La emoción del fútbol

Me preparaba ayer para ver el partido Holanda-Italia de la Eurocopa. Salieron las correspondientes selecciones, se plantaron bien erguidos sobre el verde césped, ¡qué pradera más magnífica!, y empezaron a cantar sus himnos, primero los italianos, después los holandeses. ¡Qué mocetones guapos y arrogantes en su planta y en su cantar los italianos! Iba enfocando la cámara uno a uno, y no sé cual de ellos cantaba con tal energía y unción ese himno con pinta de coro de  ópera que tanbien pega a los italianos, que te entraba una emoción dulce y suave por el cuerpo. Y la gente en los graderíos componía una coral multitudinaria y llena de fervor y alegre esperanza. Después los holandeses, más comedidos, pero igualmente acompañados por otro coro entusiasta y afinado de aficionados anaranjados, que formaban una marea de ese color, el de su selección, como los italianos la componían de un mar azul, el mítico color de la escuadra azzurra. Y yo pensaba cómo es mejor, infinitamente mejor, que los pueblos, y sus ejércitos que los representan, se midan unos con otros a ver quien es mejor, y más valiente, y más decidido, y hasta más guapo, en una lid lúdica y deportiva pacífica, que no con las cachiporras,  las flechas, las lanzas, los arcabuces, las bayonetas, los fusiles, las ametralladoras, los tanques, los abuses, o la bomba atómica. Sin odio, sin violencia, sin muertes inútiles y estúpidas.  Que hermoso es sentirse representado por unos jóvenes que disputan algo tan intrascendente cómo conseguir meter más veces la bola en una portería, y que ponen en ello la fuerza, la ilusión y el honor, empujados como se sienten por un pueblo que durante una hora y media sueña con alcanzar el reconocimiento de su arte, de su estilo, de su energía y de su valor. Después volverá la vida con su dureza, sus tribulaciones, con sus crisis y sobresaltos. Todo se vive mejor después de una catarsis bella y dulce, llena de emoción y de esperanza en la victoria sobre  adversarios, que en la ardua realidad, resultan mucho más peligrosos que los jóvenes jugadores del equipo rival. Recordaba yo la convicción con la que un amigo de Brasil, bastante intelectual él, y aficionado al Corintians, equipo fundado por la colonia española en Sâo Paulo, me decía: “Para mucha gente sencilla no hay mayor afirmación ontológica que el grito de ¡¡¡gool!!! cuando marca su equipo. Y pienso que tenía razón. En todo esto meditaba yo mientras se desarrollaba el ritual de los himnos y los saludos entre los contendientes. También venía a mi cabeza la increíble y colectiva liturgia con la que se desarrolla un partido de fútbol, y que para muchos conciudadanos es la única liturgia que entienden, viven  y les emociona.  Después ya empezó el partido, y los holandeses superaron la tan alabada y laureada defensa de los italianos. Y acabaron dándoles un meneo que traerá cola, pues si mis fuentes no me fallan, no perdían de tres goles desde el año 1983 (0-3 ante Suecia), y hay que retroceder hasta el 1970 para encontrar otra derrota por esa diferencia de goles (1-4 ante Brasil). Es decir,  en treinta y ocho años, la de ayer es la segunda derrota de Italia por tres goles. Muchos italianos reprocharán al entrenador de Italia Donadoni, y creo que con razón, no haber confiado hasta muy tarde en el arte y la improvisación de jugadores como Del Piero o Cassano. Y metido en harina, aunque no pensaba llegar hasta aquí,  como buen aficionado al fútbol que soy (porque uno puede ser medio intelectual, y gustarle la música de Bach, y tocar al piano de madrugada  la patética de Beethoven  o la polonesa heroica de Chopín – ¡no tengo vecinos en mi casa parroquial!- , leer a Bulgakov etc. etc.),  me voy a mojar con la selección de Luis Aragonés,  después de mi pequeño alegato en defensa de los aficionados al fútbol, que parece que todos tenemos que ser medio trogloditas y burdos, insensibles para las manifestaciones artísticas.  No me gusta el estilo dichoso del tiki-taka (tal vez no se escribe con K, no sé). Es el estilo que este año no le ha dado ningún dividendo al Barça. Viendo a  holandeses y alemanes  con ese futbol tan vertical y raudo, resulta desesperante la lentitud de nuestra selección en llegar a los lugares del campo donde se hace daño. Ojalá me equivoque y me puedan decir que me dedique a otros menesteres menos  premonitorios, pero me parece que con nuestro estilo se desaprovecha la rapidez y explosión de jugadores como Villa y sobre todo Torres. Pienso que desgraciadamente no vamos a llegar muy lejos, pero si me equivoco y alcanzamos las semifinales o la final, y no digamos si ganamos, seré el primero en reconocer que Luis y sus muchachos han hecho bien en disimular y esconder sus armas.  Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara 

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