Agravios comparativos

Mucha tinta y espacio gastan estos días los periódicos con la noticia de la deserción de miles de anglicanos y su paso a la Iglesia Católica de rito romano.  (Aprovecho para recordar que lo de Católica y Romana, en sentido lineal, es decir, al mismo nivel, es una clara y flagrante contradicción. Si es católica no es ni romana, ni gálica, ni hispánica ni anglicana. He aquí el grave error y pesada rémora fundacional del Anglicanismo). Parece que el Vaticano está dispuesto a concesiones delicadas y llamativas para facilitar el trasvase.

Una de esas concesiones sería la de permitir a los presbíteros (¿sacerdotes?, en otro momento diré por qué no me gusta la expresión “sacerdote”, y adelanto que es una inequívoca usurpación a la realidad eclesial de todos los bautizados) anglicanos que pudieran continuar con su liturgia y su status vitae, es decir, casados. Ya se han apresurado periodistas desavisados, por no decir ignorantes, a anunciar que muchos “sacerdotes” católicos casados se van a sentir con un enorme agravio comparativo. Miren ustedes, pues no. Y si así se sintieran serían ganas de incordiar, y les voy a decir enseguida por qué.

Así que abordemos el tema medio tabú del celibato. El celibato obligatorio de los clérigos fue introducido tardíamente en la Iglesia de Occidente, exactamente en el Concilio Lateranense IV (1215), en el pontificado de uno de los papas más imponentes e decisivos de la Edad Media, Inocencio III. Es verdad que ya antes, motu proprio, en muchos lugares y ámbitos de la iglesia se venía practicando voluntariamente, comprobándose una vez más que la ley suele venir y llegar siempre después de la práctica de la vida. Es perfectamente posible que en la actualidad suceda exactamente al revés, que desaparezca antes en la vida que en el Derecho la obligatoriedad del celibato.

Se han dado argumentos peregrinos primero para su establecimiento, y después para su mantenimiento. Hay que decir que todos los argumentos que pretendan ser bíblicos o teológicos fallan por su base, y porque no es imaginable que la Iglesia tardase doce siglos para decidir una norma que regulase algo bíblicamente o teológicamente señalado. La escuela marxista de análisis histórica defendió siempre los motivos económicos para tal normativa (el clero,  en la Edad Media, vivía fundamentalmente de rentas, y éstas menguarían notablemente con los posibles hijos de los clérigos), y aunque muy materialista, la explicación no deja de tener su lógica y su sentido.

En la época moderna se ha insistido más en la motivación pastoral, los clérigos de la Iglesia estarían más dedicados y volcados a su trabajo ministerial sin la rémora de la preocupación por la esposa y los hijos. Esta teoría se viene abajo si  comprobamos la cantidad y la calidad de pastores y misioneros evangélicos (luteranos, anglicanos, calvinistas, etc. etc.) que, con su familia como ayuda, aliciente y escudo, han sido ejemplo, muchas veces eximio, de dedicación pastoral, hasta dar la vida en muchos casos por el Evangelio y por la Iglesia.

Pero es que hay otro argumento aplastante y evidente para dinamitar todos los argumentos que algunos dan, con pretendida seriedad,  a favor del celibato obligatorio en la Iglesia Católica. Es que en la misma Iglesia Católica, la que defiende y practica el primado del Papa, hay presbíteros que no están obligados a la ley del celibato. Me refiero a los católicos (sí, dependen de Roma) de ritos orientales no romanos, (copto, maronita, sirio, etíope…), que, en perfecta comunión con su Derecho Canónico, no se ven obligados a cumplir la ley del celibato. Así que antes de sentir agravio comparativo por la irrupción de los anglicanos, lo deberían haber sentido previamente por los clérigos de otros ritos en la Iglesia Católica.

Es muy probable que la jerarquía católica organice y disponga de una  especie de prelatura personal para el numerosa contingente de nuevos miembros de la Iglesia, clérigos y seglares. No pienso que nadie, en sano juicio, se sienta agraviado por semejante compañía. Al contrario, se deberían sentir animados porque la práctica y la ley del celibato se empezará a resquebrajar con bendición canónica, y ya serían dos rajaduras: una en oriente y otra en occidente.

Jesús M!ª Urío Ruiz de Vergara

One Response to “Agravios comparativos”

  1. Y no sé si el buen número (5.000) de sacerdotes casados de los que algunos presiden Eucaristías, agranda la brecha de la pared de la inflexibilidad o también va a parar debajo de la alfombra donde la “discreción” silencia el miedo a que cambie nada.

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