“Mi” camino neocatecumenal (I)

Conocí el Camino Neocatecumenal (CN) por el año mil novecientos sesenta y tres, pero pudo ser el sesenta y cuatro, y, a raíz de la aprobación de sus estatutos, me propongo narrar en sucesivas entregas mi experiencia en este camino, con anécdotas y con interesante sustancia de fondo. Lo haré desde mi mayor gratitud, pero también desde la más posible y prudente sinceridad.

Un Domingo de uno de esos años, recuerdo que hacía un tiempo espléndido, aparecieron por nuestro seminario de San José de El Escorial, de los padres de los Sagrados Corazones, unos cochazos, nada normales en aquella época, de los que descendieron un montón de niños, con toda la pinta de churumbeles gitanillos, con sus correspondientes padres, así como gente “muy fina”, elegante y esbelta, con sus correspondientes niños. Nos sorprendió muchísimo tal mezcla, y más cuando vimos que era comandada por un joven barbudo, con su guitarra y sus esfuerzos semisonoros que brotaban al unísono de una progresiva afonía y de un entusiasmo no menos en aumento.  Pasaron el día en nuestra finca, cantaron los laudes, y mientras los niños correteaban, los mayores hablaban y cambiaban impresiones. Tiempo después entendí que eso que estaban haciendo Kiko y su gente era el germen de lo que después sería en el CN uno de sus principales pilares, la convivencia mensual, un Domingo fuera de la parroquia y de la ciudad, para orar, dialogar, comer y divertirse un poco en comunidad. 

Durante el día nos fuimos enterando de que se trataba de un grupo eclesial de vanguardia, que había empezado en Palomeras Altas, con gente de chavolas y casitas bajas, muchos de ellos gitanos y algunos quinquis, atraídos y convocados por la Palabra de Dios proclamada por un joven “aventurero” e iluminado que con su Biblia manoseada y su guitarra había conseguido el milagro de reunir a gente desesperada y sin futuro alguno. Estaba acompañado de una religiosa que cambió su misión en Iberoamérica por una nueva experiencia en medio del pueblo de Dios de los más pobres,  de los anawim. En esos momentos no había aparecido todavía el P. Pezzi. La mezcla de gente fina y de gitanillos se debía a que, después de un tiempo bastante anárquico en las chabolas, Kiko pensó que debían integrarse en la estructura elemental de la Iglesia, en una parroquia. Y eso es lo que habían hecho. Por una coincidencia “providencial”, es decir, no por coincidencia, el P. Conrado Monreal, de los Sagrados Corazones, y a la sazón párroco de la parroquia de Cristo Rey de Argüelles, los había conocido e invitado a integrarse en su parroquia, que de esa manera fue la primera en el mundo en vivir la experiencia neocatecumenal. Por ese motivo estaban ese domingo en el Seminario de Teología de El Escorial, de los padres de los Sagrados Corazones. Recuerdo una anécdota. Al caer de la tarde el grupo se reunió en la capilla, no sé si para celebrar la Eucaristía o para cantar Vísperas. Kiko preguntó si alguno de nosotros, los estudiantes de teología, tocábamos el harmonium, me presenté yo, que era el primer organista, y me pidió entre serio y pícaro, pensando que me iba a pillar descolocado, que entonara el Gran Halell , un salmo muy especial para los judíos. Le dije que sabía lo que era el Gran Halell, pero desconocía la música con la que lo cantaban, que me diera la partitura. ¡Bueno que era nuestro profesor de Biblia, P. Cunchillos, para que uno de sus alumnos no supiera qué era el gran halell!

 (Continuará) 

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara.

2 Responses to ““Mi” camino neocatecumenal (I)”

  1. Me parece una aportación interesante “tu” historia de los kikos. Estoy convencido de que será objetiva y que aportarás datos importantes con todo lo que se ha escrito y se sigue escribiendo en contra y a favor del Camino. Una pregunta sobre tu información de hoy ¿la primera parroquia que les acogió y donde se fundó la primera comunidad, si bien posteriormente hubo problemas con el párroco, no fue de la de los Sagrados Corazones en Pío XII?. Grácias, y ánimo.

  2. Hola, Trastévere:
    La parroquia a la que te refieres es “NªSª del Sagrado Corazón” (¡sic!), e ignoro si hubo o no diferencias con el párroco. En “Cristo Rey de Argüelles”, que seguro que fue la primera parroquia con comunidades neo-catecumenales, sí las hubo, y muy serias, y la 1ª Comunidad se refugió en un bajo de la casa de los padres de Kiko, en la calle Blasco de Garay, también en Argüelles.
    Gracias a tí por tu osadía de entrar en el Areópago.

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