¿Quién tiene la culpa del “laicismo” tan denostado? (II)

Hay que tener muy en cuenta la diferencia entre Religión y Revelación. No es lo mismo, aunque a veces los pongamos en el mismo departamento de la cultura y de la Historia. Y hay que aclarar que, muchas veces, son realidades contrapuestas y hasta contrarias.

La principal y fundamental diferencia es que las religiones, con ser una parte importante de la historia de la humanidad, son creaciones humanas, mientras la Revelación, o las “religiones” reveladas (¡no sabemos cómo decirlo de otra manera, pero es una contradicción “in términis”) son, para los creyentes, iniciativa de Dios. Si bien hay que sopesar bien el papel del hombre en el proceso de trasmisión de todo el bagaje revelado hasta llegar, más o menos depurado, a  la comunidad de los fieles.

Pongamos un ejemplo, donde creo que se verá con bastante claridad lo que quiero decir. El judaísmo era, en tiempos de Jesús, una Revelación, bien depurada y transmitida a través de los escritos del Antiguo Testamento. Sin embargo, sus intérpretes y guardianes, o por lo menos así se consideraban ellos mismos, sumo sacerdote, jefes de los sacerdotes, escribas, jefes de los fariseos, senadores, en general, las élites religiosas, intelectuales y económicas de Israel, habían caído en los vicios típicos de las religiones establecidas: dar mayor importancia a sus propias tradiciones y a sus interpretaciones que a la Palabra Revelada, y buscar más sus propios intereses y el poder, que la Gloria y la Honra del Dios Revelador.

La fuente y origen de todas las polémicas de Jesús con todos los que he citado en el párrafo anterior radicaba en que habían convertido la Revelación viva de un Dios vivo en una serie moralizante de preceptos y de leyes, que manejaban a su antojo, en detrimento de los sencillos e ingenuos creyentes, que cargaban son “cargas insoportables”, y eran manipulados y exprimidos, religiosa, psíquica y materialmente por los jefes. “¡Ay, hipócritas y guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! …¡Que pagáis el impuesto del comino, la ruda y la menta y descuidáis el derecho, la justicia y la lealtad! Convendrá que cumplierais aquello sin descuidar esto”.

Dicen varios textos del Nuevo Testamento que “Dios es mayor que nuestra conciencia”, si es que ésta nos remuerde. Jesús supera todo tipo de moralismo, y además la Historia nos demuestra que la apreciación moral varía mucho con las épocas y los lugares. Que varía con las épocas lo comprobamos fácilmente con cualquiera de las serias investigaciones de la Antropología, como con la obra de Levi Strauss, por ejemplo. O también lo podemos apreciar en las aberraciones éticas que la Jerarquía de la Iglesia toleró, y hasta alentó, durante siglos. (¿Haría falta recordar la Inquisición , la tortura y la imposición sobre las conciencias, con resultados nefastos para los no obedientes? Mientras que la Palabra del Señor “perdura para siempre”.)

Tal vez la jerarquía actual peca, como los jefes judíos de la época de Jesús, de “religiosizar” el dato Revelado, y dar más importancia a sus propias convicciones morales, que pueden ser subjetivas y apriorísticas, que a la Palabra del Señor. Para mí es sintomático que uno de los temas citados con más freuencia por Jesús, el dinero y los bienes, y su uso por las personas, sea prácticamente ignorado en el panorama moral del magisterio eclesiástico. Taz por eso sonó tan abrupta la Populorum Progresio , de Pablo VI, cuando se atrevió a hablar de robo en el caso de existir “riquezas superfluas” mientras otros ciudadanos  del mundo “no tenían lo necesario”. Este desequilibrio, que lo sufrimos todavía, y cada vez más sangrante, evidentemente no es inmoral para ele mundo. Pero, ¿podemos decir lo mismo cotejándolo con la Palabra de Jesús? 

Éste no habló ni una vez de sexo, pero mucho de dinero, de misericordia, de comprensión, de no juzgar, de no condenar, de dejar la ofrenda en el altar si recuerdo la animadversión con mi hermano. Pero nosotros hemos llenado de matera grave toda alegría sexual, o toda confraternización sensual. Es muy probable que quien haya leído el Evangelio, aunque sea agnóstico, se sorprenda con las aplicaciones morales de la Jerarquía eclesiástica. ¿Tanto nos cuesta admitir “la viga en nuestro ojo”, y no convertir la “mota en el ojo de nuestro hermano” en una “debacle moral” (sic)? ¿Y todavía seguiremos preguntando por las causas de tanto -¡que no es tanto!, a pesar de todo- anticlericalismo y laicismo?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

One Response to “¿Quién tiene la culpa del “laicismo” tan denostado? (II)”

  1. «He venido a arrojar fuego sobre la tierra, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! …(Lucas 12, 49)
    ¡Más madera!

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