El mundo, ¿da la espalda a Dios?

El sábado, día 6, el Papa consagró cinco nuevos obispos, y en la homilía afirmó que “el mundo da la espalda a Dios y considera la fe cosa del pasado”. Esta afirmación es comprensible y razonable. Si pensamos bien lo raro sería lo contrario, que el mundo mirara cara a cara a Dios y estuviera atento a su palabra y a su voluntad. En el evangelio de San Juan el mundo aparece claramente como opuesto y enfrentado a los seguidores de Jesús, porque no conoce ni a Dios ni a su enviado, Jesucristo. 

Ni siquiera cuando el mundo parecía identificado con la causa del Reino de Dios y se vivía, en la Europa medieval, la situación de Cristiandad, las cosas eran como parecían. El mundo iba a lo suyo, y seguía estando enfrentado con la palabra y los signos de Jesús y de su Iglesia. El “mundo”, con sus pompas y circunstancias, sigue siendo mundo aunque vaya a Misa. Algo así pasaba en Israel, cuando todo apuntaba hacia Dios en un pueblo teologal, en el que el Rey eran tan “consagrado” como el Sumo Sacerdote, y en el que la Alianza con Dios era la ley de leyes, la verdadera constitución, y la pauta para las relaciones internacionales y diplomáticas.

Sin embargo, los profetas no cesaban de clamar “¡me honráis con la boca pero vuestro corazón está lejos de mí”! El pueblo Dios descubrió la verdadera dimensión social y real de la fe en Yavé cuando vivió la terrible experiencia purificadora de la cautividad y el exilio, y aprendió, sorprendido, pero por otro lado tranquilizado, que la base y el sustento del pueblo “consagrado a Yavé, pobre y humilde”, no tenía por qué ser toda la población “civil” de Israel, por decirlo de alguna manera, sino el “pequeño resto de Yavé”, el que está constituido por los verdaderos y sinceros creyentes y servidores de Dios, por los “anawim” (pobres de Yavé).

Pretender, como a algunos les gustaría, que el mundo, sus instituciones y estructuras, estén vueltas hacia Dios, su Providencia y sus designios, parece algo  imposible porque la experiencia de la fe requiere, entre otras cosas, “corazón”, porque es en el mundo interior de la persona, (eso quiere decir corazón en la literatura bíblica), donde reside el auténtico obsequio de la obediencia y la confianza en Dios. Oíamos en el evangelio de el último domingo “vosotros sois la sal de la tierra, … la luz del mundo”. No todo en la olla es sal, ni hace falta. Hay carne, patatas, pimientos, ajo, cebolla, guisantes, …y sal. La Lumen Gentium del Vaticano II dejó bien clara la idea de una iglesia “servicio” para el mundo, para la comunidad humana, y no como transatlántico único para llegar a la isla de la felicidad celestial atravesando el proceloso mar de la vida.

No importa mucho si el mundo da la espalda o la cara a Dios. Lo necesario es que le llegue la luz, y que sea salado y sazonado por la sal del “pequeño resto” de los seguidores de Jesús, que no se corrompa ni se pierda en las tinieblas.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara        

One Response to “El mundo, ¿da la espalda a Dios?”

  1. ¡Amén, Jesús! (Mari).

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