La obscena trama de la crisis financiera (II)

Con lo malo que es todo lo que ayer expuse, hay, sin embargo, cosas peores. Se trata de la escandalosa corrupción de las así llamadas agencias de calificación de riesgos financieros, y, ¡oh sacrilegio!, de miembros de instituciones académicas tan prestigiosas y, pensábamos, tan fuera de sospecha e irreprochables como Harvard, Columbia Business School, la Universidad de California, y otras de semejante prestigio. Si bien es de justicia reconocer que más que las instituciones en sí se mancharon las manos y la pluma ciertos profesores de las mismas. Profesores, claro está, de enorme influencia como Martin Feldstein, profesor de Harvard, Larry Summers, presidente de la misma entre 2001 y 2006, Frederic Mishkin, profesor de Columbia, Glenn Hubbard, decano de la escuela de negocios la misma, y otros académicos delmundo de los estudios de negocios, finanzas y economía, también se dejaron sobornar por el vil metal. ¿Cóm0? Dando conferencias y publicando artículos con vitola de científicos, pagados a precio de oro, exaltando los artículos financieros que interesaban a sus clientes.

Lo de las agencias de calificación raya en lo directamente delictivo. Pena que no hay mecanismos legales internacionales para perseguir, juzgar y condenar a quienes con sus maquinaciones y manipulaciones han conseguido, además de enriquecerse hasta la sinvergonzonería, arruinar y arrasar la tranquila vida social y económica de millones de ciudadanos. Está demostrado, y el documental de Charles Ferguson no solo lo hace, sino que lo documenta, como las grandes agencias FitchRatings, Moody’s Investor Service, y otras menos conocidas, manejaron impúdicamente sus notas de calificación, con máximas notas AAA para productos realmente “basura”, a sabiendas. Tan a sabiendas que sus productores se ponían de acuerdo para exaltarlos, para comprarlos y venderlos, y hacer mil combinaciones de negocios ganando montañas de dólares. Y, lo que es cruel e inhumano, engañando a los incautos.

Todos estamos experimentando cómo la situación se ha hecho tan insostenible que, aun a sabiendas de que están ayudando y beneficiando a verdaderos bandidos financieros, los gobiernos no han tenido otro remedio que salir al rescate de esos gigantes financieros, necesarios, en nuestro laureado sistema capitalista liberal,   para que funcione la máquina que mueve los hilos del crédito, y, por tanto, de la producción, y, en consecuencia, de la economía. Pero es tristemente injusto y desmesurado que de los 650.000 millones de dólares que ha facilitado el Estado norteamericano, se haya favorecido solamente el 1% de la población, es decir, los más ricos. Que son, al mismo tiempo, los causantes de la crisis.

Hay un dato horroroso en la presente situación socio-económica de los EE.UU. de Norteamérica: por primera vez desde su fundación, la generación actual vive peor que sus padres. El país del progreso está, literalmente, caminado para tras. Tal vez sea la consecuencia de la política y economía liberales, que confían tanto en la libre iniciativa, y detestan y abominan todo tipo de regulación del Estado. Es evidente que este liberalismo de medio pelo ha ayudado a engrandecerse a los más ricos, tanto países como individuos. Pero no es verdad que sea la panacea del progreso de los pueblos.

Se exalta su éxito, discutible, en América del Norte -Canadá y Estados Unidos– y Europa, y se olvida frívolamente que los treinta o cuarenta países más pobres de la tierra, adalides de la miseria más que de la pobreza, también practican y usan los mecanismos del sistema liberal capitalista. ¿O es que son estados comunistas Togo, Afganistán, Níger, Sierra Leona, Etiopía, Malaui, Eritrea, Guinea-Bissau, Liberia, República Democrática del Congo, Burundi, las últimas de las 180 naciones catalogadas por la ONU por su renta per cápita? Son países capitalistas que permiten una vida de rajás a sus élites mientras el pueblo muere, literalmente, de hambre. Hay muchos bulos y muchas leyendas socio-económicas sobre las excelencias del Capitalismo. Ni como gente humanista, ni mucho menos como cristianos, las podemos aceptar ni defender.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

3 Responses to “La obscena trama de la crisis financiera (II)”

  1. Los hijos de los padres de USA viven peor porque han entrado más de 50 millones de emigrantes y el pastel, que no ha crecido en esa proporción, se ha repartido entre más gente. A los europeos nos va a pasar lo mismo con la llegada masiva de extranjeros y la globalización que se va a producir a países donde la mano de obra es más barata. No nos gusta oírlo pero me temo que es una realidad. Como verás te sigo leyendo

  2. Ilusiones:
    gracias por tu fidelidad. Pero reconozco que pienso un pelín diferente que tú: hasta hace bien poco, unos quince o veinte años, se consideraba, y los americanos también lo decían con orgullo, que una de las causas de su grandeza y desarrollo era, justamente, la riqueza étnica, social y cultural, y por ende económica, que habían ido adquiriendo por su generosidad con los flujos de inmigrantes, que por cierto lo eran todos menos los indios primitivos.
    No se puede ahora pasar a culpar del atraso lo que antes era motivo de adelanto. Más me inclino yo por lo que apunto en mi entrada, a lo que me ha dado pie Inside Job. Pero hace tiempo que iba yo meditando y meditando sobre las consecuencias negativas, que podrían a ser terribles, de una economía de mercado mal entendida, de un liberalismo muy mal llevado a la práctica, justamente sin los sistemas reguladores cuya ausencia tanto denuncia el reportaje que comento. Imagino que lo habrás visto. El cabreo que te queda compagina muy bien con tu identidad digital, pues las Ilusiones se te quieren caer por el suelo. Yo no dejo que esto suceda, pero se te hace mal cuerpo ante tanta desvergüenza y avaricia.
    Jesús Mª (Areópago)

  3. Una de las causas de la ‘grandeza y desarrollo’ de los americanos ha sido el ‘a toda maquina’ de la producción y el consumo que ha permitido alejarse cada vez más de la temida recesión económica del 29, aumentar el PIB, recavar impuestos, escatimar las prestaciones sociales, mantener la hegemonía armamentística y por tanto el liderazgo mundial; a expensas del dumping sistemático, de favorecer dictaduras generadoras de corrupción y privilegios, y de dictar el precio de las materias primas en los paises productores y, de paso, contangiar el fabuloso modelo a la vieja y, a la vez, neo-conservadora Europa.
    La crisis es de causa moral, es decir, de no haber tenido suficientes principios los países, los gobernantes, sus votantes, o todos los reproductores de la estructura del mercado (sin que hubiera supervivencia posible afuera) y haber sido alcanzados por la ‘ola’ de intereses económicos de los entramados financieros que se han hecho los amos del sistema económico.
    La ‘ilusión’, o es para todos, o es una ‘falsa ilusión’.

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