Los obispos españoles y la comunión de los divorciados (II)

 2ª) A diferente grado de responsabilidad, diferente tratamiento pastoral. Este es un principio fundamental. Si tanto ha costado a algunos puritanos aceptar que el pecado siempre es individual, como asegura, por ejemplo Kiko Argüello en sus catequesis, negando las “estructuras de pecado”, que tanta influencia tendrían en el comportamiento social e individual de las personas, no vamos ahora a generalizar con calificaciones generales, como “separados, divorciados, vueltos a casar por lo civil, etc”. como si cada una de estas calificaciones no admita distingos y matizaciones. Es decir, el Papa aboga porque se estudie cada caso, ya que es muy probable que la responsabilidad sea diferente, y la solución también. Además, insiste Francisco en que es mucho más concorde con el Evangelio tratar con misericordia que juzgar, sobre todo sis este juicio es “a priori”. Las condiciones que expone Tomás de Aquino para el pecado son muy exigentes, y es muy poco probable que un varón o mujer modernos, acostumbrados a prácticas perfectamente normales hoy, y totalmente transgresoras en otros tiempos, tenga el sosiego mental y la voluntad explícita de pecar.

Recordemos las condiciones que el doctor de Aquino exige para poder hablar de pecado mortal:

1º), materia objetivamente grave. Nadie dudaría que matar conscientemente a un semejante por odio, venganza o ánimo de robo y de intimidación sea una materia grave. Pero cabe perfectamente la duda de que una disposición externa al acto, de origen y tipo administrativo, como conceder determinadas consecuencias morales a actos de por sí indiferentes, como la cohabitación con alguien sin determinados papeles, o antes o después de concretos actos de carácter no objetivo sino convencional, como tratarse de un matrimonio canónico o meramente civil, en estos casos, y con otros muchos condicionantes de la determinación positiva de la moralidad de actos no de por sí pecaminosos, es muy probable que este requisito de la maldad moral objetiva no quede tan claro, no sea tan evidente calificar.

2º), advertencia plena de la pecaminosidad. Esto quiere decir, en nuestro caso, que las personas afectadas tienen que advertir en su conciencia, sin género de dudas, que la decisión de formar una nueva pareja, firme y estable, por el matrimonio civil, por ejemplo, es una decisión pecaminosa. No sé si algún moralista se atrevería a responder afirmativamente a esta cuestión. Yo, desde luego, no. Hay casos, ciertamente, y casi todos los párrocos y presbíteros dedicados de lleno a la pastoral conocemos, de personas con tal sensibilidad moral tan acusada, generalmente consecuencia de una educación estricta de padres y educadores, que no consigue encontrar ningún atenuante a sus actuaciones, y “carga con el peso opresor de sus pecados“. Peor hemos de convenir que este tipo de personas, en los días actuales, son las mínimas.

3º), consentimiento perfecto. Esto quiere decir que la persona, además de tener pleno conocimiento, din dudas, sino al 100%, de la condición pecaminosa de sus actuación, concede a ésta todo y entero, y consciente, consentimiento de su voluntad, Es decir, una vez convencido de que va a ejecutar un pecado, se adhiere a esa voluntad de cometerlo con toda la perfección de su poder decisorio, sin sombras ni lados oscuros. Es fácil darse cuenta de que, como diría el santo doctor dominico, “de pecado mortal hay que hablar con mucha dificultad” (de pecato mortale difivultossime falitur), sentencia de tal calibre, viniendo de quien viene, que debería haber callado, hace mucho tiempo, bocas tan ligeras, facilonas, e irresponsables, de tanto moralista juzgador de mala manera, y condenador, de peor estilo y consecuencias.

Si a todo lo anterior añadimos, como he recordado varias veces en mi blog, que el Señor Jesús no dio ningún consejo referente a la celebración de la Eucaristía, sino que pronunció cuatro órdenes inequívocas, es decir, nos transmitió un verdadero mandamiento “jesuano”, tomad, comed, bebed, haced,  no cabe la más mínima duda de que los que ponen con excesiva facilidad trabas a la comunión o no han leído el Evangelio, en el que Jesús no tuvo ninguna vacilación en dar el pan de la Vida al mismo Judas, o consideran que el señor fue demasiado permisivo y ellos son “más cristianos que Cristo”. 

Y, para acabar, comparemos el documento que la Conferencia Episcopal Española (CEE), si alguien lo conoce, con el párrafo siguiente del documento que sobre este tema publicó la conferencia episcopal de Malta:

 ‹ Si, como resultado del proceso de discernimiento, emprendido con ‘humildad, reserva, amor a la Iglesia y a su enseñanza, en la búsqueda sincera de la voluntad de Dios y con el deseo de alcanzar una respuesta a ella más perfecta” (AL 300), una persona separada o divorciada que vive en una relación consigue con clara e informada conciencia, reconocer y creer que ella o él están en paz con Dios, ella o él no pueden ser impedidos de participar de los sacramentos de la reconciliación o eucaristía (cf. AL, notas 336 y 351).›

Mientras no haya pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Española , este documento, y este párrafo, pueden servir para muchas parejas de nuestra comunidad eclesial. Además de que no estaría de más un pronunciamiento episcopal de la CEE en este sentido, que dé una cierta oficialidad a lo que desde el nivel más cercano de la pastoral parroquial viene siendo una práctica habitual, y  tranquila, hace tiempo. 

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

¿Los obispos españoles y la comunión de los divorciados.

La Exhortación Apostólica  Pos-Sinodal del papa Francisco “Amoris laetitia” trató el tema de las “situaciones irregulares” en el matrimonio desde ángulos diferentes, pero todos ellos bajo el común denominador de la práctica de la Misericordia. Pero hay algo mucho más rico y nuevo en el enfoque de tema tan delicado y vidrioso, que no encontramos en otros documentos considerados más sesudos, y más redondeados en su contenido y en sus formas de expresión. Quiero también en estas páginas, saliendo al encuentro de los que afirman que este papa no tiene mucha altura intelectual, y que carece de la categoría del papa Ratzinger en este sentido, reivindicar la enorme categoría y preparación pastoral del papa Bergoglio, cuya profundidad de pensamiento no discurre por caminos grandilocuentes y eruditos, -¿para qué?-, sino por los más útiles y necesarios de la praxis bien enfocada, mejor documentada desde el Evangelio y los documentos más serios y consistentes del Magisterio, y, sobre todo, desde el amor y el respeto hacia los fieles, -yo prefiero llamarlo así, antes que apelar al fácil sentido común-, como pocas veces hemos percibido en otros pastores.

Dos cosas quiero destacar, como originales, acertadísimas, y esclarecedoras, que el Papa ha señalado en la fundamentación del apartado Discernimiento de las situaciones llamadas «irregulares», en el capítulo 8º de la Exhortación. Las dos proceden del mismo tronco: de la consideración canónico-moral que es preciso emplear al juzgar esas situaciones  irregulares dentro de la vida de las parejas. Sobre todo de aquellas que habiendo conocido el matrimonio canónico, que no necesariamente es sinónimo de cristiano, viven una segunda situación que la normativa tradicional condena no solo como irregular, sino transgresora, y, por hablar en términos eclesiásticos conservadores, pecaminosa. Y aquí radica la profunda y valiente originalidad de la argumentación de Francisco: si alguien es juzgado de pecador, aunque sea por la propia conciencia, deberá tenerse en cuenta las variables que existen en el múltiple y variopinto  comportamiento humano, y los elementos que lo condicionan, que son muchos, diferentes, y de muy diverso peso a la hora de juzgar la culpabilidad.

Recomiendo que quien lea estas líneas acuda directamente al documento de la “Amoris Laetitia“, que va a encontrar con mucha facilidad, con letra grande y bien claro y expedito en Google, y lea el apartado del capítulo octavo del que estoy hablando, así como del siguiente,  “Circunstancias atenuantes en el discernimiento pastoral” . Ahí encontrará muy bien resumida y expuesta toda la argumentación que, como he afirmado antes, la ha presentado, antes y mejor que cualquier otro antecesor que yo conozca, un papa ¿”no intelectual”?, sino sabiamente humano, pastoral, equitativo, y, sobre todo, evangélico. Jesús la habría refrendado en su tiempo, si los aires culturales y éticos del momento lo hubieran permitido. Se trata de estas dos conclusiones evidentes, lógicas y sensatas: 1ª), a diferentes circunstancias y variables, diferente grado de responsabilidad. 2ª), a diferente grado de responsabilidad, diferente tratamiento pastoral, en el seguimiento que el Papa solicita para los fieles inmersos en estas situaciones, tan contradictorias a veces.

1ª) Presentaré cada una de estas situaciones a tener en cuenta con las mismas palabras del Papa: 298. “Los divorciados en nueva unión, por ejemplo, pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin unión consolidada en el tiempo, con nuevos hijos, con probada fidelidad, entrega generosa, compromiso cristiano, conocimiento de la irregularidad de su situación y gran dificultad para volver atrás sin sentir en conciencia que se cae en nuevas culpas. La Iglesia reconoce situaciones en que « cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación”. Es decir, no debemos caer en el error inexcusable de meter en el mismo saco todas la situaciones de las parejas no unidas por matrimonio canónico. Más abajo recordaré las condiciones, “sine quibus non”, de Santo Tomás de Aquino, para poder referirnos a pecado grave.

(Se me hace muy largo, seguiré mañana).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

     

Algunas decisiones judiciales me avergüenzan

Comparemos estas dos resoluciones judiciales: Francesc Homs i Molist, por haber colaborado en la preparación de una consulta popular en Cataluña de tendencia independentista, desobedeciendo una advertencia explícita del Tribuna Constitucional, condenado a 9 años de inhabilitación para ocupar cargo público. Ni a Federico Trillo-Figueroa, ministro de Defensa cuando un avión en vuelo totalmente irregular mató al estrellarse a 62 militares españoles, ni a ninguno de los altos oficiales encargados de la contratación de vuelos para traer a los militares españoles a casa, se les encontró ninguna responsabilidad en el suceso. Y una simpe desobediencia al Constitucional, que no debería constituir delito en una nación verdaderamente democrática, a la muerte de 62 servidores de la Patria que vuelven de unas acciones que no desmerecerían mucho de ser denominadas de heroicas, la diferencia en el mal causado a todos los ciudadanos, y no solo a los parientes de los soldados muertos, es abismal. ¿Cómo puede suceder una calamidad jurídica tan absurda y vergonzosa?

Dudo mucho de que las leyes vigentes en nuestro país no permitan otra lectura de la que hicieron nuestros jueces, hasta llegar al Supremo, que la que elaboraron en el caso del Yak-42, eximiendo de toda responsabilidad, a la vista de los informes previos, de las opiniones de muchos de los militares, algunos de ellos técnicos en la materia, en la elección, contratación y pago de loas naves implicadas, antes, y, sobre todo, en el avión de la tragedia. Si en un autobús que se accidenta se mira con lupa toda su puesta a punto, y la responsabilidad de la compañía de trasporte, y la ausencia o presencia de la diligencia debida en el responsable del colectivo en el viaje, nadie con dos dedos de frente puede entender que los avisos previos que se dieron sobre el estado calamitoso de las aeronaves, y de su tripulación, y las irregularidades como la falta de caja negra en el avión accidentado, y en el pago del servicio, no tuvieran ninguna relación con la obligada vigilancia en la constatación de todos esos puntos de seguridad.

Si a eso añadimos las prisas y las improvisaciones en la identificación de los cadáveres, una acción absolutamente falta de toda seriedad en trabajo tan exigente, y de total falta de respeto a los cadáveres, y a los familiares de las víctimas, ¿Cómo es posible que a ningún juez se le ocurriera la pertinente pregunta de la jurisprudencia romana “cui prodest” tal cúmulo de irregularidades, de desbarajustes, y de irresponsabilidades, que acabaron con la muerte de 62 ciudadanos españoles, militares, de vuelta de servicio a su patria, a Europa, y a la paz mundial, lejos del calor de sus casas y de sus seres queridos? ¿No había elementos para la sospecha de que alguien, algunos, o muchos, de los responsables, no habían cumplido debidamente con su obligación de poner todos los medios normalmente disponibles que hubieran evitado la tragedia, y, una vez ésta producida, que hicieran imposible el indigno tratamiento posterior, tanto a los muertos como a los vivos, sus familiares consternados?

Estamos asistiendo a comportamientos judiciales que resultan, por lo menos, sospechosos. No es de recibo, generalmente, la terrible e injustificada demora en tanto procedimiento, que, a los ojos de los espectadores externos, acaban siempre favoreciendo a los involucrados en causas que se eternizan, y que permiten, de manera harto sospechosa, tanta prescripción, que se cumple poco antes de que las pruebas judiciales hayan sido aclaradas. ¡Vaya feliz y santa coincidencia que siempre favorece a investigados de alto standing! Véase el caso Noos, la Gurtel, la Púnica, y un sin fin de causas ya célebres por su parsimonia, mucho más que por su diligente celeridad. No me extraña que el señor Homs se queje de que este país, con frecuencia, le avergüenza. No soy nada sospechoso de una ingenua simpatía por los independentistas catalanes, a los que he fustigado varias veces en este blog. Pero la Verdad no debe de estar supeditada a la ideología o a la filiación política de quien la proclame, o la revele, o la lamente.

Y en esta colección de despropósitos judiciales acaba da aparecer una noticia curiosa: una tuitera de Sevilla, estudiante en Murcia, que firma “Cassandra“, ha sido acusada por el fiscal de un delito  de humillación de víctima el terrorismo, por un “tuit” en el que hacía alusión al modo cómo se produjo el atentado contra Carrero Blanco. Lo ha contado ella misma, cómo fue llamada al juzgado el día 4 y se le comunicó la petición del fiscal, de dos años y medio de cárcel. “por el delito de humillación de víctimas del terrorismo”. Cassandra añadió que ni pretendía humillar a nadie, ni tenía idea de que por esa pequeña muestra de humor negro le podían caer esos años de condena.

¿Nos estamos volviendo locos, o nos encontramos en un giro de retroceso a los felices años 1940-1970?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

Santos en la cárcel

Motín en la prisión brasileña de Manaos

El Gobernador de Amazonas, José Melo, dijo que no había ningún santo entre las víctimas mortales en la prisión de Manaos, poco después de el Papa expresara este miércoles su “dolor y preocupación” por la matanza en la cárcel brasileña de Manaos, durante un espantoso motín que se produjo en ella, como consecuencia de la lucha de dos bandas de narcotraficantes por conseguir el control de las droga peruana. Por los testimonios de los testigos, la crueldad y barbarie de las imágenes, y las terrible consecuencias del enfrentamiento, el luctuoso evento provocó la estupefacción, sorpresa, incredulidad, y, luego, la indignación, mezclada con el dolor, en todas las personas con un mínimo sentimiento humanitario. Por eso no es de extrañar que, con la conocida sensibilidad del episcopado brasileño para involucrarse, sentir, e interesarse por los problemas y conflictos sociales, se pronunciara rápidamente, denunciando “el lamentable sistema penitenciario brasileño”.

Y esa “¿injerencia?” de la Iglesia y del Papa en el enjuiciamiento del bárbaro sucedo es la que provocó la respuesta airada del Gobernador, afirmando, de los 60 fallecidos, que “eran todos asesinos o violadores”,  y en su elemental e ignorante conocimiento teológico, concluir que entre ellos “no había ningún santo”. Posiblemente el dirigente amazonense se sintió alcanzado, y, de alguna manera responsabilizado, por las palabras de Francisco, que resumían así su mensaje: “Expreso dolor y preocupación por lo sucedido. Invito a rezar por los difuntos, por sus familiares, por todos los detenidos de esa cárcel y por los que allí trabajan. Y renuevo la apelación a que los institutos penitenciarios sean lugares de reeducación y de reinserción social, y las condiciones de vida de los detenidos sean dignas de personas humanas”. Es decir, el Papa acertó de lleno en la diana. Todos los que hemos vivido unos cuantos años en Brasil sabemos las infrahumana condiciones en que se encuentran las cárceles brasileñas, y los niveles de indignidad en que transcurren los días de los presos.

En estas condiciones de absoluta inhabilitación, degradadas y embrutecidas, no sabemos si los “santos” a los que se refiere el Gobernador lograrían comportarse de manera digna, decorosa, ética, y, ¡esto sería lo deseable”, cristiana. Pero el caso es que sospecho que el concepto de santidad de la máxima autoridad del Estado amazonense no solo participe de la exagerada moralización que tanto he criticado yo en la aplicación de la idea de “santidad” en la Iglesia, sino que la amplíe y la convierta en una condición inaguantable e irresistible. Quiero decir con esto, que si Melo se refiere con la palabra santos a los que muestran “virtudes heroicas“, como se suele afirmar en los documentos de beatificación y canonización de los “santos oficiales” proclamados por la Iglesia, habría que hacerle ver que en el palacio gubernamental tampoco abunda ese tipo de santos, por lo que si ésta carencia es una razón viable y presentable para una matanza como la de la cárcel de Manaos, que se eche a temblar, porque nadie se podría tampoco lamentar por una incidencia de esa índole en los muros de su vivienda.

Con eso quiero decir que es una solemne estupidez lanzar la idea de que entre los “no santos” la barbarie, la crueldad y la indignidad son aspectos soportables y asumibles, como si solo “los santos” tengan derecho a una vida digna, humana y respetada. y, desgraciadamente, este es un concepto  socio-político que está aumentando con la creciente e imparable desigualdad socio-económica. Así que, mejor que responder de manera torpe e irrespetuosa al Papa, más le vendría bien al Gobernador del Estado donde sucedió una escena tan escandalosa y vergonzosa, iniciar un proceso de autocrítica, como último responsable de las condiciones humanitarias mínimas exigibles a todo habitáculo de personas. Y si su Estado no se siente capacitado para garantizar ese mínimo derecho, que lo proclame, lo exponga, y, en último extremo, presente su dimisión por no poder cumplir, en conciencia, uno de los mandatos fundamentales a los que se debe un gobernante en una sociedad civilizada.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

  

 

  

¿Puede el papa Francisco reformar, ¡de verdad!, a la Iglesia?

He leído atentamente el artículo que publicó hace unos días el director de Religión Digital, (RD), José Manuel Vidal, titulado “El Papa no teme a los cardenales resistentes“,  con anotaciones como  “Francisco no se deja amilanar. No les tiene miedo (…). Su reforma se basa en la lógica de Dios“. De verdad que sentí una reacción que considero peligrosa. Me ha pasado varias veces en mi vida, en momentos importantes, al sentir esa mezcla de desasosiego, sensación de malestar, acompañada de enfado, pudiendo llegar hasta la indignación, ganas de reaccionar enérgicamente para poner las cosas en el sitio que pienso deberían estar, y, por fin, una especie de euforia, tendente y proclive a tomar decisiones. Me recuerda, pero un poco cambiada por mi exaltación psicológica, la magistral definición de Tomás de Aquino de prudencia: “Recta ratio agibilium“, (recta razón de las cosas realizables).  Es decir, mi especial idiosincrasia me lleva a necesitar un estímulo para llegar a dos conclusiones diversas: por una, a pensar, decidir, y acabar actuando de un modo instintivo, intuitivo; y por otra, a buscar la “recta ratio”, es decir, la prudencia, en el pensar, reflexionar, decidir, y actuar. Me sucede con cierta frecuencia esta secuencia de estímulo y respuesta. He empleado al principio la palabra peligrosa, porque en temas graves y de largo alcance, puede en mí más lo intuitivo, que procuro domeñar para que no alcance lo visceral, que lo racional,  que me dirigiría a la prudencia. Y en ciertos asuntos, y, sobre todo, en determinadas urgencias, ésta, la prudencia, si no es un estorbo, puede ser un freno, que alguien aproveche para ir más deprisa en su acción y en sus estrategias contrarias.

Sé que no me estoy explicando claramente, pero lo voy a arreglar. El artículo de Vidal, es, como todos los suyos, muy bien informado, muy recto y diáfano, pero, al mismo tiempo, como suele ser en él característico, comedido y prudente. Y puedo decir que leyéndolo, me comenzaba a hervir la sangre, no por el modo de escribir de Vidal, que me parece el apropiado a RD, sino por las informaciones proporcionadas, por la situación de la cúpula de la Iglesia, y por el panorama que de todo ello se desprende. Y por eso he contra titulado este artículo con la interrogación  ¿Por qué había de temer el Papa a algunos cardenales?”, pero el caso es que lo más exacto y verdadero es afirmar que es la misma prudencia la que puede hacer pensar al Papa que hasta cabría temer a los cardenales, aunque él demuestre no temerlos. Es decir, que no es algo tan descabellado contar con esa hipótesis. Y esto es, exactamente, como intentaré demostrar más abajo, lo que me inquieta, me enerva, me indigna, y me cabrea.

La situación se ha ido convirtiendo, durante siglos, en una estructura indestructible, por lo inextricable y enmarañado de sus componentes, y de las relaciones entre ellos. Quiero decir que la cúpula de la Iglesia no depende solo de las personas que en el momento la componen, sino que por detrás de ellas, y sustentándola, como estructura compleja, hay na serie de resortes que en realidad son más fuertes que las personas. Esto quiere decir algo tan monstruoso como que la máxima autoridad, el Papa, solo puede intentar pequeños retoques, pero que, en verdad, no tiene poder para intentar una reforma en profundidad, y que signifique una mudanza radical de rumbo. Y depende mucho de cómo trate a los cardenales díscolos, para que, a su muerte, las cosas puedan tener, o no, una minúscula posibilidad de cambio, o ninguna.

Justamente a esta altura del artículo tuve que salir de viaje, de un modo un poco imprevisto, y por ese motivo estas páginas han estado cortadas estos días. Ahora he perdido un poco el embalo, pero pienso que podré acabar esta entrega sin otros sobresaltos que los provoca en mí este tema tan inasible, pero no por eso menos desconcertante. En el fondo estoy llegando a la conclusión de que una verdadera Reforma de la Iglesia es, en la práctica, imposible. Esta Reforma debería, o solo podría, ser realizada, o bien por un Papa con arrestos, o por un Concilio ecuménico de amplio consenso. Imaginemos al papa actual, Francisco, que pretende valientemente hacer volver a la Iglesia-estructura-Institución, a la vivencia de los valores evangélicos. Vemos cómo en su propi0  pontificado, y en sus mismas barbas, unos cuantos cardenales se le oponen abiertamente. Y otros vientos de obispos, y presbíteros, y alguna orden o congregación religiosas, toman la misma postura, pero menos abiertamente, más en el silencio, o camuflados. ¿Quién podría garantizar que el próximo Cónclave elegiría un Pontífice al estilo franciscano del papa actual? La impresión que tengo es que el giro que el Papa está dando desde la cúpula de la Iglesia produce tanto vértigo en un buen numero de clérigos, que muchos de ellos no estarían dispuestos a repetir la experiencia.

Tenemos dos ejemplos de Reformas de la Iglesia seriamente intentadas por un Concilio: el de Trento, y el Vaticano II. El primero falló en el propio planteamiento, de elaborar una Reforma al estilo de “contra programación”, una Reforma-Contrarreforma. Y vemos en lo que quedó, y cómo se perdió una maravillosa posibilidad, desaprovechando la fuerza luterana de una vuelta a la Palabra con todas las consecuencias. Porque éstas eran importantes, sustanciosas, y, para algunos, peligrosas. La principal, que la Jerarquía perdía fuerza ante el reto de situar al Pueblo de Dios ante la Palabra, para escucharla, empaparse de Ella, y ser juzgado por su energía, verdad y libertad. La terrible y errática prohibición de la libertad de lectura e interpretación de la Biblia provocó dos situaciones desastrosas: a),  la exclusividad del clero en la escucha e interpretación autoritarias de la Palabra, clero, además, muy mal formado, en aquellos tiempos, excepto en algunas áreas locales más avanzadas, mala formación que no palió la instauración de los seminarios; y b), apartamiento y alejamiento del Pueblo de Dios del principal alimento de la Fe, que es la Palabra. Condicionamientos que provocaron la terrible ignorancia e indiferencia del laicado católico, que ni era todavía llamado, ni imaginado, Pueblo de Dios, hacia la Sagrada Escritura, indiferencia ye ignorancia que han llegado hasta nuestros días, y que son la mayor rémora para cualquier programa de Evangelización, que con tanto optimismo ingenuo elaboran nuestras diócesis.

 Y el segundo, el Concilio Vaticano II, a pesar de un consenso inimaginable unos años antes, e inimaginado en su realización, se vino abajo porque sólo en su aplicación se vio la carga de profundidad que llevaba consigo, y los inquietos, inseguros, para algunos, y peligrosos, para ciertas eminencias jerárquicas, derroteros que podría enfilar la reforma conciliar. Las principales eminencias asustadas, y llenas de pavor, ante un futuro que se les podía escapar de las manos, se encontraban en la curia Vaticana, y consiguieron, desgraciada y tristemente, arrastrar a las que estaban programadas para ser las mayores  luminarias para el Pueblo de Dios en ese tiempo tan rico, complejo, tumultuoso y arrollador, como eran el papa Juan Pablo II, y el gran defensor de la ortodoxia, que no es lo mismo que la FE, cardenal Ratzinger. Con la fácil y simple estrategia de elegir para obispos a personas con un perfil discretísimo en lo teológico-bíblico-eclesial-moral, y de un carácter  poco o nada crítico, y menos aún profético.

Jesús Mª Urío Ruiz de  Vergara

Otras dos intervenciones de la CEE que no vendrían mal (II)

La 2ª) intervención que solicitaba ayer de la CEE era para subsanar, arreglar, solucionar, curar, un asunto de delimitación eclesiástica que lleva años enquistado en las cranes de la Iglesia extremeña. Se trata de la incomprensible apropiación del santuario de la patrona de Extremadura, la Virgen de Guadalupe, por parte de la diócesis de Toledo. Todos sabemos que a la diócesis toledana, hasta hace dos días, como quien dice, le han pertenecido casi todas las tierras, desde el Tajo hasta el mar, por el sur. Y por el norte, también, que se lo digan a Madrid, y a tantas y tantas feligresías de Guadalajara. Todos sabemos, también, y reconocemos, que muy probablemente, en la Iglesia occidental, Toledo haya compartido con Roma y Milán la excelsa dignidad de haber sido las Iglesias con más historia, con más influencia, con más patrimonio teológico, canónico, litúrgico, y hasta pre-dogmático, o casi. No hay más que recordar los Concilios de Toledo, a los que nadie osa, en los años medievales, denominar sínodos. Y no hace falta apelar a la que lio uno de esos concilios con la cuestión del “filioque”, que acabó provocando el cisma de Constantinopla, con la Iglesia oriental, después, hasta hoy, Iglesia ortodoxa.

Pero esa historia gloriosa no habilita a la sede toledana a perpetrar el atropello que sigue manteniendo contra la Iglesia extremeña. Me decía un miembro muy lúcido de esta iglesia local española que la única razón que podía encontrar, para tamaño desvarío, no era otra que “la ingente cantidad de dinero que el Santuario guadalupano produce todos los años”. A mí, bastante más ingenuo de lo que sería de desear para mi propia seguridad, me cuesta creer que esa sea la razón principal de la falta de ganas de dejar el Santuario.

Alguien se podrá extrañar de mi intención de provocar la actuación del la CEE, porque etas cosas se suelen resolver acudiendo a la autoridad ¿neutral? del Vaticano. En el Vaticano hay un organismo del que se puede asegurar, prácticamente, la neutralidad. Se trata del tribunal de la “Signatura Apostólica”, que es el Tribunal Supremo de la Iglesia, y que no suele casarse con nadie. Pero acudir a ese alto tribunal significa una demanda en toda regla, y, normalmente, solo en graves litigios administrativos, o, eventualmente, penales, se cuenta con él. Pero las diócesis procuran no contar con este organismo, a no ser de la estricta necesidad, o de la gravedad de la injusticia, o de la persistencia en el incumplimiento de un deber canónico, o a la resistencia a cumplir una sentencia, aunque sea de tribunales locales, diocesanos o metropolitanos.

El tener que recurrir al Vaticano para un caso como el del Santuario de Guadalupe demuestra que muchos obispos, y diócesis, se han olvidado del Vaticano II, y no hacen nada por caminar hacia la descentralización de la Iglesia, y de su Colegialidad. El Concilio pretendió, pretensión que fue obstaculizada, primero, hasta ser después imposibilitada, por el aparato de la Curia vaticana, y el grueso de los obispos italianos. Porque los padres conciliares, en una buena mayoría, pero no suficiente, prefería que los asuntos internos de las Iglesias particulares fueran solucionados por las instancias de esas mismas Iglesias. Y si no las había, era fundamental, y casi prioritario, que fuesen creadas para una mayor diligencia en la resolución de los litigios y problemas que fueran apareciendo.

Pero, además de esa predisposición del episcopado a la tortícolis, de tanto mirar a Roma, como afirmó en su día, con gran enfado episcopal, el cardenal Tarancón, nuestros prelados parecen tener serios problemas en discutir, y argumentar en contra, con otros obispos, como si tuvieran miedo de perder la comunión. No se los ve con la disposición que tantas veces descubrimos en los Hechos delos Apóstoles, de oponerse enérgicamente a alguno de sus pares, cuando sus pareces, o actitudes, son, en opinión propia, reprobables. Este temor a la discusión, a la polémica, y a quedar mal con un compañero denota dos fallos de madurez, human, y, sobre todo, cristiana: miedo a que mi hermano no tenga suficiente estructura psicológica y evangélica, para aceptar con provecho la corrección evangélica que pretendo aplicarle con respeto, y hasta amor, y, por otro lado, y desde la propia personalidad, sospecha de que no sepa estar a la altura de las circunstancias, y acabe indisponiéndome con los demás. Es hora, sin embargo, de que nuestros jerarcas se dejen de esas prevenciones, y comuniquen claramente al arzobispo de Toledo, el escándalo que su actitud puede estar provocando en todo el pueblo de Dios, quien tiene argumentos, tal vez por falta de la  información que le debería proporcionar el obispado de la sede toledana, para sentirse escandalizado y pensar mal de la relación fraterna y evangélica que imagina ser la que existente entre dos pastores de la Iglesia, siendo ambos sucesores de los apóstoles.

Jesús Mª Urio Ruiz de Vergara

Otras dos intervenciones de la CEE que no vendrían mal

Recuerdo, para los olvidadizos, que CEE es la sigla de Conferencia Episcopal Española. Ayer ya informé de la fraterna, solidaria y valiente intervención de la CEE a favor de los más necesitados y vulnerables de nuestro país, con el gesto profético de desenchufar la calefacción de sus residencias, y con la Palabra de su Documento denunciador contra el Gobierno y los partidos PP y PSOE. Hoy me voy a fijar, un poco en plan de “Pepito Grillo” en otras dos tropelías que se van a cometer, y que será, como casi siempre, impunemente. Una afecta a españoles de todo el territorio nacional, y de todas las clases sociales y económicas, y la otra alcanzaría, o debería alcanzar, a una pequeña región, tratándose de un evento concreto y singular. Me explico, con método y orden como me gusta hacer.

1ª) La desobediencia de los bancos en cumplir la orden (sentencia) de la autoridad bancaria dela Unión Europea. Se trata de las famosas “cláusulas suelo”. Wikipedia resume con bastante claridad el concepto de “cláusula suelo”: “Cláusula suelo o suelo hipotecario, en relación con el préstamo hipotecario y la compra de vivienda mediante hipoteca es una cláusula contractual que establece un mínimo a pagar en las cuotas de la hipoteca inmobiliaria aunque los intereses ordinarios que se han acordado con la entidad financiera estén por debajo o bajen. Dependiendo de la normativa del país, las condiciones del contrato y su transparencia y claridad, puede considerarse una cláusula abusiva, ilegal o nula, por tanto un fraude bancario.

En     España las “cláusulas suelo” son ilegales, desde el 9 de Mayo de 2013, día en que el Tribunal Supremo declaró no solo su nulidad, sino también su carácter abusivo. Pero el Supremo no tuvo la valiente coherencia de fallar también algo jurídicamente inapelable: que si eran nulas, nadie podría beneficiarse de ellas. Y los únicos que podrían hacerlo eran los Bancos, apropiándose de los pagos abusivo, y declarados nulos. Así que se quedó muy corto al decidir que las empresas bancarias solo tenían obligación de devolver  las sumas cobradas indebidamente a partir del fallo del Supremo de la primavera del 2013. En contra de las tentativas de bufetes de abogados, que lógicamente defendían que si las cláusulas impuestas a sus clientes eran nulas, lo eran desde el momento de la imposición de las mismas, luego la devolución debería ser íntegra desde el primer momento.

Pero, el día 21 de este mes de Diciembre, es decir, ayer, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea falló, en sentencia sin posibilidad de apelación, que los actos nulos lo son no desde que se declaran así, sino desde que se realizan, a efectos de la compensación de prejuicios. Por lo que, los bancos españoles, tendrán que pagar íntegros todos los pagos realizados ilegalmente, por carecer de efectividad jurídica, es decir, por ser actos nulos. Así que mientras muchos españoles festejamos que la Unión europea sea tan útil en casos como éstos, nuestro Tribunal Supremo ha quedado retratado, con gran júbilo de tantos y tantos españoles amantes de la ley y el Derecho.

Entonces, si el fallo es inapelable, ¿en qué pueden los señores obispos salir en defensa de la parte de su feligresía engañada en el asunto de esas cláusulas abusivas? Pues en el detalle siguiente: los Bancos, siempre adalides de la ambición y de la codicia, están planificando que la devolución la habrá que recurrir, caso a caso, cada uno de los afectados, con lo que esto significa de demora y de coste. Para mí, que no soy un experto en Derecho, pero tampoco tan lego que no sea capaz de pensar y de dejarme llevar por la lógica, la actitud de los bancos, constituye una obstrucción inaceptable al ejercicio de  un Derecho proclamado por la máxima autoridad judicial de nuestro ordenamiento jurídico europeo. Por lo que ni el Gobierno, ni los tribunales, deberían permitir esa demora con daño para ciudadanos poseedores de derecho líquido y cierto a recibir esa compensación sin retrasos. Y los obispos harían muy bien recordando a las autoridades, en favor del Pueblo, esa obligación. Es más, como los abogados más conspicuos están ya exigiendo, esa indemnización de pagos realizados hace tiempo, declarados nulos, tienen que ser incrementados con los intereses que ese dinero hubiera devengado en el ámbito financiero.

(Nota: la 2ª) cuestión que creo merece, por lo menos, un pronunciamiento de la CEE, es el escándalo de la pertenencia del santuario de la Virgen de Guadalupe a la diócesis de Toledo, estando situado en tierra extremeña, en la provincia de Cáceres, y siendo la Patrona venerada y celebrada con intensa devoción por las gentes de Extremadura. Como este artículo ha resultado muy largo, ese segundo tema lo dejaré para mañana o pasado mañana).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

Los obispos apagan su calefacción estas navidades

Hoy mismo ha aparecido la noticia, buena a medias para las personas de rentas mas bajas, e incómoda, o más bien fastidiosa, para los partidos políticos Podemos y Ciudadanos. La buena Nueva es que PP y PSOE se han puesto de acuerdo para prohibir por ley que se corte el suministro eléctrico en invierno, por motivo de impago, a las familias más vulnerables. Pero la ley no se hará efectiva hasta dentro de tres meses, es decir, cuando hayan pasado ya los rigores del invierno. Y este es el lado de la noticia que la hace ser buena solo a medias para los que en casa chupan frío, y están desangelados, y ven por delante tres meses peligrosos para imprevistos gélidos.

Todo el mundo sabe que el drama de  “la extrema pobreza energética” ha sido, y está siendo actualmente, la bandera política de Podemos, así que es fácil de entender que ese partido se haya sentido saqueado en su iniciativa parlamentaria estrella al haberse adelantado los partidos de siempre para ganar los réditos de la implantación de la futura ley. No creo recordar ningún pronunciamiento episcopal a favor de este partido considerado por algunos de “antisistema”, y de caer a la extrema izquierda, así que la actuación diligente y rapidísima de la Conferencia Episcopal Española (CEE) en el día de hoy    nos ha admirado, alegrado y sorprendido, todo ello, por igual, a todos. La Permanente de la CEE se ha reunido urgentemente esta tarde y ha elaborado, editado y publicado, a velocidad de vértigo, un corto pero sustancioso documento en el que los prelados españoles han denunciado, fundamentalmente, tres cosas:

1ª), la respuesta del Ministro de Energía y Turismo, Álvaro Nadal, en el Parlamento,  al asegurar que lo que los dos partidos que han consensuado la elaboración de una ley que prohíba el corte de energía a las familias más vulnerables en el invierno desean, no es la prisa en las fechas, sino la eficiencia cuando se haga operativa en tres meses. A lo que los obispos, con gran lucidez y sentido del humor, han respondido: “Ya que el señor ministro de Energía, ni ningún otro, se van a animar a desconectar sus sistemas de cálido y acogedor calentamiento en estas Navidades, los componentes de la Permanente de la CEE han propuesto a sus colegas que en los hogares episcopales no haya calor hasta que se implante la nueva ley.  La gran mayoría de prelados ya ha comunicado a la comisión que están dispuestos a realizar ese signo profético a favor de sus hermanos más necesitados.

2ª), la falta de sentido humano, que no ya cristiano, de nuestros legisladores, que no se sienten cuestionados por la realidad dramática de que casi dos millones y medio de conciudadanos se pasen el invierno que estamos comenzando  envueltos en mantas y todo tipo de artificios para espantar el frío que los deja inoperantes.

Y 3ª), que reconcilia a nuestros obispos con una parcela de su Pueblo, que tenían bajo vigilancia de sospecha de desorden y caos, como es el partido Podemos, al que han consolado por la infame bofetada que los partidos poderosos, (a los que, al final, ha podido, ¡por fin!, sumarse Ciudadanos) han propinado a un joven partido, lleno de “buenas ideas, magníficos deseos, y sabio equilibrio político y social” (sic, en el comunicado episcopal), mientras recalcaban, junto a la injusticia de la medida, la falta de visión política, al querer obligar a las nuevas ideas, y proyectos, a ir por fuera de la pista reglamentaria. Así, pues, han acusado al PP y al PSOE de querer echar, literalmente, a Podemos, a la calle, al grito, y a la protesta.

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Evidentemente, ¡he tenido un sueño! Yo mismo me he espantado de lo que había visto en lo profundo de mi desvarío

Jesús Mª Urío Ruiz de  Vergara

Las ominosas “inmatriculaciones” de la Jerarquía española

La RAE (Real Academia Española de la Lengua) define así ominoso: Del lat. ominōsus. 1. adj. cult. Abominable o despreciable. Pues es así, exactamente, como el pueblo simple, sencillo, pero no bobo, ve el abuso que, con licencia y permiso de los poderes públicos españoles, está hace años realizando la Jerarquía de la Iglesia, inscribiendo en el Registro de la Propiedad terrenos, edificios, y bienes inmuebles, en general, normalmente, con gran quebranto o para el pueblo como conjunto cívico institucionalizado, como ayuntamientos o Comunidades Autónomas, o como particulares, que ven atropellados sus derechos, y la pacífica posesión de sus bienes. Ni el Gobierno, ni los tribunales españoles parecen haber tomado cartas seriamente en el asunto.

Y como triste consecuencia, se ha producido, por segunda vez, un varapalo jurídico y económico al Reino de España, que ha sido condenado a pagar la mayor indemnización ordenada hasta la fecha por ese motivo, de 600.000 euros a la  Sociedad Anónima del Ucieza, además de otros 15.000 por daños morales. Y a los que se puedan, o quieran, escandalizar de que un cura denuncie esas injerencias injustas de la Jerarquía en asuntos terrenales, les recuerdo que el Señor Jesús no se alió con Sumos sacerdotes, ni senadores, ni gente importantes, sino con el pueblo de Israel, y sus gentes más sencillas. Y mi claro y pertinaz pensamiento es, desde hace mucho tiempo, estar cerca del Pueblo de Dios, clamar por la dignidad y la justicia que a él se le debe, e informar de los desmanes de “los nuestros“, que no siempre son ellos, los otros, los que fallan.

Otra aclaración, para que se entienda por qué digo la Jerarquía, y no la Iglesia. Es muy sencillo. Porque son Iglesia de Dios tanto los que realizan y ejercen el dudoso derecho de las inmatriculaciones, como los que las padecen. Y es la Jerarquía, mas veces de las debidas aquejadas de la tentación de la riqueza y el poder, la que inadecuadamente invoca la Gloria y Honra de Dios para justificar sus anhelos de grandeza y poder mundanos. Es muy bueno, equitativo y saludable, recordar cómo el Maestro y Señor Jesús nació en el sencillo y pequeño calor que le proporcionaron las pajas de un pesebre, entre animales. Así como es también un ejercicio de muy sano provecho recordar que los espacios donde están los pesebres se llaman, en español, cuadras. En una de esas nació Jesús. Así que señores obispos amigos de las “inmatriculaciones”, llegan tarde para proporcionar al niño Dios un digno aposento para ver la luz.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

Don Paulo Evaristo Arns

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Don Paulo Evaristo Arns, con la expresidenta de Brasil,  Dilma Rousseff

Trabajé pastoralmente en Sâo Paulo, Brasil, en la parroquia Santa Margarita María, en dos tandas: la primera, de 1972-78, y la segunda, de 1982-85, ambas con el pequeño-gran Don Paulo como arzobispo, y desde muy pronto, cardenal. Pequeño por su estatura física, y su pertenencia a la “Orden de los hermanos menores“, franciscanos, cuya sigla en latín es OFM, “ex ordine fratuum minorum“, cuya traducción exacta es la que propongo un poco más arriba. Y grande por su personalidad recia, indomable, lúcida, por su valentía decisiva en la defensa de sus fieles, clérigos y seglares, perseguidos por un régimen miliar que si no tan cruel y salvaje como el de Argentina o Chile, también sembró Brasil de persecución, dolor, injusticia y abuso de poder.

No he olvidado el aspecto de Don Paulo. Hijo de alemanes, sin embargo no ostentaba esa ruda mole física típicamente teutona, pero, aun así, era fuerte y recio, bien asentado y enraizado en el duro suelo. Nunca lo vi, ni pienso que nadie, con veste clerical en la calle, ni con sotana, ni alzacuello. Era el prototipo del clérigo no clericalizado, en la más directa línea conciliar, y como parece gustarle al papa Francisco. La verdad es que los obispos auxiliares, -la diócesis de Sâo Paulo llegó a estar dividida en diez regiones episcopales, cada uno con su obispo auxiliar-, tampoco ostentaban vestimenta clerical. En eso eran fieles seguidores de su arzobispo. En eso, y en tantas cosas; pocas veces hemos contemplado tanta comunión, y, al mismo tiempo, tanta libertad evangélica, en un colegio episcopal, alargándolo hasta todo, o casi todo, -que siempre hay discrepantes-, el colegio presbiteral.

Don Paulo era un hombre dado al estudio y a la enseñanza. Doctorado en la Sorbona de París, era un experto en Patrística, e inculcó en sus alumnos el estudio de las lenguas clásicas, hebreo, griego, y latín, tanto que fue el primero que tradujo al portugués obras como las cartas de Ignacio de Antioquia o de Clemente de Roma. al mismo tiempo propició y estimuló la formación bíblica del laicado, siendo las conocidas como “Semanas de la Palabra”, que después cristalizaron en la diócesis de Sâo Paulo, y en otras muchas diócesis de Brasil, como los famosos y decisivos “Círculos bíblicos”, un verdadero instrumento de reflexión bíblica y de creación de pequeñas comunidades eclesiales alrededor de la Palabra. En nuestra parroquia de los Sagrados Corazones de Londrina, el P. Buenaventura, ss.cc., a sus ochenta años, llegó a coordinar y estimular a ¡17! círculos bíblicos. Y muchas de estas iniciativas conciliares, para una Iglesia profundamente renovada, se debieron, en toda la Iglesia de Brasil, a la creatividad estricta y rotundamente evangélica, del arzobispo de Sâo Paulo.

Pero esta fidelidad al Concilio le planteó seria dificultades y contratiempos, a la muerte de Pablo VI, con sus dos sucesores, Juan Pablo II, y su gran valedor, cardenal Ratzinger, después Benedicto XVI, que nunca entendieron la entrega y la energía evangelizadora del cardenal Arns, quien fue considerado cercano, simpatizante, y hasta proclive, a las posiciones izquierdistas, que achacaban frívola, y de manera tremendamente injusta, a la “Teología de la Liberación”, y a un sin número de clérigos y seglares de América Latina, como a Pedro Casaldáliga, al “Bispo vermelho“. Helder Cámara, a monseñor Romero, a Leonardo Boff, y a tantos y tantos cristianos de Latino América.

La manera infame, antievangélica, tortuosa y plena de ensañamiento contra las ideas lúcidas, valientes y conciliares, de un servidor de la Iglesia como Don Paulo Evaristo Arns, por parte de la camarilla de poder de la Curia Vaticana, al final de los ochenta, troceando su diócesis en cuatro partes, destruyendo una obra pastoralmente pionera y luminosa para la Iglesia entera, es una de las páginas más vergonzosas, escandalosas e indignantes, perpetrada por la Iglesia en tiempos de Juan Pablo II, quien nunca entendió de modo fraterno, libre y evangélico, al gran pastor de Sâo Paulo. Para este tema, de manera más detallada, y otros asuntos concretos, recomiendo la lectura del artículo de Pedro Lima Vasconcellos. en Religión Digital (RD),  “Notas saudosas e agradecidas sobre um cardeal cristâo”, (“Dom Paulo E. Arns, “Bispo, arcebispo e cardeal: incômodo”. “Se não houvéramos tido bispos como D. Paulo Evaristo, jamais teríamos um papa como Francisco”).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara