La “Antiviolencia”, y la vergüenza ajena, (o tal vez propia)

Estoy pensando seriamente devolver mi carné del Real Madrid y dejar de asistir a los partidos del Bernabéu. No podemos tener unos representantes más cafres, burdos, zafios, descerebrados, y lo que es peor, violentos, que los dichosos “Ultra Sur”. Ayer, en el partido contra el Atlético de Bilbao, corearon gritos como: “No son leones, son maricones”, a unos dignísimos jugadores que plantaron una seria y digna batalla a los “fantásticos” del Real, con una pinta de todo menos de sarasas. Es la ofensa por la ofensa, el insulto de quien piensa que sin él uno no se hace valer y no demuestra ni hombría ni valor. (Lo de “Barça, Barça, ..¡Miiiieeerda!, es ya una letanía soez y acomplejada que sólo puede significar envidia e impotencia).

Pero peor es el grito cruel, desmedido, intolerable, este sí incitador de violencia y crueldad, “Preciado, ¡muérete!”. Preciado es el entrenador del Sporting de Gijón que tuvo sus más y sus menos con Mouriño, entrenador del Madrid, a quien llamó canalla, y otras lindezas. Lo del entrenador cántabro del Gijón no estuvo nada bien, pero dio la cara en solitario, con nombres y apellidos, no escudándose en la masa ni ocultándose en el más vil y cobarde anonimato de los gritos de toda una grada. Pues bien, hace tiempo que tenemos que soportar    en el Bernabeu esta vileza y esta degradación moral.

¿Qué hacen la Comisión antiviolencia, el propio club Real Madrid y la policía ante estos hechos repetidos, previsibles y perfectamente detectables y documentables? Les diré, nada. Hay una cadena de irresponsabilidad, dejación de funciones y connivencia, que raya en complicidad. Y el fenómeno no se da tan sólo en el estadio madridista. Ahora por esos campos de Dios, digo mal, más bien del odio, se ha puesto de moda, así, porque sí, sin provocación previa, el grito de “ese portugués, qué hijo de puta es”, referido a Cristiano Ronaldo, que no tiene otro pecado que ser guapo, atlético, cachas, rico, dejar en evidencia puramente deportiva a los defensas contrarios, y meter muchos goles.

Lo de Antiviolencia, como tantas cosas en este país de ruido, grito, chillido, y tira la piedra y esconde la mano, es una institución de sainete, pero malo, sin el más mínimo ánimo de ofender al digno sainete. No sé el porqué del hipócrita escándalo y consiguiente actuación ante gritos racistas, cuando son contra negros, y tolerancia y complacencia cuando lo que se ofende es el hecho de ser catalán, o vasco, o navarro (siempre que viene el Osasuna a Madrid me carcomo de rabia y vergüenza ante la estupidez e ignorancia de los vociferantes radicales que ni saben donde está Navarra, ni su historia y españolismo). Pero el libreto de los que mandan ha decidido que racismo, o intolerancia o violencia es lo que ellos estipulan, y los demás, como corderitos, a callar y no atreverse ni a chistar. ¡Qué tristeza de país protestón y chillón de barra de bar!

Propuse hace años a un diario deportivo, en una carta al director, que sus crónicas, igual que calificaban a jugadores y árbitros, lo hicieran   puntuando a los públicos. Ni me respondieron, ni se atreven a presentar esa calificación. Tal vez perderían lectores, o se indispondrían con las aficiones que leen embebidas sus insustanciales entrevistas o los chismorreos ante y pos partidos. Y continúan a denominar como de “las mejores aficiones del mundo” a las que se pasan el partido increpando al contrario y profiriendo inconveniencias. (Mas, ¿qué podemos esperar de profesionales de la pluma que siguen escribiendo “los más mayores”, o “ese área”, o denominando cariocas a todos los jugadores de Brasil, y no solamente a los de Río de Janeiro?)

Podría seguir, pero no quiero cansar a los lectores. Que queden claras mi protesta y ni denuncia ante un comportamiento de los públicos en los partidos de fútbol no sólo inconveniente y evidentemente antideportivo, a pesar de todas esas zarandajas del “fair play”, sino rayano en lo violento por racista, xenófobo, burdo-nacionalista, tanto periférico como españolista, (¿qué hacía el mar de banderas españolas en las manos de los violentos ultrasur, es que quieren excluir a los bilbaínos de la patria común?, y no es la primera vez que esto sucede, ante la complaciente mirada de las autoridades, que te miran el bolso para ver si además del bocadillo puedes llevar un objeto sospechoso. Nunca detectan los palos y la parafernalia de los radicales. ¿Es o no es para hablar de complicidad?).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara                    

One Response to “La “Antiviolencia”, y la vergüenza ajena, (o tal vez propia)”

  1. no te preocupes jesus mari yo te compro el abono para ver al real madrid a mi me da igual lo que griten esos descerebrados.
    por eso no tiene que preocuparte forma parte del espectaculo seguro que el lunes en el campo de barcelona nos van a llamar de todo y nos vamos aver solo banderas independentista . Es asi y no se puede cambiar lo que pasa que en el berbabeu habia mucho señorio y entendido de futbol por cierto muy exigente. la verdad prefiero ver un partido de futbol en el bernabeu que en el campo del rayo vallecano con un grupo ultras llamado los bucaneros que mas de una vez han tenido que suspender el partido hasta que la policia ponia orden y aprobecha del buen futbol que esta haciendo el equpo este año un saludo pedro

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