, y en el Congreso se encuentras los representantes legítimos de ese pueblo. Eso está muy bien, sobre todo  cuando les interesa. Pero cuando el Parlamento reprueba a unos ministros, o exige explicaciones, para lo que está legitimado, al Presidente, la impresión que tenemos los ciudadanos, espectadores de esos desencuentros, es que el partido del Gobierno exclama extrañado, como hemos oído a alguno de sus portavoces, interrogado qué harían después de algunas de las reprobaciones de sus ministros, responder, tan panchos,  “¿Y por qué vamos a tener que hacer?, nada“, como si el Congreso les importara como el pito del sereno. Pues no, en esa Cámara reside la representación de la Soberanía popular. No respetar esa representación es una de las peores señales de falta se sentido democrático.

Esa es la razón por la que esta mañana, ante la tele, he sentido “vergüenza ajena”, al oír la constelación inacabable de quejas y reclamaciones con la que los diputados han regalado y recriminado al Presidente. Me he imaginado a mí mismo escuchando tanto improperio, de mis pares, en público, ante millones de televidentes, en lo referente a mi trabajo profesional, y, además de morir de vergüenza, sentiría dolor, desconcierto y desorientación en lo más profundo de mi ser. Por eso no entiendo la opinión de una pléyade de periodistas, y profesionales de la Comunicación que han expresado, sin titubeos, que Mariano Rajoy se ha ido de la Cámara de rositas. Y, una de dos, o no tienen sensibilidad Ética y dignidad los periodistas, o suponen que es el Presidente el que no las tiene, o ambos lados. Esta mañana, el señor Presidente del Gobierno de España ha escuchado estos piropos: “Vd. miente”, “no tiene palabra”, “es más chulo que un ocho”, “su Partido nos ha robado”, “devuelvan lo robado”; y, también, ha tenido que enfrentarse, cosa que no ha hecho, a preguntas exactamente pertinentes a la corrupción que se estaba intentado investigar, mientras él respondía, “y su partido más”. ¿Alguien se puede ir a casa con esa letanía de jaculatorias? Yo no me lo creo.

Por eso digo ¡Qué Vergüenza!, como ciudadano, y con el ejercicio de imaginar, y meterme en la piel, de quien estaba recibiendo esa rociada de piropos. Porque no era un señor cualquiera, sino el Presidente de mi, de nuestra, amada Nación. ¡Qué pena, y qué Vergüenza!

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

¿Qué pasa en la diócesis de Cadiz-Ceuta?

El obispo de esta diócesis es Rafael Zornoza, al  que conocí siendo párroco de la parroquia de San Jorge, cuando yo estaba en la de Sagrados Corazones. Duró poco la cercanía geográfica, porque muy pronto su gran mentor, y padre espiritual, el primer obispo de la recientemente creada diócesis de Getafe, año 1991, D. Francisco José Pérez y Fernández Golfín, de quien era secretario desde los años setenta, se lo llevó a la nueva diócesis, donde ascendió rápidamente todos los puestos, con alguna leve queja de los arciprestes y curas de Getafe, a pesar de la buena relación que éstos siempre tuvieron con el obispo Golfín, como era familiar y coloquialmente conocido, quien siempre fue una persona cercana, amable y bastante evangélica. Mi relación con Rafael, el poco tiempo que coincidimos en el arciprestazgo de San Agustín, (la parroquia que da nombre al arciprestazgo es la que está cerca de la plaza de la República Argentina, conocida popularmente como “la de los Delfines”, y que hasta la masiva creación de parroquias por parte del arzobispo Casimiro Morcillo, en los años sesenta, era la única que había en el barrio de Chamartín). fue superficial, en dos reuniones de arciprestazgo, que celebrábamos mensualmente. Claramente no éramos de la misma línea, y recuerdo su sorpresa cuando yo, recién llegado al arciprestazgo, le mostré mi desacuerdo con las ideas que mostró, en una reunión en que tratamos de la “Celebración Comunitaria de la Penitencia“, y que me parecían bastante conservadoras, y que, en mi opinión, no tenían muy en cuenta las aportaciones, en la materia, del Vaticano II. He escrito lo anterior no para marcar distancias, y sin pensar para nada en que influya, ni a favor ni en contra, en las líneas, de este artículo. Simplemente como información adicional, pues siempre es bueno, cuando se va a hablar, o escribir, de alguien, e interesante, que se sepa si esa persona era conocida con anterioridad, o no, del que escribe.

  • El motivo de esta entrega en mi blog es que hace ya tiempo que la diócesis de Cádiz es noticia, por las desavenencias, encontronazos, y quejas, que se vienen produciendo entre el obispo y su curia, y much9s de los curas, y también con seglares comprometidos en la vida eclesial. El último episodio, y el más gordo y llamativo, ha sido la presencia de un Ganesh en una procesión de una parroquia de Ceuta. Se trata de una de las deidades más conocidas y adoradas del panteón hinduista, con cuerpo humano y cabeza de elefante. Es muy reverenciado como removedor de obstáculos, patrono de las artes y las ciencias, y al que se le ha cantado una Salve rociera. El revuelo que se ha armado ha sido tremendo. Y el obispado ha reaccionado rápidamente deplorando lo sucedido, y provocando la dimisión del Vicario de Ceuta, y las sentidas, y a todas luces sinceras, peticiones de disculpa y perdón de la parroquia en cuestión. Pero lo que a mí me ha hecho desconfiar de la limpieza de la operación, así contada, ha sido el inequívoco posicionamiento laudatorio hacia el obispado de la revista digital “InfoVaticana”,  descaradamente anti Francisco, que ha recordado lo mucho que separa al obispo Zornoza del Papa, pero ha omitido informar de que esta acogida a la comunidad hindú se venía celebrando hace tiempo, y, desde luego, más de los seis años que es titular de la diócesis de Cádiz-Ceuta. Y todo indica de que si el obispado ha reaccionado tan contundentemente, ha sido porque esta vez el hecho ha llegado hasta los medios de comunicación, con el consabido escándalo.
  • De este acontecimiento es legítimo deducir que cuando las celebraciones religiosas, (“¡religiosas!”, más que cristianas), se inclinan. cada vez más abiertamente hacia lo folklórico, terminan hermanándose con bastante facilidad. A mí me ha llamado la atención, pero no demasiado, justamente por lo que pienso de la deriva de muchas celebraciones llamadas cristianas a eventos puramente religioso-folklóricos, que una presentadora de televisión, bastante conspicua y atinada en temas socio-políticos, haya considerado como una exageración hacer tanto ruido por tan poca cosa. Como dejando entrever: ¿Qué más da una salve rociera en una ocasión u otra, y qué mal hay en cantarla a un idolillo hindú? De aquellos lodos se producen, en mi opinión, estos barros.
  • Otra noticia triste, y que ha producido dolor en la diócesis gaditana es el despido fulminante, y, no a lo que sabemos, sino a lo que NO sabemos, sin motivos, y con modos abusivos, de la secretaria, y bibliotecaria, de la parroquia San José Artesano, de San Fernando. Estos modos se pueden considerar normales, tal vez, y desgraciadamente, con la legislación laboral que ha quedado después de la famosísima, y alabada hasta la náusea, Reforma Laboral de este Gobierno,  pero que admiten varios calificativos: todos, menos los de evangélicos. En el escrito de despido, es del todo triste, y lamentable, casi un sarcasmo blasfemo, que  el párroco que la firma hable al menos en dos ocasiones de “La dirección de la empresa“. La Iglesia, ¿una empresa? ¿No  la comunidad de los seguidores de Jesús de Nazaret? Tanto el hecho en sí, como, sobre todo, los modos, han entristecido a miembros cristianos, y asiduos y colaboradores de la comunidad eclesial, que son, al mismo tiempo, activos trabajadores de Caritas, y, también, del ámbito de asociaciones atentas a las relaciones laborales.

 (Nota bene:
1ª) Al acabar mi artículo he visto en Religión Digital (RD) que la Comunidad hindú de Ceuta, que llevaba haciendo esa visita a sus amigos católicos hace nueve años, venerando la patrona de la ciudad, La Virgen de África, sin ningún sobresalto, ni actuación del obispado, se ha sentido triste y sorprendida de que esta vez el señor obispo haya actuado. Por eso, han mandado una carta de información, y, suponemos, de protesta al papa Francisco.
2ª) La segunda noticia la he recogido en “Redes Cristianas”, la que, a su vez, la ha publicado del conocido bloguero católico y militante Juan Cejudo, miembro de MOCEOP (Movimiento Pro-Celibato Opcional), y de Comunidades Cristianas Populares, y que termina así su escrito: “Creo que se han perdido todos los papeles cuando convertimos a la Iglesia en una empresa de carácter comercial, utilizando criterios mercantiles y no evangélicos”.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara