La Santidad, oferta promocional (II)

Una de las aclaraciones que me proponía hacer en mi anterior artículo era: no es lo mismo santidad que bondad, no es lo mismo una persona santa que una persona moralmente buena. Hay santos, todos los bautizados, que no somos muy buenas personas , y muy buenas personas que no son santas. A mi gente le cuento este pequeño cuento para explicarles la diferencia:

Un párroco de una parroquia muy pobre va a comprar un cáliz. Encuentra cálices buenísimos, como uno de oro y piedras preciosas que vale doscientos setenta mil euros. Otros muy buenos, otros buenos, de plata, otros también estupendos de cristal de bohemia que rondan los quince mil euros. El problema es que el párroco sólo tiene cincuenta euros para comprar el cáliz. Así que compra el más barato, realmente malo, de barro, toscamente pintado, que le cuesta treinta y ocho euros. Lo lleva, lo consagran, y se convierte en un objeto sagrado, santo, por haber sido separado, escogido para el culto litúrgico. El flamante cáliz de oro sigue siendo buenísimo, pero se queda en la tienda, y no es un objeto sagrado; no es santo.

Eso pasa con las personas. Todos los bautizados recibimos la naturaleza divina, (“el ADN de Jesucristo”, lo llamo yo en el curso de bautismo), y somos “santificados” por la participación  de esa naturaleza divina. Esa es la consagración que nos hace santos, como la del cáliz que hemos referido. Esa es la verdadera y decisiva consagración, sin comparación, más eficaz y definitiva (¡imprime carácter!, como dice la teología clásica) que la consagración de la que hablan tanto los miembros de institutos de “vida consagrada”. Lo que nos consagra, nos separa para, nos elige para Dios y nos hace santos es el bautismo.

La santidad bautismal es participada y gratuita, no acreedora de méritos. Es un signo para el mundo (“sois la sal, la luz, el fermento”), es una llamada a la contemplación y a la escucha del misterio de Dios, es un reflejo de la Gloria  y de la Santidad de Dios. Vidas como las de Vicente Ferrer, Francisco de Asís, Teresa de Ávila, Damián de Veuster, monseñor Romero, la madre Teresa de Calcuta, no necesitan reconocimiento institucional, son de por sí un signo evidente del Dios de Jesucristo. Y al contrario, otros beatos o “santos” reconocidos oficialmente, sin ese reconocimiento unánime del Pueblo de Dios, no pasan de ser santos “ad hoc”,  sin la fuerza arrolladora que se desata en el mundo cuando alguien es un signo claro y lúcido de la Santidad de Dios.

Es evidente que la santidad que todos recibimos por el Batismo la podemos desarrollar más o menos. El cáliz de nuestro ejemplo, si no lo cuidamos y limpiamos bien,  estará sucio, y será entonces, como la Iglesia, sagrado y sucio, pecador. Lo mismo pasa con las personas. Lo que la Iglesia reconoce en los Santos oficiales, más que el grado de adhesión y vinculación a la Institución eclesial, y no digamos eclesiástica, es el alto grado de colaboración personal con la Gracia, con la santidad “regalada”, convirtiendo a esos bautizados en signos vivientes y andantes del misterio de la Santidad de Dios en Jesucristo, es decir, signos inequívocos evangélicos. Por eso pienso que el reconocimiento oficial tiene que ser posterior y consecuencia de aquel.

Acabo. Por todo lo que vengo diciendo, es maravilloso y consolador para nuestra debilidad y flaqueza constatar que personas con graves deficiencias psíquicas, como Margarita María de Alacoque, o morales, en su trayectoria, como María Magdalena, o Pablo, o Agustín, o  Jerónimo, sean transformados por la Gracia, mucho más que por el esfuerzo, en “vasos” de elección y signos del Reino.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara.

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)