La estrella de Caín

Después del fratricidio, Dios marcó a Caín con una estrella en su frente para que no lo mataran, y si alguien osara hacerlo “sería castigado siete veces”. Es alentador que ya en tiempo tan remoto el escritor sagrado  descubriera el valor de la ley y el respeto al derecho, y la defensa incluso de los delincuentes. En el respeto y defensa de los criminales, algo de lo que éstos carecen,  se ve la madurez y la solidez de una comunidad humana. Viene a cuento esta reflexión a raíz del tumulto mediático que ha producido en España, y que sigue coleando, la excarcelación legal del etarra José Ignacio de Juana Chaos. He oído y leído mucha barbaridad y excesiva demagogia. El título de un editorial de periódico de tirada nacional hablaba de “vergüenza para una democracia”. Discrepo profundamente: calidad y garantía de una democracia, que es bien diferente.  No podemos confundir  unos sentimientos legítimos  de profunda repulsa ética  producidos por las actitudes y comportamientos de ese terrorista con la mirada serena y piadosa con la que Derecho mira y trata a los criminales. ¡No se lo merecen!, dirán algunos. Es verdad. Nos lo merecemos nosotros, los ciudadanos corrientes que procuramos cumplir la ley, especialmente la de “no matarás a tu prójimo”. Es el cuerpo social humanitario, generoso  y magnánimo el que se merece esas leyes casi “excesivamente” respetuosas y garantistas con los criminales. En las leyes penales es siempre preferible pecar por exceso de garantía que por defecto.  ¿Que si escribiría lo mismo si una de las víctimas fuera mi padre, o hermano o marido? No lo sé. Pero estoy seguro de que serían las mismas palabras si fuera capaz de decirlas con la cabeza serena, y otras si me dejara llevar por el corazón caliente. El respeto y la defensa de los criminales no merman ni un ápice el respeto y defensa de las víctimas. Lo que no es ético ni razonable es calentar demagógicamente las mentes de los ciudadanos  en situaciones en las que la prudencia y la serenidad son más indicadas que el berrido y el arrebato. Y si pensáramos en clave cristiana, ¿qué diríamos? ¿Cómo reaccionaríamos? Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara   

One Response to “La estrella de Caín”

  1. ¡Cuánto de cierto tiene lo que dices!
    Es el cuerpo social el que se merece estas leyes…
    Nos merecemos ser más justos y no vivir envenenados, sabiendo que el castigo, en sí, nos rebaja a todos.

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