¿Conoció Juan Pablo II los desmanes del fundador de “Los legionarios de Cristo”?

Yo no puedo, personalmente, asegurar nada del comportamiento de Juan Pablo II en su relación con Maciel. Yo no estaba allí. Pero este argumento serviría, y sirve, para casi todos los eventos que se comentan en las revistas y en los medios de comunicación, en general. Hay, sin embargo, en todas las prisas observadas en el proceso de santificación del papa Wojtyla, un tufillo de sospecha, de inseguridad, un motivo razonable y sostenidamente racional para la duda y la vacilación.

Hay elementos informativos suficientes, muchos más de los habitualmente requeridos, para pensar que en la Iglesia de hoy hay un abuso de poder,  y una responsabilidad (¿o será irresponsabilidad?) en actuaciones y en tomas de decisiones que es preciso solventar y analizar. Fraternalmente, pero con la misma energía que Pablo reprendió a Pedro “delante de la comunidad” de Antioquía por su decision y actuación equivocada en el trato con los no judíos. Y que es de justicia, y seguramente un deber, el levantar la voz y denunciar este estado de cosas, y ponerle el cascabel a gato, que quiere decir, en “román paladino”,  intentar decir las cosas por su nombre.

Otra vez a través de Redes Cristianas he llagado hasta un artículo de la revista mexicana Jornada que me parece jugoso desde el punto de vista informativo, y Valente y decidido periodísticamente. Así que lo trasmito al pie de la letra.

(2 Mayo 2011) El ex legionario José Barba declara que Wojtyla supo de los ilícitos de Marcial Maciel

Rosa Elvira Vargas   (La Jornada)

“Sobran evidencias para documentar que Juan Pablo II tuvo conocimiento de que el fundador de la Legión de Cristo, Marcial Maciel, era un criminal, un delincuente, un sobornador, un manipulador de conciencias, un depredador, un destructor de los sacramentos; verdaderamente un tipo abominable…, como aseguran sus víctimas y denunciantes, y que se ha realizado toda una operación desde el Vaticano para transformar de cómplice en víctima al jefe de la Iglesia católica fallecido en 2005, y no afectar así el proceso para ubicarlo en el estado previo a la santidad.

El ex legionario José Barba, uno de los acusadores de Maciel Degollado, señala: quizá la beatificación es el último epítome del encubrimiento a Maciel. Esto, ante las innumerables pruebas físicas, más allá de los testimonios y las denuncias, con las cuales Juan Pablo II podría haberse allegado –de haber querido– elementos incontrovertibles para conocer la verdad sobre el sacerdote michoacano.

Y no sólo no procedió, sino que, como nunca, fue en el papado de Karol Wojtyla cuando los legionarios tuvieron su mayor expansión y crecimiento económico con la apertura de escuelas, universidades y creciente número de sacerdotes de la congregación, entre otros beneficios, sino que además existió un claro acercamiento entre ambos. Tanto, que cuando Maciel anunció su retiro como director general de los legionarios de Cristo, Juan Pablo II lo elogió públicamente.

Una de esas fuentes donde se encuentran depositadas las pruebas de los hechos criminales de Maciel es el archivo de la Congregación para Institutos y Sociedades de la Vida Consagrada, con documentos que datan de entre 1944 y 2002.

Este dossier fue entregado para su difusión desde el propio Vaticano a los ex legionarios Alberto Athié y José Barba, así como al investigador Fernando M. González, autor de libros sobre el fundador de los legionarios de Cristo. Se trata de fuentes que actuaron movidas por la ignominia que para la Iglesia católica representan los hechos de Marcial Maciel.

Entre los 212 documentos que conforman este archivo está una carta –de la que La Jornada posee copia– escrita el 14 de agosto de 1956 por el fallecido obispo de Cuernavaca Sergio Méndez Arceo, dirigida a Arcadio María Larraona Saralegui, entonces secretario de la Congregación de Religiosos.

Esta misiva, sumada a otros señalamientos, entre ellos otra carta del entonces arzobispo primado de México, Miguel Darío Miranda, llevaron a la suspensión por dos años de Maciel, cuando también se le ordenó internarse en una clínica para drogadictos, lo que éste contravino y se alojó en un hospital de gineco-obstetricia, en las cercanías de Roma.

“Por circunstancias que no es el caso referir –indica en su parte medular la misiva de Méndez Arceo enviada al Vaticano–, vine a quedar constituido en consejero de quienes tenían conocimiento de la vida íntima del P. Maciel y se sentían obligados en conciencia a remediar la situación, aunque con diferentes medios. Los encaucé, por no tener yo casa de la Congregación, a que se hiciese la denuncia al Excmo Sr. Arzobispo de México y hablé con él. Los defectos de que se habla son: procedimientos tortuosos y mentirosos; uso de drogas heroicas; actos de sodomía con chicos de la Congregación.

“Yo recomendé, y así lo hará el Sr. Arzobispo, que sólo se interrogue a los dos que ahora han hablado y que esto se envíe a V.R. para que, si lo juzga prudente, remueva al P. Maciel y deje el paso libre a una investigación mayor, dada su habilidad sin escrúpulos”.

Uno de los que han hablado asegura que en el Santo Oficio (actualmente Congregación de la Doctrina de la Fe) uno de los oficiales le comunica cuanto llega contra él y le parece que también en la Congregación de Religiosos, aunque no sabe quién.

Athié, Barba y González exponen que este legajo agrupado por la Sagrada Congregación de Religiosos no es por supuesto el único archivo donde están documentadas las conductas de Marcial Maciel, puesto que al menos debe haber uno más en la Secretaría de Estado del Vaticano, otro en la Congregación de la Doctrina de la Fe y el propio archivo secreto del Papa.

Y mencionan que dos antecesores de Juan Pablo II habrían tenido, si no directamente, por lo menos sus secretarios de Estado, información respecto a las tropelías de Maciel: Juan XXIII y Paulo VI. (Nota de Areópago: con esto se ve hasta dónde puede llegar el poder de la Curia Vaticana para detener, pasar u ocultar información al Papa).

Un documento más en este archivo es la misiva escrita por Gregorio Lemercier, monje benedictino quien además de ser muy cercano a Méndez Arceo fue el primero en introducir el sicoanálisis en el convento, al grado de ser suspendido por la iglesia en 1967. La remitió el 15 de octubre de 1959 también a Arcadio Larraona, en Roma, y le expone con detalle los testimonios recibidos de Federico Domínguez, ex secretario particular de Maciel, con las constancias sobre su toxicomanía y su abuso sexual contra menores de edad.

Alberto Athié, ex sacerdote, asegura que este archivo demuestra que existía la información suficiente para saber quién era Maciel, cómo había organizado su congregación, sus fundamentos para la operación de la misma, así como la fórmula diseñada por él para infiltrar el Vaticano y neutralizar cualquier acción que pudiera afectarle.

Al propio Benedicto XVI, en su condición de encargado de la Congregación de la Doctrina de la Fe, le llegaron los reclamos de las víctimas de Maciel y tiene responsabilidad directa tanto si omitió informarle a Juan Pablo II como si éste los soslayó en su momento.

Para ellos, hubo mentiras flagrantes para conducir el proceso de beatificación de Juan Pablo II. Los responsables de esto falsearon información existente y por la cual es muy claro que el hoy beato tuvo conocimiento del comportamiento de Maciel.

Tercia José Barba: ¿quién se beneficia con esta beatificación? ¿La cristiandad o el papa Benedicto XVI? Él se siente más seguro con la beatificación de Karol Wojtyla, pero como la tragedia subsiste, aparecerá toda esta evidencia y Ratzinger no tendrá ninguna protección porque, en todo caso, él lo engañó, no le dijo la verdad, y el silencio es a veces un engaño.

¿Le creyó y no investigó?

Y en efecto, si no le dijo la verdad sobre Maciel –añade–, Juan Pablo II tampoco la buscó, y por eso se pretende pasarlo de cómplice a víctima.

Los tres resaltan un hecho: Marcial Maciel le juró delante de Dios a Juan Pablo II que no era cierto de lo que lo acusaban, y que todo era un complot.

Entonces –insiste Barba–, el papa Juan Pablo II ¿le creyó a Maciel? ¿Sólo tuvo una fuente, el propio legionario, para hacerse de un criterio? ¿No recurrió a nadie más? ¿No preguntó? ¿Nadie se le acercó para decirle nada? ¡No puede ser!

Como muchos especialistas, también cuestiona el procedimiento fast track para beatificar a Juan Pablo II. Como nunca, se rompieron las reglas del derecho canónico, porque éste exige que apenas a los cinco años después de muerto empiece el proceso. Y en este caso, a los seis años de fallecido, ya está listo su asunto, expresa Athié.

(Transcrito por El guardián del Areópago)    

 

One Response to “¿Conoció Juan Pablo II los desmanes del fundador de “Los legionarios de Cristo”?”

  1. Esta religiosa demuestra ser una buena y consecuente cristiana.No le importa ir contra la corriente .Seguro que muchos la tacharian de demasiado buena (esos a cualquier cosa le llaman demasiado) , ingenua o incluso tonta .” La hermana es muy buenaaa , pero hay que ver la pobrecita lo boba que es.Mira que rezar por ese”
    A esta nobilisima mujer seguro que nunca la haran santa.Tampoco recibira ninguna visita de grandes personajes,ni se publicaran sus palabras en ninguna revista o periodico oficial.
    A mi aparte de hacerme pensar y mucho, leer esto me hace ver que todavia hay gente muy buena, muy humilde y muy santa. Santa de verdad.
    Despues del ultimo show Vaticano,que ha servido para blindar a Wojtyla de toda critica sobre sus silencios y pasividades,me habia quedado un mal sabor de boca y un profundo sentimiento de asco. Las palabras de esta humilde y desconocida religiosa me hacen olvidar tantas desverguenzas como se ven a diario. .Tambien yo deberia aplicarme el cuento, claro esta.

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)