Inaceptable intromisión del poder civil

Me ha  llamado la atención una noticia que leí hace unos días en el “Imparcial”.  (Era procedente de las islas Baleares y aseguraba que para promover el catalán, ¿o será el mallorquín?, se regularía de modo preceptivo su uso en las webs,, en la sanidad, en el deporte y, he aquí lo soprendente, increíble e inesperado, en el número y horario de misas preceptuadas. Supongo que se trataría de una de esas meteduras de pata que tanto abundan hoy entre el gremio periodístico.

Porque no es inteligible que en el siglo XXI el poder civil pretenda dictar normas sobre el cómo de la celebración de la Eucaristía. E imagino que el obispo de Mallorca, como signo de libertad y autonomía, prohibiría, en ese supuesto, hasta nuevo aviso, las misas en la noble lengua de Ramon Llul. Esa es otra, en lo que me alcanza, la obra del fraile mallorquín constituye una de las primeras y más excelsas obras escritas en lo que  después algunos se empeñarían en llamar catalán.

La insensatez y falta de sentido común impregna y desdora, por desgracia, los excesos nacionalistas, si es que haya que esperar a que se produzcan éstos para que aparezcan aquellas. No quiero pensar alegremente que el nacionalismo periférico, y entiendo por éste el que no es ejercido hacia una patria asentada y aposentada hace siglos, sino hacia partes o partículas de territorios de estados consolidados, sea, a fortiori, fuente de obnubilación y de pérdida del sentido de las cosas. Pero los hechos parecen confirmar que la inclinación nacionalista visceral produce efectos alucinógenos en las neuronas.

El nacionalismo, aun el central y de naciones centenarias, como España, o Francia, o Alemania, etc., ha sido el gran y mayor causante de guerras y de contiendas. A la vez que nos lo han vendido como el valor más sagrado, noble y digno entre todas las identificaciones que uno podría vivir. No lo creo así, y me parece que ya es el momento de exigir que nos dejen ser personas antes que españoles, o franceses, o alemanes, y no digamos, antes que catalanes, vascos o corsos. No que éstos no puedan tener carta de ciudadanía, sino que aquellos engloban a esas y otras muchas identidades, como castellanos, o andaluces, o navarros, o bretones.

Es, de cualquier modo, inaudito, que cualquier tipo de normativa civil pretenda marcar la pauta, la que sea, todas son inaceptables, en las celebraciones litúrgicas de la Iglesia. Y menos el idioma en el que se desarrollen, tema cargado, en España, de profundas y polémicas divisiones de tipo político. Como es inaceptable que por causas semejantes, de índole y origen político, presbíteros de la Iglesia prefieran emplear una lengua no dominada por todos los miembros de la asamblea, aunque sean unos pocos. Dando a entender que la afirmación identitaria es más iportante que el acceso y comprensión de la palabra de Dios. Opino que se nos pedirán cuentas por éstos y otros abusos de autoridad, y por el desprecio que implican a nuestro ministerio, católico y universal,en aras de un sentimiento identitario por  lo menos discutible.

Jesús Mª Urío Ruiz deb Vergara

4 Responses to “Inaceptable intromisión del poder civil”

  1. Ramon Llull acaba en LL y escribió, por supuesto, en catalán. El mallorquín no existe, se trata del catalán. Primero, se informa uno; después, escribe. La ignorancia de los españoles es muy atrevida… y la de los curas, ni te cuento…

  2. Toni:
    Imagino que la ignorancia la harás extensiva a “todos los españoles”, y tú no me pareces ni frances ni alemán. Pero no quiero entrar en polémicas. Sí quiero recordar que una cosa es ignorancia y otra, duda. No pontifico sobre las lenguas españolas, por eso pongo lo de ¿”o será mallorquín”? entre interrogantes. Hay muchas opiniones sobre si el valenciano, por ejemplo, es o no es lengua o dialecto diferente del catalán, o si éste lo es del valenciano. Evidentemente, no acepto dogmatismos, tampoco de los que sin género de dudas afirman que el catalán fue el primero, y abarca todos los demás. Desde luego en tiempos de Ramón Llull Mallorca pertenecía al reino de Aragón, y no sé si llamarían a su lengua con la denominación de una región que no era ni reino, ni de la que nunca dependió. Puede ser que no la llamaran de ninguna manera, sino que simplemente la empleasen. Desde luego no soy perito en estos temas. Lo que sí sabemos, porque lo vemos todos los días, es que no merece la pena politizarlos y hacer de ellos un motivo de encono. No tengo ningún reparo en aceptar humldemente que la lengua en que escribió Raimundo Lulio (ahora lo pongo en castellano) su “Obra Magna” era el catalán. Pero sigo invocando el derecho a la duda, sin ánimo de ofender.
    Gracias por tu ambable corrección.

    El Areópago

  3. Yo no voy a hablar de ignorancia, prefiero reconocer la sabiduría de este cura: Jesús Mari. ‘Leído’, en el sentido de culto, y ‘leído’ a diario, por los que gustosamente seguimos su blog.

  4. Susana:
    Gracias, no puedes ser neutral conmigo porque eres mi amiga, cosa que agradezco, y lo considero un don de Dios.
    Un abrazo.
    Jesús Mari

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