El Vaticano es especialista en mirar para otro lado, cuando no le interesa complicarse la vida

Cuando hablamos del Vaticano no nos referimos, necesariamente, al Papa. Hay tantos intrínculis y recovecos en el Vaticano, tanto en el sentido Físico, como, sobre todo, de Institución, que no podemos ni imaginar que el Papa esté ocupado en todas y cada una de las aventuras, que son centenas al día, que suceden en toda la Iglesia. Además, el Vaticano tiene varias facetas. Si nos fijamos en dos de ellas, ambas importantes, pero bien delimitadas y definidas, diremos que el Vaticano es, al mismo tiempo, uno de los casi doscientos Estados, como unidades políticas, que hay en el mundo, y, por otra parte, es el centro desde donde se dirige y gobierna, veces con mano de hierro, el conjunto de la Iglesia que, para entendernos, depende de Roma. Pues bien, hace unos días, el cinco de este mes de enero, el recientemente nombrado portavoz del Vaticano, Alessandro Gisotti, afirmó: “Sobre el traslado de los restos de Franco no tengo nada que agregar con respecto a lo ya afirmado por la Santa Sede, o sea, que el asunto concierne a su familia, al Gobierno español y a la Iglesia local”. Sobre el asunto se había pronunciado, con motivo de la visita de la vicepresidenta  Carmen Calvo Poyato , El secretario de Estado vaticano, cardenal Pietro Parolin, que había sido lo suficientemente ambiguo como para entender lo que interesaba a cada uno de los comentaristas, algo, por otra parte, muy común en el Vaticano.

A mí, desde luego, no me convence esta explicación, no me parece acertada la apreciación de la Santa Sede. Ésta, como sabemos, firmó el famoso concordato con el Gobierno de Francisco Franco, allá por el  año 1953, que dio el respaldo internacional que Franco  buscaba desde el fin de la guerra civil para su régimen dictatorial. No se trata, pues, de un ciudadano cualquiera e inexpresivo de un  país mayoritariamente católico, sino de un dictador que pretendió, y lo consiguió, por lo menos a nivel interno de España, que su golpe militar, que causó una tremenda guerra entre hermanos, fuese considerado una Cruzada de salvación de las “esencias cristianas patrias”, y así lo presentaron nuestros obispos, hasta llegar al demencial comportamiento, verdaderamente sacrílego, de conducir bajo palio al Dictador a la entrada del templo, para la participar de una celebración sacramental. El referido Concordato ayudó a Franco, y a sus admiradores obispos, a montar esa Cruzada redentora, que durante el pontificado de Pío XII tuvo carta de ciudadanía.

Gracias a Dios, por lo menos en el sentir de muchos creyentes, que tanto Juan XXIII, como Paulo VI, se negaron a aceptar el que ya era un hecho consumado, e hicieron ver de manera directa e indirecta, como, por ejemplo, frenando las causas de beatificación-canonización, que recaían siempre en miembros que, no por casualidad, pertenecían siempre a la misma parte contendiente. El régimen franquista no se entendió bien con estos dos grandes papas del siglo XX, y hasta puso obstáculos a la publicación de la encíclica “Populorum Progresio“, que solo resultó fácil encontrar en la publicación eclesiástica “Eclesia”. Es decir, la relación Franco-Vaticano no fue, exactamente, un dulce camino de rosas, para que ahora algunos de sus más altos curiales miren para otro lado, y aseguren que se trata de un asunto interno del Gobierno español, de la Iglesia que vive y cree en España, y de la familia del dictador.

Ya se inhibió, y miró para otro lado, la más alta esfera de la Iglesia, tan alta que denominamos Santa Sede, cuando podría, y no me atrevo decir ¡debería!, porque a pesar de la dureza de mi crítica siempre pienso en el respeto y obediencia que se merecen “los ungidos del Señor”, como dice el Antiguo Testamento (AT), no por sí mismos, sino por la misión que han recibido del Señor. Ahora bien, hemos aprendido, y en este blog lo he recordado a menudo, del Nuevo Testamento, como la corrección fraterna se realizaba sin falsos pudores discretos, para que nadie se enterase, sino con una buna mezcla de amor fraterno y firmeza, para que quedase claro el desvío que se hubiera producido de los valores evangélicos. Por eso los evangelistas ponen en boca de Jesús la terrible diatriba que lanzó a Pedro, “apártate de mi, Satanás, porque (en este asunto) no piensas como Dios sino como los hombres”, y los escritores de los Hechos de los Apóstoles y de las cartas no ocultan su diferencias, o la bronca de Pablo a Pedro por la cobardía e hipocresía, puntuales, sí, de éste. Y “el mirar para otro lado” al que me refiero ahora se trata de la vergüenza que supuso, y supone todavía para el episcopado español, es decir, para la Iglesia en España, la tremenda y nefasta imagen del tirano entrando bajo palio en los templos. Los representantes de los obispos, en la famosa Asamblea conjunta, promovida por el cardenal Tarancón, intentaron, suavemente, pedir perdón, por ese y otros motivos al católico pueblo español, pero a muchos, esa postura coherente y cristiana, no les gustó, a causa de su ideología socio-política. Pero, ¿para cuándo la petición de perdón del Vaticano, a la Iglesia española, por haber tolerado, con un silencio atronador, el agravio sacrílego perpetrado por sus obispos en su penosa sumisión al dictador, tratándolo como a “un ungido del Señor“?

Y queda todavía otro argumento decisivo. Como comenté en la entrada de este blog, del día 03/11/18, titulado “¿Qué la Iglesia no tiene nada que decir de la inhumación de los restos de Franco?, a la Santa Sede, como último garante de que el CIC (Codex Iuris Canonici, “Código de Derecho Canónico”) se cumpla en toda la Iglesia, le correspondería intervenir para que la cripta de la Catedral de la Almudena cumpla el canon c. 1242: “No deben enterrarse cadáveres en las iglesias, a no ser que se trate del Romano Pontífice o de sepultar en su propia iglesia a los Cardenales o a los Obispos diocesanos, incluso «eméritos». También comenté en ese artículo que suponía que la Santa Sede habría dado, por los años noventa, la pertinente licencia para que la cripta de la Almudena se financiase con la venta de capillas mortuorias, como excepción a lo ordenado en al citado canon. Considerando todos estos datos, ¿cómo puede afirmar el portavoz vaticano que a la Santa sede no le corresponde intervenir en la exhumación-inhumación de los restos de Franco?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara  

 

Muchos de nuestros obispos no parecen muy demócratas. (y IV)

  • Ahora el tema que me da material para seguir comentando la poca democracia, la eclesial, por lo menos, si la podemos llamar así, y yo me atrevo a denominarla así, va a ser la realización y las conclusiones del Sínodo pan-amazónico celebrado recientemente en Roma, con todas las bendiciones del papa. Y voy a partir de una conceptualización democrática  más referente a la filología, y todavía más, a la cultura, que a la política. Y, con una cierta libertad, voy a llegar a la siguiente conclusión: democracia es la forma de vivir una sociedad en la que las decisiones más importantes son tomadas por todo el pueblo. Y esto puede ser porque previamente, han adoptado, y aceptado, dos principios, íntimamente relacionados, dependientes uno de otro, que son: la libertad de todos sus miembros, y, como consecuencia, la igualdad entre ellos.
  • Se suele decir que la Iglesia no es democrática porque sus puestos más altos de mando no son fruto de la elección mayoritaria, cosa que no es exactamente cierta. Al no poder aceptar que haya alguien con tal poder individual que pueda señalar “a se“, por sí mismo, y a dedo, a la persona que ostente el máximo poder papal, el sistema encontrado es que sea elegido por la mayoría de un colegio de selectos, los cardenales. Con lo que estaríamos mezclando los sistemas democrático con el aristocrático, este segundo más avalado por dos pensadores tan grandes como Platón, y Aristóteles, y más detalladamente descrito por Plutarco, y Teseo. Pero simplificando mucho, y llegando a lo que busco, podríamos definir con Platón y Aristóteles la monarquía, como gobierno de uno; aristocracia, como gobierno «de los mejores» para Platón, «de los menos», para Aristóteles; y democracia (gobierno «de la multitud» para Platón y «de los más», para Aristóteles, y en la concepción moderna, “Gobierno del Pueblo”. Así que el Concilio Vaticano II, y pienso que de ninguna manera de modo accidental, definió la Iglesia como “Pueblo de Dios“. Pueblo, sí, pero elegido, separado, consagrado y santificado por el Bautismo, para la concesión oficial de la filiación adoptiva.
  • Nos consta que hubo muchos curiales vaticanos, y muchos obispos también, a los que no gustó, muy poco, o nada, esa definición conciliar, justamente porque podría ser aprovechado por algunos para solicitar, primero, y exigir, después, una aproximación a parámetros democráticos en la Iglesia, “nada más ajeno a la voluntad de Cristo“, suelen afirmar solemne y firmemente. Pero, ¿Seguro que es así, que Jesús se inclinaba más por la fórmula aristocrática? Yo no lo veo nada claro, y más bien, multitud de textos evangélicos nos permiten imaginar que el Señor, que nos recomendó “no llamar a nadie ni padre ni doctor, porque todos sois hermanos”, se sorprendería muchísimo, hasta no entenderlo ni aceptarlo como recomendación suya, que llamemos a uno de los hermanos de la comunidad “Santidad“, más bien se sentiría entre escandalizado y horrorizado, con la idea tan clara y rotunda que tienen los hebreos de que solo Dios es santo.
  • Por ahora, me basta por afirmar que el espíritu democrático no solo no está reñido con el Evangelio, sino que posiblemente, más que probablemente, casi seguro, éste lo avala. (Este es un tema que pienso, no sé cuando, tratar con más profundidad y amplitud).  La Iglesia primitiva reunió en el llamado coloquialmente como “Concilio de Jerusalén” no solo a los apóstoles compañeros de Jesús sino a otros, como Pablo, novato en esas lides, y a muchos otros que no ostentaban cargos importantes, que, por otro lado, éste sí importantísimo y decisivo, que no había,-“cargos”- superiores, en una Iglesia sin la ominosa separación actual entre clero y laicado.
  • Y dentro de la Historia de la Iglesia, podemos afirmar que, por lo menos en la parte occidental de la misma, que en el mundo monacal, tanto masculino, como femenino, y después, a partir del siglo XIII, en el ambiente conventual, se practicó, y se sigue haciendo, el método democrático  de votación secreta para la elección de los cargos principales, como abad, prior, maestro de novicios, etc.
  • Y ahora, en el evento más importante de las últimas décadas en la Iglesia, con Concilio Pan amazónico, los padre sinodales han mirado con interés y respeto las necesidades de los pueblos amazónicos, y han propuesto soluciones, para cuya puesta en práctica, se requiere necesariamente admitir, oficialmente, sí, en la Comunidad Eclesial, categorías laicas. Y no olvidamos que laico/a viene del griego “laos”, que significa pueblo. Y todo indica, como he leído hoy en Religión Digital, en la crónica del corresponsal en la asamblea sinodal, Luis Miguel Modino, “La exhortación papal va a ser mucho más valiente que el documento del Sínodo” . Y es por estas ¿concesiones? democráticas que los cardenales tradicionales anti papa Francisco, y los obispos españoles que los secundan,  han recrudecido sus ataques a la maravillosa libertad evangélica papal. Demostrando una falta de rigor lógico preocupante, porque no es creíble que cuando estudiaron en le seminario o en la Universidad no se enteraran de que san Pedro tenía suegra, y de que casi todos los apóstoles estaban casados, y que, por tanto, lo que propone el sínodo es algo que de estricta, verdadera y auténtica Tradición, de la buena, desde los orígenes.
  • Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Muchos de nuestros obispos no parecen muy demócratas. (y III)

1º) Robert Sarah, uno de los cardenales más importantes del Vaticano y abiertamente crítico con Francisco, visita España en la semana de las elecciones.

Hoy eldiario.es digital publica esta noticia: “El cardenal enemigo del papa (y amigo de Vox) hace campaña en Madrid contra la escuela laica y la “teoría de género”. Este es el título principal, pero tiene otros subtítulos que voy a aprovechar, como ya estoy haciendo en este párrafo,  para ordenar mi comentario. Se trata del cardenal  Robert Sarah, actual prefecto de la “Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos”, para cuyo cargo demuestra palmariamente su incompetencia, con la declaración de que “es un abuso de la “Liturgia actual el dar la comunión en la mano” . Que un prefecto de la congregación vaticana encargada del culto y de los sacramentos afirme semejante dislate demuestra o ignorancia, o no hacer ningún caso del espíritu de cambio del Vaticano II, o de no haber leído, ni siquiera, los relatos evangélicos de la Cena del Señor, en la que no hay ninguna evidencia, sino todo lo contrario, por la praxis judía, de que el presidente, generalmente, el pater-familias, o quien hiciera sus veces, fuera pasando a su derecha e izquierda el pan, para que llegara hasta el extremos contrario. Sí, un montón de comensales tocaba el pan hasta llegar a su destinatario. Y esto recuerda la meticulosa higiene de los judíos, con todas las purificaciones previas a las comidas, y todavía más, a las más  importantes y significativas.

2º) El cardenal enemigo del papa (y amigo de Vox) hace campaña en Madrid contra la escuela laica y la “teoría de género”.

Lo de “enemigo del Papa” está absolutamente documentado, y ya informaba de ello en el artículo  “Tal vez sea interesante eliminar el cuerpo de cardenales de la Iglesia”, del día 11/08/2019.  Había otro artículo de Jesús Bastante en Religión digital (RD), que transcribí enteramente para este blog hace unos días, y que rezaba así: “Rouco Varela y los obispos ultras presionan para que la Iglesia haga una declaración política antes de las elecciones”. En este mismo artículo su autor informaba de las presiones que el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, debería intentar, a instancias del cardenal Rouco Varela para que la Conferencia Episcopal Española (CEE) publicara una nota en ese sentido. Por lo visto, al no conseguirlo, ha conseguido traer al cardenal Sara, por lo que dice el artículo en cuestión “amigo de Vox“, para paliar, de alguna manera, la ausencia de la nota de la CEE. En mi opinión, esta conferencia del cardenal Sarah compromete seriamente al CEU, que tiene todos los medios para informarse de que el citado cardenal, a las órdenes del purpurado alemán Müller, como pueden ver en el citado artículo de este blog, es uno de los más beligerantes contra el papa Francisco. Y hay que reconocer que ni en la vida, ni en la política, y menos en la Iglesia, vale todo, ni que el fin, en este caso espurio e indigno, justifica los medios. Y algo que tienen que saber y reconocer las instituciones, sobre todo si son serias, y bien informadas, es que la altura de los cargos, como la de cardenal, no garantiza ni la categoría intelectual ni cultural, ni mucho menos la intachable actitud humana y ética que se debería desprender del Evangelio. Es esto lo que importa a un cristiano, y nos tememos que es esta inclinación de Francisco al evangelio la que incomoda, seriamente, a altos jerarcas de la Iglesia.

3º) Una de las reformas que el Papa puso en marcha en España fue evitar los pronunciamientos políticos y acabar con las manifestaciones y misas en Colón.

Todo lo que indica este título es que el Papa, a quien señala directamente, es al arzobispo emérito de Madrid, D. Antonio Mª Rouco Varela, que fue quien propició y dirigió esas actividades, ahora desaconsejadas por el Papa. Por eso, y por otros muchos motivos, chirría tanto la presencia del cardenal Sarah, reconocido como uno de los más acérrimos opositores del Papa, en la tribuna del CEU, unos días antes de las elecciones, dando una conferencia de tintes eminente, y evidentemente, políticos, como las referencias a la escuela laica, a los problemas de la ideología de Género, y a temas más propicios a los representantes y simpatizantes de VOX que a  los seguidores de Aquel que aconsejó el amor al enemigo, poner la otra mejilla, y amar al prójimo no solo igual que a sí mismo, -Antiguo Testamento-, sino más que a sí mismo, -Nuevo Testamento, “amaos unos a otros como Yo os he amado”, es decir, más que a sí mismo. El cardenal guineano, con su conocida y severa animadversión a uno de sus hermanos mas significados, como es el papa Francisco, no parece el más indicado para orientar con su palabra el proceder cristiano de los asistentes a sus conferencias. Y es preciso recordar, y cada vez más necesario, que de lo que se trata es de intentar ser cristianos, más que católicos preocupados por la importancia mayor o menor de nuestra  comunidad  católica, si no queremos acabar con sentimientos e índole grupales, como muchos sienten a la Iglesia.

4º) Rouco Varela se une oficialmente al grupo de cardenales enemigos del papa Francisco. Aclaro este subtítulo de Jesús Bastante con otro del mismo sincero y valiente periodista: “El ‘club’ de los críticos se ha reunido en Roma para reivindicar las ideas conservadoras de Joseph Ratzinger”. Este club se reunió hace dos semanas en Roma, liderados por el cardenal Müller, más los cardenales Walter Brandmuller, Raymond Leo Burke, Carlo Caffarra, Velasio De Paolis, Sarah, para reivindicar, como dice el título, las ideas del papa emérito Benedicto XVI, en una nueva tentativa de desequilibrar el pontificado, legítimo y único, de Francisco. En esta reunión al Cardenal Rouco acompañaba el obispo auxiliar, y ex portavoz de la Conferencia Episcopal, Martínez Camino. A mí no me gusta nada que el que fue mi obispo durante más de veinte años se solidarice con prelados que tachan a nuestro Papa, el único legítimo, y cabeza de la comunidad eclesial, de “Hereje”.

Conclusión: Mi opinión es que puestos a ser arrojados y, valientes en apariencia, tachen de herejía al mismo Jesús de Nazaret, que dijo cosas como “las prostitutas os preceden en el Reino de Dios”, o “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de Dios”. A mí, y a la gente de mi comunidad, nos parece que lo que más incomoda de Francisco a los altos y egregios Príncipes de la Iglesia, es que el papa argentino demuestra, día tras día, que quiere ser evangélico, y seguir al Maestro de Nazaret, que fue tachado por el Sumo Sacerdote de Jerusalén, entre otros, de blasfemo. Y esto nos recuerda la última bienaventuranza de Mateo: “Dichosos vosotros cuando os  insulten, os persigan  y os calumnien de cualquier modo por causa mía. Estad alegres y contentos, que Dios os va a dar una gran recompensa; porque lo mismo persiguieron a los profetas que os han precedido”. Los que persiguen, insultan y calumnian son un buen número, más del que sería prudente, de eclesiásticos, insensatamente engreídos, y temerarios. 

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

 

Muchos de nuestros obispos no parecen muy democráticos (y II)

Me van a perdonar si adopto un estilo de exposición metódico, casi escolástico. Pierdo el brillo literario, pero gana la claridad de exposición, y la más fácil comprensión.

1º) Los obispos españoles, liderados por monseñor Antonio Mª Rouco Varela, no son muy fieles a las directrices, y sobre todo, al estilo del papa Francisco. Este es un hecho que todos los analistas dan como probado, pero es algo que no debería suceder, porque el retiro-jubilación de los obispos debería impedir que mantuvieran, si no puestos de mando, sí el ejercicio del mismo, y menos a la luz del día. Y que esta influencia episcopal, inaceptable, y abusiva a todas luces, es real, se comprobó cuando en la última elección de la Conferencia Episcopal Española (CEE) para la composición de la directiva, no solo no eligieron al cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro Sierra, como vicepresidente, sino que, movidos y dirigidos por el arzobispo emérito de Madrid, no lo hicieron ni siquiera como miembro de esa directiva. (Lo que provocó el crudo, pero ingenioso y diáfano título del artículo en Religión Digital (RD), de Jesús Bastante que decía, literalmente: “La Conferencia Episcopal Española da una patada en el culo de Osoro, dirigida a Francisco”. 

2º) Por qué sucede lo que cuento en el párrafo anterior. Fundamentalmente por dos motivos: a), falta de valentía de los señores obispos, y b), desconfianza  de los prelados en la capacidad de comprensión y de valoración de los fieles. En las reuniones de la CEE, a la que están invitados, no sabemos por qué, los obispos eméritos, y los auxiliares, unos, o varios obispos, pueden, deben, están obligados a denunciar esa situación anómala que estamos comentando, sobre todo, en la práctica actual, en la que están presentes todos aquellos que  irán, o irían, a ser denunciados. Así, cara a cara. Y aquí viene lo de la falta de valentía, es decir, la cobardía. Y ésta se desarrolla en dos sentidos: Uno, en el temor reverencial que se puede sentir ante un prelado que ha sido, y tal vez, o sin tal vez, lo siga siendo, todo poderoso. y dos, el no comunicar esas actuaciones, delicadas y sensibles, por el miedo a escandalizar a los fieles. Precaución estéril, porque con los portales cristianos de información, como Religión Digital, Redes Cristianas, Eclesialia, etc., y la propaganda por los medios de comunicación , y hasta el cine, de la terrible lacra de la pederastia clerical, resulta esconder algo muchos menos escandalizable para la mayoría de la gente adulta.

3º), la verdadera causa de la falta de transparencia  episcopal. La causa de esta realidad de la falta de sinceridad, de verdad en la información, de transparencia, en resumidas cuentas, es que, una de dos: o nuestros obispos no han leído el Nuevo Testamento (NT), lo han leído, y lo leen, pero lo olvidan enseguida, o, decididamente, no le hacen caso. ¿A qué me refiero? Ni ninguno de los evangelistas, ni el autor de los Hechos de los Apóstoles, seguramente Lucas, ni Pablo, o cualquiera de los otros autores de cartas canónicas que figuran en el NT, escondieron nada que ellos pudieran suponer desabonador o comprometedor para otro apóstol o discípulo, si contar el caso fuera bueno para la tarea de anunciar el Evangelio, la Buena Noticia, y ocultarlo fuera perjudicial para ese empeño, objetivo esencial de la Evangelización. No ocultaron la negación de Pedro, ni el reproche de Pablo al príncipe de los apóstoles, cuando éste se lo mereció por hacer distingos en el trato con los  cristianos provenientes de los paganos y de  los judeo-cristianos, por temor reverencial a los líderes de la comunidad de Jerusalén, ni Lucas se contuvo para explicar que en el llamado Concilio de Jerusalén, “después de una violenta discusión …”, acabaron entendiéndose, y dando la razón al grupo de Pablo. Es decir, la Comunidad cristiana primitiva no ocultaba sus flaquezas y pecados, por dos motivos: uno, porque no estaban divididos en hombres del clero, respetables y todo eso, y fieles normales, más propicios a no entender las cosas, y a escandalizarse; y dos, porque no consideraban a los fieles como infantiles propensos al fácil escándalo.  Y mientras no superemos en nuestra Iglesia esa división, -no en vano el papa Francisco ha repetido hasta la saciedad que “el principal problema de la Iglesia es el clericalismo“-, los obispos continuarán siendo opacos en sus tomas de decisión, y, todavía más, en comunicar a todos los hermanos los abusos, o intentos de ello, de jerarcas que están más atentos a la adquisición y manutención del poder que a la construcción de la Comunidad cristiana. Mientras los mal llamados laicos o seglares no participen responsablemente de las tareas de la evangelización, y organización de la comunidad eclesial, estaremos sujetos a esos abusos que contemplábamos en el artículo de ayer de Jesús Bastante en Religión Digital.

(Continuará en varias entregas más).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

Muchos de nuestros obispos no parecen muy democráticos

(Trasncribo este artículo de Religión Digital, (RD), de Jesús Bastante, con la fecha de hoy, para poder mañana escribir un artículo después de que mis lectores tengan la información suficiente para poder entenderlo bien. El asunto es tan grave que no puedo, no podemos, dejarlo pasar sin fijar en él nuestra mirada, para ser capaces de sacar las consecuencias inelulibles, y necesarias, para después usar, y adoptar, criterios sólidos y válidos en nuestro parecer y opinión de las relaciones del Estado con la jerarquía de la Iglesia).

Jesús Bastante

(Ahí va el articulo de Religión Digital):

Desde que el llamado ‘vicepapa’ de Madrid fue relevado por un arzobispo elegido por Bergoglio, Rouco se ha convertido en el gran opositor al Vaticano en España. Una de las reformas que el Papa puso en marcha en España fue evitar los pronunciamientos políticos y acabar con las manifestaciones y misas en Colón. Con la vista puesta en sus propias elecciones, el ala conservadora de la Conferencia Episcopal presiona para hacer un comunicado antes de los comicios del domingo.      

El 28 de octubre de 2014, hace ahora cinco años, Carlos Osoro sustituía al todopoderoso cardenal Rouco Varela como arzobispo de Madrid. Un nombramiento directo del papa Francisco que no gustó nada al llamado por muchos vicepapa español. Rouco no votó por Bergoglio en el cónclave vaticano y, desde entonces, se ha ido configurando como el gran dique de contención a las reformas que el Papa quiere implantar en la difícil Iglesia española.

Con la salida de Rouco se acabaron las misas en Colón y, desde el año pasado, las notas de la Conferencia Episcopal de cara a las elecciones. Algo que el cardenal, desde su ático de lujo en la calle Bailén en Madrid, no estaba dispuesto a tolerar. Desde hace meses, y especialmente en las últimas semanas, el cardenal ha vuelto a liderar un movimiento para que la Iglesia española vuelva a entrar en política, y dé criterios de voto a los católicos españoles para este 10N.

De hecho, en el próximo Comité Ejecutivo, que se celebra este jueves en Madrid, el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz –considerado por muchos el candidato de Rouco a presidir la Conferencia Episcopal en las elecciones que los obispos celebrarán en marzo– tratará de proponer, con el aval de varios prelados (entre ellos, los 15 ‘obispos de hierro’ –Reig Pla, Fidel Herráez, Asenjo, Demetrio Fernández, Martínez Camino o Munilla–) que el Episcopado lance una nota in extremis antes de las elecciones.

Una nota con unos criterios que habrían de seguir la tradicional apuesta política de Rouco Varela: la defensa de su concepción de la libertad religiosa frente a los que, a su juicio, quieren acabar con ella. Una libertad religiosa que, según este grupo de prelados, se vería amenazada con un nuevo Gobierno del PSOE, que ha vuelto a incluir la denuncia de los acuerdos Iglesia-Estado en su programa electoral, algo que no había hecho en las generales de abril.

La cúpula episcopal, con Blázquez, Osoro y Omella a la cabeza, no están por la labor, pero lo cierto es que los sectores más rigoristas del catolicismo español parecen pedirlo a gritos, especialmente en un momento en el que la ultraderecha parece ganar posiciones en los sondeos. Una ultraderecha, la de Vox, financiada y avalada por grupos ultracatólicos como HazteOir, los kikos o el Opus Dei, y que cuenta con muchas simpatías entre los obispos españoles más conservadores, como ha demostrado la reciente exhumación de Franco y la reacción de los ultras contra Osoro (con pintadas en varias iglesias), ante el clamoroso silencio del Episcopado.

Y, entre ellos, Rouco sigue mandando, y mucho. Un Rouco que continúa, cinco años después de su cese, tratando de imponer obispos conservadores en la Iglesia española. De hecho, el de nuestro país es el único episcopado donde no se nota el cambio propuesto por el Papa. Es decir: obispos con ‘olor a oveja’, más pastores que políticos. ¿Por qué? Distintas fuentes hablan de la especial relación de Rouco Varela con el cardenal Ouellet, prefecto de la Congregación de Obispos, encargada de buscar candidatos al episcopado, que posteriormente son refrendados por el Papa.

El éxito en la batalla de Rouco y sus afines no depende en este caso solo de las fuerzas que pueda aunar el cardenal. Hay un elemento mucho más terrenal que puede dar por tierra con su propuesta: el próximo domingo, además de elecciones generales, la Iglesia española celebra el Día de la Iglesia Diocesana, con una colecta que, según afirman en la Conferencia Episcopal, sirve para fomentar la autofinanciación de los Obispados. No parece el momento para una pronunciación política.

Artícuo de Religión Digital transcrito para este blog por Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

No me gusta el “Halloween”

1º) En primer lugar, no me gusta porque se trata de la importación de una práctica norteamericana  que nació como burda y vulgar imitación de sus vecinos mejicanos, en la imaginativa y teatral celebración que éstos tienen en el recuerdo de los difuntos. Y, además, porque, según todos los indicios, la “fiesta y noche de las ánimas” nació en el mundo celta, y se ha celebrado en España desde la más remota antigüedad, adoptada por la liturgia cristiana, y convertida, antes siquiera del nacimiento de los Estados Unidos de Norteamérica, en secular tradición. Y tampoco me gusta porque han cambiado, sin saber por qué, la noche de los muertos, que según la tradición católica, y española, es la que va desde el uno de noviembre, día de la “festividad de Todos los Santos”, a la mañana del día dos, “Conmemoración de los todos los Fieles difuntos”. Es la noche del Tenorio, y la que me tocó pasar, el año 1988, en una hondonada del Montseny, con más de cuarenta chicos de trece y catorce años, además de unos antiguos alumnos de nuestro colegio Sagrados Corazones de Barcelona, que nos servían de entendidos en acampadas, y lo eran, azotados por una inclemente lluvia, en nuestras tiendas de campaña, y acompañados por el pertinaz repiqueteo de la campanita de una cercana ermita, que así celebraba su noche de difuntos. Ni la lluvia, ni la persistente esquila, nos impidieron dormir después de la paliza que nos habíamos pegado, después de caminar a buen ritmo desde la estación de Sant Celoni. (Pero en Madrid, también desde tiempo inmemorial, el día de los difuntos, con sus visitas a los cementerios, se ha celebrado el día uno, “Festividad de  Todos los Santos“).

2º) Oí a una señora en la televisión comentar que a sus hijos esto de las visitas al Cementerio, las flores, y toda la parafernalia que se monta en estos días les parecía una perfecta tontería, y que se trataba de una idiotez. Seguro que a los únicos que no les desagrada esta tradición es a los floristas, cuando uno de ellos afirmaba, también en la tele, que con motivo de estos días, de la Celebración de todos los Santos, y de la Conmemoración de los fieles difuntos, llegaba a facturar el 50% de las ganancias de todo el año. Yo estoy bastante de acuerdo con los jóvenes de hoy, aunque me parece que no se dejan guiar por sus principios y valores, sino por la ola de los tiempos y de los acontecimientos. La absurda, burda, vulgar, y para mí, pesada y ruidosa celebración del hallowwen, me resulta, más que una tontería, algo atontador e idiotizante. Lo de las visitas al cementerio implica una relación seria y sentida  con los antepasados, y, en este sentido, conecta con la más antigua y pura experiencia de la religiosidad natural. Claro que desde el punto de vista teológico de la tradición cristiana, expresiones como la que he oído a otra señora de que hoy era “su día“, (no es verdad, en la liturgia católica el día de los muertos, como he expresado más arriba, es mañana, día dos), y que se sentía bien visitando con frecuencia, y en estos días, más, “a los que habitan en el cementerio, porque esta es su casa”. La pura razón, y la ciencia, nos aclaran que lo que queda en el Camposanto no son sino los restos biológicos de lo que fue una vida humana. Y éste es también la enseñanza y el sentir de la tradición cristiana. El lugar en que viven y exultan corporalmente, no solo en un vago espiritualismo,  los que murieron, es en otra dimensión, en lo que el Apocalipsis denomina la Jerusalén celeste, y la denominación normal y popular, el Cielo. Lo de corporalmente constituye uno de los ejes centrales, y más humanistas, de la fe cristiana, como proclamamos todas las veces que recitamos el Credo, y aseguramos creer en la “Resurrección de los muertos”. Entre otras cosas porque lo que llamamos “alma”, sin el cuerpo, no es nada, es un cero absoluto.

3º) Y no quiero acabar esta pequeña misiva sin un recuerdo de la celebración del día de los difuntos en México. Con elementos prehispánicos, como la ascripción a una especie de paraíso a los que morían en relación con el agua, ahogados por ejemplo, y a una situación parecida a la concepción popular católica del purgatorio de todos los demás muertos. Lo cierto es que los misioneros españoles se encontraron en Méjico con una poderosa, fuerte, y evocadora tradición de la celebración de lo que la liturgia cristiana denomina “Conmemoración de los fieles difuntos”, del día dos de Noviembre. Así que se dedicaron a una especie de simbiosis, inculturando los ritos cristianos, que existían también muchos siglos ha, en la Iglesia española y la universal, con elementos típicos de la cultura llamada “mexica”, cuyo principal resultado ha consistido en celebrar con simultaneidad la tristeza de la separación de la muerte, con la alegría de la llegada de las personas a un nivel nuevo, maravilloso, sin dejar de ser humano, de existencia. Por eso, ofrecen dones de diferentes tipos, hacen cenas en familia para celebrar esa fantástica noticia, y consiguen, a pesar de la presión que la fiesta laica e infantiloide del Halloween, de los vecinos del norte, mantener lo esencial de sus tradiciones, y ofrecer al mundo un ejemplo animador y , sobre todo, esperanzador, de la memoria de los muertos en el mundo de los vivos. Así que en México el día de los difuntos es una fiesta que mezcla Fe, cultura y tradición.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara       

Las “bienaventuranzas” de Franco. (Por Santiago Cantera, prior del Valle de los Caídos)

Durante la inhumación  del cadáver del dictador Franco en el cementerio de Mingorrubio, el prior, que no Abad, de la abadía de la Santa Cruz del valle de los  Caídos, ha terminado su homilía con estas bienaventuranzas dirigidas al General Franco:

1.- Bienaventurado Excelencia porque supo asumir ante Dios la pequeñez y la pobreza de su corazón, porque era pobre de espíritu, y como aquellos deportados de Babilonia, anhelaba constantemente el reencuentro con el Dios del amor.

2.- Bienaventurado por la lágrimas que derramó durante toda su vida, porque ellas purificaron su alma y ahora recibe el consuelo del Dios Altísimo.

3.- Bienaventurado por su sencillez y humildad en la entrega sacrificial a la Fe perseguida, a la Patria amada y a su familia, que siendo todo el pueblo español, se centra en aquella que Dios le regaló, su mujer su hija y sus nietos y biznietos; por ello ha entrado en la Tierra de Promisión.

4.- Bienaventurado por su hambre y sed de justicia que fue guía de su ser y la proclamo siempre desde la atalaya de su existir, por eso goza ya de la Justicia de un Dios que le amaba desde antes de la Creación.

5.- Dichoso es Ud. Excelencia por su compasión y su entrega a los más desfavorecidos en momentos de extrema necesidad, por implantar la Justicia Social en nuestra Patria, por dar trabajo, vivienda y sanidad a todos, por ello ha sido recompensado con la compasión de Aquél que es la Vida Eterna.

6.- Bienaventurado por su limpieza de corazón que le llevaba al sacrificio extremo por los demás sin pedir nada a cambio, bienaventurado por sus desvelos y su amor infinito a la fe que siempre profesó, dichoso por ofrecerse a sí mismo por la construcción de una España mejor, ello le llevará a poder contemplar el rosto amante de Dios, no como una teofanía sino con los ojos del alma que anhela gozar de esa unión trascendente.

7.- Bienaventurado por la Paz que nos entregó y mantuvo a lo largo de tantos años, una Paz que llevó a la Reconciliación que algunos pretenden destruir. Por ese amor a la Paz fue, es y será llamado Hijo de Dios.

8.- Dichoso por haber sido perseguido por causa de la justicia, durante toda su vida y ahora en su muerte. Vuestra Excelencia que vive ahora en la intimidad de Dios, sabe a ciencia cierta que la única justicia verdadera es la divina y que… “al atardecer de nuestro existir seremos examinados en el amor” (S. Juan de la Cruz).

9.- Dichoso Ud. mi General que por defender la Fe Católica y el Santo Nombre de Jesucristo ha recibido, insultos, calumnias y persecución, en la Vida y en la muerte, por eso ahora puede reconocer los rostros de “esa multitud incontable de hombres, mujeres y niños que con vestiduras blancas y con palmas en las manos están alrededor del Cordero inmolado ya que han derramado su sangre” (cfr. Apoc. 7,9). A ellos la Gloria, a aquellos mártires que han regado con su sangre las tierras de nuestra Patria por amor a Cristo, y que la Iglesia proclama oficialmente como tales. Ahora pasadas las contiendas pueden contemplarse en el gozo del cielo cara a cara.

Por todo esto, a pesar de tener que volver a inhumar los restos de Francisco Franco, el gozo de saber y sentir que ya goza de la Patria Celeste, nos ayuda a serenar el espíritu y nos mueve a dar gracias a Dios por el Don de este Soldado de Cristo que donó en gratuidad su vida por Dios y por España.

Es por ello que ahora con inmensa paz en el alma celebramos la Santa Misa por su eterno descanso sabiendo como diría San Agustín que “Nos hiciste Señor para Ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que no descanse en Ti”. Damos infinitas gracias a Dios por él, por Francisco Franco. Amén.

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(¿Hay alguna autoridad eclesiástica en la Iglesia, en España o en Roma, que salga a desdecir oficialmente la casi, ¡o sin casi!, sacrílega elevación a los altares del dictador Francisco Franco?)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

 

 

 

Deriva anti conciliar en la cúpula de la Iglesia del pós Concilio (II)

Dinero donado para caridad del Papa, empleado por altos funcionarios curiales en la compra de palacios en Londres

En la primera parte de este artículo intenté, y no estoy seguro de haberlo conseguido, describir el Concilio Vaticano II como una encrucijada eclesial histórica, de la que se derivaron dos caminos opuestos, y sin encuentro: el que proponía y señalaba el propio Concilio, en sus decretos, y documentos, en general, y, sobre todo, en su espíritu, que podemos llamar “camino evangélico“, y el movimiento de resistencia y de defensa ante la poderosa llamada a la conversión, a la que invitaba el Concilio, que podemos llamar “camino tradicional, conservador, oficialista e institucional”, defendido, sobre todo, por la Jerarquía. Conviene recordar que los pontificados de Juan Pablo II, y de Benedicto XVI hicieron muy poco, por no decir, que sería más verídico, que pusieron multitud de trabas para la progresiva aceptación, y, después, aplicación de los decretos, enseñanzas, y el propio Espíritu del Concilio. Así que destacaré acontecimientos, unos pocos, pero significativos, sucedidos en las altas esferas de la Iglesia en estos pontificados, y las consecuencias que el de Francisco está soportando.

1º) Dejaremos de lado, por ahora, si la muerte del Juan Pablo I tuvo algo que ver, que parece que sí, con el fuerte rechazo que la Curia Vaticana sentía, y ponía en práctica, contra las orientaciones del Concilio. Según algunos autores, periodistas y teólogos, la elección del cardenal Wojtyla tuvo algo que ver, o tal vez mucho, con ese rechazo.

2º) El permanente escándalo del IOR, sigla que corresponde el pomposo título de Instituto para las obras de Religión, -en italiano Istituto per le Opere di Religione-,  ha sido, desde su fundación, una permanente fuente de intrigas, de lucha por el poder, es decir, de numerosos y nada edificables escándalos. Destacaré algunos de los más sonados:

2.1) El “affaire” del ¿arzobispo? Marzinkus.

Afirmó uno de los miles de funcionarios de los 253 organismos relacionados con las cuestiones económicas del Vaticano que “Es difícil llegar al cielo siendo banquero de Dios“, y otro curial hizo el siguiente comentario a este decir vaticano: “más bien suele ser una autopista en el sentido contrario“, es decir, para el infierno. El caso del prelado norteamericano Marzinkus es paradigmático: gran responsable de las finanzas vaticanas, y auténtico guarda-espaladas del pontífice en sus viajes en gran parte del pontificado de Juan Pablo II, tuvo que ser protegido personalmente por el papa, escondiéndolo de la justicia italiana en el Vaticano. Tanta era la lucha de poder, y la ambición que se extendía por el Bando Vaticano que los dos principales colaboradores del obispo-banquero norteamericano, el abogado de la mafia Michele Sindona y el banquero Roberto Calvi, fueron asesinados. Ambos de manera novelesca: el primero, con una buena dosis de veneno en el café, y el segundo colgado ahorcado en un puente de Londres. LA degradación moral no se paraba en el robo y la apropiación ilícita, sino que llegaba has el crimen.

2.2) La renuncia de Benedicto XVI.

Las intrigas y desmanes en el área económica del Vaticano continuaron después de esos sucesos. Y esos antecedentes trágicos debieron de pesar bastante  para que Ettore Gotti Tedeschi , el economista a quien el papa Benedicto colocó estratégicamente el año 2009 al frente del IOR para intentar poner orden y limpiar las finanzas vaticanas, cuando constató lo que escondían algunas de las 24.000 cuentas obscuras, muy opacas,  del banco, redactó un expediente con información sensible documentada, se lo confió a dos amigos íntimos y les dijo: “Si me asesinan, aquí está la razón de mi muerte”. Así se las andaban los “piadosos” curiales banqueros vaticanos. Y fueron esos angelitos los que de tal modo presionaron a Benedicto XVI, que este acabó con su renuncia histórica al trono pontificio.

3.1 Los cardenales levantiscos del pontificado de Francisco.

Y de aquellos barros, estos lodos. Benedicto llegó a afirmar que estaba, o se sentía, rodeado de lobos. Pues esos lobos, más viejos en edad y maldad, son los que intentan atormentar, y amedrentar a Francisco, pero hay que reconocer, igual que yo suelo comentar con las personas en mis pláticas formativas y cursos, que el papa, como todo mortal, tiene sus defectos. Mejor que defectos, en el caso del papa, porteño, para mayor complicación, y como todos sus conciudadanos, demasiado hablador, de esos que largan sin demasiado autocontrol. Visto a la luz de las imprudencias que puede cometer, y ha cometido, es un defecto. Contemplado por el lado positivo de la transparencia y la credibilidad, y en contraste con el secretismo secular  en la jerarquía  eclesiástica, algo hermoso e impagable, en esta época en que la mentira se está entronizando como instrumento de estrategia política y comercial. Así que con el papa Bergolio, han pinchado en hueso. Pero es lamentable que un cardenal como Müller, antiguo prefecto de la Congregación vaticana de la Defensa de la Fe, antiguo Santo Oficio, antiquísima, ¡a Dios gracias!, inquisición, tenga la osadía de acusar al obispo de Roma de herejía. Solo porque la Teología de Francisco, es incomparablemente más libre, profunda, evangélica y liberadora, que la antigualla de la confusión de Mûller y tantos otros entre Dogma y Teología. Ya informé del equipo de cuatro cardenales más que forman, más que la oposición cerrada y cerril a Francisco, el rechazo visceral al Concilio Vaticano II, y, por tanto, ya que este Concilio ha sido el más evangélico de la Historia de la Iglesia, su oposición al Evangelio.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

(Nota: mañana, o los días siguientes, escribiré una 3ª parte de este artículo, con más detalles del gran pecado de la alta jerarquía eclesiástica, de “preferir más al dinero que a Dios”. Sobre todo del último y más penoso conocido)

 

 

 

 

Deriva anti conciliar en la cúpula de la Iglesia del pós Concilio

Para llegar a los parámetros antievangélicos de hoya, como explicaré en la segunda parte de este artículo, tenemos que ir para atrás, hasta los días posteriores al Concilio, en los que el miedo a la gran aventura de la conversión que proponía el Vaticano II a toda la Iglesia asustó, sobre todo, a las más altas instancias jerárquicas, y al alto funcionariado de la Curia Vaticana. Y fue en esa época que esos protagonistas convirtieron en tumultuosa cuando se fufe fraguando el sin-sentido anti-evangélico que vemos aparecer sin pudor en los días actuales. Intentaré comentar mi idea de Iglesia, y opondré la Iglesia Institución a la Iglesia Misterio. Y, como digo, en la segunda parte de la entrega, concretaré mucho más.

La Iglesia como organización no para de darnos sustos, y de demostrar que es un desastre. Me explico: amo a la Iglesia, confío en la Iglesia, defiendo a la Iglesia como “Misterio de Salvación”, así que cuando hablo de la Iglesia  organización, institución, o casi grupo empresarial, no insulto, ni ataco, ni desprecio a la auténtica Iglesia. Ésta autenticidad que solicito la tenemos que buscar en parámetros que sean comunes para todos los creyentes, que sean indiscutibles, e irrefutables. Así que me atrevo a trazarlos desde ya: los encontraremos, en general, en la Palabra de Dios, recogida en las páginas de la Sagrada Escritura, y, en concreto, y más cercanamente, en el Nuevo Testamento, y, todavía con más precisión, en los Evangelios, en los Hechos y las Palabra de Jesús, y de los Apóstoles, en sus cartas, y en las del gran maestro y evangelizador Pablo. Es decir, resumiendo mucho, pero muy bien, en el “grupo de los discípulos de Jesús“, tengan o no el diploma de esa referencia.

Donde haya una comunidad que se ocupe en recordar continuamente la Palabra de Jesús, e intenta ponerla en práctica, he ahí donde está la Iglesia Misterio, es decir, el auténtico Pueblo de Dios, elegido, consagrado, y enviado al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo, como proclamó, y señaló indeleblemente el Concilio Vaticano II. (He aquí otra pista: donde se huela, y se sienta, el aroma del Vaticano II, por ahí anda la Iglesia. Y esto porque después de tantos concilios dogmáticos, el que convocó, inspiró y alentó, Juan XXIII, y después, Pablo VI, se fijó, mucho más que en dogmas, que acaban conformando una ideología, muchas veces moralista, como ha sucedido en la Iglesia Institución, se fijó, digo, más que en esa colección de afirmaciones muchas veces incomprensibles, y de falsas aplicaciones moralistas, en los valores clara y nítidamente enseñados y vividos en el Evangelio. No un concilio dogmático, pues, sino evangélico).

El problema que ha tenido la Iglesia desde el Concilio ha sido de un estilo que podemos llamar “bipolar”. Me explico: 1º), por un lado, la Jerarquía eclesiástica no podía menos, y así lo hacía, de alabar, proclamar y exaltar, públicamente, la importancia y la necesidad de acoger con total y honesta disponibilidad,  las conclusiones del Concilio. Y 2º), por otra parte, poner trabas, y todo tipo de obstáculos, a los que querían, con sinceridad, y espíritu conciliar, y por eso mismo, evangélico, llevar a la práctica las conclusiones, las enseñanzas, y, sobre todo, el espíritu del Vaticano II. Los que accedimos al sacramento del Orden durante, o poco después, de la Asamblea Conciliar, -yo, por ejemplo, me ordené en septiembre del año 1068-, vivimos en la carne esa extrema, y muchas veces enconada dificultad, para intentar poner en práctica comportamientos que nos parecían perfecta y alegremente conciliares.

No es una suposición, ni una infamia que nos inventamos los que comenzamos a ver en el vértice de la pirámide de la institución eclesiástica, más que eclesial, es decir, en la propia Curia Vaticana, en esto totalmente de acuerdo, y siguiendo las directrices del papa Juan Pablo II, y con la ayuda ejecutora absolutamente y totalmente entregada del cardenal Ratzinger, una tenaz actitud, pero sutil y disimulada al principio, poco a poco más abierta y declarada, de oposición a las conclusiones, y al propio Espíritu del Concilio. No hay más que ver la terrible, escandalosa, penosa, y triste, persecución a los mejores teólogos de la Iglesia, se calcula que unos 240 la sufrieron, perdiendo sus cátedras, viendo prohibidas y retiradas sus obras, y perdiendo, en muchas ocasiones, hasta el trabajo con el que conseguir su pan de cada día. Y que esta censura a las mejores mentes teológicas de la Iglesia tuvieron mucho que ver con el Concilio lo demuestra que tres teólogos no solo conciliares, sino asesores directos de los papas Juan XXIII y Pablo VI, como Ivês Congar, o.p., Schilebeek, op., y Karl Rhaner, sj., éste último profesor del joven Ratzinger, cuando el futuro cardenal y papa prometía, antes de sus algos cargos jerárquicos, ser un gran teólogo, fueron expulsados, hasta completar más de doscientos, ¡inmisericordemente!, de sus cátedras.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara  

(Seguiré mañana con la 2ª parte)

Actitud inaceptable del prior del Valle de los Caídos

El actual prior, que no Abad, del Valle de los Caídos, D. Santiago Segura, esta demostrando ser antes, y más, un falangista fanático, que un ciudadano ejemplar en el cumplimiento de sus obligaciones, y una de las  más importantes es cumplir con las determinaciones y sentencias de los tribunales de Justica. Además, en este caso de la inhumación de los restos de Franco no hace falta estar atento a las decisiones judiciales, pues esa acción, tardía, pero total y justa, y absolutamente conveniente, ha sido una decisión unánime del pueblo español, si es verdad, como lo es, que los diputados son los verdaderos y únicos representantes del pueblo español. El levantisco prior de la abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos ha debido de enterarse de que la exhumación del dictador Francisco Franco fue tomada, por unanimidad, por el Congreso de los diputados, y no es una ocurrencia, ni un capricho del actual Gobierno de España, como algunos políticos de una cuerda parecida a la del prior del Valle se empeñan en vocear a las gentes de nuestro país. Actitudes como las que estamos viendo en este caso, vergonzoso por su tardanza, de la retirada de los huesos del dictador de su tumba grandiosa, no es otra cosa que la demostración de que la Democracia ha entrado, en muchos casos, y en muchas personas, tan solo para alimentar declaraciones grandilocuentes.

Señalaré, brevemente, unos puntos de referencia, claros, y casi indiscutibles, para demostrar que el prior del Valle de los Caídos, o cualquier otra autoridad clerical, incluso abades mitrados, obispos, y hasta cardenales, no pueden oponerse, por las bravas, a un fallo judicial emitido según las leyes de nuestro país.

1º) No pueden invocarse los convenios con la “mal llamada” Santa Sede. Los convenios y tratados internacionales son de obligado cumplimiento, pero, evidentemente, ningún tratado internacional puede ser invocado para quebrantar la ley de ningún Estado que los haya firmado. Muchos ciudadanos opinamos que el Estado español, muy especialmente, y, sobre todo, en la deplorable época franquista, ha concedido la Iglesia, mejor decir, a su jerarquía, un trato no solo respetuoso, sino lleno de privilegios y prebendas. A lo que la Iglesia, desde el Vaticano, ha respondido, de forma más o menos igualitaria, con privilegios y prebendas, que más que para beneficio del pueblo español,  lo han significado para su Gobierno. Pero aún en el caso, hipotético e imposible, de que el Concordato, o Convenio o Tratado, afirmara, de manera expresa, que en su cumplimiento las autoridades del Estado español tuvieran bula para perpetrar una infracción ilegal, ésta lo seguiría siendo, y aquel artículo del Tratado debería ser declarado nulo por los tribunales convenientes. Es decir, el prior de la comunidad benedictina del Valle de los Caídos no puede invocar los tratados con el Vaticano.

2º) Tampoco puede invocarse la ley de “Libertad religiosa”. Ésta garantiza la autonomía de las autoridades eclesiásticas para todo lo referente a lugares de culto, pero no a la intervención, incluso en esos lugares, de acciones exigidas por los tribunales por fuerza mayor. Ejemplo: ante la sospecha de que un templo esconda material para acciones terroristas, los jueces pueden ordenar un mandato para el registro de ese lugar de culto. En el caso de la exhumación del cadáver de Franco no han sido los tribunales los que han tomado la delantera en ordenar esa acción, sino el propio Congreso de los Diputados, máxima autoridad legislativa española, la que tomó esa iniciativa. Los tribunales solo han intervenido ante las acciones de parte, en este caso, de la familia del General, de la fundación Francisco Franco, y, en última instancia, de la voluntad expresada inequívocamente por el prior de la abadía de Cuelgamuros de desobedecer la sentencia del Tribunal Supremo.

3º) También es interesante tener en cuenta la situación legal de la comunidad benedictina. La finca que ocupan la Basílica, el Monasterio, y los terrenos boscosos y de jardines que los rodean, no son propiedad de la orden benedictina, sino del Estado español. La presencia de los monjes se debe a la aceptación, por parte de la orden, de una invitación del Estado español, para mantener y promover el culto en la Basílica, así que se puede expresar, y tratarse, como  una concesión del Estado, quien puede declinar la invitación si el monumento cambia de finalidad. Suponemos que en el documento del intercambio de servicios entre el Estado español y la orden benedictina en lo referente al Valle de los Caídos habrá alguna cláusula que indique la preceptiva antelación con la que el Gobierno de la nación tenga que informar a la comunidad benedictina del cese de sus servicios. Y este extremo es el único que el prior de la comunidad, y las autoridades de la Federación benedictina, pueden exigir.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

El lío de los benedictinos de Montserrat

Religión digital publica,  hoy, 6 de octubre,  una información de la Agencia EFE que titula así: “El soberanismo “reza” en Montserrat por su causa y por el diálogo”. “La Basílica acoge una vigilia por familiares y amigos de los encausados por el 1-O”.

Es de sobra sabido la implicación que la abadía de Montserrat ha demostrado, desde las primeras escaramuzas independentistas, con la causa soberanista. Tengo que reconocer que, gracias a la lucidez y carencia de prejuicios de nuestro gran profesor de Historia de la Iglesia, padre Miguel Pérez del Valle, ss.cc., aprendimos a valorar serenamente el papel integrador, social, cultural y creyente, que los monasterios medievales ejercieron en tiempos pretéritos en las regiones en que estaban ubicados, y la profunda identificación, fundamentalmente identitaria, que ocurría entre los monjes y los campesinos y gentes sencillas, para las que el monasterio era un foco de luz, de esperanza, y de seguridad. Esto sucedía por encima de lo que hoy lamamos ideologías, y estados de opinión. Simplemente, lo vivían como una especie de condicionamiento  casi biológico, y esto no les hacia oponerse, ni enfrentarse, ni tener contenciosos con los habitantes de otras regiones. Sencillamente, los habitantes del área de influencia del monasterio se sentían atraídos, arropados, protegidos, y guiados, por el espíritu de servicio monacal, al que, en muchos casos, los campesinos debían hasta su aprendizaje agrícola.

Las abadías y monasterios y  catalanes no eran diferentes a los de otras regiones en este apartado de la importante significación sociológica, cultural y eclesial, que tenían para sus feligreses, quienes eran todos los habitantes en el radio de acción de los monjes. Hay que recordar que durante muchos siglos, hasta bien entrada la edad moderna, en el mundo rural la Iglesia institucional, era visible y presente, sobre todo, a nivel especialmente diocesano. Los obispos eran señores feudales, y alcanzar algunos de los obispados para sus segundones, era tarea muy estimada por las familias poderosas. Solo las ciudades y burgos episcopales tenían un núcleo poblacional consistente, sin que existiera, todavía, hasta bien entrada la edad moderna, la red y la cantidad de parroquias que hoy se disemina por toda la geografía nacional. Y, como según aserto común, y aparentemente válido, la Historia se repite, es decir, los hombres no escarmentamos, y repetimos la Historia, la tendencia de hoy es que, en los pequeños núcleos de población, la Iglesia institucional tiene, cada día, una presencia más testimonial. Tanto es así que el signo de esa presencia es, cada vez más, el edificio del templo, al que acuden, desde otro centro más poblado, los curas que atienden as esos pueblos de la que se ha dado en llamar, con pena y dolor, “la España vaciada”, que nada tiene que ver con la extensión y abundancia de sotanas y bonetes,  por todas las aldeas y poblados, por pequeños que fuesen.

Esta ausencia y carencia de acción pastoral fue la causa de que, en el siglo XIII, en el Concilio Lateranense IV, los padres conciliares intentaron de verdad tomar medidas que favorecieran la práctica pastoral de las gentes, al darse cuenta de que, en realidad, casi nadie asistía a la celebración de la Eucaristía. Ésta solo se celebraba en los monasterios y en las grandes catedrales de los incipientes “burgos”. De ahí las disposiciones estelares de dicho Concilio de obligar a los  bautizados a asistir a la celebración eucarística, por lo menos, “los domingos y fiestas de guardar”, y a confesar y comulgar una vez al año, especialmente por la Pascua florida. Toda esta situación de carencia e inasistencia la suplían las abadías, como la de Monstserrat, que solícitamente atendían a los campesinos de las bravas tierras de la sierra  presidida por “la Moreneta”. Porque ésta era otra de las ventajas, y a la vez, causas, de la identificación de los monjes, con los fieles: la entrañable devoción a la Virgen del lugar, ofrecida y promovida por la piedad, y la necesidad, no todas las veces altruista, pero siempre útil y conveniente, para la manutención de todas las tareas, religiosas, artísticas y culturales, del monasterio.

¿Por qué he titulado “el lío en que se han metido los monjes de Monserrat“? Ya sabíamos el protagonismo político, a mi parecer, excesivo, de la abadía de Monserrat en los avatares de la política catalana. Mi reproche no es solo, ni principalmente, por la inoportunidad de las reivindicaciones de libertad y autonomía política, hasta conformarse cada región en un Estado independiente, tarea que cada país fue cerrando en su momento, y que en la mayoría de las naciones europeas de Occidente sucedió por los siglos XV y XVI, y acabó, en Italia, a medidos del siglo XIX. Los países del Este, por la idiosincrasia de su Historia, lo han acabado más tarde, o todavía nos ofrecen los últimos coletazos de sus desencuentros. Pero mi opinión es que los monjes deberían hacer ver a sus conciudadanos y paisanos que no son los siglos XX y XXI los que adecuados para ultimar esta adecuación política, aprovechando la placidez de los métodos pacíficos democráticos. Y que ningún Estado serio va a permitir que nadie le birle parte de su territorio, que consiguió con luchas y sangre, con métodos académicos y de gabinete.

Pero como digo, no es éste el mayor reproche, o, mejor, corrección fraterna, que haría a mis hermanos de Monserrat, sino estas dos situaciones, que solo voy a apuntar, sin alargarme en detalles: 1º), la actual situación de catarsis y metanoya que la Abadía está viviendo por la reciente tragedia que se ha vivido dentro de sus muros, y que ha provocado actos de repudio y protesta  ante sus puertas, algo que no constituye un buen preludio para estos encuentros o convenciones de signo nada evangélico, sino pura y descarnadamente político. Y 2º), el escándalo de que creyentes, que lo son oficial y públicamente por su condición religiosa, en lugar de ocuparse en proclamar el perdón, el amor fraterno y la relatividad de cualquier situación socio-política, den a ésta mas relevancia que a los valores evangélicos. Y lo mismo pienso de que otros cristianos, pública y oficialmente creyentes, como ciertos obispos que declaran la unidad nacional de la nación que sea, la nuestra, por ejemplo, como un valor moral absoluto. Me fijo en lo que dijo el Señor Jesús, “Entre vosotros, que no sea así”. 

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara