¡Otro atropello!

Jesús Mª Asurmendi es un auténtico especialista en Antiguo Testamento (AT). Es presbítero de la diócesis de Pamplona, nacido en Alsasua, da clases también en el Instituto Católico de París, y ha publicado varios libros de exégesis del AT en la editorial Verbo Divino, garantía de solvencia y solidez intelectual. Es, claro, una rara avis en el precario horizonte de la exégesis española. “Un “maestro” y el biblista diocesano de mayor prestigio”. Por eso choca que el arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez, haya prescindido de quien durante 20 años ha sido profesor en el Centro Superior de Estudios Teológicos de Pamplona (CSET), cesándolo legalmente, por la edad, cuando por el reglamento del centro esa cesión no era obligatoria, que lo sería a los setenta años. Todo indica que estamos, otra vez, y ya son demasiadas, ante un caso de involución eclesiástica, y de miedo, y en algunos casos pavor, a la línea más moderna, avanzada, seria y documentada de los estudios teológicos y bíblicos.

Yo no exalto, pero tampoco denigro, a un autor porque sea “diferente” de las tendencias actuales clericales en el terreno de las ideas o de la aplicación pastoral. Tan sólo pido, y no digo “exijo” para ser humilde, que la Iglesia que se enfrentó ya en el siglo II al desafío de aceptar cuatro líneas canónicas, inspiradas, de presentación de las Palabras y Hechos de Jesús, y las respetó contra mentalidades estrechas de la época que pretendían una síntesis o resumen que limara las diferencias, no ahogue ahora la libertad de pensamiento teológico y exegético, dentro de la fidelidad a la única fe. Y que se destierre de una vez la preocupante y peligrosa tendencia hacia el pensamiento único, tan disonante con la realidad de los cuatro Evangelios.

Como me parece interesante la entrevista que publica Religión Digital (29/11/10), realizada por su director José Manuel Vidal.

 

“Jesús María Asurmendi, cesado por monseñor Pérez”

 

¿Cómo le comunicaron su cese?

El cese me lo comunicó el obispo por carta a principios de Julio. Desde el punto de vista formal y legal, no hay nada que decir. Los estatutos de los dos centros de estudios de Pamplona estipulan que el cese-jubilación es obligatorio a los 70 años y opcional a los 65 por decisión del interesado o por decisión del obispo. En este caso la decisión ha sido del obispo. El cese se ha realizado como el de un funcionario o trabajador cualquiera. Nunca hubo ni entrevista ni propuesta de encuentro.

¿Se lo esperaba?

Sí y no. Hace tiempo ya que los colegas, amigos y algunos alumnos se preguntaban hasta cuando me mantendrían en el puesto. Pero teniendo en cuenta la situación más que precaria de los centros desde el punto de vista de las estudios bíblicos y, por otro lado, mi presencia y contribución modestas (quince días al año), no creía que supusiera ningún problema. Por otro lado teniendo en cuenta que soy el único doctor de la especialidad bíblica, los centros necesitaban de mí…título. Tanto más que soy el único de los dos centros que tiene el Nihil Obstat de Profesor de Roma para enseñar en una Facultad Pontificia.

Y, sin embargo, lo echan. ¿Qué sintió ante la decisión?

Vista la situación general me dió pena por los alumnos del Instituto de Ciencias Religiosas San Francisco Javier, laicos que “pagan” caro (en tiempo, esfuerzo y dinero) sus ganas de formarse en teología. Los seminaristas es otra cosa. La mayor parte de ellos están formateados y, desgraciadamente, la formación intelectual resbala. En ese ambiente de “escuela del partido”, aunque no sea más que un atisbo de postura universitaria y por lo tanto crítica no cabe. Por otro lado, teniendo en cuenta lo dicho, se siente uno honrado de haber sido cesado por instancias que se definen y actúan así. En definitiva llega a ser un honor no participar ni colaborar en un plan estratégico global de exclusión de toda reflexión intelectual y teológica digna de ese nombre.

¿A qué se debe su cese? ¿Cuáles son las razones reales?

La razón legal: la edad que permite la decisión del obispo. Las razones reales las ya expresadas: rechazo de todo intento de una formación teológica digna de ese nombre. No es que me tome por el mesías de la exégesis veterotestamentaria. Pero mi trayectoria universitaria, publicaciones, asociaciones de exegetas, nacionales e internacionales, me permitían, creo, aportar algo a mi diócesis en ese campo.

Por sus clases pasaron generaciones de curas navarros. ¿Qué le dicen al enterarse?

Prácticamente todos los actuales profesores de esos centros pasaron por mis clases. Muy pocos se han manifestado. Probablemente porque la “noticia” cayó en verano y se diluye.

¿La Iglesia española se torna cada vez un poco más inhabitable intelectualmente?

No estoy muy al corriente de la situación en España en general. Quizá la situación de Navarra no se pueda generalizar al resto de España. Aunque nunca se sabe.

Y eso que tenemos un Papa intelectual…

Pues sí, eso parece. Aunque intelectuales hay de muchas clases.

En Francia, en cambio, seguirá usted dando cursos…

En Francia, por estatutos, todo profesor cesa automáticamente a los 65 años. Aunque se estipula que si las necesidades de la Facultad lo requieren, se puede pedir al jubilado que continúe dando algunas clases por un año y en caso extremo dos. Este es mi caso actualmente. Por otro lado la Facultad tiene convenios con otras universidades y envía a los “seniors”, conocidos y reconocidos, a dar series de cursos en diversos lugares del mundo. Este también será mi caso este año. El servicio de formación permanente de la Facultad organiza sesiones y responde a pedidos de diversas instancias. En este campo la jubilación no entra en juego. Finalmente las tesis en curso en el momento del retiro son llevadas a término por el jubilado. Actualmente tengo 3.

(Tomado de Religión Digital, 29/11/10)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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