Un poco de reflexión ¿pesimista?

Hay hoy en el mundo una ingente cantidad de imágenes, sonidos, ruidos, palabras, músicas, colores, apariencias, decorados, carteles, luces, unas de Bohemia, otras de cuevas sórdidas, posters, anuncios, polución lumínica y colorida, toda una corriente de productos-detritos que, como lava desatada, nos inunda y amenaza devorarnos. Realidades tan serias y consistentes como la Política, la Religión, la Ciencia, la Cultura, se van impregnando y contaminando de la primacía de la “apariencia” sobre el contenido. La propaganda, de todo tipo y de toda condición, es una buena prueba de ello, pero no la única.

Y a toda ésta retahíla de realidades simbólicas en el mundo sensorial corresponde otra cohorte de sensaciones humanas que traducen y procesan ese confuso y variopinto mundo cambiante, como la inabarcable, por movible y vertiginosa, realidad de Heráclito o de Demócrito. La vieja teoría griega alcanza su cumbre en nuestros días, en que la apariencia y el logotipo de la cosa viene a sustituir la cosa misma. Estas sensaciones son las que recoge la conciencia de ese mundo cambiante y representativo de la realidad exterior. Se realiza ese proceso en la vida cotidiana, con el trabajo de la fantasía, de la imaginación, con el trasfondo transformador de la elucubración y de las teorías que, a propósito, nos prestan los “hacedores” de opinión y de corrientes de pensamiento.

Durante mucho tiempo  la humanidad ha dado la espalda a su propio yo, a su propia e íntima realidad. Se ha dejado llevar por las sirenas que lo alejaban del buen y acertado rumbo. Esas sirenas cuyas melodías irresistibles no llegaban a la mente ni al corazón de Ulises porque se tapaba precavida y sabiamente los oídos. Llevamos mucho tiempo a expensas de tanta farándula, de tanto falso brillante, que podemos acabar por no saber distinguir lo auténtico de la copia. Casi todo lo que hoy nos ofrece, delirantemente, la televisión, la propaganda, tanto la comercial como la política, o la que se ha animado de manera suicida a proponernos la Iglesia oficial, dígase Jerarquía, es copia, es imitación, es pura “representación” de la verdadera y escondida realidad. ¿Cuál es la verdadera y definitiva realidad, la presencia del Señor Jesús en la comunidad que humilde y precariamente celebra la Eucaristía, o la “llegada”, al sonido de trompas y clarines, del Papa? ¿No es este espectáculo la “vanidad de vanidades” que decía Qohelet?

Efectivamente, me estoy dejando llevar por un pesimismo filosófico sobre la realidad humana social que a mí mismo me recuerda  a Schopenhauer. Pesimismo al que hay que buscar una salida. El filósofo alemán la encontraba en lo que llamaba “voluntad”. Ésta no es, como podría pensarse, la facultad humana que, con la inteligencia, compone la especificidad “espiritual” del ser humano. Sino la fuerza, energía y tensión vital de que está dotado nuestro cuerpo. El pensador alemán propició en la primera mitad del siglo XIX lo que se entendió como una “biologización” de la Filosofía. Hoy yo propongo una especie de corporeización de la Teología y de la Piedad. Algo que no es ajeno a la tradición cristiana.

Jesús no se fue por las ramas de elevadas y sutiles espiritualidades, desencarnadas, quiero decir, sin cuerpo. Si algo caracteriza el legado de Jesús es la solución que da a la “representación” de las realidades sustanciales para nuestra salvación. En contra de una espiritualidad pseudomística y entreverada de nubes y alturas imaginarias, Él nos deja su cuerpo, no sólo en la Eucaristía, sino en la significación-realidad de todos los sacramentos, y de la Comunidad. No hay nada más fantástico ni más milagroso que la esencia de los signos sacramentales, que “realizan lo que significan”, que son una representación con consistente realidad interior. Algo que con certeza añoró Schopenhauer, quien nos hizo un gran favor con su reflexión, totalmente fuera de moda en su tiempo, e imposible entonces de ser mínimamente entendida y aceptada, de su gran obra “Voluntad y Representación”. Pero que hoy ilumina el ofuscante alboroto de los puros signos huecos y sin sustancia.

Jesús Mª Urío Ruiz de V ergara                      

2 Responses to “Un poco de reflexión ¿pesimista?”

  1. Por resumir un poco, ¿está hablando de Sencillez de sencillo, y no de recatado; además de humildad?

    Me resulta complejo seguir el extenso texto, solo pretendía resumir, por simplificar un poco.

  2. Al mal tiempo buena cara se dice por aquí,Jesús Mª.
    Propongo lo que decía Sta. Teresita:” Protegerse debajo de la ola para que no te arrastre”

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