Estado contra ciudadano

Independientemente del alto grado de obstinación que está demostrando  Aminetti Haidar,  la aventura que está protagonizando pone de relieve lo difícil que resultan a veces las relaciones ciudadano-Estado. Éste olvida con frecuencia que no es otra cosa que la organización que aquellos se han querido dar para sentirse más fuertes y más protegidos. Es decir, el individuo se convierte en ciudadano justamente a crear él la ciudad, el Estado. No es éste el primero, una superestructura caída del cielo, donde se acomoda como puede el ciudadano. Es justamente al revés.

Nunca me han gustado las dichosas razones de Estado. Cuando se invocan, en general, es para recortar los derechos de los individuos, su derecho a la información, a la libre circulación, y a multitud de derechos que cada uno puede imaginar. Sólo con recordar los casos particulares que cada uno ha vivido ya sería suficiente. Pongo por ejemplo la inaceptable situación jurídica de indefensión del ciudadano ante la denuncia de la autoridad, que siempre merece fe. Yo sufrí la venalidad adolescente de un pipiolo policía urbano de Madrid, o de una multa absoluta e injustamente absurda de la Guardia Civil en carretera. No me quejo siempre. Otras han sido merecidísimas y ajustadas, y no he puesto ningún reparo en pagar. Pero en el caso contrario no adelanta nada, como he intentado dos veces, solicitar la intervención de un juez, ante el hecho jurídicamente reprobable de que  la Administración actúe como juez y parte.

 Me he desviado, aunque no tanto, pues se trata del mismo fenómeno, sólo que de muy diferente gravedad: Estado versus ciudadano. En el caso de Aminetti se han enredado dos Estados, Marruecos y España de mala manera, y la que lo está pagando, bien es verdad que con mucha responsabilidad de su parte, es una ciudadana a la que no se le permite ni siquiera el derecho que todos deberíamos poder invocar de ser apátridas y ciudadanos del mundo.

No sé si hace bien o mal el Gobierno Español pidiendo al juez que obligue a la altiva pero digna Aminetti a ser alimentada por la fuerza. Me temo que antes que por piedad e interés humano hacia ella, que también,  lo haga por quitarse, literalmente, el muerto de en medio. Pero desde luego mi opinión es que los ciudadanos todos, hoy por ti, mañana por mí, podríamos adoptar unas posturas más decididas y claras a favor de los derechos de la persona contra los Gobiernos. Y si fuera necesario, echarnos a la calle. ¿Por qué no?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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