Las mitras ocultan a Jesús

Museos vaticanos

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Lo reconozco, me meto mucho con la jerarquía de la Iglesia. Pero pienso que mi actitud tiene su lógica. No tiene sentido criticar a la oposición, aunque se haga a veces. Lo normal y lógico es tener el ojo y el sentido atentos a los que gobiernan. Lo hizo Jesús, que no dejó en paz al Sumo Sacerdote, -el Papa-, a los Sumos Sacerdotes –los cardenales-, a los escribas y fariseos, a los senadores, a Herodes –“decidle a esa zorra”-, mientras trataba con dulzura y compasión a los “malos” de entonces, publicanos, prostitutas, samaritanos, y al pueblo en general, (ese pueblo “empecatado”, que denominaban los sacerdotes y fariseos).

Yo estoy bastante hastiado de los reproches que nos lanzan los que, en realidad, son los máximos responsables de la actual situación de desinterés que parecen mostrar las personas por la Iglesia. Viene el Papa y lanza diatribas contra el “laicismo” en España, contra las políticas de su legítimo Gobierno, contra las leyes emanadas de un Parlamento democrático; llega el cardenal prefecto de la Congregación para la Vida Religiosa y suelta, con un déficit de educación impropio de un purpurado vaticano, o eso creíamos,  una perorata descalificadora de la Iglesia y la Vida Religiosa en España, y de la aplicación del Concilio, en casa y delante de los que lo acogen, despreciando las mínimas  normas de la hospitalidad.

Ahora un alto jerarca de la CEE (Conferencia Episcopal Española) afirma en un discurso que “después de 2000 años todavía no se conoce a Jesucristo”. Supongo que quería decir a Jesús, el hijo de María, que es de quien tenemos noticias y un cierto semblante en los Evangelios. A Jesucristo, el Kyrios resucitado, solo lo conocemos por la fe, y es un conocimiento misterioso, que no se puede ni invocar, ni demostrar ni solicitar. No entra en los parámetros de los conocimientos constatables.

Yo me pregunto, y te invito a ti, lector, a que también lo hagas: ¿Quién tiene la culpa de ese desconocimiento de Jesús y de los Evangelios? Pues refresquemos la memoria: desde que el pueblo cristiano empezó a hablar lenguas vernáculas románicas, pero no el latín, directamente, tan solo pudieron conocer la Biblia los que la podían leer en traducción de San Jerónimo, la Vulgata.. Y esto con mucha parsimonia y economía, pues hasta la invención de la imprenta tener un pergamino o papiro en casa era exclusivo de gente muy rica, o, mejor, de instituciones poderosas, como monasterios, catedrales, cabildos, etc. Y después de la aparición de la imprenta traducir la Biblia a lengua vernácula estaba prohibidísimo por la Inquisición. ¡Que se lo digan a Fray Luis de León, y tantos otros!

En España (si exceptuamos la Biblia “protestante” de Cipriano de Valera, prohibidísima, como se puede suponer) sólo a mediados del siglo pasado, el XX, se pudo leer la Biblia en español, con las traducciones de Nacar Colunga y Bover Cantera. Después proliferaron las biblias. Pero ya era tarde, cuando se había destruido, o no se había podido iniciar, la costumbre y práctica de la lectura bíblica. En casa se rezaba el Rosario, pero nadie abría la Biblia, que no  había, para leerla a los hijos. He oído hablar de padres censores, aleccionados por los curas, que prohibían severamente a sus hijos leer las pocas páginas de la Biblia que podían caer en manos de legos).

Ahora, ¿qué pasa si algún joven de mente despierta y sin prejuicios lee los Evangelios? Que te dirá, como mis sobrinos, “con todos los respetos, tío, pero el Evangelio no tiene nada que ver con la Iglesia oficial”. (Sic, el sentido y los conceptos son literales; tal vez las palabras variasen un poco, pero en la dirección más crítica). Y hay que reconocerlo: los jóvenes, y los maduros, y los viejos, y quien quiera que compare el estilo, el mundo y la vida de Jesús con sus representantes oficiales en la tierra, testigos de su Resurrección, y anunciadores del Reino, los sucesores de los Apóstoles, los obispos, tiene razón en su extrañeza, primero, ante el poco parecido entre la institución eclesial y el Evangelio, y su crítica y desapego, después.

Jesús era seglar, laico. Para nada se le puede comparar con la idiosincrasia y estilo del mundo clerical de nuestros días. Muy al contrario, Jesús, en la línea de los profetas clásicos, fue el azote de la mentalidad y práctica del clero judío de convertir la Revelación de Dios en la Historia en una religión institucionalizada, burocratizada y cultual. Si tenemos a Jesús de Nazaret en nuestra retina, y sus diatribas contra los fariseos y la cúpula sacerdotal de su tiempo, y contemplamos los palacios, el fasto y la pompa de las apariciones papales, el mar de mitras y ropajes brillantes, de capelos, capas, anillos, y otros abalorios varios, nuestra mente no tiene otra alternativa que chirriar. No digamos tantas veces lo alejado que está el pueblo pecador de sus pastores, sino entonemos todos los responsables   un “mea culpa” sincero y sentido por lo poco y mal que ejercemos en nuestras vidas la misión fundamental de ser verdaderos y creibles testigos de Jesús.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

One Response to “Las mitras ocultan a Jesús”

  1. Se enfadan como padres anticuados ante las frustraciones que les producen los hijos cuando no se conducen del modo que ellos esperan.
    Utilizan un lenguaje dirigido a que nos sintamos culpables, ej.: Europa ya es tierra de misión, la laicidad agresiva, la destrucción de la familia, el matrimonio “civil” homosexual…¿Y? ¿A quién emocionan con estas peroratas? Los que quieren dirigir su propia vida, sienten un rechazo a la medida de su salud mental, en cambio, los que su forma de estar e identificarse pasa por organizar la de los demás, tienen, en estas consignas, el mejor caldo para participar en la cadena en la que unos cristianos dicen lo que tienen que hacer, como vivir, o como amar, a los otros cristianos.
    Menos aún que la puesta en escena vaticana y papal, todavía menos, convencemos/convencen unos cristianos que no están transformados profundamente por el Evangelio y que, a la postre, hemos recibido.
    Y de verdad que hay gente que se lo ha creído: que tienen chicos en régimen de acogida en su casa, además de tener sus propios hijos; que abren una consulta médica en la que todos esos ingresos van a un proyecto de cooperación; gente joven que no hace bodorrio y se van al campo a comerse unas chuletas y la lista de boda en un número de c/c para un fin solidario; que comparten la casa de vacaciones; que avalan viviendas a los inmigrantes. Y también, en un orden más invisible pero no menos eficaz: hay cristianos que perdonan; callan; no se autoafirman; respetan lo que no comprenden; no se imponen pudiendo hacerlo; cuidan no ofender -ya que es muy fácil con los que andan escasos-; y de esta forma, cuando hablan de Evangelio, o de Jesús, o de Palabra de vida, no traicionan el “tesoro transportado en vasijas de barro” (2 Cor 4,7).

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