¿La “santidad” se demuestra con milagros?

imagesCA3VQY3LDicen que el organismo competente para eso en la Iglesia ha aceptado, como tal, un milagro supuestamente realizado por Juan Pablo II. Y se anuncia que su beatificación está cerca. Milagro, milagro, lo que se dice milagro, es decir, un fenómeno que salte las leyes de la naturaleza, o que establezca una excepción entre ellas, sería lo mismo que una contradicción de Dios consigo mismo, de Dios creador contra el Dios misericordioso; de Dios, supremo legislador del cosmos, contra el Dios apologeta de tal personaje, para que todos contemplemos, sin género de duda, su predilección, la de Dios, por dicho elegido. ¿Qué queréis que os diga? A mí no me va.

Que Dios puede, es indudable. Que Dios hace todos los días milagros, que es una maravilla contemplar ya, en pleno invierno, como los pámpanos de los chopos de mi jardín están ya a reventar; que “volverán las oscuras golondrinas con sus trinos los días a alegrar”; que se sea posible lo que era la cosa más misteriosa para mí de niño, que los astros, tantos, tantos billones de masas enormes y monstruosas, no se choquen; que el complejísimo y delicadísimo engranaje del cuerpo humano no se desajuste; en fin, que milagros de Dios los vemos a todas horas. Pero de los otros milagros, que el Evangelio llamaba “signos”, a mí me cuesta hablar, creer y aceptar. Sobre todo si la promoción a la santidad oficial entra, como ha entrado últimamente en la Iglesia, en el capítulo de la burocratización y de la utilización partidista e interesada.

Me resulta un poco complicado meterme en este terreno movedizo, pero lo  haré apelando por enésima vez al espíritu, a la filosofía y al ideario de este Areópago. Comenzaré por recordar que todas las culturas y todas las religiones han exaltado a sus miembros más distinguidos, heroicos o virtuosos, atribuyéndoles el don y la capacidad de realizar actos extraordinarios y portentosos que superaban, ampliamente, la normal capacidad de sus conciudadanos o correligionarios. El culto al héroe, fuese cual fuese el sentido de su heroicidad, está acendrado en la memoria colectiva de todos los pueblos.

Los primeros cristianos, son su larga lista de mártires, sobre todo en Roma, comenzaron a celebrar también a sus miembros distinguidos por el martirio. Y ese proceso tuvo la ventaja de que no había que esperar ningún “milagro”, bastaba la heroica defensa de la fe ante los ojos de tantos testigos. En la Edad Media, tan proclive a hechos fantásticos y portentosos, se fue introduciendo otro tipo de requisitos para la proclamación de la Santidad, si bien el específico de la realización explícita de algún milagro fue introducido muy tarde. Era más importante el consenso, o la proclamación, a veces la ruidosa aclamación, de los fieles.

Yo me pregunto si, teológicamente, a pesar de los prejuicios que ya tenemos todos formados a su favor, es aceptable la intervención de Dios por intercesión de algún futuro beato o Santo, con cuya aportación divina los humanos saldríamos de dudas sobre la excelsitud de la “santidad” del protagonista de la acción. Y pongo “santidad” entre comillas porque ya sabemos que Santo, Santo, sólo uno, Dios. Todos los demás, por participación de esa santidad divina, por la adopción filial por el Bautismo. Y cuanto más se haya distinguido una persona en su vida, con actos y palabras que sean reflejo de la santidad, de la “otreidad”, de la transcendencia de Dios, más digno sería de ser proclamado como “especial partícipe” de esa santidad divina. Lo que no puede admitirse, porque para mí es una negación del concepto bíblico de Santidad, es la apelación a “virtudes heroicas”, algo que nos llevaría directamente al mundo de la moral o de la ética, que, aunque así nos hayan acostumbrado, nada tiene que ver con la Santidad.

 (Como está resultando muy largo, mañana continuará)

 Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara             

 

One Response to “¿La “santidad” se demuestra con milagros?”

  1. Los signos son para identificar que el Reino ha comenzado:
    “Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis.
    Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.” (Mateo 11, 4-6)
    El Reino es el ‘cómo’ se llevará a cabo la salvación, que ya ha sido culminada por Cristo y en donde todos seremos santos en, con y por Él.
    La ‘entresaca’ de santos, del total, obliga a interpretarlos como árboles separados, en vez de como un bosque o un paraíso.
    La santidad, será para todos, es el plan de Dios, y el es el Santo que nos hace santos.

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