¿Una “economía cristiana”? (A propósito del caso islandés)

Hay gente que piensa que cristianismo y economía son dos conceptos antagónicos, o que, por lo menos, no tienen nada que ver. Se equivocan. Entre otras cosas, y sobre todo, porque el dinero, los bienes, sus uso, mal uso y abuso, y un montón de etcéteras, es uno de los temas más recurrentes en toda la Sagrada Escritura.

En esta pequeña y corta entrada me voy a referir, fundamentalmente al texto de Hechos 2, donde se afirma que los “hermanos tenían todo en común” y “vendían sus bienes y ponían a los pies de los apóstoles” el dinero obtenido con esa venta. Sí, ya sabemos que los puristas y apocados precisan que no se trataba de comunismo sino de “comunitarismo”. Querrán decir, sospecho, que el gestor y garante de esa disponibilidad de los bienes comunes no era el Estado sino la comunidad, en el caso cristiana. En el fondo no se salía de la “sacrosanta propiedad privada”. El que vea ironía en la expresión, en la cursiva y en las comillas, acierta.

Hago esta breve reflexión inspirado por la noticia de lo sucedido en Islandia, uno de los países de Europa de mejor y más amplia legislación social. Como tantas otras naciones ha caído de lleno en las garras de la crisis, de tal modo que la sociedad civil, expresión muy querida en los últimos años y que considero un tanto cursi, y casi redundante y pleonástica, pues toda comunidad humana hace muchos milenios que vive en la “civitas”, y es por tanto civil, pues el conjunto de los ciudadanos, pues, como venía diciendo, ha empujado literalmente a los gobernantes y diputados a la renuncia, y ha negado la compensación económica solicitada por los bancos.

Los islandeses han comprobado, como deberíamos apreciar todos los sufridos ciudadanos, desde EE.UU. hasta la Unión Europea, y Rusia, y Japón, y todos los abocados a situación “crítica” (de crisis), que el pago por la fallida, no habida, fraudulenta, como queramos llamar, financiación bancaria, ha sido un pluff, un cruento cuento, valga el trabalenguas, y un doloroso escándalo. En consecuencia, le han negado el pago que exigían al Estado, es decir, a toda la sociedad. Y la deuda externa que ese Gobierno y esos bancos habían propiciado con ingente enriquecimiento de unos pocos, simplemente, No la piensan, ni la van a pagar. Que la paguen “ellos”, los banqueros y los políticos inescrupulosos.

Este tema no tiene relación directa, aparentemente, con el cristianismo, del que hablaba al principio de esta entrada. Pero yo le veo alguna. El evangelio nos alerta, varias veces, de que no “se puede servir a Dios y al dinero”, y de que “difícilmente los ricos entraran en el Reino de Dios”. Jesús ha señalado su presencia inequívocamente en la gente, en el pueblo, en el prójimo, en todos los prójimos. No servir a Dios es no servir a los hombres. No entrar en el Reino de Dios es dar la espalda a las necesidades de las personas, y en el caso, es “servir más al dinero” que a las necesidades humanas, que, se supone, es para las que está programado el desarrollo, el progreso, la economía y el dinero. ¿O no?

Lo islandeses, por motivos evangélicos, o puramente humanistas, han llegado a la misma conclusión. Bienvenida sea la bendita coincidencia. Así que saquemos conclusiones: tal vez los españoles, devotos católicos de toda la vida, tengamos que confiar menos en  los bancos y en los banqueros, aunque hayan sido en muchos casos fundados como obras pías, sin ánimo de lucro, por piadosos varones del clero español, y con una finalidad estrictamente social. Pero, ¡qué lejos quedan esos tiempos y esos propósitos!

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara        

5 Responses to “¿Una “economía cristiana”? (A propósito del caso islandés)”

  1. El año 80 alquilé el piso donde vivo y me costo el equivalente a un 33% del salario minimo de entonces, ahora el ultimo vecino que ha alquilado un piso en la misma casa, paga el 120% del salario minimo actual, y ademas el contrato es solo por cinco años, mientras el mio es indefinido y solo me pueden subir el IPC del año. Fueron los socialistas (decreto Boyer 1982) quienen acabaron con la antigua ley de Arrendaminetos Urbanos, que favorecia a los pobres. Lo alquileres subieron tanto que valia mas la pena comprar un piso pagando una hipoteca. Ademas juraron y perjuraron ( ministros como Solbes, psoe, Montoro, pp) que los precios de los pisos no bajarian nunca . La realidad es que miles de familias estan siendo deshauciadas de sus viviendas por impago de hipoteca, al haberse quedado en el paro , y los bancos, amparados por la ley, se estan quedando con los pisos deshauciados por el 50% de su valor y el resto sigue siendo deuda para los que se quedan en la calle. No es la crisis: se llama capitalismo.

  2. Efectivamente, es capitalismo puro y duro, y lo que llamamos crisis no es otra cosa que el momento de ajuste del lucro, y de la manera de desviar los mínimos peligros de que éste -el lucro-, disminuya. Pero independientemente de la causa, es evidente que “eso” que llamamos crisis incide en la vida de los individuos, y de las instituciones, y hasta de los gobiernos de los Estados, que se ven amarrados ante el poder incontrolable, para ellos, de las grandes instituciones bancarias y financieras multinacionales.
    Hasta el poderoso Gobierno de los EE.UU. de América se ha visto doblegado por los tiburones de las finanzas nacionales e internacionales.

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