Curas (sacerdotes) de escalafón

20080519-633468090490978750w1211204742367674310[1]El domingo pasado, antes del rezo del Angelus, el Papa ordenó en la basílica de San Pedro a 14 diáconos. Y en la homilía arremetió contra los que algunos medios de comunicación han dado en llamar “sacerdotes trepas”. Como se comprenderá fácilmente, se trataría de aquellos presbíteros que ejercen su trabajo pastoral como lanzadera para puestos más altos y prominentes en la Iglesia, o incluso en la sociedad. Dicho así, es evidente que la alta jerarquía de la Iglesia no podría tolerar como criterio de actuación, el escalar puestos, con el cínico argumento, si bien no declarado, de que el fin justifica los medios. En este caso el fin es el que es malo en sí mismo, contrario del todo a la precisión evangélica: “entre vosotros, no sea así. El que quiera ser el primero se ponga el último, como servidor de todos”.

Esto me recuerda una jugosa y muy ilustrativa anécdota que sucedió en esta misma revista, cuando se llamaba “Reinado Social del Sagrado Corazón de Jesús”. Un padre de la Congregación escribió un artículo criticando lo más dulcemente posible la tendencia a desear y a buscar la mitra episcopal. Se organizó un revuelo en lo que después vendría a llamarse Conferencia Episcopal, obligaron a la revista a publicar otra vez el artículo grapado, como condenado al silencio, con una explicación y una retractación pública e impresa, y al autor de la ¿tropelía? lo enviaron a América. Los obispos se justificaron asegurando que la frase de San Pablo, traducida al latín, “quis episcopatum desiderat bonum opus desiderat” (el que desea el episcopado desea una obra buena), en realidad habría que entenderla como si entre bonum y opus hubiera una coma (en latín no hay comas, por eso puede cambiar tanto el sentio). Entonces la frase quedaría “quis episcopatum desiderat bonum, opus desiderat”, que traducido resulta así de bonito: el que desea un episcopado bueno, desea un (intenso) trabajo. Es decir, el espíritu de servicio del Evangelio.

En este asunto no se puede olvidar una circunstancia fundamental: si hay quien busca subir haciendo la pelota, y buscando agradar en todo a su superior, es porque éste se deja halagar y recompensa, de alguna manera, el comportamiento del inferior. Estamos hartos de apreciar este proceso en la vida de las diócesis, aunque sean, como así sucede, muy pocos los presbíteros que se prestan con descaro a ese juego. Pero los hay. Y también se da otro pequeño número que se presta con mayor sutileza y más alto índice de maquiavelismo tortuoso al mismo juego. En uno y otro caso, con más o menos descaro, es claro que el comportamiento del inferior sólo puede ser sustentado en una aceptación implícita, que por veces,  demasiadas, es explicitísima, del superior correspondiente.

Con la dedocracia que hay en los métodos de selección para los puestos en la Iglesia, podemos inferir que hay quienes llegan a los más altos escalones sin méritos pastorales, o de excelencia eclesial en el ramo que sea. A base de una “lealtad” a toda prueba al obispo de turno o al nuncio de Su Santidad, rayana, en muchos casos, con el halago y la adulación. Esa es la triste conclusión a la que debemos llegar al contemplar las actuaciones de muchos arzobispos y cardenales de la Iglesia, alejadas de la libertad evangélica y de la sana crítica intraeclesial, en la caridad, pero en la verdad, del tipo de Pablo, o Bernabé, o los grandes padres de la Iglesia de los siglos IV-VII. Éstos eran mucho más fieles al evangelio de Jesús y a la Iglesia-misterio de salvación que al jerarca de turno, aunque fuera San Pedro.  

No deja de ser lamentable el tipo de comentario “es muy probable que el éxito de esta visita del Papa eleve al cardenalato al arzobispo de Valencia”, por ejemplo, que se escuchó insistentemente poco después de dicha visita. De hecho eso sucedió a raíz, no sabemos si por, el viaje de Benedicto XVI a la ciudad del Turia, que por cierto trajo después tantas complicaciones político-económicas. Pero insisto en que es profundamente triste e inaceptable que realidades tan “mundanas” puedan significar algo en los méritos para una tarea pastoral. Desgraciadamente, estamos tan acostumbrados a mezcolanzas y alianzas antievangélicas que ya casi nada nos sorprende. Pues yo no dejaré de denunciarlas desde este observatorio del Areópago.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara  

One Response to “Curas (sacerdotes) de escalafón”

  1. ¿A quién le ocurrió? ¿A tu hermano gemelo?

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