Falsas expectativas eclesiales

 O por lo menos eso pienso yo. Me refiero a lo siguiente: he leído en diferentes medios digitales ciertos comentarios que me han dejado un poco mosca. Las noticias comentadas eran sobre la nueva composición de la Congregación para los Obispos,  dicasterio romano, como un ministerio del Vaticano, encargado de coordinar y dirigir todos los asuntos referentes a los obispos de la Iglesia. Y una de las tareas estrellas de esta Congregación es, justamente, la de participar y decidir en el proceso de elección y nombramiento de los obispos. Ni que decir tiene, y salta a la vista, de que se trata de una misión fundamental, y de una influencia decisiva en la Iglesia.

Lo de “nueva composición” se refiere a lo que puede tener relación con la Iglesia española. Se trata del nombramiento de monseñor Monteiro de Castro como secretario de la citada Congregación, y del cardenal Cañizares (¡qué ligero y volátil, cómo sube este hombre!) como miembro de la misma. No cabe duda de que cualquier nombramiento para la  Episcopado Español tendrá que pasar por las manos de Monteiro de Castro, hasta hace bien poco nuncio en Madrid, y por el parecer y el criterio de Cañizares.

De esta simple contingencia ya están sacando los más “informados  y listos” del corrillo clerical algunas conclusiones relevantes: que se ha cambiado notablemente el equilibrio de fuerzas en lo referente a la Iglesia Española, que ha perdido mucho poder el cardenal de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), que ya se han paralizado ciertos nombramientos que parecían estar al caer, que monseñor Blázquez gana enteros para ser promocionado, que el Vaticano espera con paciencia, pero con planes, que acabe el ciclo y la influencia de Rouco en la (CEE), que con Don Javier Martínez, arzobispo de Granada,  funcionará el “promoveatur ut removeatur”,  etc., etc.

Confieso mi ignorancia sobre estos temas tan clericales de palacio o sacristía. Me da la impresión de que en las diócesis y mentideros eclesiásticos hay una radio macuto y un diligente boca a boca que transmite, más que noticias, intuiciones, imaginaciones y desiderátums. Pero parece que este lobby casero funciona e influye. Y que facilita o dificulta escalafones, nombramientos y prebendas. Y que produce también globos sondas interesados y teledirigidos, a favor y en contra de los episcopables. Tal vez nos encontremos con algo así en la rumorología que estoy comentando.

Lo que no acierto a explicar y aceptar es que los nombramientos y selección de obispos dependan tanto, o siquiera algo, de la simpatía, empatía o enchufe que el posible candidato tenga con los miembros de una Congregación romana. Y de que haya arzobispos y cardenales más electores que otros, dependiendo de sus enlaces con los iguales y, sobre todo, con los de arriba. De ahí al nepotismo y al favoritismo y al juego nada evangélico de intereses no va largo trecho. Más bien, uno pequeño.

Además, considero falsa expectativa la que se deriva de la presencia estratégica de unos u otros influyentes miembros en la Congregación para los Obispos porque los que pueden cambiar son los nombres, y en ese sentido unos pueden resultar favorecidos y otros perjudicados, pero no lo que ahora se ha dado en llamar el perfil, que siempre será el que la línea dominante en el Vaticano imponga, sin posibilidad de alternativa. Le oí decir a Olegario G. de Cardedal, en una magnífica lección magistral, conferencia inaugural de un congreso ecuménico de Derecho Canónico en la Pontificia de Salamanca, ante canonistas católicos, ortodoxos, anglicanos, luteranos, etc., que el gran problema canónico actual de la Iglesia era el sistema super centralizado y unipolar en la elección y nombramiento de los obispos. Y que mientras se mantuviese ese sistema no se podría pensar y elaborar una Eclesiología digna de tal nombre. (El congreso era de Eclesiología y de Derecho Canónico).(alg´n obispo que había en la sala se quedó perplejo)

Es preciso recordar y refrescar a los que ya lo saben, y decírselo sencillamente a los que tal vez nunca han oído y pensado estas cosas, que el nombramiento de los obispos, en el modo actual, es relativamente reciente. Y que durante siglos el criterio y las necesidades y expectativas locales, a través del clero, de los seglares  comprometidos, de los obispos de las diócesis limítrofes, o de otras maneras (en el Iglesia primitiva actuaba también la comunidad eclesial y la asamblea litúrgica), tuvo más preponderancia que la autoridad central pontificia, a la que era reservada, como signo de comunión y aceptación del ministerio petrino, el nombramiento final, o su confirmación. Es decir, tenía, fundamentalmente, un poder de veto.

Con el sistema centralizado actual no se favorece nada el florecer de diversas tendencias, se apaga el necesario espíritu carismático, se burocratiza todo el trabajo de surgimiento y crecimiento de verdaderas vocaciones pastorales, y se cultiva en demasía el favoritismo y los intereses cruzados, hoy por ti, mañana por mí. Pienso que el próximo Concilio Ecuménico debería poder subsanar esta monumental deficiencia, como ya lo intentó el Vaticano II, sin conseguirlo. Entre otras cosas por el exceso de influencia y poder que ostenta en la Iglesia la Curia Vaticana. Cuando algo de esto cambie, entonces sí que podremos tener “buenas expectativas” en el apartado de elección y nombramiento de los obispos.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

One Response to “Falsas expectativas eclesiales”

  1. Siendo el Evangelio uno y diciendo que seamos santos, como dice; este proceder no hay quien lo entienda.
    No son las palomas para las ofrendas el abuso de hoy en día; pero sí lo es la confianza depositada en la Iglesia y sus representantes jerárquicos por la buena gente de fe, y que sirve principalmente para sostener a ellos mismos.

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