Dedico mi artículo 500 a mi amigo Lorenzo, poeta, desdentado y medio panteísta.

Paseo marítimo de LLanes (Asturias, "paraíso natural")

Paseo marítimo de LLanes (Asturias, "paraíso natural")

Este es mi artículo número 500 en este blog de 21rs. Se lo dedico a Lorenzo. Hoy lo he conocido, en un pequeño pueblo de los alrededores de Madrid, llamado no sé por qué, Sevilla la Nueva. Estaba comiendo con unos amigos en un restaurante de cuyo nombre no me acuerdo, solo recuerdo de él que estaba instalado en una especie de terraza acristalada, como un pabellón que avanzaba hacia la calle desde la pared del edificio. Unos estores protectores matizaban la blanca y fuerte luz que el sol proyectaba en los cristales.

Había cinco mesas ocupadas, y le gente conversaba discreta y educadamente en un susurro agradablemente respetuoso. De pronto el sonido de una gaita indudablemente asturiana ha roto el suave runruneo musitado entre labios por los comensales, y alguien ha preguntado -¿tenéis hilo musical con Asturias?- Y el camarero, -¡qué va!, es Lorenzo con su aparato super sofisticado de última generación.

Entonces miramos a la mesa que nos señala el camarero con su mirada un tanto aviesa, como que no le hiciera mucha gracia que el tal Lorenzo interrumpiera el tranquilo sosiego de los comensales. Dos de las amigas con los que compartía mesa y comida han vivido una treinta y cinco y otra veinte años en Asturias, en Oviedo, más exactamente. Yo visito el principado siempre que puedo, unas dos o tres veces al año. Así que hemos preguntado a Lorenzo, -“¿qué, es asturiano, y está matando el gusanillo con las canciones de la tierrina?”-“Sí, soy de Llanes, el lugar más bonito de Asturias”-  

Me he acercado a su mesa y he iniciado, más discretamente, una charla que ha acabado en confidencia. Bajo la pinta descuidada del vestir, sin llegar a desharrapado, desdentado, pero sonriente y sin complejos, me ha ido desgranando, confiante y solícito, su sorprendentemente rica y azarosa vida. Es un enamorado de su tierra, del paisaje risueño y verde, que le llena de esperanza y energía vital, me dice. El trabajo lo ha desplazado hasta Madrid, donde vive en el piso de sus padres en Vallecas. -¡”Mira qué coincidencia”!-, digo, -“soy párroco de una parroquia en Vallecas”-.

Y entonces me abre el corazón y los entresijos. Y me va confiando cómo no puede vivir en una gran ciudad, las casas se le caen encima, no ve bien el sol, ni las estrellas por la noche, y el gorjeo de los pájaros suena como asustado, como si volaran con prisas y estresados. El trabajo, del que no se puede quejar, pues le hace posible vivir con una más que razonable calidad de vida, lo tiene secuestrado en Madrid, pero encuentra en su móvil hipertecnológico, de no sé cuentos cientos de gigas, su amigo, confidente y colborador para contemplar, oír y sentir su “paraíso natural” asturiano.

Vive sólo, pero el recuerdo emocionado, con frecuencia palpitante y envolvente, de su tierra, de sus montes y laderas frondosas, de sus comidas sabrosas y fieramente suculentas, que me describe, y hasta recomienda dónde poder disfrutarlas, de su mar enrabietado o dulce (-“¡he visto saltar olas de más de once metros por encima del alto paseo marítimo de Llanes!”-), no sólo lo consuela, sino que le hace vivir con entusiasmo, y agradecido a la vida, a la belleza de las cosas y de sus imágenes interiores, y hasta, me ha confesado entre ruboroso y altivo, le hace elevarse con emoción, humildad y serena confianza al Dios que le han trasmitido y enseñado sus padres sin altisonancias, ni miedos, ni falsos moralismos.

De su charla deduzco que vive la experiencia de una especie de panteísmo sin etiquetas, que goza y disfruta de una identificación con la creación, como regalo de Dios en toda la naturaleza. Él la contempla y respeta como su hogar, su seguro, su rincón cálido y envolvente, donde los hombres, sin ruidos ni alharacas, sometidos a su grandeza, tierna pero amenazante, pueden alargar, con su arte, sus palabras y sonidos, y hasta con su inventiva y rica creatividad gastronómica, esa alianza vital y misteriosa que es el origen, el medio y el fin de la existencia equilibrada. Me ha hecho pensar Lorenzo, y he adivinado, entre su sonrisa desdentada y sus palabras precisas y certeras, un profundo equilibrio vital, casi cósmico. Y me ha recordado, una vez más, los tesoros que esconden las gentes sencillas, sin apariencias de grandezas, ni gestos gastados por la mentira o la hipocresía social. ¡Gracias, Lorenzo!

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara  

2 Responses to “Dedico mi artículo 500 a mi amigo Lorenzo, poeta, desdentado y medio panteísta.”

  1. ¡TAntos Lorenzos en nuestras vidas¡ Gracias por acercarnos al de Asturias´, tú tienes el olfato que ayudar a conectar con la vida. Gracias por tu 500 soplos. Pepe Losada.

  2. Losada:
    Gracias por tu amable incentivo. Un abrazo.
    Jesús Mari (Areópago)

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