La Universidad de Lovaina, ¿deja de ser “Católica”?

La prestigiosa Universidad Católica de Lovaina está dilucidando, seriamente, si mantiene la C de Católica. Aunque el contencioso con Roma viene de lejos, el detonante de la actual ha sido la reprobación, por parte de la Curia Romana, de la concesión del premio Nóbel de medicina al Dr. Robert Edwards, auténtico impulsor de la técnica de fecundación “in vitro”.  Al Vaticano no le ha gustado nada la designación, y a Mark Waer, rector de la universidad belga, no le ha hecho ninguna gracia la intromisión de Roma (¡y van…!) en asuntos que, según el Claustro de Lovaina, no le competen.

Mientras deshojan la margarita se preguntan si sería perjudicial para la centenaria y reconocida universidad, hoy en día, la denominación de “Católica”, en medio de los escándalos de abusos sexuales de un buen número de algunos altos jerarcas de su Iglesia, así como de la respuesta inadecuada, según profesores de la Universidad, a otros asuntos científicos y sociales que plantean el mundo y la ciencia modernos.

En realidad, las desavenencias de fondo, de pensamiento filosófico y de enfoque eclesial, vienen, como he recordado antes, de muy lejos. Cuando el pensamiento filosófico “oficial” romano andaba anclado, todavía, en la escolástica y el tomismo, la gloriosa Universidad de Lovaina, ya desde finales del siglo XIX acogía con alegría las corrientes que venían desde el idealismo alemán de Kant, Hegel y compañía, y pasaban por la visión empírica, el historicismo, y la Filosofía de los Valores, hasta la fenomenología de Husserl. La línea filosófica oficialista de la Iglesia, como he indicado, iba por otra línea, y no apreciaba nada los atrevimientos de una de las universidades más representativas del pensamiento filosófico católico, desde 1425, lejano año de su fundación.

He vivido una experiencia doble sobre los desencuentros filosóficos entre Roma y Lovaina. Hice un curso de “mestrado” (así llaman en Brasil a los cursos “master”, adoptando su propia terminología y abandonando el puro seguidismo anglófono) de Filosofía de la Educación, en la PUC (Pontificia Universidad Católica) de Sâo Paulo. Los profesores habían estudiado todos en Lovaina. Y me sorprendió su modernidad n los conceptos filosóficos. Me llamó mucho la atención que no aceptaban,  como lugar filosófico, el famoso concepto de “ley natural”, tan apreciado y usado por el magisterio eclesiástico. Me extraño al principio, pero las investigaciones y escritos del gran antropólogo Levi Straus acabaron por convencerme.

Esta evolución en mi pensamiento, al principio vacilante, después firme y seguro, me hizo pasar el único mal trago que recuerdo de mi paso por la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia de Salamanca. EL P. Acebal, o.p, dominico, pues, y a la sazón decano de la Facultad, reaccionó con enfado cuando, en una clase, yo me permití, y atreví, a poner en duda la validez real del concepto de “Ley natural”. Me espetó que en una Universidad Católica resultaba inimaginable e inadmisible,  renunciar a esa realidad, más que concepto, de “ley natural”. Como no estaba el horno para bollos, no le retruqué que la tan famosa, y más antigua que la Ponti de Salamanca, Universidad de Lovaina, hace tiempo que había erradicado esa idea, y que sólo se la trataba como una antigualla histórica, importante, eso sí, en la evolución de la Filosofía, y más todavía del pensamiento jurídico. Pero seguimos tan amigos después de ese incidente, y me dio muy buena nota en la asignatura en cuestión.

Efectivamente, el desencuentro entre el pensamiento oficial de la jerarquía de la Iglesia y una de los más prestigiosos centros de pensamiento católico viene de muy lejos, y puede ser que se encuentre en trance de ruptura, si no total, si muy importante y significativa.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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