Más elementos para el diagnóstico eclesial

Hoy publico la segunda entrega de las dedicadas a la mentalización para promover profundos cambios en la Iglesia, que para entendernos, y sin ánimo de querer agotar la amplitud del tema, llamamos “Reforma”. Al presentar los síntomas lo hacía, siguiendo siempre a Iglesia Viva, en un primer nivel, considerando a todo el sujeto eclesial, o pueblo de Dios, y lo titulaba A). En el conjunto del pueblo de Dios. Hoy toca el segundo nivel, en el que, por tratarse de asuntos muy concretos, pero muy variados y numerosos, seguiré casi al pie de la letra la revista que me sirve de inspiración, es decir, Iglesia Viva. Aunque habrá algún punto de mi cosecha.

B) En lo que se refiere a la institución eclesiástica

Los acontecimientos que ahora vamos a presentar son de carácter muy grave, y han tenido un eco profundo, y a veces muy negativo, en la población, católica o no:

  • la reconducción del Concilio mediante interpretaciones inaceptables por parte del Magisterio, intervenciones papales manifestativas de una voluntad de restablecer el integrismo católico, las cuales han suscitado inmediatas reacciones sociales;
  • el freno total a la democratización de la Iglesia, a la libertad de opinión y comunicación, a la integración real de los laicos y de la mujer;
  • el centralismo y verticalismo crecientes, que provocan una tentativa de pensamiento único, del que hay que defenderse “activamente”;
  • la catastrófica situación de la curia romana con una inmundicia que sale cada día más a la luz mientras la ambigüedad del papa impide su reforma;
  • el levantamiento de la excomunión a los lefebvrianos sin exigirles la plena adhesión al Concilio ecuménico y el Motu Propio sobre los anglicanos high church al tiempo que se da un frenazo al movimiento ecuménico;
  • la obsesión en ciertos temas de la teología propia del papa (como la lucha sin cuartel contra el relativismo),
  • la contrarreforma litúrgica;
  • los nombramientos episcopales y de curia, sin tener nunca en cuenta la legítima opinión de la Iglesia particular involucrada, y eligiendo siempre un mismo tipo de perfil humano y eclesiástico, sin tener en cuenta la riqueza y variedad de líneas y sensibilidades en la Iglesia;  
  • el descarado entreguismo de gran parte de los jerarcas de la Iglesia, comenzando por Roma, en manos de los movimientos neoconservadores;
  • el “prietas las filas” en una marcha continua e inexorable de la Iglesia hacia el gueto.

Por la gravedad de las acusaciones y la importancia y lo delicado del tema, cito literalmente los tres siguientes párrafos.

Especial repercusión han tenido los descubrimientos sobre abusos de menores por parte de eclesiásticos. Esta última lacra está recibiendo una firme réplica por parte del papa y de un cierto número de miembros de la jerarquía eclesiástica actual. Pero, a nuestro entender, se trata de amagos de salir de la crisis con la petición de perdón por los pecados personales de los representantes de la Iglesia e intensificación de las medidas disciplinarias de selección, nunca con un proyecto de cambios estructurales. Es más, ciertas iniciativas jerárquicas parecen buscar más la ocultación de responsabilidad por connivencia con ciertas estructuras eclesiales perversas, que asumir con honradez la complicidad en los pecados estructurales de la Iglesia.

La rápida canonización del papa Juan Pablo II promovida por el papa actual parece querer silenciar los problemas del papado reciente en dichos pecados (secretismo e irresponsabilidad grave ante los crímenes cometidos por los clérigos). Tenemos serias reservas a quedarnos solo en esas medidas porque creemos que no desvelan otras realidades que se esconden tras ellas. Algunos sugieren que tal respuesta equivocada puede deberse quizá a intereses más o menos ocultos; a nosotros nos parece que se debe a un diagnóstico falso de sus raíces que no se encuentran tanto en el ámbito de una sexualidad mal educada o reprimida, cuanto en el ejercicio del poder espiritual de forma autocrática y privatizada.

Evidentemente una respuesta errónea a la crisis global de la Iglesia contribuye a mantenerla o agravarla. Es preciso hacer una crítica no convencional de las derivas del sector eclesial que es hegemónico en este momento histórico. Muchos de los fenómenos que se perciben con evidencia pueden constituir una nube que nos impida ver el núcleo de la crisis. De ahí la importancia del análisis de la situación de la que partimos y que ofrecemos a nuestros lectores, el cual debe incluir una mirada amplia y profunda al contexto global social y cultural en que se encuentra la Iglesia al comienzo del siglo XXI”.

Como se puede apreciar, el tema es doloroso, a veces sangrante, pero urgente. En el próximo artículo intentaremos abordar el  asunto, complejo y delicado,  de cómo realizar un diagnóstico global de esta crisis. Diagnóstico que sea realista, sin prejuicios y valiente.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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