Demasiado ruido

Hay que ver el lío que se ha montado con la noticia de que el “Papa aprueba el preservativo en circunstancias especiales”. Nadie quiere perder la ocasión de pronunciarse a favor o en contra. Y ha habido para todos los gustos, como era de prever. A los conservadores eclesiales recalcitrantes les ha parecido mal ese “relajamiento” en las esencias doctrinales cobre el sexo. Para los avanzados en estas y otras cuestiones morales, o fronterizas, la postura del Papa les ha parecido apocada, tímida e insuficiente. De hecho casi nadie en los medios más populares y generales ha profundizado o ha hincado el diente en materia tan interesante como puede resultar el golpe de volante que pude ser que haya dado Benedicto XVI. Digo “puede ser”, no estoy seguro. Pero había que estudiarlo.

Por si acaso, portavoces de la Santa Sede se han dado prisa en asegurar que no cambian los principios, insinuando que eso no puede ser, que el magisterio no puede decir hoy una cosa y mañana otra. Así como otros “expertos” en teología han echado las campanas al vuelo porque, por lo visto, la infalibilidad no era tal, o tenía bastantes menos quilates de los que nos habían hecho creer. Efectivamente, he comprobado que en el gremio periodístico, ahíto de titulares de noticias y del lado folklórico y anecdótico de la información, son muy pocos los que tienen una mínima y decente idea de la infalibilidad pontificia, e ignoran que, propiamente, sólo una vez la ha usado un pontífice, por sí sólo, y fuera de Concilio Ecuménico, en veinte siglos de existencia.

Se podrían hacer muchas tesis doctorales con asuntos no dogmáticos, pero serios, en los que el magisterio ha cambiado. No hay sino recordar la teoría de las “Dos Espadas”, la spiritual, del Papa, y la temporal, para el Emperador, de la famosa bula de Bonifacio VIII Unam Santam. O las ideas del papado sobre sus terrenos pontificios, que tuvieron que cambiar drásticamente al perderlos. O las reticencias a los primeros movimientos sindicales o a la creación de partidos políticos por católicos practicantes y concienciados, liberados de la tutela de la Jerarquía. O por poner un ejemplo chusco, la condenación por un consistorio  de cardenales, como “cosa diabólica” (sic) del velocípedo, la ingenua bicicleta, en sus comienzos. Y cosas muchos más serias, como la tortura, la excomunión por prácticas médicas como la autopsia, etc, que, evidentemente, han provocado un cambio de dirección en el magisterio.

Se trata, evidentemente, de una  novedad vaticana sobre el preservativo, ya que es la primera vez que palabra tan indiscreta es utilizada en el lenguaje papal. Y la pregunta pertinente es por qué esa novedad. A mí se me ocurre que la pronta y satisfecha respuesta de la ONU a esa “buena nueva” (muchos misioneros en África la ven así) arroja luz sobre los motivos del Papa para su pronunciamiento. Tomando esa iniciativa Benedicto confirma sus dotes de lucidez y de fina comprensión. Es de dominio público que en Àfrica, si no se usa, o usaba el condón, no era por la prohibición del magisterio católico, sino por la escasez o la falta del mismo. Y, ahora sí, la prohibición de Roma impedía, o hacía políticamente poco correcto, que los correspondientes departamentos internacionales inundasen el continente africano, y otras partes del mundo, con profilácticos para la práctica sexual.

Una cuestión que no he visto planteada en ningún medio informativo, y ésta sí que es la fundamental, es la incidencia que tiene en la práctica sexual real y cotidiana, entre los católicos, el magisterio de la Iglesia en los temas de los métodos anticonceptivos. Entre los no católicos, o poco o nada practicantes, ya sabemos que el permiso o la prohibición del uso del preservativo los trae al pairo. Solamente entre los miembros de movimientos modernos eclesiales de signo notablemente conservador, cuyos nombres está en la mente de todos, se ha notado sensiblemente en los últimos veinte años la obediencia a las enseñanzas del magisterio en cuestiones sexuales. Los demás, y no digamos los jóvenes, pasan olímpicamente de ese tipo de indicaciones. Así que no sé si es una enorme hipocresía colectiva o una descomunal ingenuidad la que ha movido a algunos a suponer que las cosas cambiarán notablemente después del pronunciamiento papal. Yo me conformo, como he dicho,  con que los organismos internacionales, políticos, económicos y de salud, puedan, con más libertad y soltura, luchar contra esa plaga epidémica del sida, que asola, sobre todo, a los pueblos africanos.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara  

6 Responses to “Demasiado ruido”

  1. Me temo que esta vez no coincidimos.Yo no he leído todavía el libro y no me fío mucho de los textos sueltos, pero creo que el papa no dice lo que esos organismos internacionales de que hablas quieren que diga.Llego a pensar que estoy miope o peor, ciego, pero yo no veo lo que otros ven. He dejado al respecto un comentario en el blog de D.Pedro Lamet.
    El papa ha hablado otras veces del preservativo, no sólo en esta entrevista. Por otra parte no creo que la enseñanza moral católica en esta cuestion sea muy seguida por incluso los practicantes asiduos. ¿ O también me equivoco?.
    Un saludo

  2. A mi me parece importante el tema porque, parece que el sentido de los fieles, por una vez, se está tomando en cuenta y hay muchos más temas a la cola

  3. Ciegos guías de ciegos, que no entienden que nada de fuera puede hacer impuro al hombre, sino lo que sale por su boca.
    Se han metido en un callejón…del que tendrán que salir. Digo salir, no encontrar la excepción que confirme ‘su regla’.

  4. Iruña:
    si no dice el Papa lo que dicen que dijo, tanto peor. Lo que he querido decir es que tal vez para la ayuda en medicinas y profilácticos a gran escala por parte de los organismos internacionales, la publicada opinióndel Papa ayude a agilizar esa ayuda que la opinión anterior del Vaticano trababa de alguna manera
    Sobre el seguimiento que los mismos católicos, fuera de los movimientos que ayer indicaba, hacen de las opiniones del Papa y de la Jerarquía en materia sexual, soy mucho más escéptico que tú. Dudo que influya gran cosa, ni pequeña, en el día a día de mis parroquianos, por ejemplo. Desde luego de eso ya no se confiesa nadie. (Insisto, fuera de los que todos sabemos)
    Areópago

  5. Ilusiones:
    Me parece muy importante que el Magisterio de la Iglesia tome en cuenta las inquietudes, opiniones y esperanzas de los fieles, no en vano es un lugar teológico privilegiado el llamado “sensus fidei populi Dei” (sentido de fe del puelo de Dios). Eso me parece decisivo, pero no la materia en la que el Papa habría hecho un pequeño y tímido ensayo. Dada la práctica actual de la mayoría de los católicos, practicantes o no, excepto los miembros de los movimientos que están en la mente de todos, hay temas de incomparable más alcance. ¡Ya está bien de que parezcamos a todas horas como unos obsesos sexuales! Después no no extrañemos que pase lo que pasa, o ha pasado. Te recomiendo qe leas mi artículo de mañana, día 24, “La desconfesionalización de la ética”.
    Areópago

  6. Ilusiones:
    Me parece muy importante que el Magisterio de la Iglesia tome en cuenta las inquietudes, opiniones y esperanzas de los fieles, no en vano es un lugar teológico privilegiado el llamado “sensus fidei populi Dei” (sentido de fe del puelo de Dios). Eso me parece decisivo, pero no la materia en la que el Papa habría hecho un pequeño y tímido ensayo. Dada la práctica actual de la mayoría de los católicos, practicantes o no, excepto los miembros de los movimientos que están en la mente de todos, hay temas de incomparable más alcance. ¡Ya está bien de que parezcamos a todas horas como unos obsesos sexuales! Después no nos extrañemos que pase lo que pasa, o ha pasado. Te recomiendo qe leas mi artículo de mañana, día 24, “La desconfesionalización de la ética”.
    Areópago

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