¿Es más eclesial usar el hábito religioso y el clergyman? (II)

Cardenales en la Basílica de San Pedro
Cardenales en la Basílica de San Pedro

Y así llegamos al Concilio Vaticano II, que pretendió, en palabras de Juan XXIII, poner al día la Iglesia y abrir las ventanas para que entrara aire fresco. Uno de los puntos altos del Concilio es cuando abandonando la definición de sociedad perfecta, etc, define a la Iglesia como “pueblo de Dios”. Sin negar la jerarquización de la misma, la sitúa en su justo sitio, poniendo la centralidad en el conjunto de la comunidad eclesial.

Los padres conciliares, es decir, la mayoría, eran conscientes de la necesidad y urgencia que había de desclericalizar la Iglesia, después de siglos de hipercefalia, como la describían algunos eclesiólogos: una enorme cabeza y un cuerpo raquítico. Pero las grandes decisiones, y las mudanzas significativas no son posibles sin pequeños detalles y sutiles cambios. Así lo entendió la gran mayoría del clero de la época conciliar y la inmediatamente posterior, y sin consignas concretas de nadie, comenzó a dejar de lado los hábitos y las sotanas.

Y así sucedió, por lo menos hasta los años ochenta, cuando ocupando la sede romana Juan Pablo II, ya bien asentado en el trono, (había sido elegido el año 1978, a sus “tiernos” 58 años), comenzó a hacerse notar en actitudes preconciliares. Nos dijeron, cuando fue elegido, que lo era por su talante eminentemente conciliar. Pero se demostró que era un espejismo. O tal vez lo eligieron porque los cardenales de la curia conocían que detrás de la juventud y de la energía de Wotjyla se escondían los condicionamientos de una lucha ímproba contra el comunismo, y la hipoteca del tradicionalismo católico polaco. Y a fe que ambas cosas marcaron su pontificado.

Actualmente el usar o no el alzacuellos, es decir, el vestir o no como clérigo, no es ni neutro ni indiferente. Todos los movimientos tradicionales en la Iglesia lo urgen, y lo obligan. Yo tuve que usarlo todos los días en el seminario Redemptoris Mater de Brasilia, del Camino Neocatecumenal,  cuando, durante tres meses, impartí un curso de Teología de la Revelación. Me fue absolutamente imposible negarme sin montar el gran pollo o renunciar al curso, después de haber acudido desde Madrid. El propio seminario me proporcionó pantalón y camisa negra, y tirilla de alzacuello. Y lo mismo apreciamos en el Opus, y en Comunión y Liberación, y en los Legionarios de Cristo Rey.

Lo peor para mí es que, después de haber convivido con obispos y cardenales vestidos de calle (al cardenal Paulo Evaristo Arns, arzobispo de Sâo Paulo nunca lo vimos con sotana o clergyman, sino en las ceremonias litúrgicas, y tengo delante de los ojos a Don Decio de Almeida, obispo auxiliar para la zona centro de Sâo Paulo con su traje azul y so corbata), hemos ido contemplando después que hasta los seminaristas, todavía no clérigos, usan, y parece que lo llevan a gala, la vestimenta clerical. Me encantó la anécdota que escribió Susana en el comentario a la entrada de mi blog de ayer. La del cura que pensó, al ordenarse, que vestiría la sotana para ser más santo, y, con el tiempo, que dejaría de usarla por el mismo motivo.

Además de que “el hábito no hace al monje”, no es verdad que vestir de calle, el no andar por las calles y plazas de la parroquia vestido de clérigo, entorpezca, dificulte o impida la dedicación pastoral. Es todo lo contrario. Nunca he visto más dedicación, cercanía y trato pastoral, (de pastor), que cuando en mi época de Brasil los obispos y los curas nos mezclábamos entre la gente como uno más, lo que no impedía la rica y maravillosa participación e implicación litúrgica de los parroquianos, encantados, eso sí, de ver a sus cercanos presbíteros, o sus obispos, presidiendo sin boato ni pompa las celebraciones, participadas, cantadas y vividas con gran respeto y emoción eclesiales. Mi experiencia es que el traje clerical aparta, separa, aleja y pone barreras.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

5 Responses to “¿Es más eclesial usar el hábito religioso y el clergyman? (II)”

  1. Es curioso el apego de los jueces por la ropa talar,siguen anclados en la edad media y encima se hacen tratar de “señoria” cuando no son mas que unos simples funcionariios que deberian estar al servicio de los ciudadnos

  2. Yo no es por molestar. Pero igual que los obreros llevan monos para trabajar, los astronautas traje espacial igual, los sacerdotes tampoco es malo que se distingan como tales en medio del mundo.

    Vamos, a lo mejor soy un carca.

  3. Un enlace de un blog de un sacerdote de Madrid hablando sobre el hábito.

    http://berbellin.wordpress.com/2011/05/05/hoy-de-negro/

    “Esta mañana, por el centro de Madrid, me he encontrado con Joaquín. Cura como yo, pero eso sí, más viejo. Me ha sorprendido verle de clergyman: negro riguroso y su camisa de tirilla. Evidentemente, después del saludo, le he preguntado: ¿sabes que me sorprende verte de negro? Tú siempre has ido de paisano… Vaya cambio…

    Pues esta ha sido su respuesta:

    No creas, Jorge. Me ordené con sotana. En esos tiempos, años 60, en los que llevar sotana te abría las puertas y te convertía en miembro de una casta especial. En aquellos años optar por ir de paisano suponía renunciar a un status para convertirte en uno más. Nos costó. Tuvimos que aprender a ser uno más, dejar de ser Don Joaquín para ser un paisano más. Buen ejercicio de humildad.

    Pero hoy los tiempos han cambiado. No sólo no somos tratados con deferencia, sino todo lo contrario en ocasiones. Hoy ir vestido de sacerdote no sólo no granjea privilegios, sino que te expone a burlas y desprecios. De paisano pasas desapercibido, de negro te arriesgas a todo. Cuando empezaron los ataques a la iglesia, que si la pederastia, que si burlas a lo sagrado me dije: pues yo a llevar la contraria, de negro.

    Más cómodo ir de paisano. No arriesgas. Me han insultado algunas veces, me han dicho de todo… Debe ser que siempre he sido un poco espíritu de contradicción. ¿Qué pasa, que los curas somos tan malos? Pues aquí tienen a uno. Tan contento de ser cura y que se note.

    Por cierto, me dice… También tú con camisa gris. ¿Qué te ha pasado? Pues eso, Joaquín, puro espíritu de contradicción. Como Iglesia comparto lo bueno y lo malo de ella. Como cura, soy solidario con lo bueno y lo malo de mis hermanos. No, no voy todo el día de negro. Pero en la parroquia, por el barrio, de cura. Así saben quién soy y me identifican a la primera.

    Oye Jorge… ¿te han dicho alguna cosa desagradable por ir de negro? Alguna vez me han llamado pederasta… ¿Y a ti? Pues como a todos…

    ¿Un cafelito, señor cura? Hecho, y con churros…”

  4. LIkis:
    no pienso que seas un carca por pensar de una u otra manera. Pero tú mismo dices que el obrero y el astronauta, y el futbolista,y el médico, se ponen su uniforme para trabajar. Evidentemente, yo suelo usar el alba y la estola para presidir la Eucaristía en el templo. Cuando lo hago en una casa particular acostumbro ponerme chaqueta, a veces corbata, y la estola por encima.
    No estoy muy de acuerdo en que se metan tanto con el clero como dice Joaquín. No es la información que tengo. He visto con mis ojos colarse a dos monjas en una cola y la gente dejarlas, y ante la protesta de alguno, responder la mayoría: ¡Déjelas, pobrecitas! De eso he sido testigo. Y he visto en restaurantes de Madrid entrar cinco o seis clérigos con clergyman, y afanarse el maitre en buscarles la mejor mesa y servirlos con deferencia. Y no digamos si el que entra es el obispo. Pude testimoniar cómo atendían con reverencia, y alegría, -¿por qué no?-, en una terraza de Priego de Córdoba al obispo después de presidir el sacramenteo de la Confirmación. (No sé si al que viste de sotana lo tratan de anticuado. Puede ser),

    Jesús Mª (Areópago)

  5. El hábito sí hace al monje en el sentido de recordarle lo que hizo, así como el anillo no me hace casado, pero me marca visiblemente como propiedad de mi esposa. Los hombres que ocultan su anillo, normalmente lo hacen para no sentirse comprometidos a su promesa de amar a su esposa.

    Los sacerdotes deben mostrar siempre quién es su esposa. A eso los llamó Dios. Si una lámpara se esconde bajo la cama NUNCA alumbrará.

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