Sacramentos en rebajas

images[4]“No deis lo que es santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los cerdos, pues podrían pisotearlas y después se volverían contra vosotros para destrozaros”. (Mt, 7,6)

Estas palabras fuertes, y con un sí es no es de grosería, no son mías, están nada menos que en el “Sermón de la montaña”, así que el evangelio de San Mateo las pone en boca de Jesús. Si son o no jesuanas no debería importar demasiado, aunque tienen toda la pinta de que sí son del Maestro de Nazaret. El estilo, propio de profetas callejeros de aquella época, rudo y sin concesiones a la galería, es también característico de Jesús.

Tanto en los evangelios sinópticos, que son como más directos y populares, como en el de Juan, que es más teológico y místico, pero que encierra una épica discusión del Maestro con los judíos, como se puede ver en el capítulo 8 (ocho), en que los interlocutores del Rabí nazareno se ven en la obligación de despejar ciertas sospechas vertidas en el fragor de la batalla dialéctica, afirmando: “Ellos (los judíos) le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; tenemos un solo Padre, que es Dios». (Ju 8, 41). Según nuestro profesor de Biblia, el tan citado y añorado en estas páginas P. Cunchillos, ss.cc., los judíos debieron sentirse, según la lógica de este texto, increpados de hijos de padre desconocido, una suave y delicada manera de insultar con más finura.

Traigo a colación estos textos, y los hay a sacos (como cuando Jesús espeta “id a decirle a esa zorra”, refiriéndose a Herodes), para intentar recordar a ciertas mentes asustadizas y livianamente escandalizables, cómo describen a Jesús de Nazaret los verdaderos y creíbles documentos de la Iglesia primitiva. El Jesús santurrón, beato, de cuello devotamente inclinado, de mirada lánguida, cabello rubio cayendo armoniosamente en delicadas guedejas sobre sus hombros, tan repetida y horrorosamente reproducido en la iconografía del Sagrado Corazón de finales del XIX y las tres cuartas partes del XX, no tiene nada que ver con el Jesús real, tal como aparece en los evangelios.

Y una vez hechas estas aclaraciones metodológicas y pedagógicas, voy al grano. ¿A quien quiero hoy referir las palabras del Maestro en el Sermón de la Montaña,  indudablemente duras y casi ofensivas? ¿Quiénes se asemejan a “los cerdos”, a quienes no les debemos echar ni margaritas ni perlas? “Deus que me perdôe”, como se dice en Brasil, pero no me refiero a gente concreta con nombres y apellidos, sino a un colectivo vago y nada conciso, que hoy puede ser constituido de menganos y mañana de fulanos. Estoy pensando en los invitados, de ninguna manera en los niños ni sus padres, a la celebración de los sacramentos de la Iglesia, Bautismo, menos, 1ª Comunión,  mucho más, y celebración del sacramento del Matrimonio, muchísimo más, casi de escándalo.

Estamos convirtiendo la celebración de los sacramentos, excepto para los fieles de misa frecuente, y los que constituyen la asamblea dominical, en una celebración sociofamiliar, cosa que estaría bien si los protagonistas tuvieran un sentido común despierto, y un criterio mínimamente eclesial para escoger y seleccionar a sus invitados. No debería ser verdad que todos los bautizados pueden participar, si más, en las celebraciones de la asamblea litúrgica. Esa es una verdad “oficial”, canónica, pero de ningún modo pastoral ni comunitaria y litúrgica. Para celebrar los sacramentos se requiere un mínimo de conocimiento, de práctica y de “normalidad” de asistencia. Si no, se convierten en un espectáculo, donde es más importante el glamur y la elegancia, que la Palabra y el misterio del signo.

Tengo reciente, fueron ayer, las primeras comuniones de 18 niños de la Parroquia. Conseguimos una celebración digna y ordenada, pero a costa de un ímprobo esfuerzo de control, y de un laborioso y enojoso “ejercicio de antipatía a cara de perro”, intentando no dejar pasar una, ni de anarquía de fotógrafos, ni de paseos y salidas para fumar, ni de comentarios y corrillos descarados en voz suficientemente alta como para molestar. Ya conseguimos hace unos dos o tres años que no bebiesen coca colas o hiciesen amago de encender cigarros. En fin, una verdadera gloria.

Reconozco que en este tema soy intratable e intransigente. Se trata del ser o no ser de mi dedicación diaria y vital. Para mí sí que es importante la Palabra, el silencio para su escucha, la seriedad para el signo, la atmósfera recogida e intensa para el misterio. La gente que hace ya tiempo se va desacostumbrando a todo ello en España no tiene directamente la culpa de su comportamiento inadecuado. El que no sabe es como el que no ve. La tenemos nosotros, que permitimos y toleramos ¡todos esos desmanes por el miedo a perder clientela. (Por todo ello, y otras cositas más, no soy nada partidario de las celebraciones masivas en el Vaticano o en las efemérides catedralicias, para mayor honra y gloria de los correpsondientes prelados).  

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara   

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