Olegario González de Cardedal, premio Ratzinger de teología

El premio está considerado como el Nobel de Teología. Lo interesante de la noticia no es que se lo hayan concedido al profundo catedrático de Salamanca, sino que haya teólogos (¿teólogos?) españoles, como J. M. Sayés y J.M. Iraburu, y un grupo cercano al Opus Dei que lo haya criticado severamente, y hayan orquestado entre ellos una campaña contra la supuesta “heterodoxia” de Olegario. El supuesto teólogo Sayés ya tuvo el raro privilegio de ser citado en estas páginas por su campaña contra Arregui y Pagola. Y el tal Iraburu escribió contra los colosos de la teología europea como Rahner y Urs Von Balthasar. Y según un comentarista jocoso no se atrevió contra Ratzinger por haber sido canonizado como Benedicto XVI.  Últimamente se ha atrevido a poner en tela de juicio el valor de la investigación exegética de un hombre, verdadero maestro, como John P. Meier. Se trata de una actitud rayana en la atrevida osadía irresponsable propia de los ignorantes.

Soy consciente de que me voy a meter en un terreno lleno de minas, pero aun así lo haré. Al mismo tiempo solicito ayuda y corrección fraterna, con datos, nombres y obras concretas, y el reconocimiento que han obtenido de las grandes facultades de Filosofía,  Teología y estudios bíblicos del panorama católico de la Iglesia, para reconocer mi error y poder subsanarlo. Me refiero al mundo intelectual del Opus Dei, en su vertiente de estudios bíblicos y teológicos. Podría añadir también canónicos, pero no lo haré por constituir éstos unos estudios y una disciplina no tan dependiente ni subordinada a la exégesis o a la reflexión teológica.

Al grano. Tuve la oportunidad de conocer en Salamanca colegas procedentes de la Universidad de Navarra con unas lagunas en el conocimiento bíblico y teológico que llamaban verdaderamente la atención. Incluso en el tema más alejado de lo canónico, como he advertido antes, un alumno que después nos demostró ser francamente brillante, fue obligado a repetir sus estudios de Derecho Canónico, realizados en Pamplona, por la notoria fragilidad de los mismos. Y no se trataba de manía persecutoria contra otra facultad de la “competencia”, sino por la constatación, total y comprobadamente objetiva, del atraso en los estudios eclesiásticos de determinados centros. Después en mi vida pastoral me he encontrado con presbíteros del Opus, algunos francamente notables en su trabajo y dedicación parroquiales, y casi todos ellos excelentes compañeros, pero muy limitados, no por causas personales, sino de estudios y orientación, en el terreno de la Exégesis, de la Teología especulativa, y de la Filosofía con mínimos atisbos de modernidad.

Estas líneas no quieren ser de reproche o crítica contra nadie, sino de ayuda y colaboración en la tarea de entender las campañas que, de tiempo en tiempo, surgen contra teólogos de toda solvencia por parte de autores cercanos a la órbita del Opus, o, directamente, miembros del mismo en el nivel que sea. Es el caso, ahora, de la campaña anti Olegario, como antes lo fue contra Arregui, o Pagola, o, ¡y estas sí que son palabras mayores!, contra Rahner, Von Baltasar, Congar o Edward Schillebeeckx. Solo desde la más atrevida y pretendidamente ilustrada ignorancia se puede arremeter contra la flor y nata de los teólogos que los papas Juan XXIII y Pablo VI llamaron junto a sí como sus consejeros especialistas en el Concilio Vaticano II. ¿O será por eso mismo que algunos pretenden denigrarlos?

Conozco personalmente a Olegario González de Cardedal. Es un hombre de una lealtad y de un amor hacia la Iglesia no solo admirables, sino verdaderamente constituyentes de su investigación y trabajo teológico, y, notablemente, de su docencia. Su rigor y precisión, tanto en las aulas como en los escritos, hacen que algunos lo consideren excesivamente prudente. Acusarlo de heterodoxia o poner en tela de juicio su Cristología solo puede ser consecuencia o de una ignorancia teológica supina, o de una campaña beligerante contra todo tipo de reflexión teológica que huela a Concilio Vaticano II y que intente superar las rancias teologías decimonónicas y de la primera mitad del siglo XX.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara              

 

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