Otra Iglesia es posible (II)

Vemos, pues, que la Iglesia necesita, de vez en cuando, dar un golpe de timón a sus viejos mecanismos y estructuras para ponerlas al día, renovarlas, o simplemente, eliminar las obsoletas e introducir nuevas, o aprovecharlas las ya existentes después de una profunda renovación. Y apreciamos, también, cómo en la cúpula de la organización eclesial, concretamente en la Curia Vaticana, no es raro se den resistencias, pasivas, pero también activas, a las mudanzas propuestas. Éstas no son vistas como necesarias por los altos dirigentes, sino más bien como improcedentes, a veces como imprudentes, y en algunos casos como arriesgadas y peligrosas para la comunidad eclesial.

Esa visión y esa postura curial no suele ser objetiva. La Historia nos demuestra que los cambios y las reformas en la Iglesia se hacen algunas veces imprescindibles. La peligrosidad que los más altos mandatarios eclesiásticos aprecian en ellos afecta, normalmente, a su posición de poder y privilegio, más que al funcionamiento y estructura de todo el cuerpo de la Iglesia. Por eso no es de extrañar, sino al contrario, es de lógica elemental, que surjan impedimentos y palos en las ruedas de las reformas desde los despachos de los más altos jerarcas de la Iglesia. No adelantan nada las lamentaciones escandalizadas. Eso sería desconocer el apego que los humanos solemos demostrar al poder y al mantenimiento de los derechos adquiridos, aunque más que de esto se trate de privilegios y prebendas no debidos.

Lo que he descrito en los dos párrafos anteriores se ha dado, y está actualmente sucediendo, en relación al último gran acontecimiento reformador en la Iglesia, el Concilio Vaticano II. Los dos últimos papas, Juan Pablo II y Benedicto XVI, no se han cansado de exaltar el espíritu conciliar, así como los cardenales y los miembros más destacados de la Curia, mientras los hechos desmentían, y desmienten, esos pronunciamientos de lealtad y fidelidad al gran Concilio convocado, este sí reformador, por Juan XXIII. A propósito, ¿se puede entender que no haya ningún movimiento ni iniciativa para elevar a los altares a un hombre de tan alto calado humano y cristiano, y tan evangélico, libre y valiente en la imitación del Maestro de Nazaret? Sí, se puede entender y se entiende perfectamente.

El libro  cuyo título ha dado pie a este artículo reflexiona sobre la Iglesia actual, y ve en su progresivo abandono del Concilio Vaticano II la principal causa del fracaso y del desapego a las líneas predominantes en la Iglesia de hoy, más ideológicas y moralistas que verdaderamente pastorales, por parte de un número cada vez mayor de fieles, incluso de personas practicantes e interesadas en la vida de la comunidad eclesial. No cabe duda de que dentro de la Iglesia, si exceptuamos a los movimientos que sabemos, se da hoy un profundo sentimiento de malestar y de desánimo. Y me refiero no a los esporádicos, sino a los asiduos y más responsables miembros de las comunidades parroquiales.

Hay una larga lista de temas importantes y decisivos que se propusieron en el  Concilio, o se quisieron plantear, y que la Curia, durante o después del mismo ha conseguido bloquear. Enumeraré algunos de las más importantes: la colegialidad episcopal, y derivada de éste, otro sistema de elección de los Papas; la progresiva desclericalización del cuerpo eclesial; la reforma litúrgica, adaptada a los tiempos y lugares; la adopción valiente de actitudes favorables al Ecumenismo; una profunda reforma de la Curia vaticana; la revisión del carácter temporal y político del Estado del Vaticano; la revisión del papel de los nuncios y de toda la diplomacia vaticana; la elección de los obispos; la decidida puesta al día de los institutos de Vida consagrada; el sitio y la misión de la mujer en la Iglesia; la progresiva presencia de los laicos en la administración y liturgia eclesiales, a nivel de Iglesia universal y local; la importancia del carisma de teólogos y biblistas en la vida de las comunidades eclesiales y en la planificación pastoral. Y un largo etcétera.

Y, ¿qué hemos visto y vivido? (Sigo en esta presentación el mismo orden de las propuestas conciliares del párrafo anterior): La cada vez mayor “papalización” y un mayor sometimiento episcopal a los vientos romanos; una gerontocracia endogámica en la elección del Papa; la intensa y excesiva clericalización desde el seminario, en indumentaria y actitudes; una liturgia retroactiva, casi medieval, con la comunión de rodillas y en la mano, y venias y quita y pon de mitras y solideos, y unas homilías farragosas, ideológicas y poco litúrgicas, sin tener demasiado en cuenta la Palabra; insistencia desmedida, por Juan Pablo II, en la devoción a la Virgen, y aluvión de beatificaciones y canonizaciones, algunas con muy poca significación para la Iglesia Universal, (ambas cosas, muy poco favorables a un serio y sincero Ecumenismo).

Y hay más, (sigo el mismo orden): unas timidísimas y superficiales reformas de la Curia Vaticana, con la continuidad de un clericalismo fuera de lugar, con arzobispos y obispos para puestos meramente burocráticos; ni señal de una planteamiento para estudio del carácter del Estado del Vaticano, ni de la progresiva desaparición de los nuncios; una elección dedocrática, monocorde y monoforme de los obispos; una “marcha atrás”, hacia posturas paleolíticas,en la reforma de algunas órdenes, véase el caso de las carmelitas de la Madre Maravillas, o el puenteo de las Clarisas en el caso de Lerma; la ¡estruendosa presencia! de la mujer en las eucaristías papales y episcopales; la presencia de laicos en los altos puestos simplemente administrativos de la Curia Vaticana, o en las curias locales; y, para acabar esta enumeración, la masacre despiadada de teólogos, biblistas y moralistas en los dos últimos pontificados.

¿Alguien puede dudar todavía de que no sólo está habiendo una actitud defensiva contra al Vaticano II, sino más bien una programada acción de eliminación y de olvido, como si no hubiera sucedido? La disculpa oficial es que en la aplicación de las reformas conciliares hubo muchos abusos y algunos se pasaron un montón. No hay más que echar una ojeada para ver que por el otro lado la exageración y la falta de apoyo han sido mayores. Un ejemplo, de los más usados para frenar los “abusos” pos-conciliares, el de la Liturgia:  Si uno contempla una Eucaristía celebrada por un joven sacerdote de finales de los sesenta, con pantalón vaquero, una simple estola, y todos alrededor del altar, con guitarras y pan normal para comulgar, y la compara con la celebración de la misa solemne desde la basílica de San Pedro, ¿en cual de los dos casos hay mas desvío de la cena del Señor, tal como nos la cuentan en los Evangelios, y en los documentos de la Iglesia primitiva? Pues eso.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara           

7 Responses to “Otra Iglesia es posible (II)”

  1. Tu descripción de los hechos y del panorama actual creo que es desgraciadamente realista.Has citado una situación singularmente dolorosa para mi.Tengo también la impresión de que somos muchos los que sopesamos la situación con desilusión y de que nuestro sufrimiento callado no es nada despreciable.Seguimos creyendo en esta Iglesia sufriente y trabajamos oportune et inoportune, confiados en que a la postre el Espíritu abra un nuevo horizonte de ilusión en esta Iglesia derribando muchos caballos al modo de Saulo.

  2. Jesús María:

    Soy un lector asiduo de tu blog, y me gusta bastante. Pero creo que deberías plantearte que ha traido el hippismo sesentero a la Iglesia. Hoy ningún joven se acerca a una Iglesia de esas de los años sesenta. Se ha pasado de moda, igual que se pasan de moda un montón de cosas temporales. Pero para eso está la Iglesia para lo eterno. Creemé que la gente joven se acercará antes a una misa tal como está en el Vaticano que en una iglesia de guitarras pasada de moda. Lo he comprobado con gente de 25-30 años. En fin, creo que seguir con planteamientos sesenteros-setenteros están desfasados. El Vaticano estará desfasado, pero al menos su desfase es de siglos y aunque sólo sea en lo estético, está a años luz del hippismo trasnochado.

    Sin acritud, y ánimo con este blog.

  3. No me extraña en absoluto el planteamiento que haces, Djbuchu. Yo tambien pienso no poco sobre ello porque me afecta muy de cerca ver a jóvenes que distan mucho de mis propios planteamientos intraeclesiales.
    No me parece acertado la denominación que haces del proceder eclesial en el postconcilio, al que denominas “hippismo”.Sin acritud alguna,me temo que se debe a un total desconocimiento de aquella primavera.Sin embargo reconozco que actualmente la juventud no se contagia de aquel entusiasmo y yo también constato en mi entorno de ciudad que la juventud prescinde oilímpicamente de cualquier forma religiosa o se apuntan a grupos neoconservadores.
    A mi me parece que esto se debe, sin querer profundizar, a estas tres razones entre otras posibles de mas a menos, segun lo que yo observo:
    1ª.-Bastante ignorancia en el tema de la fé en y de la Iglesia.Creo que puede darse pietismo y fervores pasajeros, pero no veo una fé recia comprometida con la realidad actual
    2ª.-Buscar seguridades tambien en lo religioso. Es más cómodo que me lo den hecho, que bucear en un discernimiento personal la conducta a proceder en tantos temas que afectan a la persona en distintos ámbitos.
    3ª.-Hay una corriente conservadora a nivel socio-político al que suele unirse también lo religioso.

    Agradecería que el blogger tratase este fenómeno. si él coincidiera con esta percepción.

  4. Djbuchu: Como no sé cómo te llamas te llamaré “actual”, para diferenciarte de los jóvenes de los sesenta-setenta. Me ordené presbítero el año 1968, poco después de acabar el Concilio, al que seguimos paso a paso en nuestros estudios de Teología. Trabajé con jóvenes en Brasil, Sâo Paulo, de entre 18 y 25 años, todos ellos universitarios o trabajadores especializados. Un encuentro con 50 muchachos-as cada dos meses. Seis al año, 1.200 al año, durante los 7 años seguidos que estuve en aquella parroquia. Hice las catequesis neocatecumenales, y fui catequista itinerante, catequizando 27 comunidades nuevas. Hoy, a día de hoy, año 2011, en esa misma parroquia, Sta. Margarida Mª de Alacoque, siguen las comunidades neocatecumenales, con una catequesis anual, en la que entran unos cuatro o cinco jóvenes de la edad que te he citado más arriba. Pregunto, ¿dónde están los 1.200 de antaño? De esa misma parroquia vendrán, ya me lo han confirmado, al encuentro con el Papa en Madrid, entre 80 y 100, que ya está bien para una sola parroquia desde Brasil. Y muchísimo menos de otras parroquias del mundo que tienen movimientos como neocatecumenales (kikos), opus, legionarios, focolarinos, comunión y liberación, etc. Aun si se juntan los dos millones que esperan, con mucho, muchísimo optimismo, ¿qué son, subiendo la edad hasta los 30 años, y van a venir y llamar jóvenes hasta los cuarenta, como un amigo de esa parroquia que te digo que va a acudir, y otros más entre los 35 y 40 años, para los 180 ó 200 millones de gente de esa edad, sólo entre católicos? ¿Y aquellos 1.200 de antes, y sus correspondientes en otras parroquias del mundo entero? No es verdad, “actual”, que los jóvenes de hoy prefieran esas liturgias solemnes y hieráticas, que nada tienen que ver con la cena de Jesús y los primeros cristianos. No les gusta, y por eso, entre otras cosas, han abandonado poco a poco el culto católico. Todavía hay muchos encuentros y convivencias, yo he hecho varias en los últimos diez años, con los jóvenes alrededor del altar, y cantando con guitarras. A mí también me gusta más la música del órgano para la liturgia, pues tengo la carrera de piano y órgano. Pero en la cena del Señor no había ni una cosa ni otra. Y mucho menos una capilla sixtina. Pero de cualquier modo, “actual”, te pido que no llames al movimiento maravilloso posconciliar de los setenta, “hippismo”, no porque tenga nada contra los “hippis”, sino porque era una cosa mucho más seria y de profunda espiritualidad.
    Otra cosa, no sé qué jóvenes conoces, pero no deben de ser los de Vallecas, donde está mi parroquia.
    Gracias por leer mi blog y por interesarte por estos temas.
    Jesús Mari (Areópago)

  5. Hola de nuevo Jesús Mari:

    Gracias por tu contestación, me gusta tener otros puntos de vista. Perdón si he ofendido con el termino “hippismo”, no era mi intención. Realmente no he profundizado mucho en esa época del post-Concilio, así que tampoco conozco mucho. Intentaré leer sobre ello para así poder comprender tu forma de pensar sobre la Iglesia. Yo ya nací en otra generación, que practicamente no le interesa la Iglesia. Respecto a jovenes, soy madrileño, y me he movido en un montón de ambientes: Okupas, izquierda,etc… No he pisado en mi vida un movimiento conservador de la Iglesia (los respeto), ni ningún movimiento de Cristianos de Base (los respeto). Yo soy un simple pecador que va a Misa, así que no se me puede tachar de ningún movimiento de ningún signo. Creo que todos somos católicos y que debemos luchar por una única Iglesia.
    Mi opinión es que rebajar todo el mensaje cristiano a un “buenismo” no ha añadido nuevos fieles a la Igleisa. Mas bien lo contrario, la gente lo ve como algo ñoño. Al menos, los jovenes que conozco, bastante normales y lejos de los movimientos. La gente de nuestro tiempo tiene una crisis existencial por el nihilismo de la sociedad. Y ahí, es donde la Iglesia tiene la respuesta. Creo que eso es el salto que le falta dar a esta Iglesia de hoy en día.
    Porque la cuestión social es importante en la Iglesia, dar de comer al necesitado y demás. Pero a veces, también parece que se olvida, que el necesitado no sólo es el que tiene hambre. Si no, los que sufren el nihilismo de esta sociedad, que por desgracia somos todos.
    Respecto a la liturgia, nada que añadir, prefiero cien millones de veces un canto gregoriano al “alabaré a mi señor”. Pero, eso son gustos personales.

    Sigo su blog, y un gran saludo.

  6. Hola,”actual”:
    Tienes razón, la respuesta al nihilismo que vive la sociedad actual está en la comunidad de los seguidores de Jesús. Empleo esta expresión para que no suceda que al decir “en la Iglesia” se entienda en la jerarquía. Las respuesta a los anhelos del ser humano está en la Palabra de Jesús, en el Evangelio, y en el propio Jesús, en el como Palabra, logos, y el El como Jesús, salvador. El Señor Resucitado es la causa y la razón de nuestra alegría y de nuestra Esperanza. Te sugiero que leas, a este propósito, mi entrega de hoy en el blog sobre la película “De dioses y de hombres”.

    En lo que tienes el 100% de razón es en lo de “Alabaré, alabaré”. Este es un canto carismático de nula calidad, como muchos. La música en la liturgia, aqui en Madrid, es penosa. Tenías que oír cómo cantan en mi pueblo, Olite, Navarra, y en general por aquellos lados. Toda la comunidad; el coro lo hace cuando le toca, para dar más agilidad y diálogo al canto. No me gustan nada las celebraciones en que un coro “contratado”, de fuera, canta en exclusiva. Además lo suelen hacer bastante mal. Desde luego, mucho peor de lo que cobran.

  7. Hola,”actual”:
    Tienes razón, la respuesta al nihilismo que vive la sociedad actual está en la comunidad de los seguidores de Jesús. Empleo esta expresión para que no suceda que al decir “en la Iglesia” se entienda en la jerarquía. Las respuesta a los anhelos del ser humano está en la Palabra de Jesús, en el Evangelio, y en el propio Jesús, en Él como Palabra, logos, y en Él como Jesús, salvador. El Señor Resucitado es la causa y la razón de nuestra alegría y de nuestra Esperanza. Te sugiero que leas, a este propósito, mi entrega de hoy en el blog sobre la película “De dioses y de hombres”.

    En lo que tienes el 100% de razón es en lo de “Alabaré, alabaré”. Este es un canto carismático de nula calidad, como muchos. La música en la liturgia, aqui en Madrid, es penosa. Tenías que oír cómo cantan en mi pueblo, Olite, Navarra, y en general por aquellos lados. Toda la comunidad; el coro lo hace cuando le toca, para dar más agilidad y diálogo al canto. No me gustan nada las celebraciones en que un coro “contratado”, de fuera, canta en exclusiva. Además lo suelen hacer bastante mal. Desde luego, mucho peor de lo que cobran.

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