“Pacto de Competitividad”, la nueva lucha de clases

No soy economista, y supongo que la mayoría de los lectores de este blog tampoco lo sean. Pero no somos tontos. De lo que he leído aquí y allí, y de lo que oímos en la radio y la tele, he sacado mis conclusiones. El dichoso pacto para el aumento de la competitividad que propugna la Alemania de Merkel tiene todo el aspecto de constituir una trampa. Sería verdad que un aumento de la competitividad aceleraría la recuperación económica de la actual crisis si los datos que se nos dan fueran exactos. No lo son.

La competitividad, especialmente en nuestra “competición” con las economías emergentes, socialmente poderosas –mucha mano de obra, China, India-, pero laboral y sindicalmente poco desarrolladas, sólo sería posible, dicen los “ortodoxos” de la Economía que nos han llevado a la quiebra general, si las economías occidentales redujesen, o congelasen, los salarios, con lo que el producto final sería más barato, y las ventas podrían competir con las de los países emergentes.

Hay que recordar que éstos no poseen, o no poseían, tecnología suficiente para producir bienes de equipo y productos de alta tecnología. Pero las grandes empresas multinacionales se han encargado de resolver este déficit, trasladando a esos países muchas de sus fábricas, justamente por la precariedad de los salarios. Pero en el comercio internacional los productos elaborados con mano de obra barata no son vendidos en proporción a la reducción de costes conseguida, sino a precios de mercado, si bien algo más baratos que los de los competidores occidentales.

La famosa competitividad alemana se ha conseguido, como atestiguan serios estudios económicos, algunos de ellos de autores alemanes, no por la reducción de precios, ¡que no se han reducido!,  que sería lógico esperar por la congelación de los salarios, sino por la pujanza económica de los mercados del resto de los países europeos y de las naciones de economía emergente, entre 2003 y 2008. Es decir, las exportaciones alemanas han crecido no por la reducción de costes en la producción con la consecuente bajada de precios, que no se ha producido, como he indicado antes, sino porque los mercados tenían dinero para comprar. Y esto era posible porque las economías estaban en expansión, también los salarios, y los clientes, empresas y particulares, tenían, como dicen los economistas, liquidez suficiente.

Esto de la oferta y la demanda es una rueda. No adelantará nada la oferta de productos conseguidos con gran competitividad si no hay demanda adecuada, con dinero para pagarla. Conclusión: los únicos que se han lucrado con esta obsesión de la “competitividad” no han sido los trabajadores alemanes, con los  salarios más altos que los nuestros, pero también congelados, ni los operarios de los países que por el encantamiento de la dichosa “competitividad” ven sus salarios congelados o reducidos, sino las grandes empresas, que se forran mientras los estados soberanos sufren la crisis.

Parecen ciegos (o son peligrosamente listos) estos preclaros economistas que, como los del FMI, vieron las orejas al lobo, pero prefirieron no molestar a sus  clientes vips, grandes bancos y entidades financieras. Y ahora quieren eliminar, o rebajar, para mejor controlar, el poder adquisitivo de las clases trabajadoras. Y sin la expansión de los mercados nacionales, no es posible la superación de la crisis. Y sin dinero, no hay expansión de mercados. Y sin salarios justos y al alza, no hay dinero. Y aquí se cierra la rueda. Así de sencillo y de claro. ¿A quien interesa cerrar la espita de la economía y de su progresión sostenible en los países periféricos de la UE? Nos den respuesta a esta pregunta y tendremos la verdadera pista para salir del atolladero en que nos encontramos.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

2 Responses to ““Pacto de Competitividad”, la nueva lucha de clases”

  1. Hoy, Nuestra Señora de Lourdes, la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo. Con su permiso, le pido a usted y a sus lectores que se acuerden de nosotros en sus oraciones.
    Muchas gracias.

  2. Anónimo:
    No solo el día 11 de Febrero, sino que casi todos los días, en las preces de los fieles, y en el “memento de vivos”, rezamos por los enfermos. Y el cuidado (en latín “cura”) de éstos por el Señor es uno de los signos del Reino.
    Areópago

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