¿Misión de Paz en medio de la guerra? ¡Claro!

Cuanto comentario y cuanta tinta gastada en palabras sin sentido, o, puestos en lo peor,  insinceras e hipócritas. Me refiero al accidente, atentado, sabotaje, asesinato, todo eso se ha escrito y dicho, que llevó a la muerte a dos soldados y al hospital a unos cuantos más, en Afganistán. Lo raro sería que hubieran muerto caídos desde un andamio, algo que ocurre muchos días sin que se produzca tanto alboroto,  o Fernando Alonso en un accidente  industrial. Quiero decir que la muerte, cuando no es en la cama, es bastante probable que ocurra en el trabajo o en la profesión da cada uno. Sobre todo si la profesión o el trabajo son de riesgo, y más si son de alto riesgo. Es bastante probable, pues, que un montañero muera despeñado o víctima de una severa congelación. Y que un soldado muera de un bombazo.

Lo que diferencia la muerte de unos y otros es, tan sólo, la dimensión mediática que alance cada evento luctuoso. Hoy, para bien y para mal, mi impresión es que mucho más para mal, somos carne de televisión, de radio, de medios, de propaganda. A mi me irrita muy intensamente que sea noticia la muerte de una niña en determinadas circunstancias proclives al morbo, y no lo sea el hecho de que ayer mismo, 10 de Noviembre de 2008, murieron más o menos unos cinco mil niños entre 0 y 3 años. Y que además murieron de hambre, enemigo que mata mucho más que las bombas, la violencia sádica o las imprudencias deportivas o laborales. Y en mi opinión,  encima mata con una crueldad más gratuita por lo inútil, innecesaria y solucionable. Y todo esto no quiere decir que me guste ningún tipo de muerte.

¿Que a donde quiero llegar? Pues a la conclusión, para mí lógica e irrefutable, de que ciertos acontecimientos luctuosos se convierten en trágicos no por la objetividad inherente al caso, sino por las implicaciones laterales, sean políticas, sociales o mediáticas. En casos como el de los dos soldados muertos recientemente en Afganistán se vuelve reiteradamente, por interés de los medios en connivencia con la controversia política, al tema recurrente de si nuestros soldados están en una misión de Paz, o en una guerra declarada. Sofisma inaguantable de un cierto periodismo no sé si frívolo, repetitivo, mimético de lo que se dice y se lleva, o interesado en rifirrafes políticos. Encuentro razonable, justo y lógico que los políticos de profesión se embarquen, por motivos partidistas, en discusiones muchas veces bizantinas y generalmente infumables. Pero que los periodistas los secunden, si no les pagan por ello en dinero o especies, no lo entiendo. 

El sofisma planteado es burdo y absurdo, y fácil de desmontar. Justamente hay una misión de Paz de la ONU en tierra de talibanes porque hay una guerra, para poner un muro lo más sólido posible entre las partes contendientes, para contener la sangría y poner un poco de orden al caos. Y en las misiones de Paz se puede ser atacado, y morir. ¡Que se lo recuerden al profesor Neyra, atacado y casi muerto por intervenir a favor de la Paz entre una simple pareja! Ahora es el momento de recordar palabras solemnes como sacrificarse por la Paz, la concordia entre los pueblos, etc.

Ya sabemos, además, que Afganistán está atravesado por algunas de las principales líneas del mundo de abastecimiento de gas, y que es literalmente una caldera a presión, física, social y política. Pues dígase, denúnciese, e interroguémonos por los motivos que tiene y presenta la ONU para su presencia en aquellas tierras, y no convirtamos lo que puede ser un escádalo de dimensiones mundiales en un lío insulso de andar por casa. Y no presentemos esos accidentes o incidentes de guerra bajo el prisma de un enfoque patriotero, lacrimógeno y sensiblero. Y si somos valientes, vayamos más allá y pongamos en tela de juicio la existencia misma de los ejércitos. Pero mientras éstos existann y lleven armas, aunque en misiones de Paz, no nos extrañemos ni pongamos el grito en el cielo porque alguno de sus miembros muera violentamente. La cosa es así de suyo, como diría otro.

Jesús Maria Urío Ruiz de Vergara

2 Responses to “¿Misión de Paz en medio de la guerra? ¡Claro!”

  1. Como siempre, muy interesante saber de qué se habla cuando oímos: misiones de Paz, contexto de guerra, posibilidad de morir…
    No sé si se puede nombrar la posibilidad de matar defendiendo personas u objetivos.
    ¿Hasta dónde se puede defender, y cómo, para detener una matanza?
    Los ejércitos llevan armas, ¿Cómo conjugar el equilibrio entre mal y mal menor? ¿Sólo la ONU dictará el límite? ¿Cuándo veremos como incomodísimo y rechazable moralmente la defensa armada de una región, de un gobierno legítimo, de una democracia, de una patria?
    Las cuestiones éticas no nos son fáciles.
    Cada vez que la Iglesia se pronuncia como defensora de la vida y pone el acento en sus extremos, así el embrión como el moribundo, me parece que se traiciona porque no está teniendo el valor de nombrar otros extremos como la defensa y sus armas, donde el límite de lo que es mejor resulta también borroso.
    En otro orden ¿no tiene derecho a la vida cada inmigrante sacrificado en una valla o en una patera? Aquí tenemos otro conflicto de intereses y otro silencio de la Iglesia.
    Con cada muerto de miseria ¿No es un tipo de silencio las ricas vestimentas, las comitivas de los viajes papales, el lujo en los sacramentos, los reconocimientos entre los altos dirigentes y el Papa, los puestos de honor…?
    Muy bien, ¡hay que defender la vida! pero no sólo dónde no da problemas políticos y de paso amarra las conciencias hasta reducirlas a conveniencia.
    Y ¡ojo!, cuando Jesús consiguió que no apedrearan a la adúltera no estaba legitimando el adulterio.

  2. Te felicito, Susana, porque sabes compaginar la lógica de la razón con la fuerza de los sentimientos. Las dos cosas a la vez son difíciles, pero tú logras armonizarlas. Gracias.
    Areópago.

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