El caso es que Euskadi es España. ¡Qué le vamos a hacer! (II)

En mi anterior entrega con este título dejé de hacer, por no alargarme, algunas precisiones que me parecen necesarias para a aclarar bien mi idea. Las haré ahora de modo ordenado, pedagógico y escolástico.

  1. Cualquier territorio o terreno del mundo puede estar sometido a dos dominios a la vez: uno el así llamado de propiedad privada, cuyo titular puede ser persona física o jurídica, y otro de propiedad pública, cuyo titular es el conjunto de habitantes de un territorio constituído en Estado o Nación. La administración y defensa jurídica y física de este título de dominio lo gestiona el gobierno legítimo del Estado en cuestión. Este segundo dominio trata de la delimitación y ordenación de los territorios de los Estados independientes y autónomos, y tiene la capacidad legal de defenderlos de otros Estados o Naciones, de ordenar la propiedad privada, de garantizar por los impuestos su uso social, de expropiar eventualmente propiedades por el bien común, de aprovechar la riqueza de su subsuelo, etc. El registro de este dominio, aunque no lo ostenta formalmente la sociedad de naciones, hoy día ONU, sí que indirectamente le pertenece, por lo menos con poder de reconocimiento, y para declarar y decidir, en caso de disputa, a qué Estado pertenece cada territorio. Es evidente que en el concierto de naciones, desde hace por lo menos dos siglos, ningún Estado ni persona jurídica o física puede dudar de que el llamado País Vasco Español, o Euskadi, constituído por las provincias de Álava, Guipuzcoa y Vizcaya, pertenece a España. Y quien puede decidir su futuro, en caso de plantearse, es la persona jurídica España, no la persona jurídica Euskadi, que es objeto del dominio, no el sujeto. Esto es tan claro como la luz del día.
  2. Euskal Herría era, hasta Sabino Arana, una realidad cultural, folklórica, sentimental,  NO lingüística y NO política. Por eso Arana rechazó esa denominación y la cambió por Euskadi. Pues bien, ahora, en un proceso de colonialismo político anacrónico, los nacionalistas vascos pretenden tres cosas: 1ª) convencer a quien proceda de que Euskal Herría siempre  fue una realidad política, 2ª) que esa realidad política fue barrida y usurpada por ocupación colonial de Francia y España,  3ª) y que, por lo tanto, el concierto de naciones, hoy ONU, podrá y deberá admitir su autonomía (de Euskal Herría), por decisión del Pueblo Vasco, que pasa así a ser  sujeto del dominio del territorio en cuestión, sin conceder poder decisorio a su legítimo sujeto y propietario, España. Como esto no se puede conseguir en ningún foro legal de modo pacífico, algunos piensan que lo pueden conseguir por la violencia.
  3. La inclusión de Navarra en esa pretensión injustificada, y un tanto romántica si no hubiera pistolas y bombas de por medio, se fundamenta, según algunos nacionalistas, tanto en el pasado, del modo que ellos lo cuentan, como en el presente del anexo de la Constitución Española que contempla la posibilidad de fusión de la Comunidad Foral con Euskadi. Pero hay que observar que una cosa es la organización interior del territorio español, y otra la aventura independentista, llamada hoy, con esa palabrota espúrea, “soberanista”. Desde el horizonte navarro la cosa carece de la más mínima lógica, a no ser la de aquellos que la han adquirido después de muchos años de adoctrinamiento y tergiversación en las ikastolas. No merece la pena gastar más argumentos para tamaño dislate.
  4. Una última precisión: el “pueblo vasco” es una entelequia vaga, etérea, sutil, incorpórea, inexistente. Si se identifica con los ciudadanos que viven actualmente en Euskadi, no sería necesario el uso de tal término: los que tienen derechos y obligaciones son las personas, físicas o jurídicas, no los “pueblos”, que carecen de entidad, física, metafísica y jurídica. Solo tienen entidad literaria. Y si no se identifica con la suma de todos los ciudadanos sería una superestructura dominante, ¿racial o étnica? ¿de notables y excelentes dentro de la ciudadanía? ¿Basados en qué títulos de excelencia? Pues prueben a decir a los trabajadores, incluso a los afiliados al sindicato LAB, que no son “pueblo vasco”, sino una especie de épsylons al servicio de los alfa realmente vascos. ¡De locos!. Lo que pasa es que la burguesía vasca, como su mentor Sabino Arana, no ha asumido de verdad la realidad sociológica y democrática de los tiempos que vivimos. Ese es, para mí, el motivo por el que, a pesar de proclamas más o menos vehementes, que suenan a falsas, la pura y sonrojante verdad es que durante tanto tiempo ha convivido con los radicales  talibanes ¿vascos? de las pistolas. 

          Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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