Una absolución sobre la masacre

Leí en Internet, al día siguiente del fatídico accidente de Barajas, que el capellán del aeropuerto había dado la absolución “sub conditione” sobre los restos humanos de la catástrofe. Ya conocemos el sentido de la expresión (si están vivos, si estaban arrepentidos antes, si tenían recta intención hacia Dios en sus vidas, etc), pero no consigo ubicar en ese contexto, y con la teología pastoral más al día, esa absolución general. Me parece que no hacía falta.

Los signos sacramentales que Jesús dejó a su Iglesia son eficaces, pero más eficaz, pues aquellos lo son por ésta, es la misericordia de Dios, que en su magnificencia y  amorosa Providencia no se supedita a nada, ni siquiera a aquellos signos, aunque fueran donados y dejados por Jesús. La Iglesia,  administradora de la gracia y el perdón de Dios, es el  principal signo sacramental, como tan bien enseñó el gran teólogo Skillebeer,  la Iglesia como comunidad visible, signo de salvación de Dios en el mundo..

Yo creo que hay acontecimientos que, por sus implicaciones, su magnitud,  su resonancia y su eco social y comunitario se convierten en paradigma y llamada de atención a lo más íntimo y profundo que tiene el ser humano, individual y socialmente. Y, por eso mismo, se convierten en signo y presencia de la llamada de Dios a una comunidad tantas veces alejada de esas profundas experiencias, aunque oficialmente atenta, en su conciencia colectiva, a las alturas de la experiencia religiosa.

Pienso que sucesos como los de Barajas en el fatídico miércoles 20 de Agosto se convierten en un inmenso, sentido y dramático grito profético en medio de la existencia plana, frívola y vacía que vivimos en los días actuales y por la generación actual. Y por eso mismo, el acontecimiento luctuoso se configura como una catarsis y una purificación colectiva. Eso psicológica y socialmente, mas cristianamente para el creyente, llamada, y al mismo tiempo, signo de conversión.  

Aun sin absolución, nuestros hermanos siniestrados, ellos mismos y su trágico accidente, son materia sacramental y signo de absolución para toda una comunidad humana, creyente o no, ¿cristiana? ( por lo menos bautizada en su mayoría), signo de esperanza, a través del dolor, como en el proceso de muerte y resurrección de Jesús.  Este acontecimiento no es, con toda certeza, signo de castigo o maldición. Más bien yo lo veo, por todo lo que he apuntado,  como prenda segura  de Bendición.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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