La Ley: aplicaciones acomodaticias

Aparece con frecuencia en la prensa un tema vidrioso y muy discutible y discutido: si la ley se ha aplicado o no con precisión y respeto total a la norma. De manera muy especial cuando la pelota se la centran, echan o despejan entre diversas administraciones del Estado. Traigo esto a colación por el “caso Haidar”, en el que el Gobierno, dígase el ministerio de Interior, y la policía están enzarzados en que si cumplió o no escrupulosamente la ley de inmigración y de fronteras. Me parece baladí semejante discusión, y, más que baladí, hipócrita y fuera de lugar.

Daré principalmente dos motivos serios para sustentar mi opinión:

1º)  En primer lugar, la jerarquía de las normas. No es igual una norma secundaria que otra primaria, ni esta del mismo rigor que una fundamental. Incluso hay obligaciones éticas que adquieren fuerza de ley en casos críticos o de emergencia. Es el caso de los motivos “humanitarios”, así llamados muchas veces con ironía y sarcasmo. Pongamos un caso: la ley española sanciona al ciudadano que deniega auxilio a otro ciudadano en peligro, por ejemplo a consecuencia de un accidente de carretera, o laboral, o del orden que sea. Puede ser condenado incluso con penas de privación de libertad.

Situaciones  como esa se pueden dar, y con frecuencia, en la frontera. Hay, por desgracia, en los litigios fronterizos con ciudadanos de otros países la tendencia a dar más importancia a la normativa “positiva” que a las leyes proclamadas con solemnidad por el concierto de las naciones en la ONU, referentes a los derechos humanos. Éstos no dependen de papeles, y se olvida con frecuencia que los mismos independen de límites y fronteras. Esté donde esté una persona, aunque sea ciudadano del mundo, sin ninguna naciuo0nalidad determinada, tiene sus derechos que son intangibles. Y el poder discrecional de la administración que corresponda en el caso debe hace que los derechos pasen por encima de los papeles y de las consignas políticas, procedan éstas de “países serios” o de naciones de discutido funcionamiento democrático, regidas por sistemas o monarquías medievales y absolutistas. Y más, como es lógico, en esta segunda situación.

En el caso de la señora Haidar está claro que la autoridad administrativa que se vio sorprendida por la decisión de pura veleidad de Marruecos de ponerla en territorio español no podía hacer que esa pasajera fuera embarcada en ningún avión, pues éste no podría después desembarcarla en ningún aeropuerto. Le tocó pues el marrón, ya que el mínimo respeto a un derecho humano elemental, como es estar, vivir, mantenerse, ubicarse, en algún sitio del mundo, pasa por encima de papeles y normas. Y pasa también por encima, y a mucha altura, de la conveniencia mayor o menor de las relaciones con otro Estado. En este caso con Marruecos, país vecino muy poco de fiar.

2º) La aplicación de la ley, para que sea creíble y respetada, tiene que hacerse en todos los casos, ser universal. Es decir, no puede depender del interés o de la conveniencia del que la aplica. Y en lo que concierne a nuestro tema, a los Jueces, al Gobierno o a la Policía. No se pude ser tan tiquismiquis en unos casos, y tan lapsos en otros. Sobre todo, no se puede andar con tanto respeto y consideración a papeles y normas en casos graves en que está interesada la defensa de los derechos humanos, y saltárselos en otros en que la aplicación no envuelve ningún peligro de perjuicio para terceros. O sí; me explico.

Ejemplo de cómo jueces y policías hacen caso omiso de la ley o miran a otro lado: entré yo en una comisaría de Durango preguntando, “¿esto es España?” Me respondieron, “”. Y yo, “y si este municipio está dentro del Estado español, y hay unas banderas en el balcón del ayuntamiento, ¿por qué no está la española, como está mandado?” Me miraron como a un bicho raro y no me hicieron ni caso. Claramente no les interesó el cumplimiento de la ley.

Otro ejemplo: la violencia policial contra los presos, en una flagrante transgresión de la ley, con el agravante del perjuicio en la salud física y psicológica de las personas. Hoy mismo aparece en los periódicos cómo los mozos de Escuadra zurraron de lo lindo a un detenido, y los periódicos aclaran, “después comprobaron que se habían equivocado de individuo, y el agredido no tenía nada que ver con el hecho”. Con el agravante de insinuar que si se tratara del ciudadano cierto la cosa no hubiera tenido problema. Olvidando que una vez que una persona está al cuidado del Estado, aunque sea por detención, es sagrada y no puede ser maltratada. Y yo pregunto, con el miedo de ser ingenuamente tonto, ¿por qué tantos remilgos legales en unos casos, en que sería mucho más ético no tenerlos, y tan pocos escrúpulos, cuando no tenerlos configura no sólo una falta de ética sino un verdadero delito? ¿Alguien puede explicar esta situación aberrante, y también la falta de denuncia y de solución por parte de jueces y administración?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

2 Responses to “La Ley: aplicaciones acomodaticias”

  1. Remilgos versus ética.

  2. Resulta insoportable ver en Aminatou la historia concentrada del pueblo Saharaui.
    Aunque son reconocidas por todos, la agonía y la falta de futuro en los campos de refugiados, se considera mucho más llevadera, internacional y emocionalmente la situación de Sahara, contemplándola en su fase de enfermedad crónica que en la de estado agudo.

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