Poder de decisión (El PNV erre que erre)

Dirán que la tengo tomada con el Partido Nacionlista Vasco (PNV). Es al revés, son los de ese partido los que la tienen tomada con todos, y cada día se las arreglan para darnos la vara. No se dan cuenta los pobres de que ya cansan con tanto lloriqueo. Ayer, 25 de Octubre, cuando el Gobierno Vasco y los partidos respetuosos con la Constitución elebraron el 30º aniversario del Estatuto de Guernica, ellos no acudieron con la excusa peregrina de que es “un estatuto incumplido”. Además de testarudos y modorros (en el sentido navarro, ¡que se enteren qué significa eso en la Navarra que no se cansan de reivindicar, ilusos!), son mal educados, y eso, para gente que estudió, en un buen número, en los jesuitas y en Universidad tan fina como la de Deusto, ¡no está nada bien!.

La mínima cortesía les debía hacer responder a la invitación de su Gobierno con su presencia, y después discutir todos sus contenciosos en el Parlamento, que para eso está. Pero ¡qué va!, les gusta, como a otros colegas nacionalistas, la liturgia de los signos, de las pataletas, de los gestos grandilocuentes. Cuando lo que debía primar era la Palabra, una palabra respetuosa, pronunciada, sí, con fuerza y decisión, pero con coherencia y respeto a los postulados de la lógica y de la objetividad de las cosas y de los acontecimientos.

Por ejemplo, el hecho de que haya transferencias pendientes se debe, en buena parte, a los desvaríos y desafíos bravucones del gobierno de Ibarreche, que ellos mantuvieron y propugnaron. ¿O es que piensan que el Gobierno central de la nación española se tiene que quedar de manos cruzadas ante los deseos ventajistas de una comunidad autónoma? No cabe duda de que, en la línea de su quimérico fundador, se supervaloran y, permítaseme esta palabra tan latinoamericana, se desubican de la realidad. Todavía leí hace unos días en una entrevista cómo Urkullu, presidente del PNV, exigía el ejercicio del “derecho de decisión”. Como si no estuviéramos en un Estado de Derecho en el que las personas no puedan decidir lo que deseen, dentro de ese derecho, por supuesto. Y sin usurpar ni robar nada a nadie.

Me enrabieta comprobar cómo en estos años de tímida y acobardada democracia, el Gobierno central, y los políticos de todos los signos, han dejado envalentonarse y subirse a las barbas a muchos pseudo prohombres nacionalistas, a quienes incluso se les ha osado denominar “hombres de Estado”. Nada de nada. Han dicho, y siguen diciendo, muchas majaderías, han negado obviedades, y ocultado cosas tan bonitas y “consensuadas” y entrañables como que el Ebro nace en Reinosa, “provincia de Santander”. O que la comunidad española Euzkadi tiene tres provincias, y no siete, o que, mientras el resto de españoles no se canse y les expulse voluntariamente del convivio común, pertenecen a una nación llamada España, estructurada en el Estado Español.

Confunden demasiado, y lo hacen demasiados nacionalistas, deseos y sueños con derechos y hechos. Pongamos el “poder de decisión”. ¡Pues claro que lo tiene los vascos! Como lo tienen los extremeños, o valencianos o castellanomanchegos. Pueden decidir, por ejemplo, pintar todas las casas de azul, o asfaltar las carreteras con asfalto blanco. Seamos serios. Pueden decidir todo lo que el Estatuto establece que pueden hacer. Y el estatuto de Guernica concede una autonomía de decisión que Sabino Arana no pudo soñar ni dividida por cien.

Recuerdo que en otra entrada de este blog también escribí que, por decidir, los vascos, (los nacionalistas, quiero decir, que son los que siempre están llorando y anhelando su liberación),  pueden decidir, por ejemplo, irse a vivir a una región perdida del Tibet, o solicitar a la ONU que les conceda el dominio de un determinado territorio para asentarse en él y constituir un Estado independiente. ¿Qué esto que digo es una idiotez? Pues no, miren. Mayor idiotez y atrevimiento es pretender robar, usurpar, un territorio a sus legítimos dueños. Así de claro, y así de poco se lo recuerdan el resto de  políticos españoles a sus colegas nacionalistas vascos. Que ellos, vascos nacionalistas, no son dueños de la “tierra vasca”, que la dueña, como lo corrobora y atestigua el conjunto de naciones,  verdadero notario internacional, es España, y, por ende, todos los españoles.

A veces los visionarios nacionalistas se creen dioses, que, con su palabra, crean cosas y situaciones. Pero no es sí. La sola palabra y los puros deseos humanos no crean derechos. No por repetir “ad nauseam” esas zarandajas de territorialidad, las tierras que, administrativamente, corresponden a las provincias vascas, pasan a ser “propiedad“ de sus habitantes más nostálgicos e irredentos. Esto es algo tan evidente que, el mero hecho de permitir la formulación contraria, violenta y distorsiona el estado de la cuestión. Así que, cada vez que digan algo de ese tenor, respuesta clara y diáfana al canto. Y si no bastan las razones y los argumentos, les recordaremos que, democráticamente, la razón es nuestra, pues somos muchos más, una mayoría aplastante.

Jesús Mª Urío Ruiz de  Vergara

 

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