“No juzquéis, y no seréis juzgados”

Eso hemos oìdo en el evangelio de hoy, lunes de la 12ª semana del tiempo ordinario. Esta propuesta del Maestro aparece con mucha frecuencia en los Evangelios. Así como lo que viene después, “¡hipócritas!, ¿como pretendéis quitar la mota del ojo del hermano sin retirar antes la viga que hay en el tuyo?” La palabra de Jesús es apodíptica, terminante, clara. No deja lugar a muchas dudas. Entre cualquier hermano y yo la cosa está clara: yo tengo una viga, mi hermano una mota. Es la regla de oro para no juzgar, para no condenar, para no creerme superior.

Por muy grande y grave que haya sido el desliz de mi prójimo, no tengo las coordenadas exactas ni completas para determinar y calibrar su culpabilidad, no sé que pasa por su corazón, por sus cables cerebrales, no conozco sus miedos, sus terrores, sus alucinaciones, no sé de sus complejos, no tengo acceso libre ni suficiente para entender el misterio del ser humano que tengo en frente. Sólo Dios tiene esas coordenadas, sólo Él penetra en ese misterio, sólo Él puede elaborar un juicio exacto, apropiado, específico, ajustado, personal y completo.  Además sabemos que lo hace con misericordia y benevolencia.

Pues bien, parece que todo lo anterior no va con la jerarquía de la Iglesia, que puede juzgar lo divino y lo humano, lo científico y lo político, lo psicológico y lo jurídico, lo colectivo y lo personal, lo ético y lo penal. ¿Qué, sino un juicio sumarísimo, es una excomunión “latae sentenciae“, ese mecanismo automático que no necesita ni juez, ni careo, ni proceso, ni abogado defensor ni fiscal, ese superengendro de la justicia eclesiástica?

Es claro que Jesús asegura a sus discípulos (ni siquiera propone o insinúa) “vosotros sois la sal y la luz de la tierra”. Pero como yo afirmaba en mi entrada 117 de este blog, la sal y la luz constituyen un servicio que se presta desde la discreción, la humildad y el silencio. Lo de ser luz no quiere decir, a mi modesto entender, que los cristianos tengamos que ser lumbreras por nuestros conocimientos y nuestras palabras, sino focos que, sin decir nada, sólo con el brillo de la luz (“alumbren así vuestras buenas obras ..”) de nuestra vida, de nuestras obras, mostremos a los demás el camino, y no caigan en el foso.

Ha habido, a través de los siglos, un crecimiento desmesurado del carisma del Magisterio, algo que me recuerda mucho a lo que Pablo denunciaba cuando se refería con ironía a esos “superapóstoles”. El magisterio es un servicio y un carisma, una gracia, no una conquista o un despojo de guerra o de lucha intestina por el poder dentro de la Iglesia. Y ese carisma es, como todos los otros, para la construcción de la comunidad cristiana, es decir, para dentro, no para enseñar y marcar líneas “urbi et orbi”. Los obispos, no son, gracias a Dios, consejeros áulicos de los emperadores, con cuya fuerza podían imponer sus enseñanzas y sus mandatos. Esa época pasó, y el Concilio Vaticano II lo confirmó. Pero hay muchos jerarcas atavesando palos en las ruedas del Concilio. Y queriendo volver, a toda costa, a la situación anterior preconciliar.

Dos cosas bien diferentes me vienen a la cabeza en relación a lo que acabo de decir del Concilio: por una parte, la fiesta  de hoy de los santos ingleses Juan Fisher y Tomás Moro, víctimas y mártires de la ingerencia y la mezcla entre el poder real y el poder de la Iglesia, que Enrique VIII arregló de la manera más burda asumiendo claramente los dos, en contra de una Iglesia, que, según él, también unificaba los dos poderes en la persona del Papa. Y por otra parte, no sé por qué, lo que ví ayer por la televisión en el Cerro de los Ángeles, en esa consagración light de ¿España? al Corazón de Jesús. Eso ya se hizo en otros tiempos, y en otro contexto, y de manera más o menos discutible, pero de cualquier modo con mucha dignidad, y con la connivencia voluntaria y la representación oficial del Estado en la figura del Rey. Yo preguento, ¿quien representaba ayer al Estado español en la renovada consagración al Corazón de Jesús noventa años después? Que esa representación hoy no tendría sentido, ¿pues por qué hablamos de España? No vayamos a caer en la tentación de pensar que unos cuantos miles de católicos convocados por los osbispos, sobre todo de movimientos conservadores, representen a todo el pueblo español. Sé que a muchos les fascina esta idea.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara    

One Response to ““No juzquéis, y no seréis juzgados””

  1. Yo creo que Dios se servirá de nuestro perdón y de nuestra misericordia para hacernos actores y partícipes en la salvación.
    Leí algo al respecto escrito por Leonardo Boff y, a partir de ese momento, creí en una salvación que abarcará exhaustivamente a todos, y que espera para realizarse, a que sean perdonados los ofensores por sus ofendidos…
    En esta clave es más fácil entender las bienaventuranzas porque los humillados son aquellos por donde entra el Reino de Dios, cuando al perdonar, liberan y regeneran a quienes les humillaron. Dios ya ha muerto por nuestros pecados, ahora queda que nosotros atendamos a lo que dijo.

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)