Sobre la libertad religiosa en España (Una breve y simple reflexión)

Cada poco nos sorprende algún cardenal u obispo con quejas sobre el tratamiento que el Estado Español da a la Iglesia. Ahora, con el anuncio de la revisión de la Ley de Libertad Religiosa han vuelto a las andadas, notadamente los cardenales de Toledo y  Valencia,Cañizares y García Gasco, que acusan a Zapatero de querer crear “una sociedad sin Dios”. Hagamos un pequeño ejercicio de memoria:Jesús, en el Evangelio, abogó por dar a “Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar”. Y el Concilio Vaticano II, con gran enfado y hasta escándalo (¿farisaico?) de algunos, enseñó y propugnó, de manera inequívoca, la separación de Iglesia y Estado. Cuando la Iglesia era perseguida por el Imperio Romano, cuando más arreciaba la violencia represora con un emperador tan impresentable como Nerón, San Pedro y San Pablo, en sus cartas, exigían a sus fieles que pidieran a Dios por el Emperador. Y las cosas se torcieron definitivamente cuando el Cristianismo se convirtió en Religión oficial del Estado. Sabemos las barbaridades ocurridas en la Edad Media, y casi hasta nuestros días, por la unión y confusión de Iglesia y Estado, hasta el Vaticano II, la lucha por el poder y el mando en la sociedad, de influencia y control en la Moral, en la Cultura y en la Ciencia. Pero hay que aclarar: esta lucha de poder y control no fue de la sociedad contra la Iglesia, sino del Príncipe o el Rey o el Emperador contra la Jerarquía y la Estructura eclesiástica de poder, o al revés, porque ambas partes se sentían responsables tanto de la “Ciudad de Dios” como de la “ciudad secular”, confusión provocada por la mezcla de Iglesia y Estado. (Recordemos la teoría “de las dos espadas” de la bula Unam Santam de Bonifacio VIII, no aceptada, como es lógico, por los poderes temporales). En este Areópago no voy a dejar pasar una en el tema de la identificación interesada de Iglesia=Jerarquía Eclesiástica. Y lo voy a denunciar siempre porque no es verdad esa identificación, sino que constituye una detestable muestra de “clericalización” de la comunidad eclesial. La Jerarquía es “parte importante” de la Iglesia, pero no es LA Iglesia. No es igual la Eclesiología de la “sociedad perfecta” anterior, que la posterior al Concilio Vaticano II del “pueblo de Dios”. En mi parroquia ni mis parroquianos ni yo nos vemos para nada ni impedidos, ni estorbados o molestados en nuestra vida ciudadana o cristiana por la revisión o no de la Ley de la Libertad Religiosa, ni por la continuidad o la denuncia del Concordato de España con el Vaticano. Ni nos sentimos perseguidos, ni postergados, ni humillados, ni menospreciados. Nosotros no tenemos ni ansia ni necesidad de Poder, ni pensamos que nuestra misión en el mundo se tenga que realizar con privilegios ni prebendas. Recordamos cómo lo hicieron los primeros cristianos, que doblegaron al Imperio Romano en menos de tres siglos, desde la cruz, la hoguera, los dientes de las fieras y desde el escarnio de los anfiteatros. Recordamos el Evangelio, por ejemplo Mateo 5, 10-12: Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”. No nos sentimos perseguidos, pero si lo fuéramos, recordaríamos la palabra de Jesús. Me da mucha pena que en cuanto nuestra jerarquía se siente, o lo supone, mínimamente alcanzada por disposiciones administrativas del Estado, levante la voz hablando de persecución y maltrato, y hasta concedan al Presidente del Gobierno la potestad insospechada de eliminar poco a poco a Dios de la sociedad. ¡Qué poca necesidad de Dios deben tener nuestros conciudadanos!, en contra de lo que a todas horas predicamos. No den pistas, señores cardenales. Dejen que haga su trabajo el Estado, que es la organización jurídica del cuerpo social, es decir, la expresión de la voluntad de los ciudadanos, y dediquémonos nosotros a “evangelizar, a santificar y a ser signos del Amor de Dio en el mundo”. En los tiempos que corren jamás nos perseguirán por hacer esto. (Al hilo de esta reflexión escribiré mañana sobre un asunto que sí nos implica a nosotros de lleno, como son “Las primeras Comuniones

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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