¿Qué se piensan los del PNV?

El Partido Nacionalista Vasco (PNV) está esos días alborotado y desbarrando. A estos señores hay que decirles unas cuantas y claras verdades. Y como quiero ponerlas por orden y bien ordenaditas, lo haré con metodología de escuela:

  1. Las instituciones vascas. El gobierno vasco, el parlamento vasco, las diputaciones forales, los ayuntamientos, son instituciones del Estado Español. Es éste quien garantiza sus procesos electorales, su funcionamiento y su financiación. Confundir el Estado Español, es decir, España, con el Gobierno de Madrid, es un error tan burdo y basto que no se le permitiría ni al más ignorante de los novatos en el estudio del Derecho. Pero los políticos saben que las palabras y sus ideas correspondientes, de tanto repetirlas, acaban calando en la gente, que no tiene ninguna obligación de estudiar ni de saber Derecho. Pero les aseguro a los del PNV que a pesar de que muchos españoles no son vascos (yo soy vasco-navarro, véase abajo mi firma), tampoco son tontos. ¿A qué viene pues tanto repetir que “esto es una imposición de Madrid”, o el próximo Gobierno Vasco va a ser “una zarzuela española” (sic), en frase genial y originalísima del lehendakari en funciones, el conspicuo y brillante Ibarretxe? ¿No están ellos en Madrid, no tienen representación parlamentaria, no votan a favor o en contra de los diversos proyectos de leyes? ¿Qué hace Erkoreka, ese Demóstenes euskaldún, en el hemiciclo de las Cortes?  
  2. Decencia y lealtad política. Pertenecer a un Estado organizado, aprovecharse de sus instituciones, de su dinero, de su organización y negar al mismo tiempo la legitimidad de ese Estado, es un ejercicio de hipocresía, de deslealtad, de falta del más mínimo sentido del decoro y del honor, y, lo que es peor, de un maniqueísmo neurótico contradictorio y paralizante. Organizarse como partido para intentar, por todos los medios, políticamente correctos o no, destruir la unidad y la coherencia de este Estado protector y garante, me parece a mí una ignominia, además de una insidiosa necedad. Una idea así sólo pudo salir de la mente de un visionario gratuito y decinonónico como Sabino Arana. Por cierto, hay estudios serios que afirman que Sabino, al final de su vida, se dio cuenta de la insensatez de su idea y proyecto políticos y se vino a atrás. Pero esas ideas póstumas fueron escrupulosamente ocultadas y desvirtuadas. A la burguesía vasca, especialmente vizcaína, ya le había entrado el gusanillo y el gustillo del poder.
  3. Gernika y Madrid. Es hora de que alguien, aunque sea de tan poco fuste como yo, les recuerde a los plañideros políticos vascos que Gernika no fue la única ciudad bombardeada por las tropas fascistas. Dan la impresión esos vascos irredentos que no hubo más atropello ni más significativo que el de Guernika. Es evidente que Picaso contribuyó genialmente a la propagación de ese sentimiento, pero nadie puede negar que ¡para ciudad bombardeada, Madrid!. Sí, la que según ciertos exejetas deshonestos e interesados, fue la ciudad mimada, y la que después se ha aprovechado de la herencia franquista. A este infundio hay que retrucar que los más beneficiados por la política desarrolista de Franco fueron justamente los miembros de la burguesía vasca, la misma que puebla la nómina, hoy, de políticos y empresarios adictos al PNV. Y también es menester recordar, por si alguien no lo sabe o lo ha olvidado, que fue Bilbao, con sus presiones de los catolicísimos, píos y notables alumnos de Deusto, y de emprendedores e influyentes vascos, la que obligó a condenar el magnífico proyecto de la dictadura de Primo de Rivera del ferrocarril Santander-Mediterráneo, para no hacer sombra al puerto de Bilbao. Como podíamos recordar las ayudas, “desde Madrid”,  para el desarrollo de la alta industria siderúrgica vasca. También está en la memoria de todos las reverencias con que Franco era recibido todos los años en su elegante veraneo de San Sebastián, y la nutrida lista de importantes ministros y presidentes de las Cortes de prohombres de la burguesía vasca. Y si alguien osa rebatir que estas realidades se pierden en la bruma de los tiempos, ¿a qué oscuras prehistorias se recurrirá para mantener la tesis de la especificidad, originalidad  y exclusividad del nobilísimo “pueblo vasco”? 
  4. Las elecciones al Parlamento Vasco. Tienen a veces los políticos la ilusión de que nos pueden meter dobladas sus falacias. Es decir, piensan que somos tontos.  Concretamente los del PNV se están hartando de hablar de lo espúreo e indecente de la alianza entre dos partidos, cuya suma de votos es mayor que la del partido nacionalista. Y que el lehendakari debe ser, por ética y por derecho, el señor Ibarretxe, por ser cabeza de lista del partido más votado. Pues no. No se pasen de listos. No son los votos populares quienes eligen al presidente del gobierno vasco, sino los parlamentarios. Éstos son los directamente elegidos en la elecciones al Parlamento. Y después, éstos eligen al Presidente. Es de la más pura democracia que si la suma de votos parlamentarios de dos partidos es mayor que la de otro partido, aunque él sólo haya conseguido más votos, esa mayoría  habilita ética y políticamente para decidir la elección. Se trata de tener mayorías parlamentarias, no de llegar el primero a la hipotética meta de unas elecciones. La vida política es bastante más seria que un juego. Menos lloros y menos aspavientos de escándalo farisaico ante la “burla democrática” que denuncian cuando ellos saben que no es tal.
  5. La demarcación y límites de los estados modernos. Los estados europeos se han ido construyendo y marcando sus límites a través de avatares, muchas veces  bélicos, hasta llegar a principios del siglo XX con el mapa bien preciso y determinado. Me refiero a las naciones europeas occidentales y a los países escandinavos. Si dejamos de lado la confusa delimitación de las repúblicas ex-soviéticas y del conturbado mundo de los Balcanes, los países de nuestro entorno hace muhco tiempo que fijaron sus límites y sus territorios. Pretender ahora, al amparo de unos procesos democráticos utilizados según la libre manipulación de intereses localistas, alterar el mapa de las naciones invocando oscuros derechos que la mayoría de los ciudadanos de la nación no avalan, constituye un intento de usurpación fraudulenta. Cuando durante las vastas épocas de formación de las nacionalidades no fueron capaces de asentarse y delimitarse como estados soberanos, viviendo en el mismo territorio que hoy, hablando la misma lengua, gozando de los mismo derechos atávicos, no es de recibo que ahora, al socaire de una pretendida permisividad “comprensiva” de la democracia, se empeñen en alterar el status nacional de un determinado estado, reconocido por el verdadero notario de la identidad internacional, como es el concierto de las naciones. El soberanismo que algunos irresponsables del PNV están proclamando con el propósito de arañar unos míseros votos del mundo abertzale más radical es, además de una quimera, una intolerable tentativa de chantaje, fuera de tono y de lugar.

Jesús María Urío ruiz de Vergara  

One Response to “¿Qué se piensan los del PNV?”

  1. El fin es seguir utilizando el medio.
    Cuanto más se lleve el discurso al terreno de la emociones, más fácil es esquivar la razón de su proyecto soberanista.

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