San Bernabé padrino de San Pablo. ¿Y nuestros padrinos de Bautismo?

Celebramos hoy la fiesta de San Bernabé, que descubrió a San Pablo en Antioquía, en una comunidad compuesta, gran novedad, por una mayoría procedente del paganismo, es decir, por NO judíos. Esto, además de novedad, como he apuntado, significaba un verdadero y gran quebradero de cabeza para los legales y super-ortodoxos jefes de la Iglesia de Jerusalén, con Santiago, el primo de Jesús,  a la cabeza. Bernabé fue justamente uno de los inspectores que la comunidad de Jerusalén envió a Antioquía –la iglesia holandesa de los primeros tiempos, como decía un profesor mío en plena época conciliar- para comprobar si todo marchaba en orden, es decir, si se hacían las cosas según pensaban los “tradicionales y judaizantes” jerarcas de la comunidad de Jerusalén.El problema, gordísimo, consistía en que ellos no podían ni imaginar que se pudiera ser adorador y servidor del verdadero Dios, aunque fueran seguidores de Jesús, sin someterse y cumplir la ley de Moisés. Bernabé rápidamente comprendió la originalidad de la Iglesia antioquena, y defendió con tesón la inutilidad y la marcha atrás que significaría adoptar la ley mosaica en las nuevas comunidades. Pablo, recién convertido, novato en el cristianismo, pero preparadísimo en los estudios de la Torá, la ley de Moisés, como buen discípulo de Gamaliel, fue el fichaje estrella y providencial para las tesis aperturistas de la comunidad de Antioquía, y muy especialmente de Bernabé. Así que éste tomó a San Pablo, se lo llevó a Jerusalén, y confió en las admirables dotes dialécticas del converso de Tarso, quien no le decepcionó. Bernabé presentó a su pupilo a los ancianos de la comunidad jerosolimitana y lo  guió en los primeros y vacilantes pasos como miembro, primero normal, y enseguida destacado, de la comunidad cristiana primitiva. A eso lo llamaban en aquellos tiempos “garante” de un nuevo cristiano, de un neófito, de un recién bautizado. Nosotros lo llamamos padrino. Aprovecho para lanzar en este Aerópago, foro para todos los temas y ventana abierta a todas las inquietudes en la Iglesia y en el mundo, el “problema”, (así, bien destacado, en negrita y entre comillas), de los padrinos de Bautismo en nuestra Iglesia española actual. Entre las muchísimas cosas que hacemos mal en nuestras parroquias, y en las diócesis en general, una de las peores es  aceptar como padrinos de Bautismo a personas que no pueden, ni siquiera con milagro interpuesto, ser garantes de los recién bautizados, ni ayuda “garantizada” de sus padres en la tarea de la educación cristiana de los hijos. Personas que no viven ni andan en los caminos y recovecos de la comunidad cristiana parroquial, que no conocen de la misa el cuarto, no ya la media, que llevan años sin escuchar ni una palabra de la Palabra de Dios y de Jesús, que no se acercan al sacramente de la reconciliación ni individual ni comunitariamente, que no oran, que no se hacen solidarios, como testigos de Jesús, de los pobres y marginados. Voy a presentar una opinión políticamente incorrecta, espero  se me comprenda y se me disculpe. Preocupan a veces más a los obispos los obstáculos disciplinares y moralistas de la situación de los posibles padrinos, como estar divorciados o separados, que los que afectan a la vida sacramental y viva del día a día en la comunidad, como yo apuntaba arriba. Conozco personas a quienes los avatares de la vida han llevado y hasta forzado al fracaso matrimonial, como quien contra su voluntad “es” divorciado por el juez, y que mantiene una fe y una  experiencia de palabra y de comunidad suficientes para poder ser padrino de un neo bautizado. Pero si declaran su situación no pueden ser aceptados como padrinos. Mientras tanto, asistimos impasibles al deterioro imparable de la institución del padrinazgo bautismal, y contemplamos sin mover un dedo como se va convirtiendo en una realidad social, fruto sin más del parentesco, de la amistad, de compromisos adquiridos en otros bautizos, y hasta de intereses de clase y económicos.  He aquí un tema serio, urgente y de interés eclesial para el pronunciamiento de la Conferencia Episcopal, muchas veces ocupada en recordar y marcar criterios para realidades totalmente opinables, y ajenas al ministerio pastoral evangélico de los obispos. Es serio por razones obvias, y urgente porque conviene dar de una vez a nuestras gentes el testimonio de la importancia en sí de los sacramentos, especialmente el primero, sin depender exclusivamente de la costumbre y de la práctica social. Y los párrocos y los sacerdotes que les ayudan en este ministerio tendrían cobertura y fuerza para exigir un mínimo de coherencia y dignidad en la celebración del Sacramento inicial y fundamental de la experiencia cristiana. ¡Qué suerte tuvo San Pablo con un padrino como San Bernabé, que, sepamos, no era ni pariente, ni colega, ni amiguete; simplemente, alguien más avezado e integrado en la comunidad cristiana! Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara.  

2 Responses to “San Bernabé padrino de San Pablo. ¿Y nuestros padrinos de Bautismo?”

  1. Hola Jesús:
    He intentado escribir varias veces y siempre sin éxito. En el Blog de Pedro Lamet no estoy teniendo problemas y el acceso es único (¿!)

    Sobre que vivir como crsitiano sea una condición exigible, no puedo estar más de acuerdo, y quien lo percibe como secundario engrosa la filas de los que van diluyendo y empobreciendo esta opción de vida.

    Un saludo, y veremos si el comentario puede colgarse.

  2. Hola, Susana:
    Perdona si no habían salido tus comentarios, es que no sabía yo qué tenía que hacer. Ahora ya he dispuesto que salgan automáticamente.

    Jesús Mª Urío.

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