Monterías y escándalo farisaico

Están poniendo verde al ministro de justicia por haber coincidido en una montería con el famoso juez Baltasar Garzón cuando éste comanda un proceso judicial sonado y alarmante contra una trama delictiva de tipo económico en la que parecen estar  implicados miembros y simpatizantes o colaboradores del PP. Al principio ese era el motivo de la queja y reproche contra el ministro. Ahora ha derivado, según el diario “el Mundo” (18 de febrero) en pura y simple gorronería, pues según sus fuentes “Bermejo es acusado de ir a cazar “gratis total” a una finca pública”.

El señor Mariano Fernández Bermejo me resulta, como la mayoría de los políticos, perfectamente indiferente. Hay cosas de él que me parecen bien y razonables, y otras, mal e inoportunas, como cierto aire prepotente, rayando algunas veces en la petulancia y en la altantería. ¡Bueno!, nadie es perfecto, como dice un personaje en una famosa y divertida película norteamericana. Pero me sorprende el encarnizamiento de que está siendo objeto por algo absolutamente tonto y baladí.

Que el ministro y el juez hayan conspirado o maniobrado el momento y la dirección de una investigación judicial es perfectamente posible, y si quieren, hasta probable. Se ha hecho otras veces con diferentes tendencias políticas en el poder. Pero eso hay que demostrarlo.  Además habría también que buscar un psiquiátrico chic donde internar a ministro y juez por tener la genialidad original y pintoresca de realizar esa maniobra en una cacería, con luz y taquígrafos. ¡Pues no tenían lugares y momentos mas discretos en Madrid! La acusación que han vociferado ciertos medios políticos y periodísticos es tan absurda que yo me encrespo de que nos tomen por tan tontos.  

Siempre se ha jactado “el Mundo” de su periodismo de investigación. Pero esa actividad, para que sea honrada, honesta y creíble, tiene que ser ejercitada en todas direcciones, en todas circunstancias. Si se hace solamente de un lado, aunque la investigación sea acertada y dé frutos, pecará del pecado de origen de ser sesgada, interesada, partidaria y partidista. Claro que un periódico puede dcir que un asunto no le ha parecido suficientemente interesante o impactante. Pero el interés general se ve en la calle, y un buen periodista lo detecta y lo recoje. Podemos poner buenos ejemplos de temas transcendentes que no han merecido ninguna “investigación” por parte del Mundo. Salir ahora a cuatro columnas, como la gran noticia del día, con que un ministro, o quien sea, ha sido invitado a una cacería y han tenido la cortesía de pagarle el importe de la misma, resulta tan ridículo e hilarante que nos invita a creer que la dirección de tan ex preclaro diario ha perdido el rumbo.

A mí me repugnan esas monterías en las que de una manera cobarde y traicionera se hacen pasar ante eximios cazadores apostados sigilosamente las pobres piezas que previamente se han acercado para tanto. Y los tiradores, exibiendo sus miras telescópicas, vestidos del verde litúrgico que la ocasión requiere. Me repugnan, la de Bermejo y Garzón, y la de tantos señores y señoritos que se han puesto a la moda, desprestigiando el arte y el deporte de la verdadera caza, de seguir a la pieza kilómetros y kilómetros, por veredas, vericuetos y cañadas, precipicios y hondonadas, con sol, bruma, lluvia o hielo, y con la pieza corriendo y escondiéndose en la anchura y la libertad del campo. Esa desfiguración y ensuciamiento del noble arte de la caza, constituye, para mí, el grave pecado de tan egregios personajes, y de todos los que incurren en ese atropello. 

Alguien puede decir: aceptar un favor, como el que te paguen una cacería, puede dar pie a pensar en corrupción y en tráfico de influencias. Efectivamente, piensa el ladrón que todos son de su condición. ¿A alguien se le puede ocurrir que el ministro del Reino de España esté tan desesperado y en la lona para venderse públicamente por mil euros? ¿Está prohibido, por ser persona pública, aceptar pequeños obsequios, producto más de la cortesía, por lo nimios, que del ansia de hacer grandes negocios posteriores, que esos sí que se hacen con nocturnidad y alevosía? No me parece mal que los políticos, entre ellos, se lancen todos los dardos en la dura lucha política y electoral, aunque hay “dardines” que no se van a clavar ni en un corcho sin estrenar. Pero que algunos que se dicen periodistas entren en ese juego, siempre del mismo lado, y pretendan depués hablar de  ética y de estética, a mí, por lo menos, me produce rechazo y falta de credibilidad.

Jesus Mª Urío Ruiz de Vergara 

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