¡Me ha tocado el reintegro,Feliz Navidad!

Me conformo con poco. Frecuentemente, en la vida, aspiramos a mucho, tal vez a todo, y, generalmente, nos conformamos con poco. Yo estoy tan contento con mi reintegro, y me digo, ¡menos es nada, y me quedo con lo puesto”.

No siempre nos pasa esto en nuestro sufrido devenir. Nos afanamos, gastamos energías, y se nos van muriendo las ilusiones, el cansancio nos agota, y damos gracias a Dios si no se nos presenta esa incómoda visita de la depresión. No siempre estamos seguros, como Pablo, de “no correr en vano”. Pocas veces tenemos la sensación de que nuestras inversiones vitales producen el fruto deseado, y, lo que es más desanimante, no existe ni tan siquiera el mecanismo del “reintegro” para recuperar nuestros capitales expuestos. Así que éstos se nos acaban, y tenemos la penosa experiencia existencial de ir quedándonos, poco a poco, desnudos, conforme la vida avanza y no la podemos sujetar.

Esta sensación de empobrecimiento vital, de exhaución interna e imparable, debe ser inherente, y lo más propio y característico del envejecimiento. Y no sé en otras ocupaciones. Pero en la nuestra, me refiero a la pastoral sacerdotal (no me gusta lo de “sacerdotal” aplicado sólo a los presbíteros, a los clérigos, pero no tengo otra palabra suficientemente explicativa a mano), es especialmente lacerante eso de  no saber casi nunca el resultado de nuestros afanes. Aquello de “uno plantó, otro regó, y otro recogió el fruto”, mientras Dios actúa, es magnífico para la aventura de la Fe, pero horrible para los resortes de la seguridad psicológica. Y si a eso sumamos el actual descalabro, en términos constatables, de nuestra cansina actividad pastoral, queda completado el cuadro de inevitable optimismo que nos invade.

Este sentimiento, que no sé si lo tienen esos seminaristas y curitas jóvenes tan bien aseados y lustrosos con sus atuendos prematuramente clericales, se nos hace especialmente fuerte y penoso a los que estudiamos teología y nos ordenamos en los días de esplendorosa esperanza del Concilio Vaticano II. ¡Cuánta ilusión y cuántos sueños convertidos en humo en un desesperante proceso de desfiguración, cuando no destrucción, de las ideas y directrices del Concilio!

Y sin embargo, en el trabajo en, y por, el Reino, sí que hay reintegro en el banco que nos lo remunera. Y mucho más. El ciento por uno de cada uno de nuestros afanes, desazones, decepciones, y también alegrías y sonrisas en la laboriosa, pero ilusionante, tarea de la implantación del Reino de Dios entre los hombres. Y lo del ciento por uno es una tímida aproximación. Es el mil, el millón, el todo por uno de la Gracia y de la Bendición de Dios. El sí que nos reintegra nuestro gasto y nuestro riesgo.

Así, que, con toda la carga de sufrida y manida nostalgia de estos días, sí que os deseo Feliz Navidad a los que nos atrevéis a dedicarme unos minutos al día. Gracias, y que el Señor os pague con su millonaria generosidad, mucho mayor que los premios insignificantes de la lotería.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

3 Responses to “¡Me ha tocado el reintegro,Feliz Navidad!”

  1. Siempre que sembramos recogemos, aunque, a veces, no nos lo creamos y nos pueda el desánimo.
    ¡¡¡¡Feliz Navidad!!! y gracias por “tus regalos”

  2. No es que yo esté precisamente sobrado de entusiasmo para dar palmaditas, pero creo entender lo que sientes y quiero recordarte lo de los vasos comunicantes, que en el caso de la Iglesia, van por debajo, no se ven, ni casi se sienten; pero existen. Cuanto siembras lo haces desde la honestidad y también desde un saber y una experiencia no tan común.Lo haces bien y creo que cuantos te seguimos te lo agradecemos, porque tus palabras sirven para repensar desde una “adultez” humana y cristiana.Feliz Navidad.

  3. Iruña y Mª Lledó:

    Gracias por vuestras líneas. No es que yo estuviera ayer especialmente pesimista, más bien pienso que friamente “racional”. El estado actual de nuestra pastoral no me deprime “subjetivamente”, no, ni me quita el sueño. pero la situación general de la Iglesia, en su escalón más alto, es decir, en la Jerarquía, es, o la veo, para ser más exacto, como la describo.

    Gracias, y Feliz Navidad.

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