Mi “peculiar” deseo de una Feliz Navidad

En la 1ª lectura de la misa de hoy, 24 de Diciembre, del libro 2º de Samuel, el rey David está preocupado por la diferencia notable entre su casa, una “casa de madera de cedro”, tampoco gran cosa, y el arca de la alianza, que se guardaba en una tienda de lona. El profeta Natán lo tranquiliza, pues Dios no necesita una casa, todo el universo es su morada, obra de sus manos. Pero por el detalle y la preocupación del rey, el Señor le promete duración perpetua a su casa y a sus descendientes.

Está claro que la liturgia trae esta lectura para insinuar que “la casa que Dios se prepara” es otra, y de otro orden. Es la carne humana, carne palpitante de mujer, carne de la  humanidad entera, en el vientre joven e  ingenuo de María. El ser humano, cada uno de nosotros, es el templo vivo de Dios, como diría San Pablo. Ese es uno de los frutos de la Encarnación, este misterio “escandaloso” y blasfemo para un judío puritano, y para tanto cristiano autocomplaciente con su desviada religiosidad, moralista y estrecha.

El ser humano es grande y es débil. A veces, pocas, un genio; a menudo, muchas más veces, un desastre. Tiene, tenemos, la rara virtud de vulgarizar lo que tocamos y vivimos, nos hacemos con demasiada rapidez a la excelencia y a la mediocridad. Hemos oído desde niños hablar del misterio de la Encarnación, hemos contemplado tantas veces ese niño-Dios en un pesebre que nos hemos acostumbrado. Nos parece normal y la cosa más evidente del mundo.

Y no. Es una barbaridad. El E-Manuel, el Dios en medio de nosotros, es la manifestación y la demostración de un Ser diferente, Transcendente, Santo, original, autónomo y provocador. Que el logos se haga carne, “sarx” en el griego coloquial, la carne más carne, la que nos vende el carnicero, es la transgresión de todo límite, la proclamación más atrevida y aguerrida del levantamiento del ser humano a las alturas.

La Iglesia, como decían de España los de la generaicón del 98, me duele. La Iglesia- organización, la Iglesia institución, la Iglesia sociedad-perfecta, la Iglesia Jerarquía y Poder. Me duele no tanto por lo poco que se parecen el Vaticano y otras “casas” clericales, entre ellas la mía, al pesebre de la cuadra de Belén, con lo que esto significa de bofetada seca y a la cara a todo y elemental simbolismo. Esa especie de decepción me parece un  sentimentalismo un poco bobalicón.

Me duele más, mucho más, la falta de identidad, por parte del aparato eclesiástico-clerical, con la humanidad, con sus avatares, con sus miserias y sus contradicciones, con la debilidad de la “carne”, esa identificación que el misterio de la Encarnación debería hacer vivir a la Iglesia con los “malos”, con los pecadores, como la vivió el Maestro, sin avergonzarse de publicanos, pequeños chorizos, de samaritanos, de prostitutas, de leprosos y hemorroisas y todo tipo de gente impura y al margen de la ley.  

Me gustaría una Navidad que provocase en la Iglesia menos escándalo farisaico, menos derecho canónico, menos intolerancia, menos espíritu condenatorio, menos seguridad en las propias fuerzas y virtudes, menos orgullo de sabernos los buenos y poseedores de la verdad, menos altanería, menos distancia con los pobres diablos, nuestros hermanos.

Que nos trajera más comprensión, más fe, más confianza en el Señor, más respeto a las ideas y tentativas humanas, aunque equivocadas según nuestro baremo, que tal vez no sea el más adecuado y justo, más perdón, más sensibilidad, más emoción y belleza en la contemplación del ser humano corporal y carnal, menos ideas absolutas y seguras y más, mucho más, humilde relativismo (¡que mal visto el pobre, y que necesario y humilde!), y más actitud diligente de sospecha para ligar “el desconfiómetro” , como decíamos en Brasil. Que quiere decir, estar atento, y con las orejas bien azuzadas para caer en la cuenta de que, tal vez, nosotros seamos los  equivocados, que puede ser que los desviados y malvados que queremos catequizar estén, en algunos puntos, más cerca de la verdad que la imponente seguridad que el hilo directo con Dios nos proporciona. Desde la Encarnación ese hilo y comunicación no es patrimonio y monopolio de los hechiceros de la tribu, sino de toda ella.

Este es mi deseo de una Feliz Navidad.  

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

One Response to “Mi “peculiar” deseo de una Feliz Navidad”

  1. Me ha gustado el matiz de la carne “sarx”, la que vende el carnicero.
    Según como contemplemos el Misterio, nos viene grande y puede regresar la distancia, que el nacimiento de Jesús supera.
    Dios con nosotros, Dios en nosotros, Dios hecho carne, Dios hecho nuestra carne, Dios naciendo en nosotros para hacernos de nuevo, Dios y nosotros naciendo, Dios-nosotros, hechos “sarx” para ser levantados hasta la Vida.
    Feliz Navidad, nace Jesús-nacemos nosotros.

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