Otra vez a vueltas con el matrimonio y el “portavoz” de los obispos: mucha crítica, pero ¡poca autocrítica!

boda_iglesia[1]Tengo miedo de que algunos de mis lectores opine que este tema es ya, en mí, reiterativo. Y puede que así sea. Pero me atrevo a indicar algo obvio, el que reitera es el portavoz de la conferencia episcopal, el jesuita excepcional en el orden de las cosas de la compañía en España. ¡Otra vez metiendo caña en el matrimonio civil, y, como casi siempre, en los demás. Nunca la actitud valiente de entonar el “mea culpa”. Éste sólo en la liturgia, y de manera formal. Pues bien, yo me autoacuso, y nos acuso, a los presbíteros y obispos, más a éstos que a aquellos, pues las normas no dependen de los curas, de hipocresía y de mal hacer en el caso de los matrimonios canónicos. Me explico:

Que levante la mano el cura que pueda afirmar que ninguno de los matrimonios cuya boda presidió se ha separado, o divorciado por lo civil. Incluso estamos  hablando de parejas “seleccionadas”, miembros de nuestros grupos de jóvenes, con bastante claro conocimiento de causa, y aceptable y razonada aceptación de la importancia y sacralizad del sacramento del matrimonio cristiano. En el sentido de signo del amor de Dios por la humanidad, y de Cristo por la Iglesia. En el sentido de la frase de Pablo, “este es un gran misterio”. Refiriéndose al amor entre los esposos como signo de ese inmenso amor.

Ahora pregunto: ¿alguien podría asegurar que tan siquiera el 20% de las parejas que se casan por la Iglesia están al tanto de un mínimo de las ideas y sentimientos que he expresado en el párrafo anterior, y que son elementales para poder hablar de verdadero sacramento? Creo que he sido excesivamente generoso con lo del veinte por ciento. Siempre he defendido que en los cursos de novios deberíamos intentar convencer a los que no practican, ni saben, ni se interesan nada por las cosas de la Palabra de Dios y de los sacramentos, que proporcionan la “auténtica presencia de Cristo” en medio de nosotros, que los convenzamos, digo, a que no se casen por la Iglesia. Quiero recordar a mis colegas presbíteros en momento solemne de nuestra ordenación en que nos dijo el obispo “te hacemos dispensador de los misterios de Dios, mira bien cómo los dispensas”. Y en el Derecho Canónico llegó a haber pena de excomunión para los que exponen conscientemente un sacramente a nulidad.

Los curas sabemos, y los obispos supongo que también, o tal vez no, ocupados en otras cosas muy importantes de alta política eclesial, que una gran mayoría de parejas se casa por la Iglesia por la belleza, o eso piensan, de la celebración en sí. Especialmente a las novias les (¡non las, por favor!) priva primero el sueño de su boda vestida de blanco –“¡blanca y radiante va la novia!” -, y después la realización de ese sueño. Y nosotros, los ministros de la Iglesia, y los obispos, Sr. Camino, colaboramos con ese engaño y esa transformación de una celebración sacramental en un acontecimiento social y en un evento que se va convirtiendo, poco a poco, en un monumento a la frivolidad y a la fiesta del consumo. Y por eso se van apoderando de él fotógrafos, floristas, pseudo músicos, y una galería de “profesionales” que ni piensan en cristiano, ni en sacramento, ni siquiera lo sospechan. Y nosotros somos conniventes con esta absoluta falta de respeto, casi profanación, o sin casi, de un signo sacramental maravilloso, como canto al amor humano y al amor de Dios.

Ahora se está poniendo de moda la contratación de un equipo o empresa que se encarga de arreglar todos los aspectos “logísticos” (¡oh, palabreja ésta que igual sirve para un roto que para un descosido!) de la boda. Incluso se dan tentativas de “arreglar” los papeles, y se extrañan, alarman y desorientan cuado se les comunica que la presencia de los novios en lo que ellos llaman “papaleo” es necesaria para poder firmar sus declaraciones previas a la celebración de la boda. A pesar de los cursos de novios da la impresión de que éstos no se enteran demasiado. Del aspecto sacramental, desde luego, nada. Desafío a quien quiera a hacer la prueba el mismo día de la boda o unos días antes.

No se si se habrá notado, pero he escrito estas líneas indignado. Continúo preguntándome por qué aceptamos tantas bodas de personas sin la más mínima implicación en la comunidad cristiana, y sin ninguna perspectiva razonable de que esa situación dé un vuelco. Y también me pregunto por qué, cambiando las orientaciones pastorales que se dieron y vivieron después del Concilio, se permite con tanta alegría celebrar la boda en parroquias  alas que no pertenecen los novios. Con ello estamos reconociendo que lo importante de la celebración no es su seriedad sacramental, que es igual se realice donde se realice, sino los aspectos sociales y estéticos de la misma. Así como también me pregunto por qué se está cobrando 600 euros, y más, por permitir esas bodas de novios ajenos a la comunidad parroquial.

¿No le parece, monseñor Camino, que tenemos suficientes motivos de reflexión y autocrítica para preocuparnos de que el acceso al matrimonio civil sea tan fácil como la compra de un móvil? Yo le rogaría, Sr. Obispo, un poco más de seriedad, y una mayor implicación en los aspectos pastorales, que son los que nos competen.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara  

4 Responses to “Otra vez a vueltas con el matrimonio y el “portavoz” de los obispos: mucha crítica, pero ¡poca autocrítica!”

  1. Hola Jesus Mari:

    Completamente de acuerdo con usted. Esto del matrimonio, se lo toma la gente como un decorado, donde las fotos quedan muy chulas.

    Un saludo de “actual”

  2. […] A vueltas con el matrimonio y el “portavoz” de los obispos: mucha crítica, pero ¡poca autocrí… blogs.21rs.es/areopago/2011/01/29/otra-vez-a-vueltas-con-…  por espeangel hace 2 segundos […]

  3. Aviso:
    no sé a qué viene esa copia del título con fecha de 30 de Enero, ni sé qué quiere decir el subtítulo que aparece debajo. Pero desconozco cómo borrarlo.
    Areópago

  4. Great, thanks for sharing this post. Cool. ventolin inhaler for sale

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