Muchas procesiones, ¡poca Palabra!

La Semana Santa nos depara momentos de intensa espiritualidad, y, también, de desgarradora humanidad. Tanto una como otra las viven, la mayoría de las personas, como una experiencia sensitiva, generalmente a través del sentido de la vista. Me refiero a la contemplación, no pocas veces emocionada, y casi siempre auténtica y respetuosa, de los pasos de las procesiones y estaciones penitenciales que surcan las calles, plazas y caminos de nuestra primavera radiante.

Cuando el pueblo perdió su posibilidad de comunicación en una lengua inteligible, pues el latín se quedó para clérigos y estudiantes, hubo que inventar una sistema “visual” (en aquellos tiempos pretéritos el “audio” era inimaginable). Y los impresionantes pórticos, retablos, pinturas, bajorrelieves, y, después, la imaginería impactante de las figuras de la Pasión, etc, dan fe de que se intentó, con realismo, imaginación y arte, llenar el vacío de la Palabra. Otra cosa es que se haya conseguido, y que tan siquiera sea posible semejante hazaña.

La Palabra, por culpa, sobre todo, de una jerarquía ciega y torpe, empecinada en el miedo a la verdad que se desprende de la Escritura, cerró su acceso, durante siglos, al pueblo cristiano. Cuando la Reforma protestante arregló, en parte, semejante desaguisado, la comunidad católica continuó apartada de tal osadía, de tal modo que no fueron pocos los magníficos creyentes que fueron perseguidos por facilitar traducciones de algún libro o pequeñas partes de la Biblia. Y eso que se trataba,  generalmente, de personas por encima de cualquier sospecha, como Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Fray Luis de León, y un larguísimo, penoso y bochornoso etcétera.

Y el resultado es que nuestro pueblo ni lee, ni por tanto conoce, ni medita, ni reflexiona, ni vive, ni se alimenta de la Palabra. La ignorancia de la Sagrada Escritura en España, incluso en personas que se consideran de clase alta en el apartado cultural, es triste, escandalosa, insoportable, y, en muchos casos, incluso atrevida. Hay que ver con qué frivolidad se citan los textos bíblicos en artículos periodísticos, y hasta en obras de cierto nivel literario. Incluso los académicos de la Real Academia podrían tener un poco más de curiosidad intelectual por el libro más impresionante, más leído, más editado, y de más influencia en la vida de las personas. Lean, por ejemplo, en el diccionario de la Real Academia la definición de “onanismo” (no olviden, del personaje bíblico Onam), y verán el grado de desconocimiento que pueden tener personas tan sesudas.

Lo malo es que pensemos que lo que la Palabra no ilumina durante el año litúrgico, pueda ser sustituido por la contemplación emocionada de pasos en los que, con demasiada frecuencia, puede más la sensiblería y la “belleza” de la cara juvenil de la “Señora” que el valor artístico o la adecuada correspondencia con los datos bíblicos. Y así no va. Hace tiempo que un compañero que ahora anda por Puerto Rico, Luisito Sada, y este servidor, soñamos con suprimir la celebración de los sacramentos durante un tiempo (dos años, decía él, yo me conformaba concelebrar la Eucaristía un domingo al mes, estilo evangélico), y dar una sesiones intensivas de Palabra. Mientras nuestro pueblo así llamado cristiano no se familiarice con la Palabra,  nuestra pastoral será artificial, sin base ni fundamento. Es mi opinión.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara         

 

2 Responses to “Muchas procesiones, ¡poca Palabra!”

  1. Amigo Jesús Mari:¿Por qué tanto miedo al conocimiento bíblico?.Te cuento lo que me ha ocurrido esta semana en la que visitaba a un familiar muy de la misma carne en un monasterio cercano a Madrid.
    Hablando sobre la necesidad de estudiar y formarse, de no tirar por la borda los talentos que uno tiene por el hecho de ingresar en una Orden Religiosa, me contestaba la Superioridad que no hace falta saber ni estudiar, que Santa Teresa era una persona sin estudios……No quiero hacer comentario al respecto.
    Al despedirme dije que me dolía muchísimo esa concepción de desterrar el estudio porque era ” carisma de la Orden” y que me hubiera gustado más hablar con religiosas con un poco más de cultura y saber religioso (que nada tiene que ver con ser marisabidillas).

  2. Gracias una vez más por tus PALABRAS que me dan un poco de luz en esta Semana Santa murciana llena de procesiones que no entiendo porque me parecen que están más cerca del folclore que… Pensaba que era de las pocas que busca estos días más que nunca la PALABRA y el silencio.

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