Turbulencia y dolor en Italia

El espectáculo montado por el jefe de Gobierno de Italia, Berlusconi, con la connivencia, para mí escandalosa, del Vaticano, ha añadido al dolor y la angustia de los últimos días de Eluana Englaro altas dosis de turbulencia, de lodo y de vergüenza. El inefable jefe de Gobierno italiano, un hombre con un montón de procesos judiciales a sus espaldas, no es ningún modelo ético, se le mire por donde se le mire. Y mucho menos, de valores evangélicos.

No entiendo, por eso, de ninguna manera, la alianza del Vaticano con semejante personaje, a no ser que una de las tareas vaticanas sea la de “establecer alianzas con falsos dioses”, como hacían los reyes del antiguo testamento, para mantener o aumentar el poder. En su caso se trataría de poder moral o ético; en el caso de Berlusconi, poder político. Sin embargo, lo de la autoridad moral se me antoja muy difícil, por no decir imposible, con ciertas compañías.  

Es deplorable y vergonzoso aprovecharse de la tragedia, del dolor y de la angustia de una familia y de un padre desesperados, para decir “aquí mando yo”, desprecio la sentencia firme del tribunal supremo, obligo al parlamento a aprobar una ley “ad hoc”, nula por eso mismo y de dudosa constitucionalidad, pongo al presidente de la república en el brete de firmar una ley a sabiendas de que lo estoy empujando a la prevaricación, y un largo etcétera de disparates, que serían de vodevil si no estuvieran de por medio el dolor, la impotencia, la humillación, la angustia y la muerte.

No soy nada partidario de que el Estado se inmiscuya en el trance doloroso e individual de la muerte. Ni del mantenimiento de la vida, si es por encima de la voluntad de la persona afectada. Sí soy partidario de que el Estado, como en otros asuntos, intervanga para defender la voluntad y el cumplimiento de decisiones legítimas tomadas por las personas, y obstaculizadas por otras personas u otras instituicones. Este es el caso de la intervención del tribunal supremo de Italia, que estudió minuciosamente la voluntad de Eluana, verdadero “testamento vital”, declarado verbalmente ante parientes y varios testigos más, antes de caer en el estado de inconsciencia imposibilitadora de cualquier decisión posterior.

Se suele decir que Dios es el único dueño de la vida del hombre. Es chocante, desde luego, que Dios dejara en manos tan frágiles y tan caprichosas un bien tan preciado y delicado de administrar. Es evidente, con evidencia que no parece convencer a ciertos radicales, que no se puede invocar el argumento de Dios para quien no cree en Él.  Soy visceralmente contrario a la pena de muerte, pero no se me ocurriría nunca argumentar en su contra con la reserva de propiedad de la vida humana por parte de Dios. Todo lo que Dios ha dado, creamos o no en Él, es administrado por el ser humano, por la persona. No somos marionetas en manos de un titiritero de feria.  

En el caso que nos ocupa, y en otros muchos parecidos, debe privar en todas las personas e instituicones implicadas, a mi modesto entender, una disposición amable y afable, llena de amor, misericordiosa y comprensiva, humana y liberalizadora, antes que una actitud agria,  dura, moralista, legalista y dogmática. No hay que mirar tanto el lado general y normativo como el particular y aplicable al caso. La normativa generalizadora es, en todos los casos de desgarro y de urgencia existencial, papel mojado y fuente de atropello de derechos. Es claro, el Estado tiene que velar porque la eutanasia no se aplique indiscriminada ni veladamente, pero no le compete la resolución del drama concreto de la persona que no quiere seguir viviendo en determinadas condiciones bajo dolores físicos o psíquicos insoportables. Y mucho menos le atañe a la jerarquía eclesiástica. Compete a la propia persona, y a su entorno familiar y amoroso más cercano, cordial y atribulado. Hace tiempo que el suicidio dejó de ser delito execrable, y motivo para no ser enterrado en camposanto.

El misterio de la muerte es tremendo. “El amor es más fuerte que la muerte”, pero la ley y la dureza de corazón, no. Que nadie, en el caso de personas adultas y hábiles, se atribuya la defensa y la administración de bienes que, por su peso y valor específicos y decisivos, constituyen un acervo personal e intransferible. El principal de estos valores es la vida, y otros cercanos son la dignidad, el respeto, la libertad de decisión, la carencia de humillación activa, de ensañamiento y de trato degradante y doloroso. En muchos casos, como el que nos ocupa, y otros que cualquier lector sensible imagina, la muerte es la solución más liberadora, la visita más dulce. Piedad para Eluana, piedad para el padre de Eluana.  

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara   

8 Responses to “Turbulencia y dolor en Italia”

  1. ¿Cómo confiar en Dios y además ser incapaces de reconocerlo dentro de nosotros?
    Estamos viviendo en Dios, y a la vez, Dios está viviendo en nosotros. Por eso podemos amar, por eso sabemos qué necesita otro ser humano y por eso debemos ir en la dirección que el amor y la tranquilidad de amar nos señalen.
    Es buen temor de Dios, el dejar salir nuestro amor libremente.

  2. Todo muy bien pero la pregunta está viva ¿la muerte provocada es EUTANASIA o no ?

  3. “El que ama al prójimo ha cumplido la ley. En efecto, lo de: no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud” (Rm 13, 8-10).
    D. Fidel, ¡léalo con atención! matar, robar, abusar son particularidades de un bien que las abarca: la CARIDAD, que no puede hacer mal al prójimo porque es la LEY EN SU PLENITUD.
    Pregúntese si, mantenerla en el trance de la muerte, es Caridad.

  4. La VIDA vegetativa y mantenida artificialmente ¿puede
    convertirse en TORTURA?

  5. Un juicio mas real, mas acertado, mas evangelico y apuntando con criterios de evangelio es el que puso en la red el presbítero Aldo Trento, responsable de una clínica para enfermos terminales. Se puede ver en la pagina de la competencia
    Permalink: http://www.zenit.org/article-30180?l=spanish
    El es uno que sabe de esto. Puedo ver en el Evangelio algun criterio o comportamiento que me ayude a aplicar al caso? Porque no se trata solo de defender un foro de libertad o un pulpito mas o menos libre. El areopago se defiende casi solo y vale para todos los credos, incluso para el Dios IGNOTO y para los UFOS. Saludos.

  6. Eluana ha contado con unos padres que la han respetado y amado, y han sido ellos, en su amor, los que han decidido dar fin a la inutilidad.
    También está llena de amor la carta de Aldo Trento. El amor es así no tiene una sola dirección; aquí, esta alma intachable, expone casos de personas que responden, que han obtenido alguna recuperación y, que con el denominador común de estar abandonadas, han llegado a sus manos y las ha cubierto de amor. Su amor ha consistido en cuidarlas y besarlas hasta el final.
    ¿Puede un amor recelar de otro amor?
    ¿Puede saber quien ama, que el amor que profesa otro, no es tal?
    ¿No es nuestro amor prolongación del Amor?

  7. Aquino, no es lo mismo “provocar la muerte” que mantener la vida en determinadas condiciones.
    Areópago.

  8. Paco:
    La vida vegetativa y mantenida artificialmente “puede” ser tortura para el paciente. La medicina no está segura de los niveles de percepción de ciertos estados de inconsciencia.
    Lo seguro es que para los padres y allegados sí que es una verdadera tortura. No en plan egoísta, sino porque presencian el deterioro y la impotencia, y, muchas veces, la degradación de la dignidad y respeto a que tienen derecho todos los pacientes. Más si saben a ciencia cierta que su ser querido pidió antes de entrar en la inconsciencia que no lo dejaran vegetar perpetuamente en ese estado.
    Además, la Eutanasia, en ciertos países y en determinadas condiciones no es considerada delito. Eso en el plano jurídico y legal.
    En el de la conciencia, o ético, sabemos la enseñanza de la Jerarquía de la Iglesia, pero no todos aceptan esa dirección y ese magisterio, ni están obligados a ello. Tal vez esa era la situación del padre de Eluana.
    Areópago.

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