La procesión “atea” y ¡otras pasadas!

imagesCAJFIB7SEste nuestro país es, desde luego, diferente, como decía el slogan publicitario y turístico de los años sesenta. Pero  no sé bien si es de pandereta, de folklore vario y profundo, de esencias patrias; de tortilla y fiambrera de fin de semana, con su secuela de bolsas de plástico y basuras adornando el pinar a la orilla de la carretera; de toros, fútbol y circo; o el inmenso auditorio de Belén Esteban, o el vocerío insano e ininteligible de Punto Pelota; pero también es el del AVE, el de los jóvenes ejecutivos que balbucean brillantemente el inglés y juegan al paddel; o el de los políticos insensatos, movidos no se sabe bien si por la ignorancia o por el cinismo, o por las dos cosas.

Entre tantas aristas contrapuestas y hasta antagónicas, yo me quedo con todas ellas como descriptivas de la realidad social de nuestros días y de nuestro país. Pero hay un punto diferencial absolutamente original, propio y definitivo de nuestra realidad socio-política-religiosa que ni por asomo se da en cualquier país de nuestro entorno occidental y democrático. Me refiero a la inaudita y fantástica mezcolanza justamente de lo social, lo político y lo religioso; muy en particular, del último aspecto, en el conjunto de la vida de la gente. La relación morbosa de lo religioso con lo social y lo político en nuestro país no tiene parangón, que yo sepa, en ningún país de nuestra cultura occidental. Ni en Europa ni en América Latina.

Estos días se ha hablado y comentado sobre la posibilidad de una “procesión atea” por las calles de Madrid, en un barrio tan castizo, casi territorio comanche, como Lavapiés. No estoy ni a favor ni en contra. Desde luego no me sulfuro como parece sucederles a muchos, que ven ataques a la Iglesia y a los cristianos por todas las esquinas y bajo cualquier formato. La posibilidad de esa procesión no me inquieta, simplemente me produce hilaridad. Nos pasamos de rosca, de un lado y otro, con una facilidad sorprendente y preocupante. No entiendo mucho de derecho del uso de la calle. Me parece que están prohibidas por ley las contra-manifestaciones. Es decir, echarse a la calle tan solo para contrarrestar o solapar la manifestación de otro grupo, generalmente antagónico.

Es evidente que a la hora señalada, y por las calles de Madrid, hace tiempo que se dan unos movimientos de ciudadanos que podríamos denominar técnicamente como manifestaciones religiosas. Porque esto son las procesiones. Así que pretender equilibrarlas o contrarrestarlas con otra “procesión” es una boutade y una pasada. Que tienen derecho, creo que sí. Así que cualquier día soleado de mayo sería refrescante y de enciclopedia ilustrada contemplar tan original y festiva demostración de júbilo agnóstico. Pero sus organizadores han de aceptar que lo que pretendían en semana santa es como si en plenas jornadas del orgullo gay solicitara una parroquia licencia administrativa para montar una procesión, a la misma hora y por el mismo sitio, ¡por Chueca! Demasiado impactante.

Pero esta nuestra querida España no consigue liberarse del peor revuelto decimonónico, compuesto, por una parte, de una ingerencia excesiva del clero en la vida social e institucional de los españoles, y, de la otra, del lógico anticlericalismo como respuesta. Y esta relación de amor-odio perdura hasta nuestros días, después de dos siglos de atraso, ignorancia y miseria, de una república ambiciosa, bien intencionada, pero ingenua, de un golpe militar infame, de una guerra civil fratricida, de cuarenta años de tiranía oscurantista, de unos años de festiva transición, de treinta de gozosa pero no tan unánime democracia, y de tres o cuatro de crisis económico-laboral-social inmisericorde.

Pero la estéril y “enervante” confusión religioso-política continúa. Con episodios, y titulares, tan chuscos como “La Reina preside la Pascua en la catedral de Palma”, o “los legionarios sacan el Cristo de no sé cuantos”, o las imágenes de unidades del ejército y/o de la guardia civil escoltando, de gala, eso sí, no podía faltar el protocolo, los pasos de los desfiles penitenciales de Semana Santa. No nos habíamos enterado de que las mujeres, en la Iglesia Católica en España podían ya ser “presbíteras”, (curas, como la Reina), presidiendo celebraciones eucarísticas, o que se había invertido la misión de la milicia, custodiando y trasladando al reo a la ejecución, la romana, y defendiendo y dando honores al mismo la española.

En fin, espero que algún día  los ediles del ayuntamiento de mi pueblo no acudan “corporativamente” en primera fila, (sean practicantes o no), a las misas de las grandes fiestas, y que dejen de ser saludados por el oficiante en la homilía con el rimbombante “Excelentísimo Ayuntamiento de esta ciudad”, como si las personas jurídicas celebraran también la Eucaristía. En fin, no desesperemos de que algún día se imponga la lógica y la cordura. Y, sobre todo, de que se haga con mesura, buenos modos y discreción.  

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara          

One Response to “La procesión “atea” y ¡otras pasadas!”

  1. El dia en que los creyentes respeten a los ateos como los ateos les respetan a los creyentes, se habra dado un gran paso. Nunca he conocido a ningun ateo que hiciera proselitismo de sus ideas, “vive y deja vivir “es su lema. Los creyentes han perseguido con saña a los no creyentes durante toda la historia. Los musulmanes llaman “Kafir “a los no creyentes, de ahi viene la palabra cafre. Si tenemos en cuenta que el 90% de los cientificos son ateos, podremos calibrar su actitud mas tolerante hacia las creencias de todo tipo. La gente ignorante suele ser la mas intransigente y la mas creyente, salvo honradas excepciones, que de todo hay en la viña del Señor, y esta revista es un modelo de tolerancia.

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