La Curia Vaticana

Corren rumores, como en todos los pontificados, de que el Papa quiere reformar la curia vaticana, y que ya habría dado los primeros pasos. En esta tarea le habría ayudado sobremanera el cardenal de Viena, gran amigo personal del papa alemán. El prelado austríaco no habría soltado al tuntún el cajón de los truenos contra ciertos cardenales de Curia, sino que se trataría, según los analistas más perspicaces, de una operación perfectamente medida y calculada.

papa-benedetto-xvi1-211x300[1]Dicen que los papas no suelen poder contra sus curias, algo que me cuesta muchísimo creer. Otra cosa es que haya tal cúmulo de intereses creados e hipotecas anteriores que obligue a los pontífices romanos a tragar y a engullir sapos. Y otra osa es, también, que al fin del pontificado, cuando las fuerzas papales flaquean, los miembros más poderosos de la Curia se crezcan y pasen, en la práctica, a ostentar el mando. Eso pasó en los pontificados de Pío XII, de Juan XXIII, de Pablo VI, y de Juan Pablo II. En el actual, por la edad, puede suceder que todo el pontificado sea el  final del mismo. No es muy normal, aunque nos quieran acostumbrar a ello, comenzar a gobernar una realidad tan compleja y variada como la Iglesia a los setenta y ocho años.

Hubo un papa, Celestino V, monje contemplativo y santo, que, hastiado por el entorno, todo menos edificante, y por la inutilidad de sus desvelos, se largó, hizo mutis por el foro y se volvió a su querido silencio. Los papas no suelen tener esos arranques, más bien suelen aferrarse a su silla, nunca mejor dicho, pues es a la sede romana a la que están encadenados. Yo estoy seguro de que más de un papa se hubiera sentido feliz presentado la renuncia. Lo avanzado de la edad, la dificultad de tomar grandes y graves decisiones con la mente oscurecida y la voluntad debilitada, y, sobre todo, el interés de la Curia Romana, paladeando el ejercicio del poder sin el control efectivo de un superior tan sacro y eminente como el Papa, a pesar de todo, han hecho, en realidad, imposible, o casi, la renuncia papal.

Las preguntas que yo hago son dos: la Curia Romana, ¿tiene obligatoriamente que ser como es, y funcionar casi como en la Edad Media? Y, ¿no sería de desear que se estableciera un tope de edad para el ejercicio del Papado?

La respuesta a la primera pregunta me parece evidente, y si he presentado estas cuestiones de modo interrogante ha sido para mayor claridad pedagógica. Está claro que la Curia Vaticana, tal vez la Cancillería más antigua y bregada del mundo, no puede seguir más siendo una maquinaria bien engrasada y eficiente, sí, pero anacrónica, todopoderosa, proyectando su asustadora sombra sobre el inquilino pontificio del Vaticano, y maniobrando, y maquinando, con una autonomía asombrosa y desconcertante.  Y, sobre todo y principalmente, actuando con criterios y estilo radicalmente alejados del Evangelio.  A pesar del último canon del Derecho Canónico, c.1752, según el cual “la suprema ley de la Iglesia es la salvación de los hombres”. El Papa necesita una oficina burocrática y administrativa, pero no necesariamente tan poderosa y mastodóntica.

La segunda pregunta tiene una respuesta evidente y lógica: si un obispo, a los setenta y cinco años, se prevé que no estará en la mejores condiciones para gobernar una diócesis, ¿qué decir de la Iglesia Universal? Si se apela a la ayuda del Espíritu Santo, recordaré el texto que afirma que “el Espíritu lo realiza todo en todos”, no sólo en el Papa. ¿A quien le interesa que el Papa se arrastre hasta sus últimos días al timón de la barca de Pedro? Lo he afirmado más arriba: a la Curia Romana que, entonces sí, puede tomar, ¡y vaya cómo lo hace!, el poder en sus manos.

Juan XXIII sufrió hasta humillaciones por aquellos cardenales que se habían sentido traicionados por el Concilio Vaticano II; la última etapa que Pablo VI fue, según todos los indicios, un calvario para él y para toda la Iglesia de Dios; Juan Pablo I no lo sabemos con certeza, pero hay motivos para imaginar que no lo pasó de maravilla con su curia; Juan Pablo II todavía está en nuestra retina ofreciendo, al mismo tiempo, su ruina física y su entereza admirable. Pero en todos los casos, la Curia funcionando a su gusto, y, en la medida de lo posible, que es mucho, preparando las cosas para el futuro cónclave y el próximo papado, barriendo para casa.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

One Response to “La Curia Vaticana”

  1. Claro y clarificador.

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