Intento de diagnóstico global de esta crisis de Iglesia

Hay que reconocer que es difícil dar con la tecla exacta que mueva los resortes adecuados para elaborar un diagnóstico lúcido y certero en la actual situación de crisis en que se encuentra la Iglesia. Pienso que habrá que huir por igual de dos polos opuestos y contrapuestos: un triunfalismo exacerbado y autocomplaciente que se aprecia en ciertos estamentos de la Iglesia, apoyados y jaleados por movimientos que creen vivir una primavera gozosa (que sea cierto o no lo dirá el tiempo); y un pesimismo derrotista, fruto de la observación y de la experiencia, en propia carne, de tantos agentes de pastoral, clérigos o no, que llevan treinta o cuarenta años, o más, desde el Concilio, batiéndose el cobre, y contemplando apenados la deriva actual de la Iglesia institucional haciac posiciones casi medievales. Este último es mi caso, y el de tantos que conocemos.

Se precisa valentía y una honradez “evangélica” para trazar un diagnóstico sin prejuicios, sin estériles añoranzas del pasado, ni huidas alocadas e imprudentes hacia delante, por caminos que han demostrado ir a lugar errado, o dirigirse a ninguna parte. Así que, de modo ordenado y metodológico, anotaré, ayudado por el informe de Iglesia Viva, los elementos que considero válidos para llegar a formular un diagnóstico verdadero y eficaz.

1º) Una vuelta real e indiscutible a posiciones de antes del Concilio. Las trabas y palos en las ruedas del andamiento del Vaticano II que se produjeron desde la última sesión conciliar han ido a más, hasta configurar un cuadro que podemos  denominar, sin exageración, de “anticonciliar”.

2º) Un “desadaptación” de la Iglesia al mundo, ante el que se ha vuelto de espaldas.

Esta situación es consecuencia directa del punto anterior. El Concilio, en palabras de Juan XXIII, buscaba provocar un “aggiornamento”, una puesta a punto del reloj de la Historia, y de sintonización con la razón histórica, abandonada por siglos de rutina teológica, pastoral, litúrgica. Las ventanas que el sabio papa Juan quería abrir de par en par, y cuyas llaves y pestillos oxidados el Concilio comenzó tímidamente (entre otras cosas por las trabas y la enorme influencia de la Curia Vaticana) a engrasar y hasta retirar, han sido cerradas otra vez. YO diría que con una doble ventana. Una de las consecuencias inmediatas de este viraje para tras es el punto siguiente del diagnóstico.

3º) Estructuras institucionales de dominación e imposición           

Reflejo y consecuencia de la realidad descrita en el punto interior son las estructuras eclesiales, históricamente obsoletas y antievangélicas: son estructuras de dominación que impiden la libertad del creyente y la construcción de comunidades eclesiales adultas, y con una suficiente, aunque fuese mínima, autonomía.

4º) Excesivo clericalismo y falta de democracia interna

El clericalismo actual se ve por todas las esquinas, y no solo de los templos y sacristías, sino por las calles y las plazas. La aparición de tanto traje talar y tanta tirilla, hasta en los seminaristas que ni siquiera son todavía diáconos, (la Iglesia anuló en el Concilio las órdenes menores y el rito del marcaje talar con la coronilla, pero hay mucha nostalgia del estilo decimonónico) no tiene nada de ingenuo o neutro. Es una estrategia muy bien pensada por los que quieren, en contra del Concilio, que buscaba “secularizar” a la Iglesia, clericalizarla hasta extremos insospechados en mi época de joven cura en el Brasil. Este excesivo clericalismo indica una especie de sentimiento de propiedad del todo eclesial por parte de la Jerarquía

5º) Otra consecuencia del clericalismo: la exclusión de la mujer

Con la orientación canónica tan expresa de que el poder de jurisdicción en la Iglesia sólo lo pueden detentar los “ordenados” con el sacramento del orden, y la indicación de que éste es privativo  de los varones se cierran a la mujer todas las puertas. (Éstas son las indicaciones canónicas; esto no quiere decir que las mismas están avaladas por razones teológicas indudables e indiscutibles. Peor no es el momento de esta interesante disquisición).

6º) Otra consecuencia de las estructuras obsoletas y del gueto del clericalismo: el sexismo.

Lo malo del sexismo es que implica dos direcciones: por un lado, la marginación y exclusión de la mujer; por otro lado, la obsesión sexual en lo moral y sacramental. Ésta, a su vez, también  se divide en dos caminos: provoca, públicamente, una condena cerrada y sin resquicios de toda sexualidad extramatrimonial, y, al mismo tiempo, y de manera perversa, privadamente, puede llevar a las aberraciones sexuales que todos conocemos y tanto descrédito han causado dentro de la comunidad eclesial, y gran escándalo fuera.

7º) Graves consecuencias de la falta valentía al enfrentar la crisis

El consejo de redacción de Iglesia viva, cuyo pronunciamiento-informe estoy aprovechando, como he indicado repetidamente, señalan, entre las muchas “enfermedades” que podrán sobrevenir al Pueblo de Dios de no enfrentar la crisis eclesial evidente que estamos viviendo, las dos siguientes:

a)   La marginación de grandes sectores del Pueblo de Dios. La sobreactuación y  la excesiva dimensión de la autoridad eclesiástica, que se extralimitaría en sus funciones, hará que la rica variedad y riqueza del cuerpo eclesial se anquilose, y que muchas diócesis, órdenes religiosas, movimientos locales, etc, no puedan realizar y poner al servicio de la Iglesia sus carismas, en todo su esplendor, por falta de la legítima, y necesaria, autonomía de “todas las iglesias”. Además, se haría imposible el pluralismo de la comunión católica en un mundo globalizado

b)   Pérdida de poder de cohesión social en un mundo democratizado. En segundo lugar, la Iglesia no logrará ser fuerza de cohesión social en el contexto de las sociedades democráticas, dado que la Jerarquía no puede, o no quiere, comprender, que su relación con la sociedad ha cambiado radicalmente y ya no es el de la unión del trono y del altar. El instinto de conservación de las presentes estructuras eclesiales institucionales ha llevado a esta opción, que reducirá la Iglesia a una gran secta, sociológicamente hablando. Su única razón de ser, la misión de anunciar el evangelio, no podrá verificarse por asfixia.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara 

 

2 Responses to “Intento de diagnóstico global de esta crisis de Iglesia”

  1. Te sigo y reflexiono.

  2. Me espero a la película.

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