Síntomas de la crisis (“preparando motores”)

Comenzaré a ordenar los materiales apropiados para la paulatina formación de criterios propios referentes a una posible acción en pos de un cambio profundo en la Iglesia, y para no dar vueltas con el lenguaje, cada vez que me refiera a ello, lo llamaré “nuestro proyecto de Reforma”, o algo parecido. Vistas las cosas desde dentro, o desde fuera, de la realidad eclesial, es evidente que encontramos una profunda crisis en el, llamémoslo así, “hecho religioso”, y dentro de él, en el hecho eclesial cristiano. Así que, en primer lugar, intentaremos encontrar los síntomas de la crisis. 

Síntomas de la crisis

Los hechos y situaciones que manifiestan la crisis de la que estamos hablando se manifiestan a dos niveles, y distinguimos éstos de modo metodológico, porque después, en la realidad, están mezclados y entrelazados. Los dos niveles son: la institución jerárquica de la Iglesia y el conjunto del pueblo de Dios. Y como en este Areópago estoy harto de reiterar que la Jerarquía es tan solo una parte importante de la Iglesia, pero no el todo, comenzaremos por el todo, el “conjunto del Pueblo de Dios”.

A. En el conjunto del pueblo de Dios

Como parece claro, la crisis tiene muchas causas, y no todas son achacables a la jerarquía o a movimientos neoconservadores, aunque a veces sí, y, sobre todo en determinados temas, sí. Se trata, en conjunto, y en general, del propio cuerpo eclesial, del sujeto principal que vive (al que se le aplica) la gracia, el pecado, y al que se le aplican, en propiedad, los predicados referentes a la Iglesia, es decir, “el Pueblo de Dios”. Observamos en él una cierta tendencia desviada: la de sustituir la adhesión, al Magisterio, o al grupo de teólogos de preferencia, por la auténtica fe, que se vive en el seguimiento de Jesús. Hay que recordar que la experiencia cristiana no consiste en seguir a la Iglesia institucional, sino a Jesús, el “Maestro y Señor”.

Y para delimitar y describir mejor los síntomas de la crisis, los resumiremos en tres puntos. Así resultará más claro y más pedagógico:

1º)  Los cambios en el “hecho religioso” y su relación con la Iglesia.

Las mutaciones que la globalización de la política, la cultura y la economía provoca en el fenómeno religioso  afecta de modo evidente a la Iglesia. Destacamos tres frentes en este campo:

a)   Profundos cambios en el “control” de lo religioso por parte de la Institución eclesiástica, en el mundo cristiano, afectada por la creciente preponderancia de la sociedad civil y su progresivo laicismo. El fuerte contraste con la tutela implacable que todavía ejercen las autoridades religiosas de otras religiones, como la musulmana, hace más intenso el sentimiento de desconcierto y debilidad.

b)   Impulso creciente del pluralismo religioso, entremezcladas las religiones y sus adeptos en las sociedades occidentales. A esto hay que añadir la importancia salvadora y dadora de sentido de vida que los propios teólogos cristianos conceden a las grandes religiones no cristianas. 

c)    La pérdida de real y efectivo poder de la jerarquía católica sobre las “realidades mundanas”, desde la curia vaticana hasta los clérigos que, a pie de calle, ejercen su apostolado junto al pueblo. Ésta cada vez se siente menos cohibido y sojuzgado como antaño. Lo interesante es que este fenómeno produce efectos similares y contrarios de desajuste y dudas.

2º) Problemas y anacronismos en la iniciación a la fe en Jesucristo y  su mantenimiento en la vida comunitaria.

Fundamentalmente no ha cambiado gran cosa el proceso de iniciación a la fe, y el trabajo pastoral de catequización. Es decir, no ha variado por parte del sistema eclesiástico institucional, que no ha sabido o no se ha atrevido a adaptarse a los nuevos tiempos. Éstos nos han traído un progresivo, pero actualmente, muy grave y profundo, desinterés y dejación de la función que hasta hace no tanto tiempo correspondía a la familia, y ésta realizaba en la mayoría de los casos. Este vacío no se ha llenado. Y, lo peor, da la impresión de que no lo tenga muy en cuenta la pastoral “oficial” de in iniciación cristiana. La actitud contraria de ciertos movimientos, de tener muy en cuenta a los padres ya a l familia, es señalada por ciertos pastoralistas como causa del éxito en la convocatoria de esos grupos eclesiales.

3º)  La relación entre la Iglesia y el mundo

Durante muchos siglos esta relación estaba fundamentada en la sintonía y similitud de objetivos entre dos poderes: el eclesial -papal y episcopal-, y el poder del mundo: emperador, reyes, señores feudales. Tanto a unos como a otros les venía bien esa mutua ayuda, si bien no dejó de haber tensiones y polémicas, típicas de la tendencia a ostentar y ejercer todo el poder. Así hubo momentos de subordinación del poder temporal a la Iglesia, y al contrario. Pero esas riñas formaban parte de la puesta en escena del sistema.

La cosa cambió por completo con la revolución burguesa, primer del pre-renacimiento, de los juristas de la corte francesa del siglo XV, después, del Renacimiento, después de las comunidades evangélicas europeas, y, por fin, de la gran revolución francesa. Ahora bien, la quiebra cultural, religiosa y socio-económica de la modernidad abrió los ojos y puso a la Iglesia ante el absurdo en que incurría de impulsar el reinado de Dios desde el poder. Una parte de la Iglesia, y la jerarquía, desde luego, reaccionó con el rechazo, defendiendo la subordinación del poder temporal al espiritual y condenando la emancipación del mundo y del orden político.

Pero los burgueses ex revolucionarios pronto perdieron su anticlericalismo,  al ver que su poder económico y social no estaba en peligro por ese lado, y aceptaron de buen grado una alianza con el poder eclesiástico para mantener el orden sobre el que se sustentaba su hegemonía. El peligro estaba en el pueblo. (Que lo digan los organismos de Información de los países  latinoamericanos dirigidos por los norteamericanos, contra las comunidades de base). La Iglesia jerárquica  concentró sus esfuerzos en atribuirse el papel de portadora y custodia del orden moral natural universal, maestra y guía de la humanidad en su conjunto. Esta función justificaba su pretensión de catolicidad (universalidad), tras la cancelación de su papel de legitimadora del orden político premoderno. Y en ello sigue.

(Continuará. Este esbozo está sacado del escrito del Consejo de Redacción de “Iglesia Viva”)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)