¡Qué bien se está en casa!

El día 11 de este mes me he operado de la cadera derecha. No estoy seguro de si me olvidé de comentarlo en mi blog y despedirme hasta la vuelta, o es que no quise decir nada. Mi experienca ha sido positiva, pero recia. La 1ª noche en la UVI fue una noche de tormento, físico y más psicológico, sin poderte mover, y con la sensación de que el mundo afuera sigue y tú estás suspendido en el desconcierto y en la pura provisionalidad. Me acordé del Señor, de Jesús, en las duras horas grises de otro viernes, que lo pasó bastante peor, y sin calmantes ni enfermeras. Así que no me quejo lo más mínimo. Después, ya en planta, como dicen, todo fue un camino cuesta abajo, donde veías el progreso y notabas la vuelta gozosa de la sangre sana circulando por tus venas.

La operacción fue con anestesia parcial, la epidural, así que te enteras de todo. Me serenaba profundamente comprobar el buen estado de animo del equipo quirúrgico, con más que buen humnor, con lo que casi podríamos llamar cachondeo. Esa “falta” de seriedad me daba una magnífica serenidad. Ocurrió una maravillosa “coincidencia”. Los dos jefes de equipo, famosos traumatólogos, que operan, entre otros sitios, en el Sanatorio de San Franciso de Asís, donde fuí operado, doctores Santiago Amaya y Javier Rayo, son antiguos alumnos ss.cc, del colegio de Claudio Coello y Villanueva. El primero de ellos se acordaba pefectamente del padre Dámaso. En medio de la operación, cuando el cirujano principal, Amaya, tomó un tremendo martillo para encajar, con golpes enérgicos, el vástago que orienta a la prótesis a su exacta ubicación, otro doctor joven decía: “Jefe, no te cebes con el cura, que él no fue de los que te dio algún coscorrón cuando eras un chiquillo” . Y en medio de golpes de buen humor pasaron las dos horas y media que duró la operación.

Me he animado a contar mi experiencia porque una a vez más es precioso comprobar cómo de la noche oscura se suele pasar a la luz diáfana y tranquilizante de la aurora. Y también porque me ha parecido interesante comprobar cómo la familia ss.cc., aunque muchas veces anónima, sigue dando buena y santa guerra por esos mundos de Dios.

Jesús María Urío Ruiz de Vergara

One Response to “¡Qué bien se está en casa!”

  1. Me alegro que su operación de cadera fuese bien y fuese bien tratado por el equipo sanitario.
    Un saludo,

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