“¡Conviene que uno muera por todos!”

images[8]“Entonces dijo Caifás: vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.” Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte”. (Jn 11, 49-53. Evangelio de hoy, sábado de la 5ª semana de Pascua)

No entiendo como puede haber la más mínima duda sobre la autoría y responsabilidad de la muerte de Jesús. En el evangelio de este sábado está meridianamente claro. Los “fariseos”, se entiende que los más influyentes y preclaros, convocan a los “sumos sacerdotes y al Sanedrín”, y, profecía mediante “de oficio” del Sumo Sacerdote de turno, ese año, Caifás, con bronca incluida (“¡no tenéis ni idea!”), deciden “dar muerte” a Jesús. El pontífice, además, da una definitiva y excelsa clave para la muerte del predicador ambulante de Galilea: “conviene que uno muera por toda la nación”. Y el evangelista precisa que no solo por la nación, sino “para reunir a todos los hijos de Dios dispersos”, léase, por toda la humanidad.

Recordemos: la máxima autoridad religiosa de Israel era el Sumo Sacerdote, en una casi perfecta equivalencia con el Papa actual; la máxima autoridad “civil” (para entendernos, pues no es fácil denominar ni considerar como puramente civil alguna institución de una nación teocrática) era, en tiempo de Jesús, a falta de Rey, el Sanedrín o Senado judío. Es decir, Jesús fue condenado por las legítimas y máximas autoridades religiosas y civiles de Israel. No se puede afirmar, de ninguna manera, que Jesús fue condenado a muerte solo por la “aristocracia sacerdotal” de la nación hebrea. La decisión, legal, pero irregular, por ser convocado de noche, fue del Senado judío. Si éste no representaba realmente a todo el pueblo judío, no entendemos nada de representación.

Y en el peor de los casos, la aristocracia sacerdotal, en un pueblo teocrático, sería la principal institución representativa de todo el pueblo. Negar esa realidad sería parecido a establecer en la Iglesia actual la peligrosa y corrosiva teoría canónica de que el Papa y la curia romana no “es la Iglesia”, sino parte importante e influyente en ella, cuyas decisiones estelares no representarían a toda la Iglesia. ¿Alguien quiere, y se atreve a, mantener semejante doctrina eclesiológica? Así que, se enfaden o no  los judíos, sea o no políticamente correcto, sea considerado o no antisemitismo, opinión que sería injusta y equivocada a todos los efectos, la muerte de Jesús hay que asignarla, histórica y, todavía más importante, teológicamente, al rechazo del pueblo judío.

Este último extremo escocía de manera especial a un judío apasionado, como hombre y como hebreo, a Pablo de Tarso. Sin embargo, no sabemos si por la vis profética “de oficio”, como la de Caifás, o por el indisimulado optimismo teñido de esperanza por el bien de su pueblo, llega a afirmar que si la “negación de Israel” fue tan ventajosa para todos, ¿qué será su acogida y aceptación del Mesías, cuando se produzca? (que será “antes del fin” –así que tranquilos, que mientras Israel no reconozca “oficialmente” a Jesús como el Mesías no podrá llegar el fin del mundo-).

La terrible tragedia, y grandeza, del pueblo hebreo es que, elegido para preparar el camino, para servir de escaparate a la acción salvadora y redentora, dadora de sentido a toda la realidad humana, del “enviado”, cuando llegue, cuando éste se presenta, como “hijo del padre”, lo rechaza y lo clava en una cruz. Sí, cumpliendo sin saberlo, la dramática profecía, y dando vida y nombre, a la figura del “Siervo de Yavé”. No neguemos, pues, al pueblo que es nuestro padre en la fe, la terrible grandeza de su  historia, y del designio de Dios.

Jesús Mª U río Ruiz de Vergara              

2 Responses to ““¡Conviene que uno muera por todos!””

  1. Los judios creyeron que cuando Jesus se proclamó como el Mesias se estaba burlando de su religion, y que era un falso mesias. Asi que se pusieron de acuerdo con los romanos, a los que tampoco les interesaba que hubiera algun motin contra su ocupacion, y decidieron darle muerte.Los judios continuan hoy dia, esperando a su Mesias, un Mesias que segun su religion solo les salvara a ellos, que son solo 5 millones ,en un mundo donde habitamos 5.000 millones ¿ cabe mayor disparate?

  2. Pues yo sí que deseo el fin de este mundo de sufrimientos. La intranquilidad proviene de seguir así.

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